7. EL TEXTO, AUTÓGRAFOS Y MANUSCRITOS.

HNO. J. C. ORELLANA[1].

 

Amados hermanos, oremos un momento antes de comenzar:

Padre, en el nombre del Señor Jesús nos presentamos en Su presencia, confiando en Cristo como nuestra vestidura, como la justicia de Dios que ha traído como resultado la paz entre usted y nosotros los hombres. Nos confiamos en Él, nos fiamos de Él, y nos vaciamos de justicias propias, de confianza en nosotros mismos, para ponernos en las manos del Espíritu Santo con el fin de ser socorridos, ayudados en esta labor de enseñanza y aprendizaje, Señor. Queremos ser enseñados por usted, necesitamos de usted. Queremos pedir Su ayuda, Su socorro, Su auxilio, Salvador nuestro, y por eso nos humillamos en Su presencia, pues no queremos obtener sólo un conocimiento e información, sino que queremos tocarle, queremos conocerle, queremos entenderle un poco más. Queremos poder aprender sin olvidarnos de usted, queremos aprender por Su causa. Señor ayúdanos, danos gracia para compartir, para oír, sencillez y profundidad en las palabras que ocupemos. En el nombre del Señor Jesús. Amén. Gracias Señor.

LA FE DE LA IGLESIA Y AGRADECIMIENTOS.

Debemos dar gracias al Señor por permitirnos llegar hasta acá. Cuando nos propusimos comenzar esta escuela de la obra o, si lo prefieren, reuniones de equipamiento, no teníamos bien claro para dónde íbamos; incluso partimos un poco desordenados tocando temas que iban apareciendo. En algún momento, perdimos el rumbo de estas reuniones, algunos perdimos hasta las ganas de venir, pero el Señor nos fue ordenando por Su Palabra,  y en este orden nos fue encaminando al tema de las doctrinas fundamentales.  Un día, tuvimos la carga de ordenar esto y emprender un estudio sistemático de todos los temas que fuimos observando como base fundamental de la fe cristiana. Hicimos un índice de los diferentes temas que debíamos  tratar[2] y partimos con esto que está relacionado a la Bibliología.

Mis hermanos, en cuanto a este tema que hoy esperamos terminar, debemos decir que todo lo que hemos tocado acerca del estudio de las Escrituras es solamente algo panorámico, para introducirse a los diferentes temas que conforman este libro. Seguramente hay otros que no tocamos, pero confiamos en la gran provisión que el Señor nos ha hecho de estos temas a través de diferentes hermanos en la fe, muy bien equipados y eruditos.

Damos gracias al Señor por permitirnos ser constantes en esto y poder aprender un poquito más, pues este debe ser el deseo de todo cristiano, crecer en el conocimiento del Señor y saber más de la fe cristiana (Ef. 4:11-16), ya que esta no es una fe irracional, no es una fe sin conocimiento, pues la fe del cristiano está basada en información, la que es verás y confiable. Y de esa información que oímos o leemos, nace y/o se fortalece la fe de cada uno, pues dice la Escritura que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17, RV 1960). Es por el oír que viene la fe, y no por el oír cualquier cosa, sino el oír que proviene de la Palabra de Dios. Porque cuando usted escucha algo obtiene información y, en esa información, sus paradigmas y convicciones son tocados. Así que la fe nace con información que usted obtiene de la Palabra de Dios.

Por lo tanto, mis hermanos, la iglesia del Señor sí debe estar informada,  debe tener conocimiento y debe administrar este conocimiento; pues debe sostenerlo, debe atesorarlo, debe creerlo, debe enseñarlo y debe protegerlo. No es una fe ciega, pues si no se ha dado cuenta, déjeme decirle que la razón por la que nos bautizamos proviene de una razón inteligente, una fe específica que tenemos. O la razón por la que participamos de la cena del Señor cada semana, proviene de una razón específica, una creencia específica que sostenemos. O la razón por la que las hermanas cubren su cabeza, también proviene de una razón inteligente, algo que la Palabra de Dios nos ha comunicado y las hermanas creen, confían y guardan. Todas las cosas que se hacen en la iglesia, que se practican en la iglesia, deben nacer de un conocimiento específico que da lugar a una fe específica, una fe que nace de la Palabra de Dios. No debemos hacer cosas que provienen de opiniones humanas que nacen de frases como “es que yo siento esto así”, o “es que a mí no me gusta esto, sino aquello”. Hoy día estamos en el tiempo de la apostasía, del postmodernismo, de la relatividad, donde cada uno tiene una “verdad” en el mundo y donde todas estas “verdades” deben convivir aunque sean disparates y hasta necedades. El mundo está adoctrinando a las personas, a los niños, para que vivan pensando que no hay una verdad global, una verdad objetiva, sino que lo importante son los sentimientos, el cómo nos sentimos. Entonces “yo siento esto” y, como lo siento así, esto para mi es verdad y estás obligado a aceptarla; si no lo haces, eres un intolerante que carece de iluminación. ¡Qué disparates!

Mis hermanos, en la iglesia esto no debe ser así, en la iglesia no hay una multitud de opiniones basados en lo que siente cada uno, sino que la fe de la iglesia es una fe inteligente que, principalmente, se basa en los Textos de Dios; porque sabemos que Dios se ha revelado de forma especial y esto está registrado en estos santos Textos a los cuales hemos llamado ‹‹la Biblia››. Y eso es lo que hemos ido observando a través de estos estudios. Debemos dar gracias al Señor que hemos tocado estos temas. De repente salían términos un poco técnicos, un poco complicados de aprender, pero tratamos en la medida que el Señor nos permitió, explicar estos lo más terrenal y sencillo posible. “Terrenal” en el buen sentido de la palabra. Ahora bien –como dije antes–  hoy día nos corresponde finalizar este ciclo, este ramo, donde tratamos diferentes temas relacionados a la Bibliología.  De antemano, damos gracias al Señor por aquellos jóvenes que tomaron la carga de transcribir todas estas cosas, hago una mención especial a mis hermanos Israel Mesina Mosqueda, de la iglesia en Peñaflor; Isaí Ibaceta Novoa, de la iglesia en Cerro Navia[3]; y Natalia López Martínez, de la iglesia en Padre Las Casas. Ellos tuvieron la buena voluntad de transcribir todo esto para que estuviera disponible para todos los hermanos. El Señor les recompense.

SOBRE LA REVELACIÓN ESPECIAL Y NATURAL.

Mis hermanos, partimos nuestro estudio sobre la Biblia hablando de las Escrituras como la revelación acerca de Dios. La Biblia es revelación de Dios, entiéndase, por lo tanto, que fue Dios el que quiso revelarse. Dios tuvo el deseo de darse a conocer, Dios es el que tomó la iniciativa. Y esta revelación que Dios ha dado es una revelación especial, pero no para personas especiales, superdotadas, sino que para todo aquel que quiere conocerlo de forma especial. Y eso hermanos es algo muy lindo del Señor, porque si el Señor se hubiese querido revelar solamente a algunos, con un coeficiente intelectual superior, lo más probable es que personas como yo estaríamos condenados. No hubiera entendido nada del Señor, nunca jamás. Pero vemos la bondad del Señor y Su deseo de darse a conocer a todos, en la decisión que tomó de hablarnos en un lenguaje sencillo, humano, para comunicarnos de forma legible (Is. 8:1) y entendible (Hab. 3:2, NTV) cómo es Su personalidad; pues mis hermanos, la revelación especial de la Biblia no consiste en darnos un conjunto de doctrinas inútiles, pues esta revelación y las doctrinas de la Biblia, nunca están separadas de la Persona de Dios; por el contrario, la relación ‹‹Palabra de Dios encarnada›› y ‹‹Palabra de Dios escrita›› es inseparable, porque Dios ha querido revelarse de forma especial en estos documentos, para que nosotros podamos entender todo tipo de doctrina cristiana a la luz del conocimiento de quién y cómo es Él en la faz de Jesucristo (2Co. 4:6).

Dios quiso revelarse, Dios tomó la iniciativa de revelarse en lenguas humanas y usar la gramática humana. Porque no solamente le habló a los hombres y estos oyeron, sino que también fue el mismo Dios que le ordenó a los hombres “Escribe” (p. ej.  Ex. 17:14; 34:27; Is. 8:1; 30:8; Hab. 3:2), y fue el mismo Dios que los condujo de forma extraordinaria, inspirándolos para escribir un Texto santo, infalible e inerrante (2P. 1:21). ¿Y por qué hizo esto? Porque Dios estuvo interesado en darse a conocer. ¡Gloria al Señor! Dios estuvo interesado en que lo conociéramos, en que lo entendiéramos, pues siempre Dios ha querido eso, siempre ha querido que el hombre le conozca y entienda (Jr. 9:24). Por lo tanto, Dios quiso dar al hombre una revelación especial y textual de Su Persona para que lo conociera, para que supiera con quién estaba tratando y cómo es Él, que es nuestro Creador y Dios. Es realmente hermoso entender que fue Dios el que nos dio estos Textos santos y esto fue lo primero que vimos, que la Biblia es una revelación especial de Dios para los hombres.

También vimos que Dios se quiso revelar a través de la creación, de una manera general, de una manera natural. Y Dios lo hizo por medio de las cosas hechas. Respecto a esto –le decía a unos hermanos–  me doy cuenta que Dios no solamente revela Su poder, Su omnipotencia y Su deidad por medio de la creación, sino que también Dios ha revelado Sus juicios por medio de esta. ¿Qué significa esto? Que Dios utiliza la naturaleza para mostrar Su justicia, esto lo vemos en el libro de Éxodo y los juicios del Señor a los dioses de Egipto (Ex. 12:12). Las Escrituras nos enseñan que Él juzga a los dioses de Egipto, ¿y cómo lo hizo? Por medio de la naturaleza, de las cosas creadas, pues utilizó el agua, las ranas, los piojos, las moscas, pestes, úlceras, granizo y fuego,  langostas, tinieblas y a los primogénitos (Ex. 7:1 al 12:33). De alguna manera, Dios utilizó la creación misma para que el hombre entendiera a través de ella que había un Dios Justo, un Juez Supremo al que hay que rendir cuentas. Junto con esto, tenemos que Dios juzgó a los hombres antediluvianos por medio de “aguas de diluvio” (Gn. 9:11). Utilizó la lluvia, un diluvio para juzgarlos. Además, Dios utilizó fuego y azufre para juzgar a Sodoma y Gomorra (Gn. 19:24). Con todo esto nos damos cuenta que Dios utiliza la naturaleza como medio para cumplir Sus juicios, Sus sentencias. Así le dio al hombre testimonio no sólo de Su omnipotencia, de Su deidad, sino también de Su justicia y santidad.

Cuando leemos Apocalipsis nos encontramos con plagas, terremotos y cosas por el estilo. Usted se dará cuenta que todas esas cosas se anuncian como juicios sobre las naciones. En Apocalipsis 15:4 se mencionan muchas cosas, entre las cuales se involucran las que tienen que ver con la naturaleza, y al hablar de estas, las relaciona a la manifestación de los juicios de Dios. Y aunque Dios está manifestando Su justicia mediante esos acontecimientos, también vemos allí Su bondad, pues aunque son justas todas aquellas cosas, Dios quería que ellos decidieran arrepentirse. Lamentablemente, la Biblia nos señala que el hombre mostrará la dureza de su corazón, y aún en el padecimiento, “no se arrepintieron” (Ap. 9:20-21). Hasta en el momento en que Dios los esté juzgando con justo juicio, les mostrará Su bondad y estará dispuesto a tener misericordia si es que ellos se arrepienten. Dios le da la oportunidad al hombre de entender Sus juicios, y si éste los entiende, arrepintiéndose, Dios tiene misericordia. ¡Pero el hombre en vez de tener temor y humillarse, endurece su corazón y blasfema contra Dios!

Permítame mostrarle algo. Mi suegro me contaba en una oportunidad que para el terremoto que ocurrió en Chile el año 1985, él se encontraba vendiendo pan y huevos cocidos en el Club Hípico. Me contaba que cuando comenzó el terremoto –no siendo cristiano– le llamó la atención algo que ocurrió. Comenzó una gritería y a su alrededor la gente se comenzó a arrodillar golpeándose el pecho pidiendo al Señor que tuviera de ellos misericordia. Hombres y mujeres de edad, jóvenes, a mucha gente se le doblaron las rodillas, golpeándose el pecho, rogando el perdón del Señor. Clamaban para que Él tuviera misericordia, que tuviera piedad, que tuviera compasión de ellos. Y la apreciación que él hacía fue la diferencia que pudo notar sobre esto cuando ocurrió el terremoto del año 2010 en Chile, al ver a la gente asustarse pero no clamar, sino que al rato se reían, se emborrachaban y gritaban cada vez que venía un temblor: “¡Que venga uno más fuerte!”, y se reían, como desafiando a Dios.

SOBRE LA CAUTERIZACIÓN DE LA CONCIENCIA.

Mis hermanos, ¿sabían que este es el resultado de la cauterización de la conciencia? El hombre no tiene temor, piensa que no tiene de qué temer ni arrepentirse, ni cuentas que dar a nadie, y esto es debido a que el hombre buscó excusas naturales a estas catástrofes con el fin de evadir la responsabilidad legal que tienen ante Dios, el Justo, Juez Supremo, y así sobornar o acallar su conciencia de pecado. Así se quedó con las explicaciones del naturalismo, que les dijo: “Todo tiene una explicación natural, para lo que no es necesario invocar a un Ser Supremo que quiere que nos arrepintamos”. Así es que se les explica a las personas la forma en la que ocurren los terremotos, la energía que se tiene que liberar, se les enseña sobre las placas tectónicas en movimiento, entre otras cosas. Todas verdades científicas. Y los hombres evaden así el llamado a arrepentirse, y por ende, dejaron de ver el juicio, dejaron de ver al Legislador, “y no se arrepintieron”. Entonces, cuando hay un cristiano que habla de juicios, dicen: “¡Ignorante! Eso es parte de la naturaleza y la ciencia lo explica”. Mis hermanos, sin duda que es parte de la naturaleza, pero eso no quiere decir que detrás de esto no haya Dios, pues debido al sin número de constantes físicas y leyes definidas que existen, nos damos cuenta que detrás de esta naturaleza hay una Mente que la ha programado para un correcto funcionamiento; y, en esta programación que realizó, le definió procesos constantes y periódicos que permitieran el correcto funcionamiento de la vida biológica. Ahora, todo programador o encargado de sistemas sabe que un proceso puede ejecutarse de forma automática mediante tareas que se configuran para activarse en ciertos horarios y en ciertas condiciones; sin embargo, también sabemos que se puede ejecutar un proceso o programa de forma manual, directa y cuando uno lo quiera. En Linux[4] –por ejemplo– solo basta abrir una terminal y ejecutar un comando que invoque un programa[5]. Los que son informáticos entenderán muy bien esto. De la misma manera, Dios estableció leyes, creó procesos naturales que se ejecutan automática y naturalmente, pero también Él puede ejecutar procesos cuando quiere y de forma directa (manual), pues siendo Dios Creador de todas las cosas, tiene el conocimiento y la autoridad como para hacerlo cuando estime conveniente. Así que, si algo tiene una explicación natural no quiere decir que no hay un Legislador detrás que puede usar la naturaleza a Su antojo y cuando quiera, con el fin de juzgar.

Ahora bien, esto el hombre lo quiere ignorar y eludir, intentando cauterizar la conciencia para evadir a Dios, para evadir el peso del juicio, y mediante razonamientos vanos han aprobado no tener en cuenta a Dios y han dicho: “No hay Dios” (Sal. 14:1; 53:1). En este tipo de razonamientos apareció el darwinismo en la historia humana, que quiere atribuir las especies y la aparición de los cientos de miles de estas, a un accidente, a una compleja explosión accidental[6], lo que enseñan en las aulas de clases, siendo uno de los medios que usan para cauterizar la conciencia de los hombres, desde la juventud. ¿Se dan cuenta, mis hermanos, cómo llegó el ser humano “moderno” a ser insensible, poco temeroso del Dios que lo creó, y empezó a vivir irresponsablemente? Sin embargo, esto no es sólo del hombre moderno, pues esta búsqueda de cauterizar la conciencia proviene de criaturas espirituales caídas y mundanas, que han influenciado a los hombres desde el momento de la caída de éste (Ef. 2:1-3), desde Génesis 3. La Biblia nos informa en Génesis 6:5 que Dios vio que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y no solo en los actos de estos, sino que también lo eran en los íntimos pensamientos que maquinaban. Ahora, cuando usted lee libros no inspirados, que la misma Biblia cita –como el libro de Jaser o el libro de Enoc– usted se da cuenta que estos añaden muchos antecedentes interesantes a la maldad de los hombres. En el libro de Jaser dice que el hombre se levantó en contra de los mandamientos de Dios, quien ordenó al ser humano multiplicarse y fructificar, y que muchos varones al ver que la mujer “deformaba” su silueta por el embarazo, decidieron que no tendrían más hijos y comenzaron a provocar en ellas esterilidad mediante brebajes que las obligaban a beber[7]. Aparte de esto, la violencia, los robos y la mezcla de especies mediante la cruza, comenzó a ser una práctica constante de los hombres[8]. El hombre se rebeló y pervirtió profundamente contra los mandamientos de Dios[9], cauterizando su conciencia mediante distintas ideologías, como la de Nimrod[10] que –según Flavio Josefo– se paraba delante del pueblo a burlarse y a despreciar a Dios, y no sólo esto, sino que llamaba a los hombres a rebelarse. Cito textual:

… nieto de Cam, hijo de Noé, un hombre audaz y de mucha fuerza en los brazos, quien los persuadió de que no adjudicaran a Dios la causa de su felicidad, porque sólo se la debían a su propio valor. Paulatinamente convirtió el gobierno en una tiranía, viendo que la única forma de quitar a los hombres el temor de Dios era el de atarlos cada vez más a su propia dominación. Afirmó que si Dios se proponía ahogar al mundo de nuevo, haría construir una torre tan alta que las aguas jamás la alcanzarían, y al mismo tiempo se vengaría de Dios por haber aniquilado a sus antepasados.”[11]

Parafraseando lo dicho por Josefo, Nimrod les estaba diciendo: ‹‹¿Por qué dar gracias a Dios por las cosas que se obtienen con nuestro propio esfuerzo? Dense gracias a ustedes mismos››. Hermanos, saben, yo he escuchado a hombres decir eso, hombres que nunca leyeron a Flavio Josefo, lo que me permite entender la influencia invisible que hay sobre los hombres que, por cierto, encuentran razonable esto y lo aprueban (Ro. 1:28), por lo tanto el hombre es responsable, no víctima.  ¿Se dan cuenta de dónde provienen esos pensamientos y lo viejos que son? El hombre caído, influenciado por espíritus caídos, siempre ha intentado cauterizar la conciencia. Satanás, instrumentalizando al pecador, le ha “inspirado” ideologías que cauterizan la espiritualidad humana, es decir, insensibilizan la conciencia, llevando al hombre a que se aleje de su Creador y lo odie e ignore. No obstante, aparte de la conciencia, Dios dejó la naturaleza para que también diera testimonio a los hombres insensibles, para que el hombre honesto diga: “¡Hay Juez!”, “¡Hay Todopoderoso!”, “¡Hay Creador!”, “¡Hay que tener temor!”, porque mis hermanos, Dios quiere que seamos reverentes y la naturaleza misma despierta un testimonio a los hombres de la ira justa de Dios que se revela contra toda impiedad e injusticia de los hombres (Ro. 1:18).

LA REVELACIÓN DE DIOS V/S LA PSEUDO-TEOLOGÍA HUMANA.

Las Escrituras nos enseñan que el temor al Señor es el principio de la sabiduría (Sal. 111:10; Pr. 1:7; 9:10), y por causa del temor reverente al Señor se pueden salvar vidas; pues a veces por falta de temor nos conducimos negligentemente y hacemos tonterías como Uza, quién tocó el arca y murió (1Cr. 13: 7-11.). Pero si Uza hubiese temido al Señor, ¿hubiera tocado el arca? Por supuesto que no, y por lo tanto no hubiera muerto de esa manera, sino que se hubiera salvado. El temor al Señor –quién santificaba de forma extraordinaria esa arca– hubiese salvado a Uza de la muerte; pero la falta de temor lo condenó. Así que, mis hermanos, Dios sí quiere que el hombre tenga temor, es sabio que lo tenga, pues si tuviera temor a Su justicia buscaría redención y Dios lo salvaría. Sin embargo, desde los años 50’ en adelante apareció un evangelio humanista que dejó de mostrar lo que Dios ha revelado de Sí mismo respecto a Su justicia, amor y santidad; y comenzó a mostrar lo que al hombre le gusta y a centrar todo en el hombre.  Mis hermanos, de este pseudo-evangelio humanista se oyen cosas como esta:

‹‹Dios ama a los hombres y no enviará a nadie al infierno, pues Dios es amor, el infierno, por lo tanto, es metafórico››

Cosas así he oído decir a personas que sostienen prácticamente que Dios gira alrededor del hombre, un pseudo-evangelio humanista, lo que hemos identificado como antropocentrismo. Así predican que Dios gira alrededor de las necesidades del ser humano y que todo es para el hombre, y todo es por el hombre, y todo es del hombre. De esta manera muchos que se dicen ser cristianos comenzaron a vivir egocéntrica y carnalmente, ocultando a la vista de cristianos y del mundo el juicio y la ira de Dios. Le ocultaron al mundo que debe arrepentirse de sus pecados para recibir salvación en Cristo; y en vez de mostrarles la verdad que desde el cielo se ha revelado y que mediante la creación misma se da testimonio, las personas comenzaron a llegar a las iglesias con la idea de ser felices,  de ser prósperos, sin ninguna convicción de pecado, sin ningún interés de arrepentirse de sus transgresiones y buscar al Salvador, sin saber que tienen que resolver un problema con la justicia del Dios santísimo. Buscan paz, pero sin justicia, porque buscan la paz como una emoción; sin embargo, las Escrituras son claras al decirnos en Isaías 32:17 lo siguiente:

 “Y el resultado de la justicia será la paz” (RV 1977).

No hay paz sin justicia, primero debe cumplirse la justicia para que haya paz. No hay paz sin justicia. El hombre puede venir a las reuniones cristianas con tal de ser feliz, pero si no ha resuelto su problema con Dios, no hay paz. Entonces, si no hay paz, significa que el hombre no ha resuelto el problema con la justicia de Dios y aunque asista a una congregación cristiana está condenado con el mundo, así de simple. No obstante, el “evangelismo” para estos supuestos cristianos se volvió egocentrismo, positivismo, y comenzaron a decir: “No hablemos de lo que ofende al hombre”, “no hablemos del infierno”, “actualicemos la Biblia”,  “hablemos solo del amor de Dios”, y así los que se adhieren a ellos se hacen prosélitos de una religión, pero están condenados con el mundo.

Respecto al énfasis egocéntrico sobre el amor, permítanme contarles que el hermano Donald Carson tiene un libro que les recomiendo, se titula La difícil doctrina del amor de Dios, allí él cuenta lo siguiente:

“… a mediados de la década ‘80, según Andrew Greeley, tres cuartas partes de los que respondieron a una encuesta dijeron que preferían pensar en Dios como un «amigo», y no como un «rey». Me pregunto cuál habría sido el porcentaje si la opción hubiera sido entre «amigo» y «juez». En la actualidad, parece que a la mayoría de las personas no les resulta difícil creer en el amor de Dios; tienen mucha más dificultad para creer en la justicia de Dios, la ira de Dios y la veracidad sin contradicciones de un Dios omnisciente.”[12]

La preferencia de los cristianos modernos es ver a Dios como ‹‹amigo››, como ‹‹amoroso››, pero mis hermanos, las Escrituras no sólo nos hablan de Dios amando, sino también de Dios como justo y santo. Estoy muy consciente que muchos hermanos al oír o leer estas cosas podrían decirme: “Pero hermano, hoy día somos salvos por la gracia de Dios, por la fe en Cristo Jesús, y el juicio de Dios no está en nuestra contra”. A esto digo: “¡Amén!”. Sin embargo, aunque hemos sido salvos por la gracia de Dios, mediante la fe en Cristo y estamos en paz con Dios en cuanto a la condenación eterna, esto no quiere decir que ahora Dios, que es nuestro Padre (Jn.1:12), ha dejado de ser justo y santo; pues el mismo Señor Jesús ora a Dios el Padre y lo llama: “Padre santo” (Jn. 17:11), y en el libro a los Hebreos que se encuentra en el Nuevo Testamento, se nos dice que “sin santidad nadie verá al Señor” (Heb. 12:14); además, el mismo Pedro y Juan nos advierten de que Dios, el Dios que nos amó en Cristo, también es santo (1P. 1:16) y anda en luz (1Jn. 1:5). Así que hermanos, Dios quiere que nosotros tengamos esa revelación especial acerca de Él, por lo menos una panorámica acerca de lo que Él es, y para eso nos empezó a dar los Textos, la Biblia, que nos habla de una historia progresiva que no se puede negar. En ella vemos a Dios dándose a conocer a los hombres de forma especial, no sólo de forma general, pues la naturaleza nos habla sin palabras acerca de la justicia y la ira de Dios, pero las Escrituras nos dicen explícitamente que Dios es justo (Esd. 9:15; Sal. 119:137) y nos explican el testimonio de Dios dado en la naturaleza.

SOBRE LA CONFIABILIDAD DE LAS ESCRITURAS.

Esta revelación especial de Dios mediante las Escrituras y la historia es algo maravilloso de considerar, pues es la historia la que confirma la confiabilidad de las Escrituras y que, de alguna manera, asegura nuestra fe. Mis hermanos, cada vez que se ha sometido a examen la historicidad de las Escrituras, éstas han ganado. Incluso, hace algunos años surgió un proyecto liberal llamado Seminario de Jesús. Estas personas enseñan que es verdad que no podemos negar que Jesucristo es histórico, pero ellos le quitan al testimonio bíblico las señales y los milagros, quitan estas cosas que, para ellos, son mitos. Es más, le dan más énfasis e importancia a los textos no canónicos y externos, creando a un “Jesús” con un perfil distinto al bíblico. Ya esta intención se ha visto en la historia recientemente pasada, con personas como Rudolf Bultmann y su desmitologización acerca de Jesús. Aceptan que Jesús es histórico, pero quieren quitarle aquello que nos da testimonio de que no era sólo hombre, sino Dios manifestado en carne. Están acorralados ante la verdad histórica, pero aún allí buscan excusas para cauterizar la conciencia, a lo que Dios ya se anticipó dejando un testimonio natural y especial. Bueno, esta fue una de las primeras cosas que partimos hablando en estos estudios.

SOBRE EL ORIGEN DE LA BIBLIA.

Luego hablamos del origen de la Biblia, y dijimos que el testimonio interno de las Escrituras es que su origen es Dios. Es decir que las Santas Escrituras provienen de Dios, desde Su interior. Estudiamos que cuando dice “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2Ti. 3:16, RV1960), la palabra “inspirada por Dios” en el griego es Theopneustos (gr. θεόπνευστος), lo cual no significa “inhalado”, como “aire hacia adentro”, sino “aire hacia fuera”, es decir, que Dios las saca desde Su interior, que Dios las exhaló, mostrándonos así que Dios ha querido darse a conocer. No es que el hombre tuvo la ocurrencia de escribir Textos santos, pues al hombre no se le ocurrió, sino que fue Dios que dijo y ordenó “escribe estas cosas” (Ap. 1:19); y como nos dijo Pedro, fue Dios el que condujo a estos hombres, fue Dios el que guió a los hombres, fue Dios el que los impulsó en la redacción de todas estas cosas (2P. 1:21). Entonces hermanos, nos dimos cuenta que es Dios el que nos dio estos Textos para otorgarnos una revelación especial sobre Su Ser y Personas.

También, dentro de las cosas que vimos, observamos que fue Dios el que condujo a Sus siervos a recopilar o citar documentos a los cuales tenían acceso, junto con conducirlos a redactar otros. Ustedes ya están al tanto de lo que algunos sostienen sobre los textos de Génesis, respecto a los sefer toledot y que Moisés recopiló o citó textos que estaban escritos antes que él. Que su bibliografía consistía en escritos anteriores a él y muy cercanos a Adán, quizá de él mismo o de sus descendientes más cercanos, como hijos, nietos o tataranietos, que por cierto, de acuerdo a los años que vivió, él conoció. Aquí  vimos el asunto de la hipótesis documentaria que intentó afirmar que eso era imposible, porque no había escritura en ese tiempo y los hombres no sabían escribir. Pero eso es una mentira. Porque sí existía el escribir, lenguas escritas y lo fueron desde hace miles de años. Tema confirmado por la arqueología.

A documentos antiguos como estos, es probable que Moisés tuviera acceso. Es por eso que el habla de “el libro de las generaciones de Adán” (Gn. 5:1). El hebreo dice תֹּולְדֹ֖ת סֵ֔פֶר (heb. séfer toledot), donde séfer significa ‹‹libro›› y toledot quiere decir ‹‹generaciones››, ‹‹relaciones›› (de relatos). O sea, podemos pensar que Moisés, aparte de escribir, hizo una recolección de información desde fuentes que existían, que él conocía, y que el Espíritu Santo aprobó. Entonces usted se da cuenta que el origen de la Biblia es Dios. Dios nos ha dado la Biblia, a Dios le plació. Y para que no se nos acuse de una falacia circular (petitio principii) en el capítulo dos de este libro, observamos sus credenciales externas, que abarcan desde su historicidad, a la vida que se puede hallar en la Palabra de Dios.

SOBRE EL CONCEPTO DE INSPIRACIÓN.

Otra cosa que hablamos fue sobre el concepto de inspiración, eso lo expuso mi hermano R. A. López. El concepto de inspiración tiene que ver con la palabra griega pheromenoi (gr. φερόμενοι) que se registra en los manuscritos griegos en 2ª Pedro 1:21, donde se nos informa que los hombres de Dios hablaron inspirados por el Espíritu Santo. El sentido de esta palabra –para que se entienda bien– es semejante a decir que ‹‹Dios sopló y condujo la barca››. El énfasis no está en quienes escribieron, sino en quién sopló y condujo, ellos sólo eran la vela implícita en la analogía.

Los escépticos y liberales tienen un razonamiento, usan un silogismo para afirmar que la Biblia no es confiable, dicen así:

Premisa uno: ‹‹El hombre es falible››

Luego dicen: ‹‹La Biblia fue escrita por el hombre››

Entonces concluyen: ‹‹Por lo tanto, la Biblia es falible››

¡Ay, hermanos, qué difícil! Esto suena muy lógico, pues sabemos que el hombre es falible y, como la Biblia fue escrita por hombres falibles, se puede deducir que la Biblia también es falible. Muchos se asustan aquí, pues se olvidan de algo. La Biblia no habla solo de los instrumentos, la Biblia utiliza la palabra pheromenoi  que significa que el Espíritu de Dios los condujo, el Dios omnipotente los condujo, el Dios infalible e inerrante los condujo por dónde Él quiso. Si sacamos a Dios de ese silogismo es lógico lo que me están diciendo y podríamos pensar que la Biblia tiene errores, pero debido a que Dios estuvo involucrado, a que Dios es el protagonista, debido a que Dios estuvo allí, pregunto, ¿será lo suficientemente poderoso Dios para guiar a criaturas falibles y llenas de errores a darnos un Texto infalible e inerrante? ¿Será lo suficientemente poderoso ese Dios que creó de la nada los cielos y la tierra, para hacer que hombres pecadores escribieran Textos santos? A esto respondo ‹‹¡amén!››. Y eso es lo que enseña la Biblia, que la intelectualidad de esos hombres fue guiada por Dios. El Dios omnipotente, infalible e inerrante, perfecto y omnisciente, fue quien condujo a estos hombres en las palabras que debían escoger, utilizó el depósito intelectual que tenían dentro de ellos para darnos Textos perfectos, infalibles e inerrantes. La Biblia fue una obra extraordinaria de Dios y eso no podemos ignorarlo. Los hombres quieren que saquemos a Dios de la ecuación, pero nosotros no debemos, pues todo esto se trata de Dios.

SOBRE EL CANON BÍBLICO.

Luego hablamos del canon bíblico. Dijimos que ‹‹canon›› significa regla, guía. El canon es, por lo tanto, lo que reconocemos como regla de nuestra fe. A través de esto identificamos y reconocemos cuáles son los libros que Dios nos dio.  Dentro de lo que vimos, hablamos acerca de diferentes evidencias (internas y externas) acerca del testimonio que había dentro de las iglesias, del testimonio de los apóstoles, del testimonio de obras portentosas y milagrosas de los hombres que escribieron, del reconocimiento de los propios Textos en las iglesias y hablamos también de libros apócrifos. Espero lo recuerden.

Respecto a los apócrifos, dijimos que eran libros que estaban fuera de estos Textos inspirados por Dios y que hay religiones –como el catolicismo– que en su versión de la Biblia incluye alguno de los apócrifos[13]. Entonces empezamos a notar cosas extrañas, como que la razón por la que agregaron esos apócrifos corresponde a la deshonestidad de los hombres, con el fin de respaldar “doctrinas” que ellos sostienen y que los Textos santos y canónicos reconocidos a lo largo de la historia jamás enseñaron, como el perdón de pecados mediante las limosnas que se cita en el apócrifo de Tobías[14], que resultaría en la liberación de la muerte y tinieblas, y que se usa para respaldar la herejía de las indulgencias. Comenzaron a poner libros que respaldaran sus teorías y doctrinas, para afirmarlas en el tiempo, pero no era una cosa honesta, no era una cosa que obedeciera a una exégesis pura ni a un examen crítico.

Aparte de esto, vimos algunas cosas que las iglesias comenzaron a considerar para ver si un documento era bíblico o no, canónico o no. Por mencionar alguna, había preguntas que responder, tales como, ¿fue escrito por un apóstol? ¿Fue escrito por un profeta? ¿Había señales de Dios que lo respaldara? ¿Tenía amplia difusión y aceptación entre los hermanos de ese tiempo? Este tipo de preguntas se hacían, sobre todo con el Nuevo Testamento, porque el Antiguo Testamento fue reconocido antes, y es canonizado por el propio Señor Jesús, al decir “la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc. 24:44), y esa división que el Señor Jesús hace es la división que hacían los propios judíos acerca de los escritos veterotestamentarios de Dios. Los escritos de Moisés, los salmos y los profetas, que para los judíos son la Torah, los Nebiim y los Ketubim (Tanak), correspondiente al Antiguo Testamento que tenemos. O sea que la canonicidad del Antiguo Testamento nos la da el propio Señor Jesús, Dios manifestado en carne.

Teniendo el respaldo y testimonio de la Persona más importante que existe en cuanto canon del Antiguo Testamento, ahora quedaba demostrar la canonicidad del Nuevo Testamento, esto se inicia observando el contenido de cada uno de los libros que lo conforman, lo que corresponde al testimonio escrito respecto al Hijo Eterno que se encarnó. Dios antes habló por los profetas, de muchas formas y maneras, pero ahora, nos habló en el Hijo mismo (Heb. 1:1). Y el Nuevo Testamento de esto se trata, éste testimonio nos da. Sin embargo, también hay evidencias internas directas de su canonicidad, como que las epístolas de Pablo son reconocidas por el propio Pedro, quien nos informó que ya para su tiempo había una lista de epístolas paulinas circulando y que eran puestas a la altura de las Escrituras canónicas del Antiguo Testamento.  Pedro escribió:

15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” (2P. 3:15-16, RV 1960).

¿Se dan cuenta cómo es que Pedro pone al nivel de “las otras Escrituras”  las epístolas paulinas? Y habla de Pablo como alguien al que le había sido entregada sabiduría. Es bonito ese reconocimiento apostólico.

Hermanos, unas de las cosas que mencionamos fue que la segunda epístola de Pedro tuvo complicaciones en el ser reconocida como canónica,  una de las razones era que el griego de la segunda epístola era muy distinto al griego de la primera epístola, pero gracias al Señor que esas cosas se resuelven con la propia Biblia; porque en la primera epístola es el mismo Pedro que nos dice que él no escribió de su propia mano, sino que escribió por mano de Silvano (1P. 5:12), por lo cual entendemos que el griego de este hermano era un griego más pulido que el de Pedro[15]. Pero el griego de la segunda epístola, era el griego del pescador, era más popular, era más básico, por eso era el conflicto de aceptarlo dentro del canon, pero fue el propio Pedro que –guiado por el Espíritu Santo– dice que la primera epístola la escribió Silvano,  lo cual era una práctica común. Incluso Pablo hacía eso, tenía hermanos que actuaban como secretarios, como escribas, un amanuense; esto lo vemos en la epístola a los romanos, que nos indica que Pablo no escribió de su propia mano, y sabemos esto porque aquel que colaboró con esto se menciona en primera persona en el capítulo 16:22, diciendo:

“Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor.” (RV 1960).

Pablo contó con la ayuda del hermano Tercio para escribir la epístola a los romanos. Así nos damos cuenta que esas cosas se hacían, pero por ignorarlas algunos, se tardó en reconocer esos libros como canónicos, como parte de la Biblia que debemos leer y, en algunos casos, fueron considerados antilegómenas[16]. No obstante, el Señor paso a paso fue confirmando la canonicidad de Sus Textos. En esto dijimos algo fundamental para entender el proceso del canon bíblico: no podemos ni debemos sacar a Dios de este proceso. Dios estuvo todo el tiempo involucrado, en cada momento estuvo presente con el fin de preservar Sus Textos y para dar testimonio de aquellos que debían ser regla de fe para los santos; por eso, las iglesias no fueron las que definieron el canon, sino que las iglesias fueron encaminadas a reconocer el canon y estoy seguro que en esto hay una obra extraordinaria de Dios nuevamente. Las iglesias se encontraron con el canon, lo recibieron. Porque Dios en Su providencia lo entregó. Dios fue el que nos dio las Escrituras, también el que condujo a los hombres a escribir, pero además, el que encaminó a las iglesias a reconocer Sus Escrituras, pues el Señor Jesús prometió que el Espíritu no guiaría a toda la verdad (Jn. 16:13). Nunca debemos quitar a Dios de todo este proceso.

SOBRE LA ILUMINACIÓN Y REVELACIÓN.

Luego hablamos acerca del concepto iluminación y revelación. Y en esto reconocimos esa operación que Dios hace en el creyente –sea varón o mujer– para darse a conocer de una forma viva. Es aquel proceso en el que se ilumina nuestro corazón y que, como resultado, el Espíritu nos da a conocer al Padre, y/o al Hijo, y/o al Espíritu Santo. Y vamos comprendiendo y entendiendo de una forma especial y profunda a Dios a través de las Escrituras; pues Dios es el que se da a conocer a Sí mismo. Y eso es una operación del Trino Dios, lo cual vemos en Mateo 16. Allí vemos cómo el Padre hace una revelación especial acerca del Hijo. Cuando Pedro dijo:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16, RV 1960).

El Señor Jesús le respondió:

“Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mt. 16:17, RV 1960).

Y entendemos así que el que revela al Hijo es el Padre. Ninguno de nosotros tiene una revelación especial acerca del Hijo por su sapiencia, por su coeficiente intelectual, sino porque Dios operó, fue Dios el que lo reveló, fue Dios el que iluminó en nuestra mente al Hijo. Ahora bien, aparte de esto, ninguno de nosotros tiene un conocimiento acerca del Dios Invisible –de Dios el Padre– si no es el Hijo el que lo da, y esto lo vemos en las Palabras dichas por el Señor Jesús y registradas por Mateo[17]:

“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mt. 11:27, RV 1960).

Es decir que si no es el Hijo quién nos muestra la verdad, nos ilumina, entonces no podemos entender ni comprender a Dios el Padre. Así tenemos al Padre revelándonos al Hijo y al Hijo revelándonos al Padre. Finalmente, Pablo nos habla de cosas que ojo nunca vio, ni oído oyó, las cuales se revelan por Dios mediante el Espíritu Santo (1Co. 2:9-11) y, sabiendo de esta operación del Espíritu, es que pedía y oraba para que Dios nos diera revelación y sabiduría en el conocimiento de Él (Ef. 1:16-17). No un conocimiento cualquiera y superficial, sino que un conocimiento pleno de Él, como dice la Biblia Textual, tercera edición. ¿Pueden ver la operación trinitaria? Mis hermanos, con esto podemos entender que es una operación del Dios Trino el darse a conocer. Es una operación de Dios el iluminar nuestro entendimiento.

Aquí hicimos una separación importante respecto a la iluminación y la revelación, por causa de conceptos que uno se puede encontrar en el camino, incluso de hermanos que son serios y eruditos. Hay hermanos que dicen que en este tiempo no hay revelación, sino sólo iluminación, y cuando uno ve los excesos que se han visto en la historia de lo que se llama pentecostalismo, puede entender el porqué del rechazo a utilizar descuidadamente la palabra ‹‹revelación››. Al ver el desorden y el error de poner a la par con la Biblia experiencias tales como sueños y visiones, tratándolas como nuevas revelaciones, se entiende por qué se rechazaron completamente cualquier mención a una revelación fuera de la Biblia, cerrando su corazón a esas cosas. Así que dicen: “No hay revelación fuera de la Biblia”, o “yo no recibo palabras proféticas”, así se cerraron absolutamente a ese tipo de cosas. Sin embargo, mis hermanos, dijimos que sí hay revelación, pero no una revelación textual y especial nueva, como para decir, “agreguemos este libro al canon, es una revelación nueva del Señor”. De ninguna manera nos referimos a una revelación así, pues esta revelación especial y textual que llamamos Biblia, está cerrada y completa. Sin embargo, ninguno de nosotros puede decir que conoce a Dios por su sapiencia, sino que todos nosotros lo estamos conociendo debido a que Dios se nos ha estado revelando en las Escrituras.

El proceso de iluminación-revelación consiste en que Dios nos descubre algo; es decir, Dios primero quita la tapa de encima o quita el velo de nuestros ojos. Luego, dado que esto no es todo lo que necesitamos, Dios –aparte de descubrir– nos ilumina para que podamos ver. Por eso hablamos de ‹‹el proceso de iluminación-revelación››. En este proceso, mis hermanos, no dependemos sólo del Espíritu, sino también de las Escrituras. Es necesario que en las iglesias abunde la Palabra del Señor, abunde el conocimiento de los Textos, para que el Señor nos pueda ir llevando a toda verdad y a toda justicia por medio de Su Palabra. Dios quiere hacer eso, por eso dice el Señor que el Espíritu nos enseñará y recordará todas las cosas que hemos oído –o leído– (Jn. 14:26). Incluso cuando en 1ª Juan 2:27 se nos dice que “la unción misma os enseña todas las cosas”, esto no quiere decir que nos va a enseñar de la nada, sino que quiere decir que sobre la base doctrinal que se nos ha dado, sobre el depósito que se nos ha entregado, el Espíritu Santo nos dará entendimiento de todas aquellas cosas. No es sin Textos, sin la Palabra, más bien es con la Biblia, es con las Santas Escrituras.

Otra cosa gloriosa es que este proceso de iluminación-revelación es para todos. Dios quiere darse a conocer a todos, no solamente a los varones, también a las mujeres; no solamente a los viejos, también a los jóvenes; a todo aquel que quiera conocerlo de forma especial. Y hablamos acerca del corazón correcto, de que era necesario venir al Señor con un corazón humillado, de venir como la mujer sirofenicia (Mr. 7:24-30) o cananea (Mt. 15:21-28) que cuando el Señor le dijo:

“No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (Mt. 15:26, RV 1960).

La mujer, en vez de ofenderse y marcharse renegando, le dijo:

“Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mt. 15:27, RV 1960).

Y eso nos habla del corazón correcto, del corazón humillado para buscar al Señor. Mis hermanos, a los Textos no podemos venir con soberbia, no podemos buscar al Señor por soberbia, o por vanidad, sino que debemos venir humillados. Dios se revela al corazón humillado, Dios quiere darse a conocer al corazón humillado (Sal. 10:17; Is. 57:15). Dios es el que tomó la iniciativa y, gracias al Señor, este proceso de iluminación-revelación es para todos, para el que quiera buscarle. Demanda nuestra búsqueda, demanda a que nosotros golpeemos la puerta, demanda a que nosotros llamemos, demanda a que nosotros pidamos, demanda que vamos (Mt. 7:7-8; Lc. 11:9-13). Debemos ir en pos de Él, en búsqueda de conocerle, el que quiere entender al Señor debe buscarle en la vida piadosa de la oración y la lectura de las Santas Escrituras (2Cr. 15:1-4). ¡Dios quiere revelarse a todos! Pero es necesario un corazón correcto y persistente que lo busque.

SOBRE LA HERMENÉUTICA Y EXÉGESIS.

Otra de las cosas que hablamos fue acerca de la hermenéutica y exégesis. Y dijimos que la hermenéutica consistía, entre otras cosas, en un sin número de reglas y de normas que íbamos a considerar para luego interpretar el Texto bíblico. Uno siempre tiene una hermenéutica. Hermanos, aunque usted no estudiara hermenéutica, tiene una hermenéutica con la que se acerca a las Escrituras a interpretar lo que lee. Es más, cuando usted lee el periódico tiene una hermenéutica. Usted cuando va a leer el periódico no lo va a leer como un escrito espiritual, usted lo va a leer como información. Así que usted, de alguna manera, al hacer esto y tenerlo presente, está aplicando una regla de hermenéutica, pues usted está diciendo “lo que yo voy a leer es información, una noticia”, y eso, es parte de una regla que consiste en identificar el género literario de lo que está leyendo. Siempre usted tiene o sigue reglas para interpretar lo que lee.

Entonces, así fue que hablamos de algunas reglas, como el leer la Biblia. Esa es la regla básica, leer la Biblia. Hablamos de tener varias versiones de la Biblia, también tener un diccionario bíblico, dijimos que sería bueno hacernos de una concordancia, entender el contexto histórico, aparte de identificar y saber quién fue el instrumento humano. Además de esto, dijimos que no debíamos acomodar la Biblia a nuestros gustos, porque eso es peligroso, sino que debemos aprender a leer lo que la Biblia quiso decir. Porque es común oír a personas acomodar la Biblia porque algo no les gusta o encaja, eso ocurre mucho con el velo, o la señal de autoridad sobre la cabeza de las hermanas (1Co. 11:10), de lo cual he escuchado hablar a algunos hermanos diciendo que eso lo dice Pablo sujeto a la cultura de los corintios, pues allí había mucha prostitución, entonces para distinguirse las hermanas de las otras mujeres, se cubrían su cabeza. A otros he oído decir que es un tema de la cultura judía aplicada a la iglesia de los corintios. Casi siempre se apela a la cultura. Que la cultura aquí, que la cultura allá. Pero resulta que Pablo dice algo clave en 1ª Corintios 11:10 que se pasa por alto:

“Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles” (RV 1960).

Esto nos muestra que el tema de la cultura no es la razón de que se cubrieran la cabeza las hermanas, sino que la razón es espiritual. Pablo dice que es “por causa de los ángeles”, y citando a los ángeles se cae todo argumento acerca de cultura, porque está citando asuntos espirituales, realidad espiritual, la realidad que va más allá de lo que ven nuestros ojos al momento de reunirnos como iglesia. Para los ángeles es la señal de autoridad, es por causa de ellos, pues tienen un comportamiento especial en presencia del Señor; y el Señor, de acuerdo a las Escrituras, está en medio nuestro cuando nos reunimos como iglesia (Mt. 18:20). Mis hermanos, cuando usted va a buscar acerca de los ángeles o de criaturas espirituales en la Biblia que cubren su cabeza, se encuentra con la imagen más fuerte en Isaías capítulo 6, donde serafines están en la presencia de Dios reconociendo y anunciando la santidad del Señor. Estas criaturas angelicales y libre-pensantes tienen seis alas, y vuelan en la presencia del Señor mientras proclaman los atributos de Dios. Sin embargo, no vuelan con sus seis alas, sino que sólo lo hacen con dos. ¿Saben lo que hacen con las otras cuatro alas? Cubren su rostro –además de la cabeza– y cubren sus pies (Is. 6:2). Y no lo hacen por un asunto cultural o por moda, sino que lo hacen porque están en presencia del Dios santísimo, no es un asunto cultural, es realidad espiritual, están en presencia del Altísimo, la más grande autoridad.

Así nos damos cuenta que sí necesitamos hermenéutica, reglas para apreciar el contexto y no extraviarnos en cosas que son quizás de muy sencilla explicación. La Biblia, hermanos, fue escrita en lenguajes relativamente sencillos, los complicados somos nosotros. Esto nos permite tener presente otra regla hermenéutica, la Biblia nunca está equivocada ni se contradice, somos nosotros los que interpretamos mal la Biblia. Mis hermanos, el problema no es que la Biblia se preste para muchas opiniones, sino que los «opinólogos» leen mal. Por eso es importante que haya comunión en la hermenéutica que usamos, para poder interpretar bien y servir bien en las iglesias. Esto es bíblico hermanos, eso ocurrió en el concilio en Jerusalén registrado en Hechos 15. Los hermanos se pusieron de acuerdo en cosas que iban a decir y enseñar respecto a los gentiles que se convertían, hacer eso es necesario para no correr en vano. Es muy importante la comunión en la fe que sostenemos, en las cosas que vamos a enseñar, esto es necesario.

Entonces, mis hermanos, las reglas que tenemos que tener son importantes, lo que se nos define en la hermenéutica. Ahora, cuando nosotros aplicamos estas reglas, cuando hacemos el ejercicio de seguir esas reglas, aparece la exégesis. Ésta se relaciona a la interpretación misma del Texto, a la aplicación de todas las reglas que tenemos. Por decirlo de algún modo, la hermenéutica es la teoría, mientras que la exégesis es la práctica, son inseparables. Son tan inseparables que es difícil distinguirlas muchas veces. Todo esto a modo de resumen.

LOS TEXTOS.

Habiendo terminado el resumen, mis hermanos, hoy nos toca hablar de los Textos, de los autógrafos y de los manuscritos. Esta será nuestra última sesión de este ramo.

Cuando hablamos del Texto nos referimos a la Biblia, la cual no fue escrita en el lenguaje que nosotros tenemos en nuestras manos[18], tampoco fue escrita en inglés, ni en portugués originalmente; sino que la Biblia fue escrita esencialmente en dos lenguajes principales, el hebreo y el griego, aunque algunas partes fueron escritas en arameo, que fue una lengua franca en algún periodo de la historia.

El Antiguo Testamento en su mayor parte fue escrito en hebreo, aunque hay partes como en libro de Daniel que fueron escritas en arameo. El Nuevo Testamento –según se sabe– fue escrito en griego, específicamente en el griego llamado koiné, que no es el griego clásico de los poetas, de los filósofos, sino que es un griego más del pueblo, más común. También el Nuevo Testamento contiene partes o palabras en arameo, lo que vimos en el capítulo que hablamos acerca del canon bíblico.

LOS TEXTOS Y TRADUCCIONES.

Las Biblias que nosotros tenemos en nuestras manos hoy en día, son traducciones. Algunas provienen de los idiomas originales, mientras que otras son traducciones desde otras traducciones. Sea como sea, es una bendición contar con la Biblia en nuestro idioma.

Para los que no saben, la Biblia es el libro más traducido en el mundo y en la historia de los libros. Si no me equivoco o exagero, está traducida en todos los idiomas importantes y en muchos dialectos. Hay dialectos, mis hermanos, que no tenían un lenguaje escrito y la primera vez que se escribió fue por causa de la Biblia. Hay un video en YouTube, que es de un pueblo en Indonesia –la tribu Kimyal– donde se ve que ellos esperaban recibir la Biblia en su propia lengua. En el video se les ve que están esperando que descienda un helicóptero, ¡es tan conmovedor el video! El anciano encargado hizo una oración como Simeón, diciendo que él estaba esperando ver la Palabra de Dios en su lengua para morir. Estaban tan gozosos porque venía la Biblia en su lengua[19]. Mis hermanos, es algo de Dios el que la Biblia fuera traducida a tantos idiomas y dialectos, a las lenguas vernáculas de los que se congregan a oír la predicación de la Palabra. Incluso la imprenta cuando fue creada, uno de los primeros libros que se imprimió, fue la Biblia.  En todas estas cosas vemos la mano del Señor.

Saben, mis hermanos, cuando uno lee la historia de la Biblia se maravilla con la providencia de Dios. Cuando vemos al Señor despertando el corazón de hombres para esta labor es maravilloso, pues se ve cómo Dios opera en la historia. Pongamos atención a lo siguiente. Cuando se escribió el Antiguo Testamento en hebreo, Dios lo hizo para un pueblo específico, me refiero, al pueblo israelita. A ellos les confió Su Palabra (Ro. 3:2), la ley, los profetas y los salmos; es decir, el Antiguo Testamento. Y todos estos libros fueron escritos en hebreo, aunque –como dije antes–  hay partes del libro de Daniel, profecías del libro de Daniel en arameo. Entonces tenemos que el Antiguo Testamento fue entregado a los israelitas. Sin embargo, Dios comenzó a mover hombres y preparar corazones para pasar de Israel a las naciones. Así ocurrió en la historia la primera traducción del Antiguo Testamento a otro idioma muy importante, el griego. Esa traducción conocida por el Señor y los apóstoles, recibió el nombre de ‹‹Septuaginta››. Esta traducción –según sabemos– la ordenó el rey Ptolomeo II Filadelfo, rey de Egipto (285-247 a.C.). Ptolomeo era un bibliófilo, amaba la literatura y se cree que llegó a tener una biblioteca de más de quinientos mil ejemplares. Un día su bibliotecario[20] le preguntó cómo era posible que no tuviera el libro de los judíos. Esto despertó en el rey el interés por aquel libro, así que tuvo una idea y solicitó al sumo sacerdote de turno[21] que le enviara personas idóneas para traducir los Textos. Éste le envió seis hombres por tribu de Israel, haciendo un total de 72 ancianos. Lo que nos cuenta luego el historiador judío Flavio Josefo, es que a cada uno de ellos se le solicitó realizar una traducción del Antiguo Testamento; lo curioso, es que se dice  que cada una de estas traducciones fue igual, idéntica una a otra. Todos esos ancianos tradujeron la Tanak[22] y cada una de esas traducciones fue idéntica una a la otra. Flavio Josefo, además, cuenta que cuando se leyó la ley al rey este quedó maravillado con la inteligencia y sabiduría del Legislador de esas leyes[23]. Así nació la traducción de los Setenta o Septuaginta.

Otra cosa curiosa que se nos cuenta, es que una vez que leyeron al rey la ley, él preguntó el por qué ese libro no era mencionado por los historiadores y poetas griegos. Lo que se le respondió, fue que el libro era divino y que algunos de los griegos que se atrevieron a traducirla fueron heridos gravemente; lo cual también ocurrió con aquellos que intentaron burlarse[24]. ¿Qué vemos aquí? La soberana voluntad de Dios. Esa es la historia que conocemos de mano de Josefo respecto a la primera traducción al griego de las Escrituras.

Ahora bien, cabe señalar que la versión de los Setenta es muy influyente e importante en la historia, tanto así que en varios lugares del Nuevo Testamento –donde se citaron las Escrituras del Antiguo Testamento– las citas fueron tomadas de la Septuaginta; pues las citas que se realizan no se hacen desde el hebreo, sino del griego y, para ese tiempo, era la Septuaginta la traducción en griego de las Escrituras hebreas. Es por eso que al observar las citas que se realizan en los manuscritos griegos, se sabe de la manipulación que han hecho de su traducción los así llamados “testigos de Jehová”, pues en su traducción del Nuevo Testamento insertan más de 200 veces el nombre “Jehová”, lo que no ocurre en los originales neotestamentarios. Si usted lee la traducción del Nuevo Mundo, va a leer que en Marcos 1:3 dice:

“¡escuchen!, alguien clama en el desierto: ‘Preparen el camino de Jehová, hagan rectas sus veredas’”.

Sin embargo, en las versiones protestantes, como la Reina Valera de 1960, nos dicen:

“Voz del que clama en el desierto:

Preparad el camino del Señor;

Enderezad sus sendas.”

Ellos argumentan que esto se realizó debido a que en el pasaje se está haciendo una cita del Antiguo Testamento, y en aquel lugar de Isaías 40:3, dice “Jehová”[25]. Pero se equivocan en algo, ellos debían traducir lo que se escribió originalmente en griego en aquel pasaje de Marcos, quien citó a su vez la Septuaginta, no los textos hebreos. En conclusión, ellos no debían ir a ver lo que decía el Antiguo Testamento hebreo, sino traducir lo que escribió Marcos en griego. Eso es una manipulación del texto, eso es deshonestidad. El traductor debe preocuparse de traducir, no de interpretar según una escuela o de manipular según una idea. Por eso, hermanos, toda traducción que nosotros tengamos, es falible. Y con esto me refiero a las traducciones, no a los originales.

Respecto a las traducciones, un hermano preguntó, ¿cuál fue la contribución de Jerónimo? Bueno, lo que hizo Jerónimo fue traducir desde el hebreo y griego la Biblia al latín, la conocida Vulgata Latina[26].  El hermano Josh McDowell, además, nos informa sobre el discernimiento de Jerónimo en cuanto a los apócrifos, diciendo:

“Jerónimo (34 0-420 d. de C.), gran erudito y traductor de la Vulgata en latín, rechazó los libros apócrifos como parte del canon. Jerónimo dijo que la iglesia los lee «como ejemplos de vida y como instrucción en modales» pero no los usa «para establecer doctrina». A través del mar Mediterráneo, él discutía con Agustín sobre este punto. Al principio, Jerónimo rehusó siquiera traducir los libros apócrifos al latín; más tarde hizo una rápida traducción de algunos de ellos. Después de su muerte y casi «sobre su cuerpo muerto» los libros apócrifos fueron añadidos a su traducción al latín que se llamaba la Vulgata, tomándose directamente de la versión la Antigua Versión Latina. ”[27]

LOS AUTÓGRAFOS.

Cuando en nuestro estudio afirmamos que las Escrituras son infalibles e inerrantes, es decir que no tienen fallas, o no fallan, y que no tienen o comenten errores, nos referíamos a los autógrafos. ¿Qué son los autógrafos? Estos corresponden a los escritos o textos originales. Como el escrito original que hizo Isaías, el escrito por su propia mano. A propósito de esto, ¿saben ustedes cuánto mide el rollo actualmente más grande de Isaías que se haya encontrado? Casi ocho metros[28]. Imagínese el trabajo del traductor o del escriba, ¡copiar casi ocho metros de texto! Y qué del transporte, pensemos en el bulto y el peso de cada rollo[29], tiene que haber estado feliz Timoteo cuando Pablo le pide que le llevara “los libros, mayormente los pergaminos” (2Ti. 4:13).

Entonces, como les decía, los autógrafos corresponden a los escritos originales, y éstos, eran infalibles e inerrantes en todo su contenido, relato, ortografía y doctrina. Absolutamente perfectos. Sin embargo, las traducciones que nosotros tenemos sí pueden cometen errores humanos, para lo cual necesitamos aclarar algunas cosas:

  1. Los errores honestos que pueden tener las traducciones no afectan en nada la doctrina fundamental de la fe, a no ser que se esté leyendo una versión manipulada, que contiene errores malintencionados, como la de los “testigos de Jehová” que manipularon pasajes conforme a sus doctrinas, como la de negar la deidad de Cristo, lo que hacen en Juan 1:1 llamando al Verbo Eterno “un dios”.
  2. Los errores que llamamos “honestos”, son aquellos que tienen que ver con cosas poco relevantes que se pueden solucionar al comparar con otras traducciones honestas, y corresponden a errores visuales, o desconocimientos gramaticales o de semántica, entre otras cosas.
  3. Entre las traducciones honestas pueden haber variantes en la traducción de una palabra, pero el contexto o la idea general se puede percibir sin ningún problema. Lo que se recomienda, es tener varias y diferentes traducciones, considerando así el poder ir comparando una y otra, no para decir cuál está errada, sino para complementar nuestra lectura y entender mejor.
  4. Entre las traducciones honestas de las Escrituras, existen algunas más críticas que otras; críticas, en el sentido de ‹‹científico-histórico››. No obstante, debemos tenerlas por complementarias unas de otras.
  5. Hoy en día contamos con el mejor texto crítico disponible, a saber, los llamados Interlineales, que corresponden a una copia de los manuscritos en hebreo y/o griego del Antiguo y Nuevo Testamentos. Para aprovechar mejor estos textos, necesitamos interesarnos en los idiomas bíblicos; sin embargo, la traducción literal que viene abajo de cada palabra nos ayuda bastante a los que somos amateur o autodidactas en el estudio de las Escrituras.

Con todo esto, debemos dar gracias al Señor por la cantidad de traducciones que tenemos disponibles. No podemos ni debemos decir que una traducción es mejor que otra[30], sino que debemos mirarlas como complementarias una de otra, porque hay cosas en las que no se tradujo bien en la Reina Valera 1960, pero en la Biblia Textual[31] se tradujo muy bien; sin embargo, hay cosas en las que la Biblia Textual no tradujo bien, pero la Reina Valera 1960, sí. Se los mostraré brevemente. En el Evangelio de Juan, capítulo 1, versículo 1, la versión Reina Valera 1960 tradujo:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

Pero en la Biblia Textual se tradujo:

“En un principio era el Logos, y el Logos estaba ante Dios, y Dios era el Logos.”

Lo de registrar Logos en vez de Verbo, es notable en la Biblia Textual, y corresponde a una transliteración más que a una traducción, pues el griego dice tal cual (λόγος). Sin embargo, en la frase final de la Biblia Textual, “y Dios era el Logos”, se tradujo mal, ¿saben por qué? Porque resulta que en el griego el sujeto de esa oración va antes del predicado, es decir que “el Logos” –que corresponde al sujeto– debe ir primero en el orden de la oración, antes que “Dios” –que corresponde al predicado–, por lo que debía ser traducido “y el Logos era Dios”, lo cual tradujo muy bien la Reina Valera 1960, diciendo “y el Verbo era Dios”.

Otra cosa a tener presente en la seriedad de esa traducción, es que en la forma que se tradujo se da lugar a caer en el unitarismo, pues la idea que Juan comunica, es que la Persona a la que llamamos Logos es también Dios con el Padre, dos Personas distintas; pero al decir que “Dios era el Logos”, se presta para confundir la identidad de las dos Personas, como si se tratara de una sola Persona con dos identidades, lo que es un error. El Logos es una de las Personas de la Trinidad, pues la esencia de Dios descansa en tres Personas. Pero gracias al Señor, traducciones como la Reina Valera de 1960 pusieron el orden bien “y el Verbo era Dios”, mostrándonos que respetó las reglas gramaticales del griego e indicándonos que se trata de distinguir claramente las dos Personas: el Logos y el Padre.

Vamos a ver otro caso, para observar cómo se complementan las versiones. Leamos Génesis, capítulo 1, versículo 2. Voy a leer primero la versión Reina Valera de 1960, que dice así:

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Ahora leamos la Biblia Textual, en su tercera edición, que tradujo así:

“Pero la tierra llegó a estar desolada y vacía, y había tinieblas sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.”

Si usted se da cuenta, la Reina Valera dice que la tierra “estaba desordenada y vacía”. Al decir “estaba”, da a entender que Dios así la creó, lo que no concuerda con el testimonio del Espíritu Santo por boca de Isaías y registrado en su libro en el capítulo 45, verso 18; sin embargo, cuando leemos la Biblia Textual, esta tradujo desde el hebreo ‹‹haytah tohu va bohu››[32], lo cual no significa que “estaba desordenada y vacía”, sino que ‹‹llegó a estar›› de esa forma; es decir, que se ‹‹convirtió››, que ‹‹de un estado pasó a otro››, no fue creada de esa manera, sino que se ‹‹volvió›› así. Esto nos lleva a considerar el espacio-tiempo que hay entre el versículo 1 y 2 de Génesis 1, durante el cual puede haber ocurrido la rebelión angelical.

Otra cosa que encuentro notable, es que la Biblia Textual no tradujo “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, sino que tradujo correctamente la idea desde el hebreo, diciendo ‹‹se cernía››, lo que hace referencia al movimiento de una paloma. Incluso, mis hermanos, literalmente desde el hebreo se puede traducir ‹‹aleteaba››, como lo hace la Biblia Jerusalén y la Biblia Latinoamericana. ¿Se da cuenta la figura implícita en esto? Quiere decir que desde el Génesis ya se estaba anunciando al Espíritu Santo en la figura de la paloma, ¡qué bonito eso!

Bueno, mis hermanos, con todo esto, ustedes se dan cuenta que en cuanto a las traducciones honestas no hay una mejor que la otra, sino que son complementarias.

LOS MANUSCRITOS.

Ahora bien, debemos saber algo. Los autógrafos –que son los escritos originales que escribió cada hombre de Dios de su propia mano– ya no existen.  Los escritos originales desaparecieron. Aquí entramos en un asunto importante que las iglesias deben saber.

Hay un libro que les recomiendo para ver la seriedad en estos temas, para entender la importancia que tienen en la vida cristiana, se titula[33] ¿Es la Biblia veraz? En este libro se relata la historia de un joven pentecostal que va a la universidad y en una de sus asignaturas se encuentra con un profesor que pone en duda todo lo que cree. El conflicto parte cuando el profesor hace una pregunta sobre la Biblia, respecto a la veracidad y confiabilidad de los manuscritos. Primero el joven afirma con fuerza que la Biblia es la Palabra de Dios, sólo por la fe. Pero esto duró poco, hasta que el profesor le hizo una declaración clave sobre los originales, los autógrafos, diciendo que estos ya no estaban en nuestro poder, ni en ningún museo del mundo, sino que habían desaparecido y lo que teníamos ahora eran copias, manuscritos, los que estaban lleno de errores, por lo tanto, ¿qué garantizaba que nuestras Biblias fueran confiables? ¿Quién nos asegura que no fueron manipuladas? Todo esto y otras cosas más, fueron alejando poco a poco a este joven de la fe. Luego, la novela nos relata que el joven se fue al mundo, comenzó a pecar deliberadamente y dejó al Señor. Hasta que un día apareció un hermano que, mediante conversaciones extendidas, le proporcionó respuestas inteligentes e históricas acerca de todo esto. Lo que, finalmente, lo ayudó a volver al camino.

Mis hermanos, este tipo de conversaciones cargadas de argumentos y preguntas nos pueden salir al encuentro en algún momento y debemos estar preparados para presentar con mansedumbre las razones de nuestra fe (1P. 3:15). Entonces, tenemos que armarnos, junto con encontrar las razones y respuestas a estas interrogantes que en cualquier momento pueden aparecer en nuestro camino; es más, si usted nunca las pensó, ahora han sido sembradas en su mente, por lo que es urgente encontrar respuestas.

LA IMPORTANCIA DE LOS MANUSCRITOS.

Lo primero que tenemos que afirmar y reconocer,  es que –como ya dijimos antes– los autógrafos desaparecieron y ya no los tenemos disponibles. Esto es duro, pero es la verdad. Entonces es justo preguntarnos, ¿cómo sabemos que las Biblias que tenemos hoy día contienen la Palabra de Dios y no otra cosa humana? ¿Quién nos garantiza que no están adulteradas por alguna entidad que busca un beneficio propio? ¿Cómo podemos evaluar esto? Aquí entra el tema de los manuscritos y su importancia. Mis hermanos, los autógrafos son los escritos originales (ya lo sabemos), pero los manuscritos son las copias que se hicieron a mano de las copias originales. Todo libro de la antigüedad, obras respetadas en universidades por académicos de renombre, libros que están en las universidades de todo el mundo, como la literatura de Platón, la literatura de Aristóteles y de otros filósofos e historiadores, toda esa literatura depende de manuscritos. La razón, es que al igual que con las Escrituras los escritos originales de estos autores antiguos, desaparecieron. Así que al hablar de manuscritos no sólo hablamos de la Biblia, sino que entran al conflicto toda obra literaria de la antigüedad que hoy está en las bibliotecas públicas y privadas.

¿Saben ustedes por qué desaparecieron los originales? Por varias razones lógicas y naturales, como el material en que fueron escritos, que era cuero o en algunos casos era papiro. A estos les pasó la cuenta el fuego, la humedad, la tierra, el agua. Imagínense ustedes cuántas obras literarias se vieron afectadas con el incendio del año 70 d.C. en Jerusalén. Y en Roma, por lo demás, también se incendió todo en el gran incendio con el que culparon a los cristianos, pero que se le adjudica por los historiadores a Nerón[34]. ¿Saben lo que hicieron los cristianos y religiosos de aquellos tiempos? Empezaron a esconder los manuscritos y muchos de ellos los metieron en cuevas, y en otros lugares. Es por eso que en algunas traducciones de las Escrituras, en las citas de algunos pasajes puede aparecer la letra “Q” en alguna referencia. Cuando aparece dicha letra significa que corresponde a uno de los manuscritos de las cuevas de Qumrán. Si además de esto aparece con un número, se está indicando en qué cueva se encontró, pues cada cueva fue identificada con un número. Ahora, si además aparece la letra “P”, se nos indica que es de algunos de los papiros con los que se cuenta. Todos los manuscritos encontrados son identificados con letras y números, como el P52 que corresponde al fragmento de manuscrito más antiguo del Nuevo Testamento.

En cuanto a los manuscritos, dijimos que toda obra clásica e importante de la antigüedad proviene de algún manuscrito encontrado. Los escritos de Platón provienen de algunos pocos manuscritos que se conservan. Ahora bien, al momento de examinar los manuscritos hay dos cosas que debemos considerar:

1) La cantidad de copias con las que se cuenta.

2) El lapso de tiempo que hay entre una copia y el original.

De estos dos puntos que acabamos de ver, depende en gran medida la confiabilidad de un documento en relación a su original. ¡He aquí la importancia de los manuscritos para cualquier obra literaria de la antigüedad! Entonces, ¿cómo reproducimos un libro antiguo si el original no existe? Dependemos de las copias con las que se cuente. Entonces lo que debemos hacer es recolectar los manuscritos; luego, dependiendo de la cantidad de copias y del lapso de tiempo que hay entre una copia y el original, iremos sumándole confiabilidad a la obra que reproduciremos. ¡Y no solamente importa el tiempo entre una copia y el original, sino también entre una copia y otra! Esta es la importancia de los manuscritos. Ahora bien, entre más manuscritos tengamos y de mucha antigüedad, será mucho más confiable el texto que vamos armando. Entre más manuscritos, será más fácil percibir las variantes textuales de copiado, por lo que se podrá determinar de mejor manera los errores de copiado. ¡Entre más manuscritos tengamos, más tenemos para comparar y reproducir una mejor versión! Esto aplica a toda obra literaria antigua y respetada. La veracidad y confiabilidad de estos escritos, depende de la cantidad de manuscritos que tenga, y muchos ateos y escépticos critican las Escrituras sin tener esto presente. Así es que, ¿quién garantiza que la Biblia que tengo en mi mano se corresponde con lo que escribieron los santos hombres de Dios? Bueno, la cantidad de copias que tenemos y la antigüedad de estas copias. Ahora bien, así como preguntan ellos tenemos derecho a preguntar nosotros, ¿quién garantiza la confiabilidad de los escritos de Platón a los que tenemos acceso? ¿Realmente los escribió Platón? Y esto aplica a toda obra literaria seria de la antigüedad, y si ponemos en duda el método, entonces debemos poner en duda toda obra literaria antigua. ¡He aquí la importancia de los manuscritos!

Dicho esto, vamos a ir viendo algunos datos al respecto, vamos a ir observando números.

MANUSCRITOS ANTIGUOS Y CANTIDADES.

Mis hermanos, cuando hablamos de los libros de Platón que hay en las universidades, ¿saben cuál es el número de manuscritos que tienen sus obras? Siete manuscritos. Así que los filósofos que se jactan de Platón dependen de siete manuscritos; y de esos siete manuscritos depende la confiabilidad de sus textos en la actualidad. Tienen siete manuscritos para comparar y buscar errores de transcripción. Siete manuscritos para afirmar que eso es realmente lo que escribió aquel filósofo clásico.

Luego, cuando hablamos acerca de Aristóteles, ¿saben cuántos manuscritos existen de sus obras? Cuarenta y nueve manuscritos, y de ahí salen los libros de Aristóteles que se encuentran en las diferentes bibliotecas del mundo.

Ahora, la obra literaria secular antigua que más manuscritos tiene es La Ilíada de Homero, la que cuenta con mil ochocientos manuscritos. O sea, el libro La Ilíada que se lee en los colegios, proviene de 1.800 manuscritos. Respetable número.

En cuanto a historia antigua, tenemos a Tucídides, de quién se tienen ocho manuscritos para armar y respaldar que es realmente su trabajo.  Su relato de historia depende de esos ocho manuscritos.

Como verán, acabo de mencionar cuatro autores seculares que se respetan y que se leen sin ninguna objeción, de entre los cuales sólo Homero tiene una cantidad considerable de manuscritos que permiten reconstruir de forma crítica y correcta el original; pero los otros, como Platón y Tucídides, no tienen más de diez manuscritos, lo que demanda cierta “fe ciega” al momento de tomar sus obras y aceptar que esto es realmente lo que escribieron.

Dicho esto, vamos a examinar el Nuevo Testamento. ¿Saben cuántas copias hay de los escritos del Nuevo Testamento? Hoy en día se cuenta con cinco mil ochocientos manuscritos en griego, veintiún mil en otros idiomas y treinta y seis mil doscientos ochenta y nueve citas patrísticas. ¿Saben lo que son las citas patrísticas? Corresponde a las citas que realizaron de la Biblia los llamados ‹‹padres apostólicos›› de los siglos II en adelante, como Orígenes. Él fue un hermano que contribuyó mucho a los Textos, sólo con las citas que Orígenes hizo de las Escrituras del Nuevo Testamento, en sus cartas o en sus libros, se puede armar un Nuevo Testamento completo. ¿Se dan cuenta la cantidad de manuscritos y citas que tienen las Escrituras? Es más que respetable, es providencial. Con tal cantidad de manuscritos si hay un error de copiado es mucho más fácil identificarlo. Y con tal cantidad de manuscritos que sirven para comparar unos con otros, el texto resultante se puede aproximar casi al 100% de la exactitud del autógrafo. ¡Notable! Esa cantidad de manuscritos permite que los eruditos y críticos textuales puedan darse cuenta que un copista copio tres veces un mismo artículo, o que se “comió” una palabra, o que se equivocó en una letra, entre otras cosas.  De esa manera, por la gran cantidad de copias con las que se cuenta, se puede armar un Texto bíblico completo. Así que, si apareciera un escéptico diciendo que no son de confiar los Textos cristianos de hoy, entonces nosotros podríamos decirle con toda confianza que está obligado a desconfiar y descartar toda  la literatura de Platón, de Aristóteles y retirar La Ilíada de los colegios, debido a que ninguna de estas obras literarias cuenta con el respaldo bibliográfico suficiente para ser confiable. No obstante, no hay ningún libro en la historia tan copiado como la Biblia. Eso, mis hermanos, es una evidencia abrumadora cuando se estudia esto de las Escrituras, cuando se comienza a poner en tela de juicio que si nuestras versiones son confiables o no, porque nuestras traducciones se van armando conforme a la gran cantidad de manuscritos que se tienen para comparar y depurar el Texto de Dios.

ERRORES DE COPIADO Y TRADUCCIONES.

En cuanto a los errores de copiado, debemos decir que no son errores de los Textos originales, sino que son de los copistas. Pueden haber sido copistas “bien intencionados” que agregaron algo que les pareció era más aclarador en una cosita, pero gracias a que tenemos una gran cantidad de manuscritos es fácil de identificar esa “buena intención”. Eso ocurre con la primera epístola de Juan. Donde dice:

“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” (1Jn. 5:7, RV 1960).

Los manuscritos considerados más importantes y antiguos no registran “… en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”, y la Biblia Textual III, que fue más crítica al momento de armar estos pasajes no registra dicho fragmento, indicando lo siguiente:

‹‹Estas palabras son espurias y no tienen ningún derecho a integrar el texto del NP››.

Lo que muchos creen, es que fue un sacerdote o escriba el que puso esas palabras como notas al margen; otros piensan que fue una “buena intención” en defensa de la Trinidad, una buena intención que se presta para críticas pues,  los así llamados “solo Jesús” se toman de ese pasaje para mostrar una manipulación de las Escrituras, indicando un supuesto deseo de forzarlas a hablar de la Trinidad. Incluso, algunos letrados entre ellos se tomaron de este argumento para indicar que se hizo lo mismo con Mateo 28:19, cuando el Señor Jesús dijo:

“… bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (RV 1960).

Ellos indican esto apelando a una adulteración de un copista. Lo bueno es que en los manuscritos griegos más antiguos, se registra claramente dicho pasaje de Mateo 28:19. Sin embargo, la buena intención de un copista resultó ser la queja o el argumento en contra de la Trinidad, lo que nos lleva a entender que el trabajo de un traductor es de traducir, no de interpretar, ni de pensar doctrinalmente en lo que está traduciendo. Y eso hermanos es importante considerarlo y saberlo al momento de comprar una versión de la Biblia. Porque a veces estamos comprando una paráfrasis más que una traducción, como la Nueva Traducción Viviente[35], a la que llaman sus editores “traducción dinámica”, pero más que traducción es paráfrasis al lenguaje moderno, lo que no es malo y sirve para entender figuras de dicción; no obstante, en muchos pasajes se exceden, convirtiéndose en una interpretación. Permítanme demostrar esto leyendo Mateo 16:16, en la confesión de Pedro, escriben así:

 “Ahora te digo que tú eres Pedro (que significa “roca”), y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no la conquistará.”  (NTV).

Este pasaje es traducido correctamente en la mayoría de las traducciones evangélicas, pero la traducción en cuestión se atreve a hacer algo más, le pone entre paréntesis que el nombre Pedro significa roca, lo que no dice en los manuscritos bíblicos. Lo que está haciendo la NTV es dar una explicación del pasaje, que se torna en dar su propia interpretación, y eso no está bien, no es correcto, hay que ser fieles al Texto y los que leemos tenemos el trabajo de investigar y entender. Si quieren hacer alguna observación, entonces que la pongan al margen o en las notas al pie de página, no en el Texto mismo. Además, ese paréntesis que se hace da a entender que Pedro es la roca sobre la cual se edifica la Iglesia, lo que sabemos es un error que la Biblia Textual aclara con la siguiente nota:

“§ 48. Mt. 16.18. La roca no es Pedro. Es la respuesta que Pedro momentos antes le había dado a Jesús →v.16. Las referencias de quién es la Roca son obvias →Hch.4.11; 1 Co.3.11; 10.4; Ef.2.20; 1 P.2.4; Gn.49.24; Dt.32.4, 15, 18, 30-31; 2 S. 22.2, 32, 47; 23.3; Sal.18.2, 31,46; 19.14; 27.5; 28.1; 31.2-3; 42.9; 61.2; 62.2, 6,7; 71.3; 73.26; 89.26; 94.22; 95.1; 114.8; 144.1; Is.17.10; Hab.1.12; Ro.9.32-33, etc.”[36]

Bueno, como verán, tenemos errores de copiado que son fáciles de descubrir por los expertos traductores debido a la gran cantidad de manuscritos; y también, tenemos algunas erradas traducciones que se tornan en interpretaciones de algunos pasajes, de las cuales, debemos estar apercibidos.

EL LAPSO DE TIEMPO ENTRE LA COPIA Y EL AUTÓGRAFO.

Entonces, en cuanto a la cantidad de manuscritos de literatura antigua tenemos que la Biblia le gana por lejos a todo libro respetado. Ahora bien, no solo es importante la cantidad de manuscritos que hay, sino que también es importante el lapso de tiempo entre el autógrafo y la copia más antigua que se conoce, ¿por qué es importante esto? Se los mostraré.

Primero vamos a ver la importancia de lo que llamamos lapso de tiempo, para esto usaremos tres ejemplos biográficos. ¿Saben ustedes cuantos años pasaron desde la muerte de Alejandro Magno hasta las primeras dos biografías que se hicieron de él? Más de 400 años, o sea, después de que incluso murieron sus contemporáneos y cercanos, por lo que nadie podía confirmar o desmentir lo registrado. A pesar de esto, los historiadores consideran que ambas biografías son dignas de confianza[37]. Lo mismo ocurrió con un griego llamado Apolonio, al que comparan con Jesús de Nazaret debido a milagros y sanidades que se le adjudican en su biografía, la que fue escrita después de 150 años de su muerte. El autor fue un tal Filostrato, quien recibió la orden de una emperatriz que quería levantar un templo a Apolonio de Tiana, a quien veneraba[38]. Durante semejantes lapsos de tiempo entre las personas y sus biografías, existe la posibilidad de agregar leyendas, cometer errores y no tener quien confirme o corrija. Entonces se podía escribir o exagerar cualquier cosa, sin miedo a que alguien contradijera o comprobara los hechos.

Siguiendo con los ejemplos, sabemos que el Señor Jesús resucitó de los muertos en el año 33-34 d.C., ascendiendo a los cielos el mismo año. Su primera biografía –refiriéndonos a los evangelios– fue realizada aproximadamente el año 54 d.C.[39], mientras estaban vivos la mayoría de los apóstoles, la madre y hermanos de Jesús. Y no sólo esto, sino que había más de quinientas personas que lo vieron resucitado y muchas vivían al momento de circular esta (1Co. 15:6). Esto nos muestra que la primera biografía escrita del Señor Jesús apareció en un rango de treinta años, luego de ascender a la gloria en Su cuerpo resucitado. Para los historiadores, ¡esto es una noticia fresca!

Como verán, lo que llamamos lapso de tiempo es importantísimo, le da confiabilidad al registro histórico, pues entre menos tiempo hay, más testigos existen que pueden confirmar o refutar lo que se escribe.

Ahora bien, lo mismo que ocurre con la confiabilidad de una biografía es lo que pasa entre los autógrafos y los manuscritos. El lapso de tiempo es importantísimo en ambos casos, y es providencial que –en ambos casos– las Escrituras son autoridad; pues dada la cantidad de manuscritos existentes, sumado al lapso de tiempo que es temprano, se puede saber si se mantuvo la pureza textual o se manipularon los Textos. Considerando esto, miremos la autoridad escritural en cuanto al lapso de tiempo entre los autógrafos y los manuscritos de la Biblia. Para esto, vamos a realizar una comparación con las obras antiguas antes mencionadas. Partamos por Platón, que de sus siete manuscritos la copia más próxima al original tiene 1.200 años, o sea, cuando algún filósofo intenta defender la autoría de los escritos de Platón, tiene una base bibliográfica muy frágil. Tiene 1.200 años que apartan el manuscrito del original y sólo siete copias. Podemos, por lo tanto, preguntar ¿quién nos asegura que en el transcurso del tiempo no fue adulterado? No hay nadie que pueda indicarnos lo contrario.

Luego miremos a Aristóteles con sus cuarenta y nueve manuscritos. Entre el original y la primera copia hay 1.400 años. O sea, ¿quién respalda la confiabilidad de las copias? ¡Estamos hablando de autores y literatura conocida a nivel mundial! Lecturas que se tratan como fundamentos de la filosofía. Con 1.400 años como lapso de tiempo, ¿quién dice que no fueron adulterados?

Ahora atendamos La Ilíada de Homero. Entre el original y el primer manuscrito conocido tenemos 500 años de diferencia. En comparación con el resto, la ventaja de La Ilíada es la cantidad de manuscritos que tiene.

Y por último, vamos a detenernos a considerar el Nuevo Testamento. Entre el autógrafo y su primera copia conocida, tenemos 90 años de diferencia. El manuscrito más antiguo corresponde a los llamados Fragmentos de John Rylands[40] que contienen porciones de Juan 18:31-33, 37-38. Tenemos además algunos con 130-150 años de diferencia con el original, los llamados Papiros  Bodmer[41] y los llamados Papiros Chester Beatty[42]. Mis hermanos, otra vez tenemos evidencia que respalda los Textos. En cuanto a número y tiempo, los manuscritos de las Escrituras son autoridad.

En todas estas cosas podemos apreciar algo, la mano de Dios. Y podemos asegurar que el Señor no solo estuvo preocupado de darnos la información, sino también de preservarla para nosotros. Y no solo la preservó, sino que además nos ha proporcionado evidencias que respaldan las credenciales de autoridad bibliográfica de los Textos. Dios les ha dado prestigio a Sus Escrituras y cualquiera que intente ridiculizarlas tendría que ridiculizar cualquier obra clásica de la antigüedad, esto haría que se cayeran todos los fundamentos de la filosofía, que cayeran todos los fundamentos de la pedagogía, que se pusiera en duda la historia antigua, entre otras cosas. Dejaré unas tablas informativas por aquí[43]:

Autor Fecha en que fue escrito Copia más temprana Lapso aproximado de tiempo entre el original y la copia N°  de copias Exactitud de las copias
Lucrecio Murió en 55 o 53 a.C.   1.100 años 2  
Plinio 61-113 d.C. 850 d.C. 750 años 7  
Platón 427-347 a.C. 900 d.C. 1.200 años 7  
Demóstenes 4° Siglo a.C. 1.100 d.C. 800 años 8  
Herodoto 480-425 a.C. 900 d.C. 1.300 años 8  
Suetonio 75-160 d.C. 950 d.C. 800 años 8  
Tucídides 460-400 a.C. 900 d.C. 1.300 años 8  
Eurípides 480-406 a.C. 1.100 d.C. 1.300 años 9  
Aristófanes 450-385 a.C. 900 d.C. 1.200 años 10  
César 100-44 a.C. 900 d.C. 1.000 años 10  
Livio 59 a.C.- d.C. 17 ¿? ¿? 20  
Tácito Alrededor del 100 d.C. 1.100 d.C. 1.000 años 20  
Aristóteles 384-322 a.C. 1.100 d.C. 1.400 años 49  
Sófocles 496-406 a.C. 1.000 d.C. 1.400 años 193  
Homero (Ilíada) 900 a.C. 400 a.C. 500 años 643 95%
Nuevo Testamento 1° Siglo d.C. (50-100 d.C.) 2° Siglo d.C. (C. 130 d.C. f.) menos de 100 años 5.600 99.5%

Mis hermanos, la evidencia a favor de los manuscritos es tan abrumadora que permite que la pureza textual e igualdad para con los autógrafos sea de un 99,5%, correspondiendo el 0,5% a letras que se omitieron por error visual, repetición de artículos, confusión en una letra, notas al margen, entre otras cosas; y estas variaciones identificadas en nada afectan las doctrinas fundamentales de las fe cristiana. ¡Notable!

DIOS PRESERVANDO, RESPALDANDO Y LLEVANDO SU PALABRA.

Así nos damos cuenta de algo tremendo y es que hubo provisión de Dios a lo largo de la historia, el Señor se ocupó de todo, y se sigue ocupando. El cristianismo no se basa en una fe ciega, sino en la verdad histórica y en la confiabilidad de las Escrituras. Mis hermanos, el cristianismo tiene un Libro que pasa toda prueba bibliográfica, pues la Biblia ha superado todo examen crítico –y no sólo lo ha superado– sino que ha servido de referencia histórica. La fe cristiana es una fe inteligente, no ciega. Por lo tanto, podemos asegurar que la Biblia no es cualquier libro, no es un libro más de alguna religión, es el ‹‹Libro de Dios››.

Permítanme reafirmar esto. Al examinarse el libro de los mormones y la Biblia, los resultados son impactantes. El libro de Mormón no pasa ninguna prueba bibliográfica –como el examen histórico y geográfico– pues los hechos y lugares que se registran en sus páginas son fraudulentos e inexistentes. Tampoco pasa la prueba arqueológica, pues entre otras cosas, no hay evidencia de algunas especies de animales que menciona. Incluso su relato de un idioma egipcio antiguo es una mentira, no hay pruebas que respalden dicho idioma, es algo inventado. ¡Es terrible, hermanos! El contenido del libro de los mormones es un fraude total, es una gran mentira[44].

Contrario a esto, la Biblia ha sido sometida a todo tipo de prueba: la evaluación histórica, la pasó; la fauna mencionada, real; la geografía que menciona, real; la arqueología la respalda cada vez más; los idiomas mencionados, hasta el día de hoy tenemos evidencia de estos, ¿y qué vemos en esto, mis hermanos? A Dios. Podemos ver al Señor operando en todo el proceso de las Escrituras, en la redacción, en los hechos registrados, en las consideraciones geográficas, en la gramática y literatura humana y, especialmente, en el proceso de traducción a otros idiomas de la Palabra de Dios. Porque saben, Dios proveyó hombres y mujeres a lo largo de la historia para esta labor, ya que la Biblia estaba velada para muchos. La historia del catolicismo desde el tiempo de la pre-reforma es evidencia de esto, nos señala que la liturgia era en latín, el idioma de los clérigos y que el pueblo no la entendía. La lectura de la Biblia no era en la lengua vernácula de los que oían, por lo tanto, su interpretación y enseñanzas estaban sujetas a los sacerdotes o teólogos ordenados por los católicos romanos. No obstante, Dios fue despertando hombres y mujeres para esta misión de llevar Su Palabra a todas las naciones para que Su obra se llevara a cabo, lo que se fue realizando en sus propios idiomas.

Saben, todo despertar de Dios a sus hijos en la historia partió con las Escrituras. Y vemos cómo en ese despertar el asunto de las traducciones de la Biblia fue importante para la obra de Dios. Permítanme recordarles algunos casos. En Inglaterra tenemos a John Wycliffe[45], que siendo un sacerdote y teólogo católico fue despertado por la verdad de las Escrituras y comenzó a predicar la salvación en Cristo Jesús para todos; junto con esto, Wycliffe comenzó y terminó una traducción de la Biblia al idioma inglés. Fue maldecido por el catolicismo, y una vez muerto, exhumaron sus restos y los quemaron como muestra de la excomunión.

Luego vemos a Lutero[46], que iluminado por la Palabra de Dios entendió la salvación por gracia mediante la fe en Cristo Jesús, y no sólo publicó las 95 tesis, sino que en su labor ministerial se incluye la traducción de la Biblia al idioma de los alemanes.

También tenemos en la historia al hermano Robert Morrison[47], quien sirvió al Señor en China. Saben, hay algo curioso con respecto a la obra del Señor en China y es maravilloso poder leer la historia desde arriba, es decir, queriendo ver la mano de Dios en ella. Al leer la historia de la obra en China, uno puede ver la operación del Señor en la búsqueda de corazones dispuestos que quieran colaborar con Él. Permítanme esta reflexión.

DIOS BUSCA A LOS HOMBRES Y LOS USA.

Entre los años 1700 y 1800 de nuestra era, podemos ver al Señor buscar a alguien dentro de China para evangelizar, para Su obra, pero no encuentra a nadie allí. Entonces buscó fuera y encontró a Robert Morrison, quién entre los años 1803 y 1807 se preparó para ir a servir al Señor en China. Robert Morrison estuvo 30 años de su vida en aquel país, ¿sabe cuántas personas se convirtieron durante ese tiempo por su predicación? Sólo dos personas. El hermano Morrison llegó en extrema fragilidad a China, no sabía el idioma y necesitaba buscar un chino que le enseñara, pero había una orden imperial que condenaba a cualquiera que le enseñara el idioma a un extranjero, el castigo serían las más terribles torturas y posteriormente la muerte. A pesar de esto, por la gracia del Señor, el hermano encontró dos chinos que decidieron ayudarlo y enseñarle el idioma. Una de las cosas que llamó la atención del hermano, fue que los dos chinos que le ayudaban a cambio de dinero, llevaban siempre una botellita colgando en el cuello, ¿saben qué era? Veneno. Ellos estaban dispuestos a morir envenenados antes de ser llevados presos, torturados y morir.

El hermano Robert Morrison, con la ayuda de estos chinos, aprendió el idioma; y durante los primeros 14 años de su estadía allí, lo primero que hizo fue una  traducción de la Biblia. Miren la providencia de Dios, ¡miren la carga de Robert Morrison! Su primera contribución fue la Biblia. Después de esto, durante los 16 años restantes, Robert Morrison, hizo una maravillosa contribución, desarrollando un diccionario. ¿Por qué un diccionario? Porque estaba pensando en la obra de Dios y en aquellos a los que Dios enviaría después de él. Como verán, lo primero fue la Biblia, pero luego un diccionario. La obra de Dios en China tenía ya lo más importante para que viniera la fe: la Palabra de Dios.

Robert Morrison partió a los brazos del Señor el año 1834, y podemos darnos cuenta que Dios durante esos años comenzó una obra en la periferia de la China, pero no encontró ningún corazón dispuesto para comenzar una obra radical al interior de la China; sin embargo, dos años antes que Morrison muriera, en Inglaterra, año 1832, nacía Hudson Taylor, quién desde el año 1854 comenzó una labor intensa en China, la cual terminó siendo la gran obra de Dios al interior de la China. El hermano Taylor ocupó cinco años de su estadía en China traduciendo el Nuevo Testamento al dialecto Ningpo. Cuando el hermano partió a la presencia del Señor en el año 1905, ya había 899 misioneros al interior de la China y alrededor de 125.000 cristianos en el país.

Después de la partida del hermano Hudson Taylor, podemos ver que Dios encontró hombres dispuestos, chinos de nacimiento, para realizar una gran obra de edificación y profundidad en la Palabra de Dios al interior de la China. Dos años antes de la muerte del hermano Taylor, en el año 1903, nació Nee To-Sheng[48]. Me llama mucho la atención, que dos años antes de que muriera Morrison, nacía Taylor; y dos años antes que muriera Taylor, nacía Nee. En esto veo la providencia de Dios.

Primero Dios busca en la China y no encontró a nadie, sin embargo, encontró el corazón dispuesto de un Robert Morrison quién entrega la base para la obra misionera y de crecimiento de la Iglesia, las Escrituras. Luego, busca nuevamente el Señor en China y no encuentra a nadie, pero tenía a un hombre dispuesto, Hudson Taylor, a quien el Señor uso para abrir la obra del Señor al interior de la China, llevando consigo la Palabra de Dios. Para ese entonces, gracias al Señor, ya había Biblia en el idioma chino y Nuevo Testamento en el dialecto Ningpo. Además, ahora se abrían las puertas para que Hudson Taylor pudiera entrar con el evangelio de Dios al interior de la China. Cabe mencionar el cristocentrismo laboral del hermano Hudson Taylor, quien estudió enfermería con el fin de que le fuera de ayuda en la obra del Señor al interior de la China, pero resulta que se dio cuenta que como enfermero no tenía autonomía; así que decidió –en virtud de la obra del Señor– convertirse en médico, para lo cual regresó a su país y estudió medicina. Una vez que se tituló, volvió a su labor en la obra del Señor con mayor autonomía laboral para servir de mejor manera. ¡Notable! Fue un evangelista extranjero al interior de la China, dispuesto a todo contar de alcanzar a cada una de las personas del país para el Señor, tanto así, que siendo extranjero comenzó a vestirse a la usanza china, se comenzó a vestir como un chino, a peinar como un chino, aunque le resultara la burla de sus compatriotas. ¡De qué manera el Señor usó a Hudson Taylor! ¡De qué manera se ofreció Hudson Taylor para el Señor y Su obra!

Finalmente apareció Nee To-Sheng, conocido en occidente como Watchman Nee. Mis hermanos, durante este tiempo en China el Señor abrió las Escrituras a los hermanos y tuvieron una gran provisión en las enseñanzas del hermano Nee.

¿Se dan cuenta cómo Dios fue ocupándose y avanzando en Su obra? El Señor primero trajo una Biblia, luego un diccionario, después mandó un misionero para que evangelizara, para que se convirtieran, para que nacieran de nuevo; y, finalmente, aparecieron chinos como Nee, que amaban las Escrituras y colaboraron en la edificación y crecimiento espiritual de las iglesias. Así la obra en China ha perdurado en el tiempo y se dice que hoy en día hay más cristianos reunidos por casa que comunistas. Así vemos la mano de Dios proveyendo Su Palabra.

¡Qué lindo ver cómo Dios provee, mis hermanos! El Señor ha provisto y provee, el Señor nos ha dado Textos en nuestro propio idioma. Y además de esto, el Señor ha cargado el corazón de hermanos para perfeccionarse en diferentes áreas, aunque muchas veces son criticados como “cabezones intelectuales”, pero Dios nos ha suministrado con ellos, en sus áreas y en determinado tiempo. Como el hermano Robert Dick Wilson, que en virtud de la defensa de la fe –específicamente de la confiabilidad del Antiguo Testamento– llegó a dominar 45 idiomas y dialectos. Después de haber aprendido todo esto, dijo:

“Después de hacer esto, me considero un experto. Reto a cualquier persona a hacer un ataque al Antiguo Testamento, fundado en una evidencia que yo no pueda investigar. Puedo obtener toda la información, si es lingüística. Si esa persona sabe un idioma que yo no sé, lo aprenderé”[49].

¡Qué seguridad la del hermano! Dios ha provisto a la Iglesia de hombres y los ha preparado otorgándoles gracia en distintas áreas. Dios se ha ocupado y Dios ha provisto.

En una conferencia, el hermano Evis Carballosa dijo algo precioso que a mí me conmovió. Refiriéndose al hermano John Wesley, contaba que aprendió a leer arriba de su caballo en el que llegó a recorrer cientos de miles de kilómetros. Recorrió tanto en su caballo haciendo obra evangelista, que aprendió a leer en estos trayectos largos. En aquel tiempo aparecía la Ilustración[50], como un movimiento intelectual y cultural en Europa; sin embargo, Dios proveyó un John Wesley que procuró llenarlo todo del evangelio. ¡Qué hermoso ver estas cosas, hermanos! Porque para las emergencias de todos los tiempos, Dios ha preparado hermanos para poder dar cara, para combatir por las almas. Honorables hermanos que pusieron su vida y tiempo para la gloria del Señor.

Mis hermanos, vamos a detenernos aquí. Pero vamos a finalizar leyendo un pasaje con alegría y autoridad, 2 Pedro 1:19, que nos dice:

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (RV 1960).

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Señor que nos dio las Escrituras como fuente confiable y revelación especial del único Dios Eterno que vive! ¡Amén!

 


 

[1] Transcripción realizada por el hermano Natalia López Martínez.

[2] Véase LISTADO GENERAL DE DOCTRINAS FUNDAMENTALES A TRATAR (p. 11).

[3] Aunque hoy, 2021 y ya casado, es miembro de la iglesia local en Peñaflor.

[4] Sistema operativo con distribuciones open source y de pago.

[5] Por ejemplo, un programa hecho en PHP se puede ejecutar con el comando “php”, ejemplo: php hola.php

[6] No nos referimos al Big Bang, sino a la llamada “Explosión Cámbrica”.

[7] Jaser/Yashar 2:19-22.

[8] Nótese que el mandamiento de Dios es que sea “según su especie” (Gn. 1:24), lo que el hombre –según Jaser– estaba transgrediendo.

[9] No nos estamos refiriendo a la ley mosaica, que vino cientos de años después, sino a los mandamientos iniciales que Dios entregó.

[10] Mencionado en Génesis 10.

[11] Josefo, F. 2013. Antigüedades de los judíos (p. 59). Libro I, CAP. IV. Barcelona: Editorial CLIE.

[12] Carson, D. A. 2001. La difícil doctrina del amor de Dios (p. 12). Distorsión del amor de Dios. Barcelona: Editorial Andamio.

[13] Véase la Versión Jerusalén.

[14] Tobías 4:10; 12:9.

[15] Silvano es Silas. El Silas que sirvió con Pablo, ese es Silvano.

[16] Es decir, un documento contra el que se tenía algunas cosas.

[17] Véase también Lucas 10:22.

[18] Refiriéndonos a las versiones traducidas al español, como la Reina Valera 1960, Nueva Versión Internacional, Biblia Textual, Nueva Versión Jerusalén, entre otras.

[19] Revisado el 16 de enero del 2021. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=LNEyWSubyh0

[20] Demetrio Falero. Josefo, F. 2013. Antigüedades de los judíos (p. 444). Libro XII, CAP. II, 1. Barcelona: Editorial CLIE.

[21] Eleazar. Josefo, F. 2013. Antigüedades de los judíos (p. 446). Libro XII, CAP. II, 5. Barcelona: Editorial CLIE.

[22] O Tanaj.

[23] Josefo, F. 2013. Antigüedades de los judíos (p. 451). Libro XII, CAP. II, 14. Barcelona: Editorial CLIE.

[24] Ibíd.

[25] Aunque los originales aparece el tetragramatón YHWH, en hebreo יהוה

[26] Vulgata en latín significa “popular” o “común”.

[27] McDowell, J. 2004. Nueva evidencia que demanda un veredicto (p. 38). ¿Cómo fue preparada la Biblia?,  4.6.3. Testimonio histórico acerca de la exclusión de estos libros. Alabama: Editorial Mundo Hispano.

[28] 734 cms. Existen rollos como el gran papiro Harris que pasa los 40 mts. Véase www.britishmuseum.org

[29] Considerando que estaban escritos en cuero. Comentario realizado por el hermano Alexis López.

[30] Refiriéndonos a las traducciones honestas.

[31] Refiriéndonos a la edición III.

[32] Véase nota § 34 de la Biblia Textual III.

[33] McDowell, J. & Sterrett, D. 2013. ¿Es la Biblia veraz? Miami: Editorial Patmos.

[34] Año 64 d.C.

[35] La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010.

[36] Tercera Edición, Editorial Holman. Sociedad Bíblica Iberoamericana.

[37] Strobel, L. 2000. El caso del Cristo (pp. 38-39). La prueba ocular. Miami: Editorial Vida.

[38] Ibíd.  La prueba refutatoria (pp. 138-139).

[39] El evangelio de Marcos.

[40] P52. Año 125 d.C. Biblioteca John Rylands, Manchester, Inglaterra.

[41] P66. Año 200 d.C. Colonia, Ginebra. Con las siguientes porciones: Jn. 1:1-6; 11; 3:5-14; 26; fragmento de 14:29-21:9.

[42] P46. Año 200 d.C. Museo Chester Beatty, Dublín & Ann Arbor, Michigan, Biblioteca de la Universidad de Michigan. Con las siguientes porciones: Ro 5:17-6:3; 5-14; 8:15-25; 27-35; 10:1-11; 22; 24-33; 35; 16:1-23; 25-27; He 1 & 2 Co, Ef., Gá, Fil, 1 Ts. 1:1; 9-10; 2:1-3; 5:5-9; 23-28.

[43] Información obtenida desde el sitio MIAPIC, que a su vez se encuentra (no actualizada) en el libro Nueva evidencia que demanda un veredicto, de Josh McDowell (p. 46) ¿Se puede confiar en la historicidad del Nuevo Testamento? Editorial Mundo Hispano, 2004. Evidencia del Manuscrito Para una Mayor Confiabilidad del Nuevo Pacto | MIAPIC. Revisado el 5 de febrero del 2021. Véase:

https://www.miapic.org/articulos/cristianismo/evidencia-del-manuscrito-para-una-mayor-confiabilidad-del-nuevo-pacto/

[44] Living Hope Ministries. Revisado el 5 de febrero del 2021. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=rDi7zStkrdI

[45] También  conocido John Wycliff o John Wycliffe o Juan Wiclef.  Nació en Hipswell, el año 1320. Falleció en  Lutterworth, año 1384.

[46] Nació el 10 de noviembre de 1483, Eisleben, Alemania. Falleció el 18 de febrero de 1546, Eisleben, Alemania

[47] Nació el 5 de enero de 1782. Falleció el 1 de agosto de 1834.

[48] Nació en Foochow el 4 de noviembre de 1903. Falleció en Anhui el 30 de mayo de 1972.

[49] McDowell, J. & Stewart, D. 1985. Respuestas a preguntas difíciles (pp. 3-4). EE. UU: Editorial Vida.

[50] La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual, primordialmente europeo, ​ que nació a mediados del siglo XVIII y duró hasta los primeros años del siglo XIX. Fue especialmente activo en Francia, Inglaterra y Alemania.​