El autor y su contexto histórico-cultural.
Ahora, otra cosa que vamos a mirar brevemente es al autor y su contexto histórico-cultural. Con esto nos daremos cuenta cómo el Espíritu Santo lo encamina y la importancia histórica de la revelación que recibió. Veremos que todo esto tiene un sentido más allá de la creación.
El Espíritu Santo es el autor intelectual de las Escrituras, esto es algo que todo cristiano debe saber al momento de acercarse al Texto (2Tim. 3:16-17; 2P. 1:19:21). Fue Él quien condujo y dirigió a Moisés para entregarnos el relato de la creación. Ahora bien, el Espíritu Santo usó a Moisés y, sin duda, esto implica que hizo uso de todo aquello que le sirviera para Sus propósitos de inspiración escritural. En otras palabras, no cabe la menor duda de que las cosas que Moisés aprendió en su crianza y formación egipcia, además de las que aprendió de la religión abrahámica en Madián, fueron cosas que el Espíritu de Dios utilizó para encaminarlo en la revelación divina.
En cuanto a su formación egipcia, debemos recordar que los egipcios eran politeístas y animistas. El politeísmo se relaciona con la creencia en numerosos dioses con diferentes funciones. Por otro lado, el animismo es la creencia de que objetos, animales, fuerzas naturales y elementos del entorno poseen espíritu y/o poder divino. En la cosmovisión de los egipcios, sus dioses tenían imágenes, rituales, animales sagrados, demandaban cultos, eran los dominadores de los elementos naturales y los que ocasionaban sus fenómenos.
No está de más señalar que la cosmovisión egipcia, abarcaba el origen del universo, el bien y el mal, los fenómenos de la naturaleza, la vida transitoria en manos de sus dioses, juicio de ultratumba y vida después de la muerte. Incluso veneraban como la encarnación de un dios al que ocupaba el trono de Faraón.
De esta manera podemos señalar que Moisés creció en el palacio egipcio entre personas que profesaban creencias religiosas sobre dioses, eventos y poderes que ellos veían en el día a día. Me refiero a que agradecían a Ra (el sol) por la luz que les otorgaba y por haber vencido a Apofis (la serpiente del caos, la oscuridad y la no-existencia) que había intentado devorarlos la noche anterior. Esto significaba que Ra había triunfado sobre Apofis en su viaje nocturno, que el orden (Ma’at) había sido restaurado y que la creación había sido preservada un día más. En resumen, Moisés creció entre personas que creían que los eventos de la naturaleza se les atribuían a dioses y/o espíritus que actuaban, favoreciendo al hombre o afectando su suerte. De esta manera intentaban explicar desde la existencia humana, los fenómenos naturales, hasta el sufrimiento del ser humano. Esta fue la formación cultural de Moisés en sus primeros 40 años en Egipto.
Después de esto Moisés estuvo 40 años en Madián, allí aprendió la cosmovisión abrahámica de Elohim, probablemente de la enseñanza de su suegro Jetro que fue sacerdote en Madián (Ex. 3:1). Lo que aprendió fue que el Dios de Abraham es Dios invisible, todopoderoso, omnisciente y personal, algo totalmente diferente a lo que en su formación egipcia aprendiera de las divinidades. Hasta ese entonces Moisés había aprendido intelectualmente dos cosmovisiones, lo que cambió de golpe, cuando el “Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” (Ex. 3:6) se le presentó personalmente y se reveló a él como “YO SOY EL QUE SOY” (Ex. 3:14). Dios se reveló personalmente y le mostró Su poder. A diferencia de los dioses egipcios, Moisés experimentaba que el “YO SOY” no era un mito, sino real, histórico, verdadero y personal.
Ahora bien, uno de los reinos más poderosos de aquel entonces era Egipto y, por tanto, la cosmovisión imperante de aquella región sobre otros pueblos considerados inferiores era la egipcia. Su poderío militar y su prosperidad se entendían como el cuidado de los dioses y su favor. Y debido a que eran animistas, todo lo que entendemos por ciclos naturales que son para subsistencia de la vida, ellos lo entendían como la bendición de los dioses que demandaban ofrendas y devoción incuestionables. Hasta que el Dios verdadero decidió juzgarlos (Ex 12:12), enviando plagas tremendas que revelaban que los dioses egipcios no eran más que mitos e ignorancia humana.
Esto es algo muy importante en la revelación de Dios del relato de la creación, pues en Éxodo 12:12 se nos dice que Dios juzgaría a los dioses egipcios:
“Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.”
En otras palabras, las plagas que Dios envió a Egipto no eran solo para la liberación de los israelitas, sino también porque el Señor estaba juzgando a todos los dioses de Egipto. Demostrando que no eran más que invenciones humanas.
