El trabajo y reposo de Dios.

Lo último que quisiera que revisáramos es lo relacionado al trabajo y al día de reposo. Dios es nuestro ejemplo para estas dos cosas que deben tratarse con absoluto equilibrio: el trabajo y el descanso.

En primer lugar, cada día nos muestra que Dios se ocupó de diferentes cosas, lo que nos muestra orden y organización. A través del relato de la creación, vemos que Dios no se comportó como un trabajólico irracional y tampoco lo vemos afanado en Sus quehaceres. Todo lo que hizo fue perfectamente organizado, ordenado, con un propósito y valorado como bueno por Él y para Sus criaturas. No hizo todo en un día, sino que cada día se ocupó de cosas en particular, mostrándonos así que no debemos vivir afanados, sino que cada día tiene sus propios quehaceres, los que debemos organizar, valorando y realizando con excelencia para nosotros y nuestro prójimo.

Cada día cuenta con horas para trabajar y horas para descansar, tenemos horas de día y horas nocturnas. Es más, de siete días Dios trabajó seis y, el séptimo, fue bendecido y santificado por causa de que Dios reposó de todo lo que hizo. Como verán, Dios no es enemigo del trabajo y tampoco del reposo; no obstante, no reposó seis días para trabajar uno. Tampoco hizo todo en un día o se comportó como un trabajador afanado y angustiado por el mañana. Vemos en el Señor organización, trabajo, valoración y reposo. Por tanto, debemos aprender las diferencias entre trabajo y afán, entre reposo y pereza, entre organización y desorden, entre responsabilidad y negligencia.

Por otro lado, debemos cuidarnos de levantar el trabajo como un ídolo, o de mirarlo como un instrumento egoísta y explotador de otros, pues el trabajo es un instrumento de Dios para que el hombre le sirva, sea responsable, sustente a su familia y voluntariamente sea de bendición para otros. El trabajo debe realizarse con responsabilidad y vocación, conscientes de la Presencia de Dios y que en todo le estamos sirviendo y representando a Él.

El trabajo es una actividad individual que cada persona debe realizar con libertad, diligencia y organización. Sin embargo, aunque es una actividad individual, Dios nos muestra la consideración de los demás en el ejercicio de las labores. Aunque el “hagamos” del 1:26 tiene principalmente implicancias teológicas, también nos muestra que la Trinidad no trabaja para Sí mismo, como un acto egoísta, sino corporativo, de comunión, consideración e inclusión de otros. No trabajamos solo con Dios y para Dios, sino también con otros (colegas) y para otros (familia). De esta manera, se nos permite ser el sustento para nuestras familias, además de poder participar de la generosidad de Dios para con los necesitados. Todo lo que Dios hizo sirve a algo o para alguien, no solo para Sí mismo. Dios viene a ser nuestro gran ejemplo.

El reposo, por su parte, implica la realización de un fin logrado. La culminación de lo hecho con los frutos correspondientes. Esto incluye alegría y aprobación, satisfacción de lo realizado con excelencia. No es por causa de estar cansados, es para agradecer a nuestro Dios por otorgarnos la fuerza, la salud y la inteligencia para realizar nuestras labores delegadas. Algunos piensan que Dios se cansó y necesitaba descansar, pero no es así, pues el reposo de Dios es culminante de una obra perfecta con la cual se deleita y observa con agrado.

El judaísmo del Segundo Templo, lamentablemente, le dió una connotación errada, llegando a ser el sábado un ídolo que se olvidaba de la misericordia y la justicia. El propio Señor Jesús señaló que el sábado fue creado por causa del hombre y no el hombre por causa del sábado (Mr. 2:27). Con esto demostraba la connotación errada que le había dado a aquel día de la semana. Nosotros debemos aprender la lección de que el sábado no es invalidante, sino que hace alusión a la importancia de disfrutar lo que se ha logrado, esperando que sea bueno en gran manera, agradecidos y en adoración a Dios.

Con todo esto, no deberíamos jamás mirar en el trabajo una maldición de la que debemos ser liberados. Tampoco debemos mirar al trabajo como un ídolo que requiere nuestra devoción y que absorbe nuestra energía. Más bien, debemos saber que es una herramienta de Dios para enseñarnos la responsabilidad, la diligencia, la generosidad y lo importante de mantener nuestra mente ocupada y creativa. Aparte de tener conciencia de que otros dependen y necesitan de nosotros, lo que el trabajo nos permite realizar con excelencia.

Sírvanos el relato de la creación para entender y juzgar las cosas desde la perspectiva de Dios y no de los hombres. Ya que en las Escrituras no solo vemos cosas religiosas que deben tenerse presente para ir al culto, sino la descripción de cómo es Dios y la forma en que debemos caminar en Su Presencia en cuestiones tan esenciales para la existencia humana, como es el trabajo.