La crítica de la «Hipótesis Documentaria».

Hasta el siglo XIX, la convicción histórica, judía y cristiana, fue que Moisés escribió el Pentateuco conducido por el Espíritu Santo (2P. 1:19-21). En el propio Texto se registra como el Señor Jesús (Hijo de Dios, Dios manifestado en carne), atribuye el Génesis y los cuatro libros que conforman el llamado «Pentateuco» («La Torá» o «La Ley») al famoso profeta Moisés:

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lc. 24:27)

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” (Lc. 24:44).

Algo que, por cierto, fariseos, saduceos, escribas y los propios discípulos creían sin cuestionar[1].

Ahora bien, a fines del siglo XIX se consolidó la llamada «Hipótesis Documentaria», la que niega la autoría mosaica del libro de los principios o del principio (gr. Génesis | heb. Bereshit). Una de las razones fundamentales que suele presentarse es la supuesta imposibilidad de que Moisés conociera o utilizara una escritura tan desarrollada como la que aparece en el Pentateuco. Esta hipótesis surgió de una cosmovisión naturalista y evolutiva de intelectuales como Julius Wellhausen, quien reinterpretó el Pentateuco como una composición tardía de diversas fuentes literarias complejas. Sin embargo, la evidencia arqueológica dice todo lo contrario, desmintiendo las afirmaciones de esta hipótesis; pues, nótese la datación y existencia de las tablillas de Mari (ca. 1700 a. C.), las leyes de Nuzi (apróx. 1500 a. C.), las leyes de Hammurabi (1754 a. C.), los archivos reales de Ebla (2400–2250 a. C.), las cartas de Amarna (ca. 1350 a. C.), la escritura proto-sinaítica / proto-cananea (ca. 1850–1550 a. C.), los archivos de Hattusa (Imperio Hitita, siglo XVII–XIII a. C.), los archivos de Ugarit (Ras Shamra, siglo XIV–XIII a. C.), la arqueología egipcia del Bronce Medio y Tardío.

En conclusión, la arqueología demuestra que el mundo de Abraham, José y Moisés estaba saturado de escritura y de gran complejidad, mucho antes de Moisés y siglos antes de que Wellhausen formulara su teoría.

Adicionalmente y lo más importante, es que el propio Señor Jesús nos indica que Moisés literalmente “escribió”:

“Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.” (Jn. 5:46).

Aquí el Señor atribuye claramente el acto de escribir a Moisés. Aquel que es Dios manifestado en carne nos señala que fue Moisés quien escribió. El que pretenda refutar esto debe, en primer lugar, demostrar que los evangelios no son testimonios históricos y biográficos sobre la Persona, las enseñanzas y los hechos de Jesús de Nazaret como el Hijo de Dios, de quien Dios ha dado testimonio público mediante la resurrección de entre los muertos. Por tanto, quien desee objetar esta afirmación debe ser verdaderamente objetivo ante la evidencia arqueológica, documentaria y filológica disponible. Wellhausen, por su parte, cargaba tras de sí los ruidosos tarros del naturalismo, el materialismo y la filosofía evolutiva, elementos que condicionaron desde la raíz su aproximación al Texto bíblico.

Entonces, lo primero que debemos afirmar y tener presente, es que Moisés, el gran profeta israelita que Dios usó para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, es el autor humano que bajo la dirección del Espíritu Santo, escribió el libro de Génesis.


[1] Véase: Mt. 19:1-9; 22:24; Mr. 10:4; 12:19; Lc. 20:28; Jn. 1:45; entre otros.