7. Lectura de estudio profecía de Malaquías – Una descendencia para Dios (Texto).
Debemos dar gracias al Señor por permitirnos realizar esta lectura de estudio de la profecía de Malaquías. La vez pasada llegamos hasta el versículo 14 del capítulo 2, hoy vamos a continuar con los dos versículos que siguen, antes de finalizar el capítulo. Entonces, Malaquías 2:15-16 nos dice:
“15 ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. 16 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.” (RV 1960)
DIFÍCIL INTERPRETACIÓN Y VARIAS TRADUCCIONES.
Hoy nos toca tratar uno de los versículos más difíciles de traducir de la profecía de Malaquías, el verso 15. Hay diversas traducciones de este versículo con notas al margen, indicando lo difícil de interpretar y traducir. Ejemplo de esto es la Biblia Textual, 3ª edición, que en la nota del verso 15 nos indica lo siguiente:
“Texto de difícil interpretación y con diversas traducciones”.
Teniendo como información base esto, vamos a realizar una revisión de cuatro versiones distintas, aparte de la Reina-Valera 1960, con el fin de comprender lo mejor posible este versículo y así, extraer de aquí las lecciones correspondientes para nosotros.
La primera traducción extra, será de la Biblia Textual mencionada, que nos dice:
“¿No es Uno el que hizo la carne y el espíritu en ella? ¿Y qué demanda ese Uno? ¡Un linaje consagrado a ’Elohim! Guardad pues vuestro espíritu, y no seáis desleales con la mujer de vuestra juventud.” (BTX III).
Ahora voy a leer la Nueva Traducción Viviente, a la que llaman “traducción dinámica” sus editores. Dice así:
“¿No te hizo uno el Señor con tu esposa? En cuerpo y espíritu ustedes son de él. ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud.” (NTV).
Una tercera versión que ocuparemos será la Nueva Versión Internacional, que dice:
“¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿por qué es uno solo? Porque busca descendencia dada por Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud.” (NVI).
Y finalmente, la cuarta traducción será la Reina-Valera 1977, que nos dice:
“¿No hizo él un solo ser, que tiene aliento de vida? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.” (RV 1977).
¿Se dan cuenta que las traducciones son distintas aunque comparten algunas similitudes? Debo confesar que me costó un poco entender la idea, pero creo que la clave se encuentra, como siempre, en el contexto. El versículo 14 viene hablando de la infidelidad, o deslealtad de los varones respecto a sus esposas. La vez pasada, considerando el verso 14, hablamos del yugo desigual. Hoy, considerando los versos 15 y 16 en su contexto, vemos que Dios no sólo se refería al yugo desigual, sino también al adulterio, a la infidelidad. Lo que se intenta decir, es que los varones se unían a mujeres extranjeras y no sólo eso, sino que dejaban a sus esposas para unirse a estas. Si leemos el verso 14, se dará cuenta que viene hablando de la relación nupcial entre un varón y su mujer. Dice:
“14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.” (RV 1960).
UNA INTERPRETACIÓN COMPLEMENTARIA.
La vez pasada les dije que hay dos formas de interpretar este pasaje. Una es usándolo como figura profética del pueblo dejando la ley del pacto; y otra, es mostrando a los hombres siendo infieles y uniéndose a mujeres extranjeras. En ambos casos observamos deslealtad, infidelidad y adulterio. Sea físico o espiritual. Físico, en el sentido de que los varones adulteraban, dejando a sus mujeres por extranjeras. Espiritual, en el sentido de que los israelitas dejaron la alianza con Dios yéndose en pos de dioses extraños. Aunque podrían interpretarse de ambas formas, tenemos una tercera, que involucra las dos, las complementa. Es esta:
Los varones, dejando a sus mujeres o buscando fuera de su nación, se unían a mujeres extranjeras, las cuales, los llevaban a otros dioses; cuando hacían esto, eran infieles a sus esposas, a la ley y a Dios, por lo que dejaban finalmente al Dios que hizo pacto con ellos, siendo infieles a Él.
¿Se dan cuenta? Creo que esta interpretación complementaria es la mejor, ¿y saben por qué? Porque éste principio el Espíritu Santo nos lo muestra en la vida de Salomón. Ya lo leímos la vez pasada, pero sólo hasta el verso 3, hoy hagamos una lectura más completa de 1 Reyes 11, vamos a leer desde el 1 al 13. Dice así:
“1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; 2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. 3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. 4 Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. 5 Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. 6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. 7 Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. 8 Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. 9 Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, 10 y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová. 11 Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. 12 Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo. 13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.” (RV 1960).
¿Se dan cuenta? En estos versos vemos ambas interpretaciones aplicadas en una sola persona. Infidelidad y unión física con extranjeras, además de abandono espiritual e infidelidad a Dios. También vemos cómo la descendencia pagó las consecuencias. Si observan bien, el yugo desigual e infidelidad a Dios fue la desgracia del pueblo que vino después.
Para el Señor, la descendencia es muy importante. Los hijos que le damos al Señor o los hijos que entregamos al mundo, es algo que debemos considerar. Es muy importante esto, mis hermanos, y es en este contexto que tenemos el verso 15 de Malaquías 2, que ya vimos tiene diversas traducciones, aunque en todas vemos algo en común: La mención de la deslealtad, infidelidad y traición a la mujer de la juventud con la cual los varones debían tener descendencia para Dios. Es por esto que, entendemos, se sigue tratando el mismo asunto respecto al matrimonio, alianza y pacto; pero se le añade un antecedente hermoso, la descendencia para Dios.
Así que, personalmente, creo que la interpretación más acorde es la complementaria, pues de acuerdo al contexto del verso 15, el Señor les está señalando que Él hizo al varón y la mujer un sólo ser, el hombre (Gn. 1:27; 5:2; Mt. 19:4; Mr. 10:6), a ambos les dio espíritu (1Ts. 5:23), y Su intención es que este ser compuesto de dos personas (varón y mujer), le otorgue una descendencia consagrada para el Señor (Sal. 127:3). Por lo tanto, debían guardar sus corazones de la tentación, huir del adulterio, la fornicación y la idolatría, pues el pecado y el yugo desigual, los llevaría a ellos y a sus hijos hacia dioses extraños, tal como ocurrió con Salomón. ¿Y acaso nosotros estamos libres de lo que le ocurrió a Salomón? De ninguna manera, el Señor nos ayude y nos libre de caer en esto, para lo cual necesitamos considerar algunas cosas importantes aquí. Cosas que son principios que debemos conocer o recordar. Cosas que se reafirman en el Nuevo Pacto.
SOBRE LA SEXUALIDAD.
Al leer los pasajes de Malaquías 2 y de 1 Reyes 11, usted se da cuenta que el corazón de los israelitas “bailaba” con las mujeres extranjeras. Dios les advirtió desde un principio acerca de esto y les ordenó que se cuidaran de ellas (Ex. 34:11-17; Dt. 7:1-5). Obviamente el problema no era la raza (como para que se piense en racismo), sino los paradigmas, las creencias que estas tenían y sostenían. Dios sabe la influencia que tiene la mujer sobre el varón, pues aunque ella está sujeta a su marido, puede hablar a su corazón. Si es sabia, edifica su casa; si es necia, la destruye con sus manos (Pr. 14:1). Si los hombres se enamoraban, entonces quedaban a la merced de los encantos de las mujeres; las cuales, como ocurrió con Salomón, obtienen de sus embobados maridos lo que quieren. ¿Se dan cuenta? Entonces el tema no es la raza, sino las creencias.
Ahora, la fragilidad del varón, respecto a la mujer, siempre será la misma: La sexual. Por lo que debemos entender algunas cosas y consejos que la Palabra de Dios nos da respecto a esto.
El primer consejo, ya lo vimos la vez pasada: “No os unáis en yugo desigual” (2Co. 6:14). Por lo que no voy a entrar en detalles con esto.
El segundo consejo, y es en lo que me voy a detener un rato, es sobre la sexualidad. Respecto a esto, quisiera destacar que el Señor manda que de los pecados sexuales se huya. Usted no encontrará que diga “resistan”, sino que siempre se nos llamará a “huir” de estos. Por lo que debemos grabarnos bien esto en nuestro corazón: A los pecados sexuales no se debe intentar resistir, sino huir de ellos (1Co. 6:18). Mis hermanos, jamás debemos pararnos y pensar que podemos controlar la situación cuando se trata de fornicación, adulterios, o cualquier pecado relacionado. “Fornicación” en el griego del Nuevo Testamento es πορνεία (porneía)[1], de donde también provienen las palabras pornografía y prostitución.
Ahora bien, por alguna razón, el pecado sexual se vincula o trae consigo la idolatría. Quienes caen en esto son “hechizados” y es muy difícil que se vuelvan al Señor en breve tiempo. Un cristiano que cae en esto se emboba y entrega el corazón, lo que, por causa de las emociones, lo imposibilita a tomar una decisión a favor de Dios; por lo que la fornicación se vuelve idolatría. Nadie debe decir que puede controlarlo, y como Dios nos conoce, sabiamente nos dice que debemos evitarlo y huir.
Hermanos, no podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que podemos resistir a los pecados sexuales, sino que debemos ser radicales y obedientes al llamado del Señor: ¡Huir! Fornicación, pornografía, adulterio y prostitución, son cosas de las que debemos huir. El ejemplo más vívido que podemos obtener de las Escrituras, es el de José, registrado en Génesis 39. El texto nos informa que un día la mujer de su amo puso los ojos en él, y le dijo directamente: “Duerme conmigo” (Gn. 39:7,12). Esta petición aparece registrada dos veces, sin embargo, era algo que la mujer le decía todos los días (Gn. 39:10). Ahora, la primera vez que se registra, José le hizo ver a esta egipcia la confianza del amo para con él y el pecado que esto sería contra Dios. No obstante, la segunda vez, ella, sola en casa, muy osada lo tomó con fuerza de su ropa, y le dijo nuevamente que se acostara con ella. José, aun estando sólo en la casa con la mujer, no hizo caso, porque sabía que principalmente esto sería pecado contra su Dios. ¿Y qué hizo José? ¿Se quedó allí conversando? ¿Dejó que ella le hiciera cariño? ¡No, mis hermanos! ¡José huyó!
¿Se dan cuenta? José no resistió, no coqueteó, ni le dio esperanzas a esa mujer, José huyó; aunque todo quedó en su contra, él escapó. José huyó del adulterio. ¿Usted cree que José no era un hombre sujeto a pasiones como nosotros? Claro que sí, y es por eso que sabiamente huyó. Tuvo temor de Dios, temor de la mano de Dios, de Su justicia y prefirió correr aunque esto le trajo serios problemas con su amo; sin embargo, para con Dios, le trajo consideración y gracia ante Sus ojos. José fue fiel a Dios y temió al Señor; y ese temor al Señor, lo salvó. ¡Qué ejemplo el de José! Ahora, es probable que no sólo tuviera temor del Señor, sino que tuviera temor de sucumbir ante los encantos de su ama. Tener temor al Señor, es sabio; tener precaución con uno mismo, conociéndose, también lo es. No se trata de ser sólo obedientes al Señor, sino también ser radical con uno mismo.
Amados hermanos, debemos aprender a ser radicales con nosotros mismos, sabiendo que el pecado mora en nuestros miembros. Debemos temer a Dios y ser radicales con nosotros. El Señor Jesús enseñó a ser radicales con la carne y con el pecado que nosotros portamos en nuestros miembros, y dijo:
“Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” (Mt. 5:29, RV 1960).
Este versículo te muestra lo radical que hemos de ser con nosotros mismos. Hay cosas que nos pueden corromper fuertemente, con las cuales debemos ser radicales. Los pecados sexuales nos pueden corromper fuertemente, por lo que debemos aprender a huir y ser radicales con nosotros mismos. Un hermano, explicando el sentido de este pasaje, dijo lo siguiente:
“Si el internet te es ocasión de caer, córtalo”.
Comparto plenamente esta explicación. Creo que debemos ser radicales con las cosas que el Señor nos manda a huir. Y con todo lo que tenga relación a los pecados sexuales se debe ser radical. ¿Se comprende?
Entonces, si estar en internet a solas es un riesgo para ti, ¿qué debes hacer? Huir. Si tus “amistades” del mundo te quieren mostrar lindas mujeres para recrear la vista, ¿qué debes hacer? Huir. Si temes al Señor y quieres seguir conociéndole, huye; si temes al Señor y te conoces, huirás. Piensa en que tu mente es del Señor y debes apartarla para Él, no llenarla de basura; porque, mis hermanos, los pecados sexuales corrompen seriamente las mentes de las personas. Un cristiano que se da la libertad de ver pornografía, es alguien que está ensuciando su mente, la que le pertenece al Señor. Un cristiano que participa de oír lo que sus compañeros de trabajo escuchan en programas radiales libertinos sobre adulterio y fornicación, es alguien que está ensuciando su corazón. El cristiano que se toma estas licencias será frecuentemente atacado cuando intente orar y estorbado en sus pensamientos. Mis hermanos, si no somos radicales con esto, ensuciaremos nuestras mentes y pecaremos contra el Señor.
Pablo, escribiéndoles a los corintios sobre la fornicación les aconseja huir de esta. En 1 Corintios 6:18 dice:
“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” (RV 1960).
Si ustedes se dan cuenta, debemos tener cuidado con este asunto. Somos sacerdotes de Dios de acuerdo al Nuevo Pacto hecho en Cristo; por lo tanto, debemos andar de acuerdo a los paradigmas de Dios respecto a la sexualidad. La sexualidad es algo santo que Dios le dio al matrimonio. Es una bendición para la pareja, la cual, mediante este íntimo acto, tiene la posibilidad de traer descendencia para Dios. Hoy en día vemos el libertinaje sexual en el mundo; pero lo más triste es cuando “cristianos” se conforman a paradigmas mundanos para pensar en la sexualidad. El mundo está atacando constantemente esto. Antes, el tema era de películas y revistas, hoy miras la publicidad y te darás cuenta cómo están intentando cambiar el paradigma. Quieren “sexualizar” a nuestros hijos, despertarlos a corta edad. Se ha vuelto tan turbio el asunto que la homosexualidad pasó a ser “normal”, incluso para algunos que se dicen ser cristianos. Mis hermanos, esto no es una exageración, está ocurriendo hoy en día. Se ha distorsionado tanto esto que vemos claramente la mano del pervertido Satanás. Es probable que dentro de algún tiempo los heterosexuales seamos tomados por raros o hasta enfermos. Lo triste de todo esto, es que las consecuencias se están viendo, y tú ves la seriedad de la caída del mundo en esto cuando observas la gran cantidad de enfermedades de transmisión sexual por causa de vivir fuera de los estándares de Dios. Durante los últimos años, los casos de VIH en Chile aumentaron en más del 96%, siendo la población entre 15 y 25 años los más afectados. ¿Se da cuenta?
Mis hermanos, pero el Señor les habla a Sus sacerdotes y nos damos cuenta cómo el Señor llama a estos a que el paradigma de la sexualidad provenga de Su Palabra. El mundo tiene por normal el adulterio, la prostitución, las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad, la pornografía, etcétera. Pero para nosotros, según Dios, son pecados en Su contra que pervierten nuestro corazón. Hoy, debatir sobre esto te significará insultos, maltratos, burlas. Alguien que quiere guardarse para el Señor y para la pareja que Dios le tenga, es considerado un anticuado. No obstante, el guardar nuestro corazón de esto y huir de estas cosas, será de gran bendición a largo plazo en cuanto al Señor.
EL MATRIMONIO Y LA DESCENDENCIA PARA DIOS.
Los sacerdotes del Señor son llamados a vivir en fidelidad con sus esposas (Mal. 2:14-16; Mt. 9:18), a amarlas (Ef. 5:25), a sustentarlas (Ef. 5:28-30) y disfrutarlas (1Co. 7:4). Lo mismo que las hermanas, son llamadas a ser fieles a sus esposos (Ex. 20:14), amarlos (Tit. 2:3-5), respetarlos (Ef. 5:22-24) y disfrutarlos (1Co. 7:4). La sexualidad es una bendición en el matrimonio (Is. 62:5), no una maldición; pero si se vive fuera de la voluntad de Dios, puede tornarse en una maldición con terribles consecuencias. Mis hermanos, la sexualidad es un regalo, pero no debe tornarse un ídolo; de igual manera es una bendición y no debe mirarse como una maldición. Se debe disfrutar en el matrimonio, porque Dios bendijo al varón y su mujer con esto, con el fin de que le dieran descendencia para Él.
Este es otro asunto importante que obtenemos de Malaquías 2:15. Dios, junto con reprender las relaciones con paganos, les señala la importancia de un matrimonio que tenga descendencia para Dios. Qué importante es saber lo que Dios piensa de nuestros hijos y de los pequeños que crecen en la comunión de los santos: Son descendencia para Dios. Nosotros algún día partiremos a la presencia del Señor y nuestros pequeños quedarán con el testimonio. ¿Se dan cuenta de esto? Dios quiere de nosotros una descendencia que continúe amando y sirviendo en nuestro lugar. Es importante detenernos a pensar, ¿estoy preparando a mi hijo para servir al Señor? ¿Estoy sembrando en ellos? Yo tengo tres hijitos que Dios me dio para preparar, no ha sido fácil, es complicado, por ellos y por uno mismo. Yo quisiera que ellos amaran al Señor y le sirvieran con todo el corazón. Le pido al Señor sabiduría e inteligencia para tratar con ellos y poder colaborar en el camino de ellos hacia el Señor. ¡Cuánta ayuda del Señor necesitamos!
Mis hermanos, los primeros que han de recibir el depósito de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios son aquellos cercanos nuestros, partiendo por nuestros hijos. La fe está íntimamente relacionada al conocimiento sobre el Hijo de Dios. De cómo es, de cómo servirle, de cómo caminar con Él. Enseñarles la fe, sembrar en ellos esto. Que sepan cómo conducirse, por dónde andar. Personalmente, todo lo que escribo o enseño, es pensando en ellos. En que mañana ellos lo oirán o leerán, tengo esa esperanza. Sembrar ahora y seguir sembrando en ellos cuando parta. Qué importante es tomarse esto en serio, conocer esta responsabilidad. El Señor les habla a los sacerdotes acerca de esto. ¿Qué sacerdote le enseñaremos a nuestros hijos que deben ser? Con palabras podemos decir mucho, pero qué sacerdocio ven que vivimos. Lo que vivimos debe ser un complemento de lo hablamos. ¿Cómo quieres que tus hijos caminen con el Señor? Debes enseñarles cómo es Dios, a que sean solemnes, ellos aprenderán la solemnidad de Dios de lo que vean en ti. Esto quiere decir que nuestra primera audiencia y las primeras personas que debemos procurar discipular, son nuestros hijos. ¡Qué responsabilidad tenemos! Que el Señor me ayude, para cuando me llame a Su presencia poder decir: “Le dejo mi descendencia”. Quisiera poder decir: “¡Oh, Señor, me voy tranquilo porque te dejo mi descendencia, a mis hijitos!”.
Amados, para esto son los hijos en el matrimonio. Si te casarás o te casaste, debes saber qué responsabilidad tienes para con los hijos que Dios dará o te dio. El Señor se lo deja muy claro a Israel. ¿Por qué no debían dejar a sus mujeres, ni buscar en pueblos paganos? Porque Él busca “una descendencia para Dios”. Con extranjeras y en adulterio, ¿para dónde llevarán a sus hijos? Una vez iba en la locomoción colectiva hacia mi casa. En el camino una niñita le decía a su mamá: “Hoy me enseñaron que puedo rezar, y que Jesús es hijo de María”. La madre la quedó mirando y le dijo: “No deberías creer esos cuentos”. Dijo eso y se bajó. Fue como si el Señor quisiera que yo escuchara eso. Eso quedó dando vueltas en mi cabeza. Esa mujer no sabe lo que está haciendo y para dónde está encaminando los pasos de su pequeña hija. ¡Qué responsabilidad tenemos!
Nosotros debemos de pequeños enseñarles la fe y la vida con el Señor a nuestros hijos y pequeños de la comunión. Siempre habrá oportunidad para una lección. Les contaré una anécdota. Cuando mi hijo Cristóbal era pequeño, como de tres años, sacó de su mueble unas zapatillas y dejó todo desordenado. Al verle, le ordené que guardara todo. Lo intentó una y otra vez, sin resultados, hasta que fue a buscarme y me dijo: “Papá, no puedo guardarlos”. Inmediatamente recordé que debemos enseñarles la fe y vida con el Señor, y le dije: “Ve, arrodíllate y dile al Señor: ‘Señor, ayúdeme a guardar los zapatos, que yo no puedo’”. Cristóbal fue y lo hizo, mientras yo miraba por una rendija. Terminó de orar y guardó uno a uno los zapatos en perfecto orden, y cerró el mueble. ¿Saben lo que hizo luego? ¡Fue corriendo a decirme que el Señor lo ayudó! Desde ese entonces, él sabe que el Señor lo puede ayudar, y que puede orar y pedirle socorro. Que el Señor nos de inteligencia para encaminar a nuestros hijitos a la fe y a una relación con el Señor.
El Señor les dice luego a los sacerdotes de Israel que Él aborrece el desprecio que los varones tenían por sus mujeres, de las que se daría a Dios una descendencia consagrada. El Señor les dice en el verso 16:
“Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.” (RV 1960).
Los hombres estaban dejando a las compañeras de las que tendrían descendencia para Dios, uniéndose a extranjeras que los llevarían a otros dioses, a ellos y a los hijos que tendrían. Que el Señor nos libre.
CONSEJOS Y CONCLUSIÓN.
Entonces, el matrimonio Dios lo hizo para que tuviéramos hijos, los cuales, debemos prepararlos para el Señor, para dejarlos en nuestro lugar, trabajo que debe partir de pequeños. Muchos jóvenes, no entendiendo esto, buscan para sus necesidades, por sus intereses, y no para Dios. Buscan a quien entre por los ojos y no a quien ame al Señor. Mis hermanos, la juventud cristiana necesita mucha ayuda con esto. Necesitan los jóvenes ser encaminados a la voluntad de Dios, saberse sacerdotes y consagrados por el Hijo (Ap.1:5-6). El mundo intenta “normalizar” ciertas cosas. Hoy en día ves el “pololeo”[2] y te das cuenta que para el mundo es raro que una pareja de pololos no tenga relaciones sexuales. ¿Pero qué piensan los cristianos de esto? Si eres varón, ¿sabes que tus besos, tus abrazos, tus caricias y tu cuerpo pertenecen a quien será tu esposa? Si eres mujer, ¿sabes que tus besos, tus abrazos, caricias y cuerpo son de quien será tu esposo? En el pololeo hay besos, abrazos, caricias, esto es darle a otro u otra lo que quizás no era para ellos. Además de esto, el pololeo, ¿no es exponerse? ¿No es “acariciar” a la fornicación? Los besos, abrazos y caricias, ¿no te llevaran a la fornicación? No se trata de legalismo, sino de estorbar, de mostrar lo que puede ocurrir. Si comienzas a realizar una investigación sobre esto, te darás cuenta cuántos pecados y sufrimiento ha traído todo esto a la Iglesia.
Mis hermanos, si eres joven, debes preocuparte de crecer, buscar al Señor, conocerle, entenderle (Ec. 12:1), trabajar, estudiar, preparar un hogar[3]; y cuando estés listo, decírselo al Señor (no buscar una polola), sino mirar a tu alrededor, entre las hermanas en Cristo que son solteras y abrir los ojos, pues entre ellas puede estar la mujer que Dios preparó para ti[4]. Con la cual tendrás descendencia para Dios. Será difícil que puedas consagrar a tus hijos en un yugo desigual. Es por eso que necesitas una compañera que ame al Señor, con la que será menos difícil.
Si eres casado, debes preocuparte de agradar a tu esposa y disfrutar del regalo de Dios para ustedes en la sexualidad, junto con saber que Dios espera de ustedes una descendencia consagrada para Él, fruto del regalo otorgado. Tus hijos son para el Señor, por lo que debes prepararte para encaminarlos a Cristo, orar por ellos, hablar con ellos, sembrar desde pequeñitos la fe cristiana en ellos. Rogar al Señor para que les salga al encuentro y sean Sus servidores. Rogar porque el Señor los enamore. ¡Qué honor para un padre saber que sus hijos aman al Señor! Oremos por nuestros hijos incansablemente y enseñemos a ellos la fe. Ellos quedarán para Dios cuando partamos a Su presencia.
Mis hermanas, ayuden a sus esposos a ser hombres espirituales y de peso en el Señor, para que ellos, poco a poco, vayan sembrando en sus hijitos la fe. Permítanme contarles algo personal que me conmovió. Para el día del padre[5] mi hijita me regaló un llavero hecho en la sala cuna. Las tías le pintaron su pie derecho con verde, y luego, ella pisó una cartulina por el lado blanco. Su pie quedó impreso. Luego, recortaron la marca y la plastificaron, junto con ponerle una nota que me conmovió, decía así:
“Dejas huellas en mi corazón. Violeta.”
Mis hermanos, eso es verdad. Nuestras huellas van quedando en el corazón de nuestros hijos. ¡Oh, que el Señor nos ayude! Pues las huellas pueden ir rumbo a Egipto, a Sodoma, o a Cristo.
Mis hermanos, si son casados y no pueden tener hijos, entonces humíllense en presencia del Señor, y en ayunos y lágrimas pidan con fe aquello que Dios anda buscando: una descendencia para Dios. No busquen solo un día, ni dos, sino reiteradas veces, aflijan su alma en presencia de Dios hasta que les responda; deben saber que Él se compadece del hombre en sus fragilidades, aquel que lo busca humillado y aflige hasta su cuerpo. Busquen el “tocar” Su misericordia, clamando a Él, sabiendo que es la única Persona que puede hacerlo. Búsquenlo con angustia. Es la voluntad de Dios darnos hijos para que los consagremos para Él; por lo tanto, pídelo con confianza, no dudes pensando que Dios no quiere darte un hijo a ti, sino que búscalo hasta que tengas una respuesta de Dios. Lee sobre Ana pidiendo a Dios un hijo y cómo luego se lo dedicó (1S. 1). Pide para Dios, no para ti: “Oh, Señor, en la mies faltan obreros, dame hijos para criarlos para ti, para que te sirvan de obreros en la mies”. No pidas para no estar solo en tu vejez, no pidas para tener amor que dar, no pidas para que se dejen de preguntarte “cuándo”; pide para Dios, para Su gloria, para que tenga en tus hijos una descendencia que le tema y ame. Si tu deseo es tener un hijo porque todos los tienen, u otra razón egocéntrica, confiésalo delante de Él y pídele que te dé un hijo y que te ayude a consagrarlo, aun teniendo esos deseos en tu corazón. Pero sé honesto. Prueba con el ayuno, humillándote hermano, hermana. Estos son la forma de demostrarle al Señor la aflicción de nuestra alma, confiando en que podemos tocar Su misericordia.
Y si son casados, y nunca pudieron tener hijos, entonces sepan que hay muchos niños y jóvenes que necesitan ser encaminados a Cristo. Busquen a aquellos hijos de Dios que necesitan ser enseñados y colaboren con el Señor. Mírenlos como una responsabilidad para ustedes. Inviertan en ellos. Sean recordados por el Señor por esta hermosa labor. Y por qué no, adoptar un niño para no sólo hacerlo vuestro hijo, sino un siervo de Dios.
Mis hermanos, que el Señor siga hablando a nuestros corazones. Vamos a parar aquí.
[1] Diccionario Strong (4202), Swanson (4518), Vine NT (4202).
[2] Chilenismo que se refiere a “pretendientes”.
[3] El Señor Jesús da ejemplo de esto, siendo el Esposo de la Iglesia, va y prepara morada antes de llevarla (Jn. 14:2).
[4] Génesis 2:22 nos indica que Dios le trajo a Adán una mujer (Eva), la cual reconoció como hecha para él, llamándola “hueso de mis huesos y carne de mi carne”.
[5] Año 2018.
