De Alef-Tav al Alfa-Omega.

Frecuentemente cuando se lee el relato de la creación que abarca Génesis 1:1 al 2:4a, el énfasis se ubica en el relato de la creación y en el día de reposo. Es decir que el lector se concentra en el origen de los cielos, el origen de la tierra, el origen de todas las cosas y especies que subsisten en estos, incluido el ser humano y el día señalado como shabbat, sabbat o sábado. Sin embargo, la forma en que el autor inicia el relato de Génesis nos obliga a poner a la creación en un plano secundario, mostrándonos que todo lo creado obedece a las órdenes verbales de un Ser trascendente, inmaterial, todopoderoso y omnisciente, al que se menciona en un título que implica una pluralidad gramática: Elohim.

Respecto a la pluralidad gramática y para que se entienda bien, debemos destacar que en el hebreo las palabras que terminan en –im son generalmente plurales masculinos. Elohim, por tanto, es un plural gramatical masculino; mientras que Eloah o El son singulares. Los hebreos y su tradición rabínica siempre interpretaron la palabra Elohim asociado a YHVH como un plural morfológico con singularidad semántica, que podría implicar –entre otras cosas– un plural intensivo para enfatizar el poder de Dios.

Con todo esto, no debería extrañarnos que la argumentación judía no considere una pluralidad personal, pues estos niegan la doctrina de la Trinidad y la catalogan de politeísmo. No obstante, tenemos en el Texto hebreo varias expresiones dignas de notar respecto a Dios, a quien se identifica como “Elohim”. Quisiera citar algunos versículos del toledot de la creación para reflexionar en esto. Usaré la Biblia Textual, IV Edición, que ha hecho notar algo interesante respecto a una partícula acusativa que se encuentra a lo largo de todo el Antiguo Testamento y que se trata como una marca sin contenido semántico propio. Me refiero a Alef-Tav (את). Veamos:

“1 En principio Elohim Alef-Tav creó los Cielos y la Tierra” (Gn. 1:1, BTX IV).

“[…] y el Espíritu de Elohim se cernía sobre la faz de las aguas” (Gn. 1:2c, BTX IV).

“26 Y dijo Elohim: Hagamos a un hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos, sobre el ganado, sobre toda la tierra y sobre todo reptil que repta sobre la tierra. 27 Y Elohim Alef-Tav creó al hombre a su imagen: A imagen de Elohim lo creó, macho y hembra los creó. 28 Y Elohim los bendijo, y les dijo: Fructificad y multiplicaos. Llenad la tierra y sojuzgadla, dominad sobre los peces del mar y las aves de los cielos y sobre todo ser vivo que se mueve sobre la tierra.” (Gn. 1:26-28, BTX IV)

Podrán notar que al leer esta versión de la Biblia –en cuanto a Dios se refiere– vemos que se menciona a “Elohim”, a “Elohim Alef-Tav” (visibilizando la partícula acusativa) y “el Espíritu de Elohim”.

Otra cosa interesante, es que en los versículos 26 al 28 vemos que “Elohim” planifica y ordena la creación del ser humano en una interacción personal que implica la conjugación del verbo «hacer» con el pronombre personal «nosotros», diciendo: “Hagamos… a nuestra”. Los rabinos y los unitarios señalan que esta es una interacción de Dios con los ángeles, lo que Proverbios 8 descarta, pues es la Sabiduría personificada la que se presenta como co-creadora[1]; además de que Job 38:7 muestra a los ángeles como simples espectadores.

Noten, además, que es “Elohim” a secas, el que planifica y ordena; mientras que es “Elohim Alef-Tav” el que ejecuta y crea al hombre. Como ya mencioné, para los hebreos es invisible en su lectura e interpretación el Alef-Tav (את), pero para nosotros –los cristianos– debería tener una relevancia cristológica importante, pues nos permite inferir diferentes personas a las que identificamos como “Elohim”, “Elohim Alef-Tav” y “el Espíritu de Elohim”.

En cuanto a “Elohim Alef-Tav” debemos señalar que Alef-Tav (את) –como ya mencioné– los hebreos la han tratado siempre como una partícula acusativa que no tiene un valor semántico propio; sin embargo, personalmente creo que el Espíritu Santo, en Su soberanía, pudo haberla dejado como marca cristológica, anticipando la revelación del Hijo mencionada en Apocalipsis. Su presencia constante en el Texto no es accidental para quienes creemos en la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras, y debería ser considerada de la misma forma en que lo hacen los editores del Biblia Textual IV.

Para los que no saben, Alef (א) es la primera letra del alefato[2] hebreo, la que equivale a Alfa (A) en el alfabeto griego; por otro lado, Tav (ת) es la última letra del alefato hebreo, que equivale a Omega (Ω) en el alfabeto griego. Esta partícula (את) se encuentra 7.372 veces a lo largo del Antiguo Testamento o Tanaj hebrea, 44 veces relacionadas a Elohim. Y si fuera traducida al griego, en su equivalencia formal, podríamos señalar que se está refiriendo a las letras Alfa (A) y Omega (Ω), lo que viene a ser muy interesante cuando leemos Apocalipsis 1:8 y nos encontramos al Hijo de Dios diciendo lo siguiente:

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”

No hay ningún otro lugar en el Nuevo Testamento donde el Señor Jesús se revele a Sí mismo como “el Alfa y la Omega” más que en Apocalipsis. Esta revelación del Hijo de Dios cobra un sentido más profundo y magnifico cuando se considera la marca textual Alef-Tav (את). Podríamos decir que el primer capítulo de Génesis le da mucho sentido a la revelación que el Hijo hace de Sí mismo en el primer capítulo de Apocalipsis. Y si tomamos en serio dicha partícula y no la invisibilizamos, veremos que el primer capítulo de Apocalipsis nos revela quién era aquel “Elohim Alef-Tav” que creaba todas las cosas junto a “Elohim” y “el Espíritu de Elohim”: el todopoderoso Hijo. Si a esto sumamos Juan 1:1-3 y Hebreos 1:1-2, nos queda un profundo misterio que se revela en las Escrituras, donde se nos muestra que Cristo es Creador todopoderoso y no criatura:

“1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Jn. 1:1-3).

“1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Heb. 1:1-2).

Con todo esto, el lector del relato de la creación debería tener presente que el principal énfasis del autor no es mostrar cómo se crearon las cosas, sino señalar al Creador omnipotente, personal, plural, inmaterial y trascendente. Algo que se nos señala a través de denominaciones interesantes, como Elohim, Elohim Alef-Tav y el Espíritu de Elohim.


[1] Sabiduría es un tipo del Logos, el Hijo de Dios.

[2] Alefato: Alfabeto hebreo.