6. HERMENÉUTICA Y EXÉGESIS.

HNO. J. C. ORELLANA[1].

 

Amados hermanos, la gracia y la paz del Señor Jesús sean con todos ustedes, vamos a partir nuestra reunión orando, necesitamos pedirle socorro al Señor.

Padre, en el nombre del Señor Jesús nos unimos para pedir Tu socorro, para poder compartir y entender las cosas que vamos a estudiar hoy. Por favor, ayúdenos a ordenar las ideas, que Su Santo Espíritu tome del depósito que hay en nuestra memoria para poder entregarlo a las iglesias reunidas. Padre, otórguenos de Su gracia para enseñar, para corregir, para también confirmar en la fe; ilumínenos con Su Palabra, necesitamos la ayuda del Espíritu Santo en la enseñanza, en el recordar, en el exhortar, en el advertir. Nos encomendamos a usted, en el nombre del Señor Jesús, pues sabemos que tenemos parte con usted gracias a Cristo el Señor, por lo que nos acercamos confiados en el nombre del Señor Jesús, no poniendo la confianza en nosotros mismos, en algún mérito que pensemos tener, sino que ponemos la confianza en Su Hijo, sabiendo que Él es la vestimenta con la cual nos ha vestido y ha quitado nuestra vergüenza delante de usted. Así que a Su presencia venimos sin vergüenza por causa de que Cristo nos ha cubierto y permanecemos en Cristo, por lo cual, como hijos le pedimos ayuda y socorro de nosotros mismos,  de nuestros pensamientos errados, porque queremos ser fieles a Su Palabra y a Su doctrina.  Todo lo pedimos en el nombre del Señor Jesús. Amén.

Respecto a los estudios que hemos estado realizando acerca de la Biblia, hemos considerado diversos temas que tienen relación a éstas y a su interpretación; pues no solamente hemos visto lo relacionado a los Textos, sino que también hemos visto cosas que tienen que ver con el Espíritu Santo, la iluminación y la revelación; cosas que son necesarias en la lectura de las Escrituras. Todo esto, quizás, ha sido un poco diferente a muchos estudios que se hacen acerca de la Biblia, porque dentro de la variedad de estudios que se han hecho y se hacen, hay hermanos que no consideran asuntos como la eiségesis (que en algún momento lo mencionamos), diciendo que tenía que ver con esa operación del Espíritu Santo trayéndonos enseñanzas personales hacia nuestro interior. Incluso, hay hermanos de renombre, como John Stott, un erudito en el tema, que considera a la eiségesis como un asunto secular y hasta carnal, y no como una de las funciones que puede hacer el Espíritu en nosotros. El por qué es muy entendible, pues hay algunos que hacen doctrina fundamental de experiencias personales. Sin embargo, también hay hermanos eruditos que piensan lo contrario, como el hermano Francisco Lacueva, que dentro de un discurso de cristología menciona este asunto de la eiségesis con un punto de vista positivo, enseñando esta operación que hace el Espíritu Santo trayéndonos las palabras del Texto hacia nuestro interior. Es como una impresión interior que ocurre en nuestro espíritu, cuando el Señor hace “acomodaticios” y nos empieza a enseñar cosas para nuestra vida personal.

Cabe señalar, además, que lo que estamos haciendo, prácticamente, es sólo un índice de lo que hemos considerado doctrinas fundamentales. Digo esto, porque sé que de cada uno de los temas que hemos tocado hay libros y libros de hermanos académicos y eruditos, a los que deberíamos leer; y si dijéramos que nosotros lo estamos diciendo todo y que no necesitan leer nada más, sería soberbio de nuestra parte y necio, pues este libro sólo es para provocar “hambre” en usted en cuanto a todos estos temas, nada más que eso. Y si hay hermanos que quedan con hambre, entonces tendrán que investigar más al respecto, para lo cual vamos dejando bibliografía al pie de cada página.

Dicho lo anterior, hoy día nos corresponde este asunto de hermenéutica y exégesis dentro del conjunto de puntos relacionados a la doctrina de las Escrituras, lo que corresponde a la Bibliología y que tiene relación al estudio o tratado acerca de la Biblia, pues ‹‹Bibliología›› viene del griego biblos y logos, que significa literalmente ‹‹tratado sobre la Biblia››.

Respecto a la hermenéutica y exégesis, para los hermanos que piensan que esto es algo técnico de instituto bíblico, vamos a ver que no es así, pues son palabras o prácticas que se mencionan en las Escrituras y que se nos enseña a considerarlas[2]. Entonces, siguiendo el hilo de nuestro estudio, vamos a partir leyendo 1ª de Timoteo, capítulo 1. Vamos a leer desde el versículo 1 en adelante.  Dice así:

1 Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, 2 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. 3 Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4 ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. 5 Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, 6 de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, 7 queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. 8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” (RV 1960).

Queridos hermanos, si se dan cuenta el párrafo que acabamos de leer nos señala cosas muy importantes que están implícitas en todo esto. Lo primero que debemos tener presente, es que existe una sana doctrina que debemos conocer y administrar; pero, además de esto, existe otra clase de doctrina que no es sana para la iglesia, una doctrina enferma y que enferma a otros, una doctrina que no es la doctrina que se le ha encomendado a los santos (Jud. 1:3), sino que son cosas que se inventan, cosas que los hombres no comprenden pero las enseñan, o cosas que se aprendieron mal; por lo tanto, surgen enseñanzas malas, aparecen doctrinas falsas y, en el peor de los casos, se termina en una herejía.

Debemos saber que en la Iglesia del Señor esto ha ocurrido a través de la historia, por lo tanto, no es algo de lo cual nosotros estemos libres. Incluso, hay casos en los que esto ha ocurrido sin ninguna mala intención, debido a que no se consideraron reglas para interpretar las Escrituras, y se ha terminado en la enseñanza de cosas erradas. Para evitar esto, es importante que nosotros tengamos ciertas normas en la interpretación de los Textos y sigamos ciertas reglas de interpretación de la Biblia, para que no nos equivoquemos ni caigamos en el error; porque todos los que estamos aquí compartimos algo en común, ¿saben que es? Una humana fragilidad, una falible humanidad, o sea que todos nosotros somos frágiles por el hecho de ser seres humanos y además, podemos errar, podemos cometer errores; por lo que debemos tener presente que podemos fallar al momento de enseñar algo, podemos estar equivocados, comprender mal, y para evitar esto, para disminuir los riesgos, necesitamos reglas, necesitamos normas al momento de la interpretación de las Escrituras. Y esto, mis hermanos, tiene que ver con la hermenéutica y la exégesis.

Ahora, cuando nosotros vemos este tipo de asuntos es probable que algunos piensen que esto es sólo algo que los hermanos que enseñan la Palabra deben saber; pero la verdad, hermanos, es que siempre que estamos leyendo, siempre que enseñamos a otro, siempre que estamos leyendo algún documento, estamos naturalmente ejerciendo algunas prácticas hermenéuticas en la interpretación, aun cuando no hemos estudiado sobre esto. Incluso cuando usted lee el periódico está aplicando ciertas reglas de hermenéutica que son lógicas, pues al identificar que es una noticia policial está identificando el tipo de información, lo que obedece a una hermenéutica lógica. Usted lee la noticia y sabe que esto no es una parábola, un cuento, o un mito, pues sabe que el género es informativo, periodístico, se trata de supuestos hechos; por lo tanto, sólo le queda determinar una cosa, la noticia es verdadera o falsa. No le va a buscar una interpretación, porque no es una parábola, usted está consciente de su género, así que sabiendo esto, lee para informarse. Con esto nos damos cuenta que todos tenemos reglas de hermenéutica, las aprendiéramos formalmente o no, las tenemos. Por ende, sean personales (y estén erradas) o estudiadas, estamos siguiendo normas para leer.

Todo esto es realmente importante, así que dispongamos nuestro corazón para aprender, pues lo que vamos a hacer hoy día es explicar estas cosas a la luz de las Escrituras, desde la silla de lectores de la Biblia que quieren interpretar bien la Palabra de Dios. Si el Señor nos permite, iremos haciéndolo muy práctico, que sea lo menos complejo para poder entender bien. Espero en el Señor, que al terminar, nos vamos con la consciencia de que realmente necesitamos saber algunas cosas de la hermenéutica, tener claro algunos conceptos, llegando a entender que los hermanos que se han preparado para este tipo de cátedras en la erudición, escribiendo libros detallados con este tema, lo han hecho con el fin de edificar a la Iglesia y preparar a los expositores de la Palabra.

Mis hermanos, esto es algo que beneficia mucho al pueblo de Dios, porque debido a la mala hermenéutica ocurre una mala exégesis, una mala interpretación. Y cuando ocurre una mala exégesis ocurren desviaciones, entonces necesitamos tener presente ciertas recomendaciones y/o reglas, como que de un solo versículo no podemos hacer doctrina. Un querido hermano me señalaba un muy buen ejemplo de esto, indicando que si hiciésemos doctrina considerando sólo Gálatas 2:20, que dice en su parte final “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (RV 1960), podríamos concluir que el Señor sólo murió por Pablo. Entonces, repito, no debemos hacer doctrina considerando un sólo versículo, esta es una regla o norma de hermenéutica, la cual debemos tener presente al momento de leer. Estos son errores comunes, lo vemos en la doctrina católica sobre la declaración del Señor Jesús respecto a Pedro, cuando dice:

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mt. 16:18, RV 1960).

Ellos se basan en este único versículo para decir que Pedro es “la roca” en la que es fundada la Iglesia y, por lo tanto, el primer Papa. Incluso usted puede encontrar traducciones de las Escrituras (que más que traducciones son paráfrasis[3]), como la versión que se conoce con las siglas NTV (Nueva Traducción Viviente) que en el pasaje que acabamos de leer hacen una interpretación, y agregan un paréntesis que no aparece en los originales, donde escriben:

“Ahora te digo que tú eres Pedro (que significa “roca”)”

Al hacer esto, ellos nos están vendiendo una interpretación de la declaración hecha y no una traducción, nos están diciendo que Pedro es la roca, lo cual es un error exegético; pero lo hacen poniendo un paréntesis que cualquier persona puede pensar que así dicen los manuscritos más confiables, lo cual es falso. Ellos añadieron ese paréntesis y ni siquiera lo dicen al pie de página. Lo correcto es que sea el lector el que interprete, que investigue, pues cualquiera que no sepa esto puede decir: “¡Los católicos tienen razón, la Biblia lo dice!”, pero la Biblia no lo dice, lo dice una paráfrasis o interpretación de una versión de la Biblia. Para muchos de nosotros es difícil leer las Escrituras en algunos pasajes complejos de entender, pero que además te tuerzan la versión de la Biblia para venderte una interpretación es el colmo, es algo que puede ser dañino y puede resultar en que personas que están en un error no salgan de allí; sin embargo, cuando una persona está leyendo las Escrituras en una honesta traducción, tiene muchas posibilidades de salir del error (si es que está en uno). El hermano Ruperto Fariña[4], que es un ex católico, me comentaba el testimonio del hermano José Borrás[5], un ex sacerdote católico. Este hermano, debido a la solicitud de unas monjas tomó la decisión de leer la Biblia que usaban los protestantes para buscar sus errores doctrinales y refutar los pensamientos de estos. Así él, siendo sacerdote y aplicando las reglas de hermenéutica correspondiente, leyó honestamente la Biblia, resultando esto en su conversión a Cristo, llegando a ser pastor evangélico[6]. La lectura honesta, en una traducción honesta, junto con la piedad de los cristianos evangélicos que le tocó conocer, resultó en que este sacerdote católico se convirtiera a Cristo. Mis hermanos, dentro del catolicismo hay muchos curas que ni siquiera leen la Biblia, sino que leen los libros doctrinales del catolicismo que se les pasan en los seminarios,  pero cuando José Borrás hizo una exégesis sana y honesta buscando refutar a los protestantes se convirtió al Señor, porque las reglas que siguió eran correctas, leyó una traducción que era lo más neutra posible, y así el Espíritu Santo abrió sus ojos y lo iluminó.

Hablando de católicos, hay una traducción muy buena de las Escrituras que tienen ellos, la conocida Biblia Jerusalén. El único problema de esta traducción es que ellos incluyen los libros apócrifos, cosa que ya vimos en el capítulo anterior, los cuales sólo sirven como libros informativos, sabiendo que son falibles, como el caso del primer y segundo libro de los llamados Macabeos. Si usted quiere entender y ver cómo se cumplieron literalmente profecías del libro de Daniel respecto a Grecia y Roma, entonces le recomiendo leer a modo de información (y no para hacer doctrina) 1a y 2a de Macabeos. Usted se podrá dar cuenta como la historia registrada en dichos libros muestra el cumplimiento de profecías de una manera impresionante. Los temas sobre Antíoco IV Epífanes y el sitio realizado a Jerusalén, entre otras cosas, muestran cómo profecías de Daniel se cumplieron ahí de manera maravillosa, de forma muy exacta. Para eso recomendamos dichos libros, como información extra bíblica respecto a la historia, pero conscientes de que no son inspirados por el Espíritu Santo, por lo que son falibles, pueden contener errores en los detalles que se cuentan, o contener mitos, leyendas, entre otras cosas.

Pero volviendo al tema, fuera de los apócrifos, la Biblia Jerusalén es una muy buena traducción. Ahora, debemos ser honestos al decir que toda traducción de las Escrituras es falible, no nos estamos refiriendo a los originales, sino a las traducciones que nosotros leemos, por lo que una regla de hermenéutica adicional que nos servirá para disminuir posibilidad de errores, es tener y considerar más de una traducción de las Escrituras. Pues hay traducciones que han incluido algún pasaje que en los manuscritos más antiguos y respetados no aparecen, como lo que hace la Reina Valera 1960 con 1ª Juan 5:7 y la porción que dice:

“tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo”.

Este texto no aparece en traducciones como la Biblia Jerusalén[7] o la Biblia Textual, tercera edición; sin embargo, en otros pasajes como Génesis 5:23-24, donde se habla de Enoc, la misma revisión de la Biblia Jerusalén añade una frase que no está en los manuscritos más respetados diciendo que Enoc murió. Dice así:

23 Cuando Henoc murió, tenía trescientos sesenta y cinco años. 24 Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó”.

Dicho error lo corrigieron en las ediciones posteriores de la traducción, error que no se encuentra en la versión Reina Valera 1960. Esto nos permite observar que las traducciones son falibles, no los originales, por lo que hacemos bien al contar con varias traducciones para el estudio, volviéndose complementos la una de la otra. Entonces, cosas como tener más de una traducción de las Escrituras, son buenas prácticas, reglas hermenéuticas que deberíamos considerar.

Mis hermanos, Dios mediante, hoy día vamos a considerar algunas reglas que debemos convertir en buenas prácticas al momento de interpretar las Escrituras.

DEFINICIÓN DE HERMENÉUTICA Y EXÉGESIS.

Al partir, cité 1a Timoteo para que nos diéramos cuenta de que es importante enseñar sana doctrina y trazar bien la Palabra de Dios, leyendo las Escrituras sin ideas preconcebidas, pues a veces uno quiere que el Texto diga cosas que nos respalden, para justificarnos en algo o darnos la razón. Bueno,  nos vamos a dar cuenta que en la historia de la Iglesia han ocurrido fracasos y caídas por causa de ese tipo de práctica.

Dicho lo anterior, permítanme realizar algunas citas que nos servirán como definiciones.

“La hermenéutica es la ciencia de la interpretación. El término, etimológicamente, se deriva del verbo griego herméneuo, que significa explicar, traducir, interpretar. Por su raíz (herme), ha sido relacionado con Hermes, el mitológico heraldo de los dioses, a quien se atribuía la invención de los medios más elementales de comunicación, en particular el lenguaje y la escritura.”[8]

Cabe señalar mis hermanos, que este término se compara y se dice que es sinónimo de exégesis, palabra que proviene del griego exegéomai[9] que significa explicar, exponer e interpretar; no obstante, aunque comparten sinonimia[10], no significa que sean iguales. El hermano José M. Martínez lo dice así:

“Término sinónimo de hermenéutica es «exégesis» (del griego exegeomai = explicar, exponer, interpretar). En el mundo grecorromano se aplicaba a experiencias religiosas, particularmente a la interpretación de oráculos o sueños. Actualmente se usa para expresar la práctica de la interpretación del texto, mientras que la hermenéutica determina los principios y reglas que deben regir la exégesis.” (Martínez, 1984, p. 17).

Como verán, la hermenéutica consiste en las herramientas, normas, o reglas que vamos a seguir nosotros para interpretar el Texto bíblico. Prácticamente, la hermenéutica está dentro del área de la teoría, mientras que la exégesis entra a ser la ejecución, o sea viene a ser el uso que le damos a las herramientas que nosotros hemos considerado como normas. Permítanme una ilustración. Tenemos en una mesa el martillo, el alicate, el desarmador (todas herramientas), de las cuales se nos enseña el para qué sirve cada una: para poner un clavo, cortar un alambre y poner un tornillo. Hasta aquí, conocemos las herramientas y sabemos para qué son, de alguna manera, esto es la hermenéutica. Ahora, cuando yo tomo el desarmador y lo uso para sacar uno de los tornillos que está en la pared, cuando tomo el martillo y lo uso para poner un clavo, y tomo el alicate para cortar un alambre que está muy largo; entonces –siguiendo la ilustración– estoy haciendo exégesis. O sea, mis hermanos, la hermenéutica se encarga de definir y mostrar las reglas que vamos a tener presente; mientras que la exégesis, viene a ser el uso práctico que le dimos a esas reglas aprendidas.

Respecto a las reglas, hay algunas que son importantísimas para relacionarnos  con el Texto. Ya hemos mencionado dos, pero voy a citar unas que tengo aquí, esto lo hice para una sesión de estudio sobre los atributos de Dios.

UNA PRIMERA REGLA DE HERMENÉUTICA.

Una de las primeras reglas de hermenéutica que debemos tener presente, es aceptar que la Biblia tiene autoridad suprema. Por lo tanto, es la Biblia la que corrige a los lectores y teólogos, y no estos los que corrigen a la Biblia. Con esto debemos aceptar que es la Biblia la que tiene la última palabra siempre. Ya vimos o ya sabemos nosotros que el origen de la Biblia es Dios, por lo tanto, como Dios las exhaló, Dios las expiró, es la máxima autoridad para hacer doctrina. Con esto aprendemos que la doctrina que la Iglesia ha de tener y enseñar a otros debe ser la que proviene de la Biblia y no la doctrina que proviene de opiniones de algún hermano separado de la Biblia. Es decir, no podemos hacer doctrina de la opinión sin conocimiento bíblico que un hermano tiene respecto a cualquier tema. El “yo siento”, “yo pienso” no sirven de nada si estos no provienen de las Escrituras como fuente de origen. Por ende, toda enseñanza que se imparte desde el púlpito, en el almuerzo, o dónde sea, debe ser examinada a la luz de lo que la Biblia nos dice. Toda opinión y/o enseñanza debe ser pasada por las Escrituras. ¿Qué nos enseñan las Escrituras respecto a “cierto tema”? Esta es una pregunta clave que nos señala al peso de autoridad que tienen las Escrituras. Pablo nos enseña que:

16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Ti. 3:16-17, RV 1960).

Esta es la autoridad de las Escrituras,  la que no contiene errores ni fallas. Ellas enseñan, redarguyen, corrigen, instruyen en justicia, con el fin de perfeccionar, equipar y adiestrar al que es de Dios. Si comprendemos y sostenemos esta verdad como regla básica al momento de leer la Palabra de Dios (que es la máxima autoridad), entonces procuraremos no pensar más allá de lo que dice la Biblia (1Co. 4:6). Y cuando nos encontremos con un pasaje que parece contradictorio u oscuro, pensaremos con cordura que no es la Biblia la que está equivocada, soy yo el que está leyendo mal o es un tema de traducción, pues Dios habló sin contradecirse, por lo que vemos en las Escrituras una perfecta armonía, en la que se destaca la omnisciencia y sabiduría de Dios, quien la inspiró, y que es infinitamente inteligente y poderoso para haber conducido a hombres falibles y erráticos para darnos un Texto santo, infalible e inerrante. Jamás debemos atribuirle al Texto mera autoría humana, no debemos sacar de la autoría de los Textos a Dios, jamás. Eso es lo que hacen los críticos textuales liberales, sacan a Dios del Texto y lo ponen en la categoría de un simple libro humano.

Entonces, mis hermanos, la primera regla es asumir que la Biblia es autoridad de Dios, por lo tanto de esta ha de provenir nuestra doctrina, ¿por qué? Porque proviene de Dios. Muchas personas no entienden que el contenido de las Escrituras que estamos leyendo tiene un valor incalculable, son de una altura inimaginable, porque son parte de la revelación especial de Dios. Ella es suficiente para lo que Dios ha querido enseñarnos, no se quedó corto en Su revelación, fue suficiente para esta vida. Con esto no estoy diciendo que no leamos otros libros, sino que sepamos que al tratar con la Biblia estamos tratando con ‹‹la Palabra escrita de Dios››, con ‹‹todo el consejo de Dios››, con ‹‹la suma de Su verdad escrita››.

Así que ya tenemos la primera y muy relevante regla de hermenéutica, relacionada a sostener y considerar que la Biblia es autoridad suprema, y considerarla como tal. Es ella la que debe hablarnos y enseñarnos, pues contiene una revelación especial y progresiva de Dios, del Dios que es soberano e infinitamente inteligente, que es omnisciente, y que de alguna manera, le ha dejado a Sus Escrituras características divinas. Es algo notable esto, de lo cual se puede dar cuenta al encontrar dichas características de Dios en estos Textos. Como lo que hemos hablado anteriormente respecto a la insondabilidad de Dios, que nos indica que puedes profundizar y profundizar, pero nunca llegarás al fondo. Esto quiere decir que Dios se nos revela progresivamente; no obstante, jamás podemos llegar al fondo de todo lo que Dios es. Debido a esto sabemos que la eternidad nunca podría ser aburrida, porque vamos a estar conociendo los misterios del Señor, del Dios inagotable, insondable, en la faz de Su Hijo Jesucristo.

Permítame contarle algo curioso. La autoridad de la Biblia es reconocida por el mismo Corán, lo cual les mencioné en el capítulo 2 de este estudio, en la experiencia de Mario Joseph. Este hombre quería información sobre si ‹‹la Palabra››[11] era Dios o no, así que leyó (providencialmente) aquel pasaje del Corán que Dios usó extraordinariamente para llevarlo a las Santas Escrituras que le revelaban lo señalado por Juan:

“En el principio ya era la Palabra, y aquel que es la Palabra era con el Dios, y la Palabra era Dios.” (Jn. 1:1, JBS[12]).

Notable. La Biblia, mis hermanos, no es un libro cualquiera, sino que son las Escrituras de Dios, donde se nos relata la historia de Dios. Dios interviniendo y revelándose en la historia, por lo tanto, hay que partir desde allí, reconociendo su autoridad delegada.

UNA SEGUNDA REGLA HERMENÉUTICA.

Una segunda regla a tener presente, es que necesitamos rogarle al Señor revelación e iluminación (lo cual ya tratamos en el capítulo anterior). Jamás debe estar en nuestra lectura de las Escrituras el pensamiento que no necesitamos del Espíritu Santo para esto. Es cierto –como me hacía notar un hermano– que esto en sí no es una regla hermenéutica, sino más bien una experiencia con el Señor, pero lo pongo como regla debido a que el hecho de buscar al Señor y rogarle que nos ilumine, debería ser una práctica constante que acompañe nuestra lectura. Esto debería considerarse como primordial en la vida de los cristianos regenerados al momento de acercarse a los Textos. Por lo tanto, si para algún crítico esto no es más que un asunto subjetivo, para nosotros, los cristianos regenerados, debería ser una norma antes de leer y escudriñar las Escrituras el rogar a Dios el discernimiento, pues sabemos que:

“…Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1Co. 2:10, RV 1960).

Y:

“…el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1Co. 2:14, RV 1960).

Dios fue el que nos dio estos Textos y tiene que ser Dios el que nos ilumine y dé entendimiento al respecto, para poder conocerle y entenderle.

Cabe aclarar que las Escrituras tienen luz propia, pero nuestra mente necesita de la luz de Dios para ver. Jamás debemos olvidarnos de esto, pues necesitamos que de la mesa del Señor caigan migajas, las cuales nosotros podamos comer, porque el hombre, ¿de qué vivirá? “De toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4, RV 1960), entonces necesitamos urgente aprender a rogar al Señor cuando nos acercamos a Su Palabra. El suplicar ha de ser para nosotros una necesidad primordial.

Consideren, mis hermanos, que nosotros al tratar con los Textos estamos tratando con la revelación histórica y especial del Dios todopoderoso, así que, necesitamos que sea Dios el que nos ilumine, necesitamos que sea Dios el que nos ayude, lo necesitamos. Es por esto que dentro de la lectura de las Escrituras es necesaria la oración, no podemos vivir una vida cristiana y leer las Escrituras sin oración; pues, para acercarnos al Texto debemos venir con un corazón correcto, humillados en la presencia del Señor para que nos ayude. No debemos venir a las Escrituras con un corazón soberbio y altivo, pensando que basta con nuestra inteligencia, sino que necesitamos al Espíritu de Dios enseñándonos, recordándonos. Por lo tanto, mis hermanos, les recomiendo tomar esto como regla hermenéutica, pues necesitamos rogarle al Señor revelación e iluminación en oración.

UNA TERCERA REGLA HERMENÉUTICA.

Lo siguiente que debemos considerar como regla es algo muy básico. Quizá usted se va a reír, pero debemos leer la Biblia. Es risible, pero es triste constatar la realidad de muchos hermanos que piensan que no necesitan la Biblia ya que confían a ciegas en el predicador. Un hermano me comentaba que ha conocido personas que no llevan la Biblia a las reuniones debido a que se quedan sólo con lo que el predicador les dice[13].Entonces cuando hablan, citan lo que recuerdan de los predicadores en vez de las Escrituras, ¿y si el predicador se equivocó? ¿Y si el predicador citó un libro fuera de la Biblia? Con esto, podríamos sostener, incluso, que citar a un hermano sin confirmar con las Escrituras es una irresponsabilidad.

Mis hermanos, todo esto ocurre y está muy mal. Todos, grandes y pequeños, varones y mujeres, viejos y jóvenes, debemos leer la Biblia. Tenemos esta responsabilidad. Todos somos llamados a leer las Escrituras. Los hebreos piadosos de los tiempos bíblicos que practicaban algún tipo de judaísmo religioso[14], enseñaban a los niños las Escrituras, incluso a memorizarlas, siguiendo el mandamiento que dice:

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” (Jos. 1:8, RV 1960).

Es más, muchos de ellos obedeciendo el mandamiento de Deuteronomio 6:4-9, ponían los Textos en los postes de su casa y leyéndolos diariamente los memorizaban, es por eso que entendemos el gran depósito bíblico del Antiguo Testamento que había en el apóstol Pablo, pues sabemos que era un practicante del judaísmo bien celoso y constante (Ga. 1:13-14). Antes de su conversión, él fue alguien “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo” (Flp. 3:5, RV 1960), ¿saben qué significa ‹‹hebreo de hebreos››? Quiere decir que era hebreo y de los que hablaba hebreo, pues recuerden que había hebreos que estaban helenizados, otros latinizados, otros vivían en países árabes, y otros remotos lugares. Por ende, algunos hablaban griego, otros latín, otros árabe, y aún otros idiomas (Hch. 2:6-11). Dependiendo del lugar donde viviera la persona, era el idioma que hablaba; sin embargo, del mismo Pablo sabemos que él era de los hebreos que hablaba hebreo, aun cuando era de Tarso. Como dice otra traducción, Pablo era “un verdadero hebreo” (Flp. 3.5, NTV). Entonces, él había memorizado las Escrituras desde pequeño y lo hizo con mayor seriedad desde el momento que comenzó a estudiar a los pies de uno de los más prestigiosos maestros de la ley de su tiempo (Gamaliel), con él aprendió las Escrituras y las interpretaciones existentes para aquel entonces. Es evidente que el Señor utilizó aquel depósito escritural en Pablo. Mis hermanos, tenemos todas esas epístolas de Pablo gracias al uso que el Espíritu Santo hizo del depósito en él; por lo tanto, es importante que nosotros entendamos que tenemos la obligación y responsabilidad de leer las Escrituras.

Las palabras ‹‹obligación›› y ‹‹responsabilidad›› no les gustan a los hermanos que hacen un énfasis desproporcionado en la gracia; sin embargo, debemos enfatizarlo conscientemente, pues tenemos la obligación y la responsabilidad de leer las Escrituras. Tenemos que leerlas y tenemos la responsabilidad de enseñarla a nuestros hijos. Porque Dios no nos dio este Libro para tenerlo en nuestra casa abierto en el Salmo 91; más bien, nos dio Textos para iluminarnos a través de ellos y para darse a conocer a nosotros. Saben, respecto a esto, dentro del pueblo evangélico he visto mucha superstición. Hace un tiempo escuché a una persona que se define como cristiano evangélico pedir una Biblia  para tenerla en casa abierta en el Salmo 91, pues ya tenía una en el auto. Eso es superstición, lo que he visto en muchas personas y de varias formas. Hay muchos cristianos que para lo único que usan la Biblia, es para tenerla abierta en el Salmo 91 en sus casas, con las hojas amarillas, como si esta fuera un amuleto de protección. ¡Pero no! La Biblia no se nos dio para eso, sino que se nos dio para leerla. Es por eso que me detengo a presentar esta fundamental regla hermenéutica, aunque sea risible, debemos leer la Biblia.

Amados hermanos, no podemos ser tan desvergonzados como para leer cualquier otro libro menos la Biblia. Aunque parezca majadero se lo diré nuevamente, debemos leer la Biblia. Es nuestra obligación hacerlo. Dios nos dio los Textos para conocerlos, no para decorar nuestras casas. En 2a de Reyes 22 tenemos una historia interesante, donde el rey Josías lee la ley –la Palabra de Dios– y se da cuenta de que habían pecado gravemente contra el Señor. Antes de darse cuenta, él tenía una buena intención y quería reparar la casa de Dios, pues había grietas que se debía reparar. En esa intención mandó a recolectar los dineros de las ofrendas para dárselas a los que  trabajaban en la obra, sin medida  se entregarían las ofrendas en manos de ellos; sin embargo, se encontraron con algo en el camino, en la providencia de Dios se encontraron con algo. Es como si Dios le dijera: “¡Eh, para un poco! Tienes buenas intenciones, pero antes de esto quiero que leas algo”, ¿y qué fue lo que le dio? ¿Qué fue lo que encontraron? El libro de la ley. El sumo sacerdote encontró las Escrituras y se las envió, ¿recuerdan lo que ocurrió con Josías? Se dio cuenta que estaban bajo juicio. Entonces su deseo de reparar las grietas desapareció, en ese momento apareció otro deseo y era el de arrepentirse.

Mis hermanos, Dios no eximió al pueblo del juicio por la ignorancia, sino que éste vino con previa advertencia y –gracias a Dios– este rey puso atención. Luego, dejando la ignorancia de lado, se arrepintió y avergonzó del pecado cometido, alcanzando misericordia del Señor. Es más, era un mandamiento de Dios al rey que fuera elegido el tener una copia de la ley, como lo dice Deuteronomio 17:14-20.  Esto mismo quiere el Señor para todos nosotros, que podamos conocer Su Palabra antes de obrar, pues Él quiere hablar a nuestro corazón, limpiarnos, purificarnos en Su verdad. Por lo tanto, debemos ser obedientes a la Palabra de Dios, debemos leerla, tenemos la responsabilidad de atender los Textos. Esto lo tenían muy claro los profetas y la Iglesia primitiva, tanto así, que hacían lecturas públicas de las Escrituras, no me refiero a predicaciones, sino lecturas textuales. Se leía para que todos conocieran la Palabra de Dios, no tenían Biblias como ahora las tenemos nosotros,  en varias versiones y formatos (papel, digital, audio y visuales). Por lo tanto, tenemos la responsabilidad de leerlas, pues no es solo un privilegio, sino una obligación que debemos asumir.

Recuerdo una reunión en Padre las Casas donde después de compartir algo relacionado a este tema, una hermana se me acercó y me contó que ella no sabía leer; no obstante, me emocionó mucho cuando me contó que aquello no era un impedimento para ella, pues me dijo que oía la Biblia, ya que la tenía en audio. La descargaron en su celular y le enseñaron a reproducirla. Además, me contó algo muy hermoso en aquella oportunidad. Entre el grupo de hermanas donde ella se reunía, había varias de ellas que no sabían leer, pero había una hermana joven, estudiante universitaria, la que una vez por semana se juntaba con ellas a leer las Escrituras textualmente. Algo hermoso, ¡el Señor nunca olvidará eso!

Así que mis hermanos, si usted quiere hacer una buena exégesis, una buena interpretación de la Palabra de Dios, debe leer la Biblia. Y si hay hermanos que quieren participar del ministerio de la Palabra, deben leer la Biblia, deben conocerla, deben relacionarse con ella, esta es nuestra tercera regla hermenéutica.

UNA CUARTA REGLA HERMENÉUTICA.

Otra norma o regla de hermenéutica, es que la Biblia se interpreta a sí misma. Permítanme leerles una declaración que leí en algún lugar, la encontré notable. Dice así:

“Aunque leemos la Biblia hacia adelante, sólo podemos entenderla hacia atrás.”

¿Qué significa eso? Que para entender el  Nuevo Testamento necesitamos el Antiguo Testamento; y que además, significa que debemos considerar la revelación bíblica en su plenitud. Esto nos señala a lo que enseña el Salmo 119:160, respecto a la suma de la Palabra de Dios. No podemos leer y considerar sólo el Antiguo Testamento, sino también el Nuevo; y no podemos leer solo el Nuevo Testamento, sino también el Antiguo; y así, uno explica al otro. Adicionalmente, esto implica que no podemos leer a Pablo sin considerar a Santiago (Jacobo); y no podemos entender a Santiago si no consideramos a Pablo. Hay cosas que menciona Santiago y que Pablo explica; y cosas que dice Pablo, pero que Santiago desarrolla. Leyendo a la ligera, puede parecer que Santiago se contradice con Pablo. Nos podría parecer que hay una contradicción entre ambos. Respecto a esto y considerando un pensamiento del hermano John Stott, Pablo le escribió a los judaizantes que buscaban en las obras una salvación que se obtiene por la fe en Cristo; pero Santiago, les escribió a los intelectualistas pasivos, a los que piensan que basta una simple fe teórica e infértil. Dicho de otra forma, la justificación por la sola fe en Cristo es delante de Dios, pero las obras de tu fe son el testimonio de tu justificación otorgada por Dios delante de los hombres. Por lo tanto, para un cristianismo equilibrado, necesitamos considerar a Pablo y Santiago, pues uno al otro se explican. Así que no hay contradicción, sino complemento. Porque la Biblia se interpreta a sí misma.

Puede ocurrir, además, que al leer las Escrituras nos encontremos con un pasaje que nos parece oscuro, poco claro, pero no debemos alarmarnos, debemos continuar leyendo las Escrituras sabiendo que en algún momento encontraremos el pasaje que nos permita entender de mejor manera lo que nos parece oscuro. Es más, hay un dicho que puede complementar la regla que estamos observando, y es que si tenemos dos versículos que parecen contradecirse, debemos mantener la calma, ya aparecerá un tercer versículo que los unirá y explicará. No podemos asustarnos y pensar que hay una contradicción, debemos seguir leyendo hasta que aparezca un verso que los una en la armonía bíblica. Les daré un ejemplo, lo tomaré de un estudio que realizamos al libro de Malaquías[15] con hermanos de la iglesia en Lo Prado, dice así:

“Algunas personas acusan de contradicción al Nuevo Testamento por el asunto de si Juan el Bautista era el Elías que había de venir o no. La razón de esta confusión es que en Juan 1:21 el propio Juan el Bautista dice de sí mismo que no es Elías, mientras que el Señor Jesús en Mateo 11:14 nos dice que “él es aquel Elías que había de venir”. Entonces se argumenta una contradicción entre los evangelios. Pero no es así. La Biblia es un conjunto de libros que se complementan uno a otro en la revelación especial de Dios para el hombre.  Es por eso que tenemos Lucas 1:17 que nos dice acerca de Juan que “irá delante de él [Cristo] con el espíritu y el poder de Elías”. O sea, Juan en cuanto a la persona de Elías, como si fuera una reencarnación, respondió que no lo era; pero el Señor nos dice que en cuanto al espíritu y poder con el que venía, Juan sí era el Elías que iba a venir.”

Como verán, los dos primeros versículos parecer contradecirse, pero Lucas 1:17 los une.

Se dice que Lutero leyó Santiago y que al compararla con el entendimiento que él tenía respecto a la gracia de la salvación,  dijo de esta que era “una epístola de paja” en comparación con las otras, “por cuanto no exhibe el carácter del Evangelio”[16]. Lutero no vio claramente la armonía que había entre Pablo y Santiago, incluso respecto a la traducción de las Escrituras al alemán que hizo, declaró que no la tendría entre sus principales libros[17]. Con todo esto, queremos enfatizar lo importante que es el entender que no podemos hacernos una impresión objetiva de alguna doctrina de la Biblia, si no la hemos leído toda. Las Escrituras nos dicen:

“La suma de tu palabra es verdad…” (Sal. 119:160a, RV 1960).

Mire, dice “la suma”, y es muy importante que exista ese pasaje, porque nos demuestra que la revelación de las Escrituras es progresiva, por lo tanto, la Biblia se interpreta a sí misma. En la suma de Su Palabra se encuentra la verdad. Es decir que el Antiguo Testamento está revelado, explicado en el Nuevo Testamento, no deberíamos buscar fuera de ella, porque la Biblia es suficiente como fuente de revelación de Dios y de la voluntad del Señor. Podemos leer confiados del Espíritu Santo. Así que, mis hermanos, la Biblia no se contradice a sí misma, porque es armoniosa y su revelación y explicación es progresiva; por lo tanto, en el total de sus libros se complementa a sí misma, se explica a sí misma.

Cuando no se considera la armonía bíblica en el contenido de la revelación que se nos ha entregado, aparecen personas –incluso que se dicen eruditos de la crítica textual– que acusan de contradicción a los evangelios por detalles de perspectiva que no son contradicciones, sino complementos testimoniales. Gracias al Señor, en ese círculo también hay hermanos eruditos que en el examen de estas supuestas contradicciones nos dan tremendas respuestas que explican las razones de las diferencias testimoniales, que terminan convirtiéndose en testimonios fidedignos de la verdad. Ya les he recomendado en reiteradas oportunidades el libro titulado El caso de Cristo del hermano Lee Strobel. Respecto a lo que estamos hablando, de ese libro aprendí que si no existieran variantes en el testimonio ocular, lo que se escribió no sería confiable, sino sospechoso de que hubiera un acuerdo previo para mentir. Es decir que se daría lugar a pensar que estaban coludidos. Pero esas variantes en el testimonio, que obedecen a perspectiva y memoria de los testigos, respaldan la veracidad de los Textos, lo que nos lleva a la conclusión de que todos dijeron la verdad como la recordaban. Así que no son contradicciones, son testimonios complementarios, y esto, mis hermanos, es lo maravilloso de la Palabra de Dios.

Así que debemos considerar como regla hermenéutica que la Biblia se explica a sí misma y que también ella se defiende a sí misma. Considerando esto, nos damos cuenta la necesidad que tenemos de leer todas las Escrituras. Si nosotros queremos hacer un estudio acerca de la oración –por ejemplo– buena práctica es que busquen en todas las partes de la Biblia lo que se dice acerca de la oración, porque “la suma de tu palabra es verdad”, y todo lo que necesitamos entender respecto a la oración se nos explicará en el contenido de la Biblia. Esto no quiere decir que agotaremos el tema, pues no podemos decirlo todo, ya que la  Palabra del Señor es insondable y nosotros somos limitados, siempre habrá más; por eso es necesario que haya un ministerio múltiple de la Palabra, no una sola persona ni menos pensar que nosotros somos iluminados con la verdad absoluta, pues hay otros hermanos que tienen más por decir y debemos escuchar, examinando todo. Respecto al examinar, es necesario hacerlo, pues todos los que servimos en este ministerio debemos estar abiertos a la corrección y, los que corrigen, deben saber que esto debe hacerse en el amor del Señor y con respeto. Porque sabemos que somos complementarios y perfectibles, y eso es necesario siempre recordarlo, no somos competencias, no competimos unos con otros, nos complementamos, porque así como las Escrituras se complementan, así también el ministerio de la Palabra ha de complementarse.

Entonces, mis hermanos, la Biblia se interpreta a sí misma, si no entendemos un pasaje o si nos parece que en algún lugar se contradice, no nos asustemos, sigamos leyendo, ya nos vamos a dar cuenta de la armonía del Texto, nos vamos a dar cuenta de la soberanía y de la providencia de Dios que nos dio Su Palabra escrita. Donde llegamos a maravillarnos por su armonía y decimos junto con Pablo:

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Ro. 11:33, RV 1960).

UNA QUINTA REGLA HERMENÉUTICA.

Otra norma a tener presente, es la importancia de entender que todo texto debe ser interpretado en su contexto. Mis hermanos, esto debe considerarse en dos aspectos:

  • En la interpretación de un texto, debemos considerar todo el párrafo en el que éste viene escrito, desde donde nace la idea hasta donde concluye.
  • En la interpretación de un texto, debemos considerar el contexto histórico en el que se escribió éste. Costumbres, ubicaciones geográficas, política, religiosidad y cualquier cosa relevante que podamos averiguar en el párrafo bíblico e incluso con material extra bíblico.

Como verán, cuando leamos la Biblia debemos interpretarla en el contexto completo de un párrafo, idea, texto y/o versículo, junto con analizar y/o investigar el contexto histórico en el que se encuentra dicho párrafo, idea, texto y/o versículo. Hay un dicho que enseña que al sacar un texto de contexto se arma un pretexto; esto ocurre cuando la necedad humana intenta justificar un error o desacierto. La problemática que puede ocasionar esto en la iglesia, es que aquel pretexto luego se vuelva una doctrina fundamental de la congregación dónde se estableció. Veamos lo que ocurre cuando se lee 1a Corintios 14:34, donde Pablo dice que “vuestras mujeres callen en las congregaciones” (RV 1960). Bueno, muchos piensan que se refiere al ministerio de la Palabra y se utiliza ese pasaje para decir que las hermanas no pueden participar de la enseñanza en la iglesia (quiero aclarar que no estamos estudiando el tema, sólo voy a mostrar que para esto no debería ocuparse este pasaje). El versículo está unido a un contexto en particular. Pablo en el capítulo 12 nos habla de los dones espirituales, ministerios y operaciones (o actividades), todos otorgados por el Espíritu de Dios al cristiano; luego, en el capítulo 13 –relacionado todavía a los dones espirituales– nos habla de la importancia del amor fraternal entre los que somos hermanos en Cristo; y, en el capítulo 14, nos enseña sobre los dones en la reunión y el orden que debe existir, específicamente lo relacionado a las lenguas y profecías. Todo esto corresponde al contexto literal en el que se encuentra el versículo.

Ahora bien, relacionado al contexto histórico, nos damos cuenta por el registro bíblico del desorden, inmadurez y carnalidad de los hermanos de Corinto. Abundaban los dones en la reunión de iglesia local, había lenguas, había profecías, pero también había mucho desorden y menosprecio. Entonces –como había mucho desorden– Pablo les escribe esta epístola para corregirlos en la conducta, en lo moral, en el ejercicio de los dones espirituales, en el reunirse para los ágapes,  lo relacionado a la mesa del Señor, entre otros asuntos. Muchas cosas estaba corrigiendo Pablo de la reunión de estos desordenados hermanos en Cristo. En estricto rigor, identificamos por su contexto histórico y literal[18] que ésta es una epístola para ordenar y corregir la vida práctica de los hermanos como iglesia local.

Por lo descrito en la epístola, conocemos que los hermanos practicaban los llamados ágapes y, en medio de estos, intentaban celebrar la cena del Señor. La idea no era errónea, el problema es que se realizaba de muy mala manera, porque en la reunión no se diferenciaba la comida ordinaria del partimiento del pan (1Co. 11:20). Además, se caía en el menosprecio hacia los hermanos pobres (1Co. 11:22) y, en los excesos de la comida ordinaria, se participaba de la cena del Señor indignamente. En conclusión, todo se tornaba en un absoluto desorden que, seguramente, terminaba con algunos de ellos muy contentos por el vino de sus comidas (1Co. 11:21) y que luego usaban para la copa en la que se recordaba la sangre derramada de nuestra Señor (1Co. 11:25). Esta mezcla ocasionaba desórdenes, pues de seguro, cuando intentaban ponerse serios para partir el pan, las hermanas no paraban de hablar y como no se tenía noción del tipo de reunión en la que estaban, interrumpían con sus conversaciones y/o con sus preguntas (en el mejor de los casos).

Permítanme contarles algo. Hace algún tiempo un hermano me contaba cómo se reunían ellos a partir el pan con los hermanos de su localidad. Creo que esta experiencia es tal cual lo que se vivía en Corinto, aunque sin los extremos pecaminosos. Ellos se juntan en la tarde de un día determinado, aquel día ellos comparten una comida ordinaria (una once[19]), donde conversan, algunos cantan, otros se ríen, otros cuentan anécdotas. De repente, un hermano se levanta y llama a todos a celebrar la cena del Señor. Ante esto, los hermanos se miran uno al otro con la conciencia de que pasarán a una instancia importante de su junta; no obstante –el hermano me contaba– las hermanas tardan bastante rato en callar, pues una vez iniciada una conversación, pierden la conciencia de la importancia del llamado a ponerse serios. Esto ocurre durante varios minutos, hasta que se pone en pie algún hermano encargado a silenciar las conversaciones de forma más directa, con el fin de pasar a partir el pan. El hermano me comentaba que era muy difícil que las hermanas se silenciaran para comenzar. Saben mis hermanos, exactamente a esto es a lo que se refiere Pablo en 1ª  Corintios 14:34 respecto a las hermanas. No se refiere a profetizar, no se refiere a predicar, no se refiere a enseñar, el verbo griego que aparece allí es λαλεῖν (gr. lalein), que literalmente es hablar, como conversar; no dice profetizar (προφητεύουσα, gr. profeteúoousa, 1Co. 11:5), ni enseñar (κατηχήσω, gr. katejéso, 1Co. 14:19; παρέδωκα, gr. parédoka, 1Co. 15:3; διδάσκει, gr. didáskei, 1Co. 11:14), sino que se refiere a una conversación. O sea, mis hermanos, lo que estaba escribiendo Pablo era “por favor, cuando esté un hermano presidiendo una reunión, no interrumpan; o cuando alguien esté predicando, no lo interrumpan; o si se está enseñando algo, no interrumpan, guarden silencio. Cuando estén en la reunión, no interrumpan con sus conversaciones. Y si las hermanas tienen dudas, que lleguen a sus casas y le pregunten a sus maridos”. Lo que está haciendo Pablo es ordenar la reunión, no estableciendo la doctrina de quién puede enseñar o predicar en la reunión de la iglesia local.

Entonces, mis hermanos, cuando se toman de este versículo para establecer que las hermanas no deberían participar de la enseñanza doctrinal en la iglesia, lo hacen sacando el pasaje de contexto. Por lo tanto, buena práctica es –si estamos leyendo la Biblia– que nos preocupemos del contexto literal e histórico en el que se encuentran los versículos. Mis hermanos, es muy importante identificar el contexto histórico, es decir, lo que se estaba viviendo en aquel entonces, pues hay cosas que se escribieron por causa de costumbres, culturas, fiestas paganas, que a veces por ignorancia se intentan alegorizar. Como cuando Pablo les escribe a los hermanos de Corinto que no se unan con una ramera (1Co. 15:16), ¿por qué causa Pablo les indica esto a los hermanos? ¿Se refería a la Gran Babilonia que habla Apocalipsis? Claro que no. Pablo dice esto debido al paganismo y las fiestas que se celebraban en Corinto. En aquella ciudad había un templo dedicado a Afrodita, donde se alojaban “prostitutas sagradas” que eran parte del culto en aquel pagano templo. Pablo les manda a los hermanos a guardarse de aquellas prácticas paganas que nada tienen que ver con el Señor y que los llevan a pecar gravemente contaminándose en sus propios cuerpos, pues al unirse a una prostituta se hacían uno con ella. Por eso Pablo escribe estas cosas, las que mediante el contexto histórico podemos entender.

Veamos ahora algo escrito en la epístola a los de Galacia, ¿por qué Pablo parte la epístola diciendo que él es apóstol por Jesucristo mismo y no por los hombres? ¿Acaso estaba defendiendo intereses personales? ¿Por qué escribió eso? Veamos nuevamente el contexto histórico. En cuanto a la historia de la resurrección del Señor Jesús, Mateo, en capítulo 28, versículos 11 al 15, escribió que cuando el Señor Jesús resucitó, los sacerdotes y ancianos de Israel le pagaron a los guardias romanos que custodiaban la tumba para que dijeran una mentira, ¿se acuerdan ustedes cual mentira? Ellos debían decir que los discípulos hurtaron el cuerpo. Ante esto Mateo, por el Espíritu Santo, añadió:

“Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.” (Mt. 28:15b, RV 1960).

Es debido a esto que Pablo parte diciendo que él fue comisionado apóstol por Jesucristo mismo. En lo que él estaba diciendo, estaba implícita la declaración que él era uno de los fariseos que había creído aquella mentira hasta que el mismo fue testigo de la resurrección de Cristo. Como verán, de ser un fariseo celoso y engañado, se volvió un influyente defensor de esta verdad, dado que él mismo se encontró con Jesucristo resucitado. Él sabía de la mentira de los ancianos y sacerdotes, él mismo la había creído, pero se había dado cuenta por esa experiencia camino a Damasco que eso era falso.

3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” (Hch. 9:3-5, RV 1960).

¡Qué fuerte experiencia! Allí Pablo se dio cuenta de la gran mentira, de la falacia de los religiosos de su nación, de los enemigos del Señor. Realmente Jesús, el Señor, estaba vivo y Pablo sabía que los judaizantes –que iban engañando a los hermanos a los que él evangelizó– negarían esta verdad fundamental. Es por eso que Pablo parte así la epístola a las iglesias que estaban en Galacia, pues está dando testimonio de la resurrección de Cristo, quién en Persona lo llamó al apostolado.  Mis hermanos, Galacia era una provincia romana, no era una localidad, era una provincia con muchas localidades. Imagínese a Pablo recorriendo esos lugares, levantando iglesias, dando testimonio del evangelio; pero una vez que él partía de algún lugar, siguiendo sus pasos aparecían los judaizantes, negando principalmente la resurrección de Jesús el Mesías. ¿Se dan cuenta entonces lo importante que es el contexto? Sea textual o histórico, nosotros debemos aprender a realizar el trabajo de averiguar lo que estaba ocurriendo al momento de escribirse estas cosas, de leer la historia bíblica y extra bíblica si es necesario.

Acerca de lo extra bíblico, tenemos historiadores antiguos, como Flavio Josefo que fue un judío-romano. Él registra varias cosas en sus libros relacionadas a los judíos. En librerías podrá encontrar los títulos Antigüedades de los judíos y Las guerras de los judíos. Es importante conocer la historia, pues hay acontecimientos históricos que giran alrededor del Texto Bíblico. Me acuerdo de otro libro histórico extra bíblico, desde donde podemos obtener información adicional para responder a ese argumento escéptico que pregunta ‹‹¿De dónde sacó esposa Caín?››. Con esa pregunta se intenta ridiculizar la fe cristiana y se acusa a la Biblia de contener errores, pero nada que ver, sino que la Biblia omitió en el relato histórico ese tipo de detalles que son obvios; sin embargo, en Su soberanía, Dios permitió que otros respondieran y en las referencias bibliográficas de las Escrituras se dejaron registrados algunos libros que sirven para esto. Como en Josué 10:13 y 2 Samuel 1:18, se cita “el libro de Jaser[20]. Bueno, en este libro se le añaden antecedentes al libro de Génesis (no lo pongo a la altura de los libros inspirados, infalibles e inerrantes, sino como un libro desde el cual se puede obtener información adicional que cada lector debe evaluar, por eso es extra bíblico). Bueno, en este libro respecto a Adán y Eva se nos dice que estos tuvieron dos hijos y tres hijas. No sólo dos hijos, sino también tres hijas. Entonces, ¿de dónde sacó esposa Caín? ¡Tomó por esposa a una de sus hermanas! Cabe señalar, que al principio no estaba prohibido lo que luego se llamó incesto, pues el mandamiento a los primeros hombres fue multiplicarse y fructificar, debían llenar la tierra y sojuzgadla (Gn. 1:28; 9:1, 7), ese fue el mandamiento. Entonces no era extraño ver casamientos entre hermanos, medios hermanos y/o primos (Gn. 20:11-13); sin embargo, ¡no se menciona en ninguna parte del Génesis a un padre casándose con una hija o una madre con un hijo! Con la sola excepción de las hijas de Lot, que tenían las costumbres de Sodoma y Gomorra en el alma, las cuales emborracharon a su padre y se acostaron con él (Gn. 19). Es probable que la razón por la que Dios prohibió el matrimonio entre familiares haya sido el desorden genético que provocó el pecado en el hombre, lo que trajo entre otras cosas, esterilidad.

También, y relacionado a los beneficios de conocer el contexto histórico y la ayuda que podemos obtener de algún libro extra bíblico que nos proporcione antecedentes adicionales, se encuentra un pasaje que es un poco oscuro en su significado. Me refiero a Génesis 6:3 donde dice:

“Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.” (RV 1960).

Muchos leen esto y piensan que aquí es donde se establece que los hombres no vivirían más 300, 400, 600, 800 o 900 años, sino que ahora vivirían 120 años y nada más. Sin embargo, el libro de Jaser añade antecedentes interesantes, diciendo:

“Y YAHWEH les otorgó a ellos un período de 120 años, diciendo: Si ellos regresan, entonces el Todopoderoso se arrepentirá de todo el mal, para así no destruir la tierra.”[21]

Lo que nos dice Jaser es que Dios les otorgó un periodo de 120 años a los hombres para arrepentirse. A mí, personalmente, me parece muy razonable ese relato paralelo debido al contexto histórico de Génesis 6 en el que se encuentra, puesto que el Señor había tomado la decisión de terminar con la existencia humana, por causa de su maldad y perversidad. Sin embargo, como Dios es benigno y paciente le otorga al hombre libre el tiempo necesario y generoso para arrepentirse (Ro. 2:4).

Entonces, es muy importante conocer registros históricos extra bíblicos, sabiendo, por supuesto, que no son infalibles e inerrantes como las Escrituras. No obstante, cuando hay pasajes que nos parecen oscuros en las Escrituras y si ya agotamos el registro bíblico considerando nuestra cuarta regla que nos enseña que la Biblia se interpreta a sí misma, deberíamos leer historia, buscar en la historia extra bíblica, pues quizá lo que no comprendemos es un asunto de costumbres de aquel tiempo.

Para eso tenemos libros como los de Flavio Josefo, libro de Jaser, o el libro de Enoc, que también se menciona en la Biblia al citar una profecía en Judas 1:14. Al igual que el libro de Jaser, Enoc proporciona varios antecedentes que podríamos llamar históricos, aunque tiene un problema serio, y es que tiene versiones muy manipuladas con apariencia de mitología y/o leyendas. Además de estos libros tenemos los registros históricos de Eusebio, conocido como el primer historiador de la Iglesia, el cual proporciona antecedentes sobre el origen de los llamados nicolaítas, entre otras cosas. Todos estos, como ya dijimos antes, no son infalibles e inerrantes, están sujetos a examen. También nos sirven bastante los comentarios bíblicos, como los cinco tomos del Antiguo Testamento de Carroll Gillis[22], el Génesis de Evis Carballosa[23], Usos y costumbres de las tierras bíblicas de Fred H. Wight[24], entre otros. Y del Nuevo Testamento podemos considerar el Comentario expositivo del Nuevo Testamento de Ernesto Trenchard[25], o el de Craig Blomberg titulado De Pentecostés a Patmos[26], entre otros.

Entonces, mis hermanos, hay cosas que se aclaran leyendo el contexto completo de lo que estamos leyendo, otras veces, debemos sumar el contexto histórico para comprender de mejor manera, aunque siempre deberíamos tener ambas relacionadas. Esto ha de tenerse por norma.

UNA SEXTA REGLA HERMENÉUTICA.

No solo es importante conocer el contexto histórico, sino también ubicarse en el lenguaje y la semántica en la que se escribió cada libro de la Biblia. Para entender esto vamos a leer Isaías 6 donde se muestran unos serafines diciendo:

“Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Is. 6:3, RV 1960).

Al leer este pasaje hay muchos hermanos que dicen que aquí se refiere a la Trinidad, ¿por qué lo dicen? Porque dice tres veces ‹‹santo››. Esto lo he escuchado muchas veces y lo dicen con fuerza para asentar la verdad; sin embargo, es un error afirmar esto tomando este pasaje como referencia, pues resulta que cuando comenzamos averiguar algunas cosas del lenguaje hebreo en el que fue escrito este pasaje, nos daremos cuenta que los hebreos no tenían superlativos como nosotros. Para nosotros, el superlativo de santo es santísimo, pero esto no era así para los hebreos, pues ellos, a modo de superlativo decían “santo, santo, santo”. Lo que para nosotros se puede decir con una sola palabra, para  ellos se dice repitiendo la misma; por lo tanto, “santo, santo, santo” no es una referencia a la Trinidad, sino un superlativo para decir que Dios es santísimo, el Santo de los santos. Esto nos muestra que es importante considerar el tema del lenguaje y la semántica, en este caso, la hebrea. Debemos saber que Dios para ser entendido recurrió al lenguaje humano, limitándose a la semántica de cada lengua en el tiempo que fue utilizada y también a las diferentes figuras de dicción o metáforas de estas lenguas; como cuando hace uso de imágenes vividas. En Juan 3, cuando vemos la entrevista que hace Nicodemo al Señor Jesús, el Maestro para explicarle algo recurre a la imagen del nacimiento. Nicodemo, un tanto confundido preguntó cómo es posible que un hombre siendo viejo pueda meterse en el vientre de la madre para volver a nacer. Eso no le cabe en la cabeza. ¿Cuál fue el error de Nicodemo? Es que estaba siendo muy literal para oír, mientras que el Señor le estaba hablando en lenguaje figurado para darle a entender cosas espirituales por medio de imágenes vívidas.

Podemos también ver lo que ocurre con la mujer samaritana de Juan 4. Ella venía con un cántaro con agua y el Señor le dijo que le diera de beber. Ella le respondió negativamente mencionando la no-relación entre judíos y samaritanos, a lo que el Señor dijo que ella no sabía quién era El, que a su vez podría darle a beber agua viva. Ella escuchó literalmente algo que el Señor le decía a modo de metáfora, entonces le respondió que eso sería imposible dado que Él no tenía con qué sacar agua. Ella estaba entendiendo todo literal, pero él estaba hablando en sentido figurado de cosas espirituales. O sea, mis hermanos, es importante identificar en el pasaje –relacionado al lenguaje y a la semántica del idioma– si el Señor está hablando literal o metafóricamente.

Ahora, también puede ocurrir que en un libro histórico canónico se utilice alguna figura de dicción, lo cual ocurre frecuentemente, y debemos identificarla para no tomarla literalmente y caer en algún error. Es importante reconocer cuando algo es literal y cuando algo en el relato histórico es figura, tipo, metáfora, parábola, regionalismo, o alguna otra cosa; pues, al no identificar este tipo de cosas se cae en errores, como cuando en Juan 6:54 el Señor dijo que:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (RV 1960).

Muchos de los que eran sus discípulos lo entendieron literal, argumentando que esto era duro de oír, era algo fuerte, por lo que tuvo que explicarles que Sus palabras tenían una connotación espiritual. No es que tenían que comerle un brazo y beber su sangre como vampiros de películas, Él les estaba hablando en sentido figurado, pues “las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” (Jn. 6:63, RV 1960). No entender esto nos puede llevar al error, como lo que ocurre con la errada doctrina católica de la transustanciación. Estos dicen que cuando el sacerdote oficia la misa y “consagra” el pan y el vino, estos se convierten literalmente en carne y sangre de Cristo. Uno de los argumentos se relaciona a las palabras dichas por el Señor Jesús “esto es mi cuerpo”, “esto es mi sangre” (Mt. 26:17-29; Mr. 14:12-25; Lc. 22:7-23; Jn. 13:21-30; 1Co. 11:23-26.). ¿Acaso el Señor está hablando de forma literal? Claro que no, está hablando de forma espiritual y simbólica, junto con instituir al mismo tiempo, una ceremonia cristiana importantísima que se basa en el recordar. Es por eso que dijo el Señor “haced esto en memoria de mí” (Lc. 22:19). Ahora bien, en ese recordar anunciamos Su muerte (1Co. 11:26) en la que se habilitó un nuevo pacto, redención y consagración de los que ahora somos hijos y sacerdotes para Dios (Jn. 1:12; Ap. 1:4-6). Como verán, debemos tener cuidado al interpretar, tener muy presente que hay cosas que obedecen al sentido figurado, figuras de dicción, hebraísmos, entre otras cosas.

Respecto a las figuras de dicción del lenguaje bíblico, tenemos algunas cosas que son interesantes y que, al saberlas, nos vamos dando cuenta de errores que hemos cometido al momento de interpretar un pasaje. Permítanme mostrarlo. Dentro de las Escrituras usted podrá encontrar una figura llamada antropomorfismo. Este tipo de figuras de dicción la podemos ver cuando Dios habla de Sí mismo como alguien que tiene físicamente ojos (Sal. 34:15), manos (Is. 45:11), entrañas (Jr. 31:20), nariz (Sal. 18:15); sin embargo, la Biblia nos dice que “Dios es Espíritu” (Jn. 4:24), y respecto a esto, el Señor Jesús nos dice que “un espíritu no tiene carne ni huesos” (Lc. 24:39), así que debemos hacernos una pregunta, ¿será la excepción Dios y tiene ojos físicos? Y si no los tiene, ¿por qué dice 2ª Crónicas 16:9 que el Señor con Sus ojos contempla la tierra? ¿Acaso Dios tiene extremidades y cuerpo como nosotros (no estoy hablando de la encarnación de Cristo, estoy hablando de Dios en la eternidad)? Mis hermanos, muchas de esas referencias respecto a Dios corresponden  a la figura de dicción llamada antropomorfismo.

Antropomorfismo significa literalmente ‹‹forma de hombre››, y cuando vemos este concepto en las Escrituras respecto a Dios, es debido a que se nos quiere dar a entender cosas del Señor de manera sencilla y que podamos aprender. En otras palabras, para que entendamos que Dios ve, oye y protege, se nos hablan de ojos, oídos y manos. No es que Dios siendo Espíritu tenga ojos, oídos y manos físicas, sino que se nos quiere dar a entender –considerando nuestra limitada capacidad mental respecto a Dios– que Él es más que un ídolo mudo y muerto, es el Dios viviente, el Dios vivo, el Dios real. Ahora bien, ¿qué pasa con esas manifestaciones de Dios a los hombres en el Antiguo Testamento donde lo vieron con una apariencia humana? Los Textos histórico-canónicos nos dicen que fueron apariciones reales, como la experiencia de Moisés en Éxodo 33:22-23, que vio Sus manos y espalda. ¿No sería quitarle veracidad a la historia bíblica al llevar todo a un antropomorfismo? Claro que sí. Es por eso que debemos decir que no todo es un antropomorfismo, sino que en aquellas experiencias extraordinarias de estos santos hombres de Dios, vemos lo que se conoce como teofanía.

Una teofanía es una aparición de Dios de forma visible. Efectivamente los hombres lo vieron tal como lo describieron; sin embargo, esas apariciones fueron formas que el Hijo adoptó temporalmente y por aquella ocasión, para que fueran testimonio y experiencias de Sus siervos. A través de esto los hombres fueron impactados, confirmados, animados y comprobaron la realidad del Dios invisible que los llamó. No es que Dios tuviese la necesidad de presentarse visiblemente, sino que los hombres lo necesitaban. Y no es que Dios –el Hijo– tuviera esa apariencia, sino que la tomaba para que lo pudieran ver en aquellas ocasiones. Entonces, el Hijo antes de la encarnación, siendo eternamente la Imagen del Dios Invisible (Col. 1:15), se presentaba con apariencia visible a estos hombres que escogió. Apariciones de Dios, es decir teofanías. De esta manera los hombres sabían que trataban con el Dios vivo, no un ídolo. Ahora bien, estas apariciones no estaban restringidas a una forma humana, sino que a veces Dios se presentaba y hablaba con otras formas, como desde un torbellino en Job 38, o desde una espesa nube en Éxodo 19; sin embargo, al presentarse con apariencia humana vemos en ese tipo de teofanías la misericordia y cercanía de Dios. Tomar esa apariencia era limitar –por causa de la fragilidad humana– Su gloria divina; pero al mismo tiempo, era mostrar Su deseo de estar próximo a los hombres, aunque estos fueran delante de Él, pecadores. Evidencia de esto es cuando Dios se apareció con truenos, humo y relámpagos en el Sinaí, lo que se registra en Éxodo 20. Allí no se presentó como si fuese un hombre, sino que se manifestó al pueblo usando la fuerza de la naturaleza y esto hizo temblar a los hombres, entrando en pánico. Entonces les habló y los hombres tuvieron miedo, y le dijeron a Moisés:

“Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.” (Ex. 20:19 RV 1960).

Mis hermanos, cuando Dios hablaba para el pueblo era ensordecedor y los hacía temblar; así que hicieron una solicitud a Moisés, la que Dios aceptó. Así que le habló al pueblo mediante Moisés y profetas, usó hombres, les habló como hombre y se limitó al lenguaje del hombre. Siendo Dios, se aparecía como hombre, pero además les habló en lenguaje de hombre, considerando todo lo relacionado al lenguaje humano. Así podemos entender mejor la razón por la que existen los antropomorfismos o las teofanías, pues Dios habló en términos humanos y se presentó como si fuese hombre, para darse a conocer, para que lo podamos entender, porque cuando aprendemos que Sus ojos lo ven todo, entendemos perfectamente que nos está diciendo que Él es omnipresente y omnisciente, y no necesariamente que tenga ojos físicos. Nos está diciendo –de manera que podamos entender– que Él lo ve todo, lo sabe todo, lo discierne todo, siendo esta la forma de que nosotros podamos conocerle.

Aparte de esto, también tenemos dentro de las figuras de dicción las llamadas antropopatías. Esta figura literaria tiene como objetivo mostrar sentimientos y empatía humanas de parte de Dios. Vemos estos en pasajes como  “Y amé a Jacob,  y a Esaú aborrecí” (Mal. 1:2-3, RV 1960), “le dolió en su corazón” (Gn. 6:6), entre otros. Cosas por el estilo no significan que Dios es un ser pasional que tiene alma, sino que mediante estas figuras Él ha querido darse a entender, para que comprendamos que no es alguien lejano ni indiferente, ni tampoco alguien con quién debamos jugar. En otras palabras se nos muestra que Dios es Persona, aunque Personas, en plural, para ser más específico, y que piensa, siente y decide; cosas que se nos dan a entender mediante las antropopatías. Sabiendo todo esto comprendemos perfectamente que cuando ha dicho el Señor que Su alma aborreció (Is. 1:14), o que Su alma tiene contentamiento (Is. 42:1), no significa que Dios tiene alma como el hombre[27]. O sea que no debemos pensar debido a esos pasajes que Dios es espíritu, alma y cuerpo como nosotros. De ninguna manera, sino que debemos tener presente que aquello es una antropopatía, donde Dios nos muestra Su personalidad y moral en palabras humanas que podamos entender. Entonces, Dios utiliza estas figuras del lenguaje para que lo entendamos, para que nosotros podamos comprender algo fundamental, Dios es Persona(s). Esto es lo más importante de los antropomorfismos y las antropopatías, nos enseñan que Dios es un Ser personal con el cual podemos relacionarnos y entenderlo. Y que estas Personas todopoderosas, que son Dios, nos dieron la capacidad a nosotros de también ser personas, de sentir, de ver. De alguna manera, Dios nos adaptó para poder entenderle. ¿Se da cuenta que es importante entonces entender bien el Texto? El pasaje, ¿está hablando literalmente o es una figura de dicción? Es importante identificar si es algo literal o una metáfora, una figura, parábola, u otra cosa. Todas estas cosas las vamos aprendiendo al considerar más detalladamente la hermenéutica, porque en el caso de tomar un pasaje literal, cuando es –por ejemplo– un antropomorfismo, aparecen errores que pueden llegar a convertirse en herejías. ¿Y por qué? Porque no comprendimos que era en un sentido figurado lo que se hablaba.

Respecto a las figuras de dicción, existen muchas, para lo cual les recomiendo el libro Diccionario de figuras de dicción usadas en la Biblia[28], de E.W. Bullinger y F. Lacueva. Cabe señalar que no son infalibles, por lo que debemos examinar, estudiar, analizar y aprender.

UNA SÉPTIMA REGLA HERMENÉUTICA.

Otra cosa que debemos tener presente al momento de interpretar un pasaje, es que una figura, tipo, sombra y/o interpretación alegórica, no debería quitarle la historicidad a las Escrituras.

Respecto de las figuras, tipos, sombras y/o interpretación alegórica (Ro. 5:14; Ga. 4:24; Col. 2:16-18; Heb. 8:5; 9:24; 10:1), debemos decir que corresponden a interpretaciones paralelas al histórico-literal. Se usa para tomar un pasaje e interpretarlo como una ilustración de alguna realidad o enseñanza espiritual. Este tipo de interpretaciones lo vemos en las mismas Escrituras. En las páginas del Nuevo Testamento leemos que los cristianos somos templo del Espíritu Santo (1Co. 3:16-17; 6:19; 2Co. 6:16; Ef. 2:20-22) y además casa de Dios (1Ti. 3:15; 1P. 4:17). Considerando esto –y a modo de ejemplo– miramos lo que en el Antiguo Testamento se escribió respecto al templo y tabernáculo de Dios para aprender algunas lecciones en esas cosas de la historia que se escribieron, pues sirven de:

“… figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Heb. 8:5, RV 1960).

Es decir que del detalle histórico registrado respecto al templo y tabernáculo de Dios, es que hermanos como Nee To-Sheng[29] y Gino Iafrancesco[30] nos han enseñado extensamente sobre el ser tripartito del hombre, mostrándonos que así como el templo y el tabernáculo donde Dios habitó entre los hebreos tenían tres partes, el atrio (Ex. 27:9; 40:33; 1Cr. 28:6), el lugar santo y el lugar santísimo (Ex. 26:33; 1R. 8:8; Heb. 9:1-22), así el ser humano tiene partes distintas una de otra, pero relacionadas entre sí: el cuerpo, el alma y el espíritu (Is. 26:9; 1Ts. 5:23; Heb. 4:12). En términos generales, era un templo o un tabernáculo, que contaba con tres partes distintas una de otra, con diferentes utensilios y actividades, aunque relacionadas entre sí. De la misma manera, cada hombre –en términos generales– es una sola persona, con tres partes distintas una de otra, con diferentes sentidos y funciones, pero todas relacionadas entre sí. Al hacer esto, hemos tomado pasajes que nos relatan construcciones arquitectónicas históricas que sirven como tipo o sombra para comprender el verdadero templo de Dios y revelado en el Nuevo Testamento, refiriéndose a los seres humanos regenerados que conforman la Iglesia.

Estamos al tanto del llamado ‹‹dualismo bíblico››, que es lo que enseñan hermanos serios y respetados acerca de que el hombre no tiene tres partes, sino solo dos: cuerpo y alma. Una de las cosas que he oído es que alma y espíritu son palabras sinónimas, por lo que diferenciarlas es un error (lo cual no comparto). Se usan muchos argumentos que van desde apelar a los idiomas originales y clásicos (en el caso del griego), semántica, filósofos, entre otras cosas. Esto también se hace desde el ala de los que pensamos en el hombre como un ser tripartito; sin embargo, mis hermanos, en la explicación de la experiencia espiritual de un creyente que quiere ser un cristiano maduro y no carnal, o aprender a ser un cristiano espiritual y no emocional, la mejor ayuda que encontraremos será de material antropológico cristiano orientado al ser tripartito, como el de los hermanos que antes mencioné[31].

Entonces, de la tipología del templo y tabernáculo podemos entender que Dios mora en nuestro espíritu humano, lo que prometió en Ezequiel 36:26-28, tal cual moraba en el lugar más íntimo de Su casa, es decir, el lugar santísimo (Lv. 16:2), donde moraba a pesar de lo que pudiera ocurrir en el atrio y/o en el lugar santo. De esta forma, al observar el tipo aprendemos que a pesar de nuestros pensamientos, de nuestras emociones, de las concupiscencias que batallan contra nuestra alma (1P. 2:11) –que se corresponde con el lugar santo– y de lo que ocurra en nuestro cuerpo –que se corresponde con el atrio– a pesar de que el pecado more en nuestros miembros (Ro. 7:7-25), y de toda clase de cosa vergonzosa que pasa en nuestra mente y emociones; a pesar de todo esto, el Señor habita invariablemente en el lugar más interior de nuestro ser, el espíritu –que se corresponde con el lugar santísimo–. Desde allí se declara a nosotros (Ex. 25:21-22), para que entendamos con nuestra mente lo que desde el espíritu se nos muestra por Su Palabra (1Co. 14:12-19). Así nos damos cuenta que hay cosas que son de diversos géneros literarios (como el histórico), de las que en la omnisciencia y soberanía de Dios ocurrieron y se escribieron de tal forma que nos sirven de figuras, sombras, tipos y/o interpretaciones alegóricas. No obstante, mis hermanos, jamás debemos olvidar que dichos pasajes tienen un significado literal en su contexto histórico y textual.

Vamos a mirar la práctica de la alegorización en lo que Pablo –conducido por el Espíritu Santo– nos enseña acerca de Agar y Sara en Gálatas 4:21-31. Allí se nos dice que de estas dos mujeres se desprende una alegoría. Como pueden ver, Pablo tomó un pasaje cuyo género literario es histórico y lo alegorizó para mostrarnos una enseñanza espiritual respecto a los dos pactos diferentes, el que es en la ley y el que es en Cristo. Sin embargo, al hacer esto no está negando que es historia (puesto que fueron mujeres que existieron), sino dándonos una enseñanza fundamental respecto a la importancia del Nuevo Pacto en comparación con el Antiguo, junto con mostrarnos que los hijos del Nuevo Pacto son perseguidos por los hijos del Antiguo. Dichas enseñanzas se extraen al interpretar de manera alegórica un pasaje histórico que, en su contexto literal, entendemos que Abraham tuvo un hijo con Agar que era esclava[32] y otro con Sara[33], su legítima esposa y que había sido estéril (Gn.11:30). Dios decidió que de la línea de Isaac sería la descendencia desde donde vendría el Mesías, no de la esclava. Eso es, a grandes rasgos, la interpretación literal del pasaje, la exégesis básica de la misma.

Mis hermanos, la interpretación literal ha de ser única, aunque siempre se irán viendo más detalles a medida que vamos leyendo más detenidamente la historia; es decir que la interpretación correspondiente a la realidad de los hechos es una sola. Sin embargo, cuando hablamos de una interpretación alegórica debemos saber que pueden haber muchas, las que buscan darnos enseñanzas o claridad respecto a muchas cosas, tales como los alcances de la salvación, la realidad espiritual, la vida cristiana, y más. Para que se entienda mejor, veámoslo con un ejemplo.

Pablo nos dice que Agar y Sara son una alegoría de los dos pactos, donde el Pacto Antiguo que da hijos para esclavitud persigue a los que son hijos de la libre. ¡Gran revelación y enseñanza! Ahora bien, también podría decir en estos momentos y de manera legítima, que Agar y Sara nos sirven de alegoría para decir que si eres esclavo del pecado y no has nacido de nuevo, eres un “hijo de la esclava”; pero si naciste de nuevo, entonces eres un “hijo de la libre”. Dicha interpretación es una verdad y la estoy afirmando tomando un pasaje histórico para destacar una realidad espiritual; no obstante, esto no quiere decir que la alegoría paulina no corresponde, ni la estoy negando, sólo estoy utilizando un pasaje histórico para reafirmar una enseñanza cristiana, lo que –en nuestro caso y después de advertir a la audiencia– es legítimo. Ahora bien, si yo les dijera que aquel no es un pasaje histórico sino una simple alegoría escrita, entonces estoy cometiendo un grave error. O si dijera que mi alegoría es el verdadero significado espiritual de aquel pasaje, estoy cayendo en otro error. Debemos advertir a los oyentes y/o lectores cuando vamos a realizar una alegoría con algún pasaje que, en su contexto literal, signifique algo en particular. Debemos advertir que haremos una alegoría para explicar algo y nunca negar el significado literal de un pasaje por hacer uso de los tipos, sombras, figuras y/o interpretaciones alegóricas, pues haciendo esto, se cae en el error de quitarle a las Escrituras su veracidad y confiabilidad.

En los primeros siglos de la historia de la Iglesia ocurrió que muchos filósofos comenzaron a atacar las Escrituras y la doctrina cristiana. Una de las formas más comunes era confrontar a los cristianos contrastando el amor de Dios con pasajes donde la ira de Dios se encendía hiriendo personas (p. ej. Nm. 11:33; 32:13) o cortándoles la vida (p. ej.  Nm. 25:2-4; 1Cr. 13:10). Cuando los hermanos oían esto y como no tenían respuestas, comenzaron a decir que aquellos pasajes históricos eran alegorías y nunca ocurrieron. ¿Ven la gravedad? Debemos tener muy claro que una cosa es que escribamos una alegoría y otra cosa es que utilicemos la historia como alegorización[34]. Al decir esto le estaban quitando la confiabilidad histórica a las Escrituras. Los cristianos eran confrontados por hombres que les decían (como hoy también lo hacen), ‹‹¿Cómo es posible que tu Dios sea amor si mandó a matar a niños, mujeres, ancianos, hombres y a todo lo que estuviera en Amalec en 1ª Samuel 15:3? ¿Dónde estaba el amor de Dios allí? ¿Dónde estaba la bondad de Dios en eso? Lo mismo hizo en el diluvio de Noé registrado en Génesis 7, donde se ahogaron la mayoría de los humanos, excluyendo a Noé. Murieron niños, mujeres, ancianos, de todo. ¿Dónde está el amor de Dios allí?›› Al oír todas estas cosas los hermanos se asustaron y buscaron respuestas, la peor estrategia fue quitarle la confiabilidad histórica a las Escrituras y decir que todas esas cosas que se decían eran alegorías y no sucedieron realmente. ¡Mal! ¡Sí sucedieron! ¡No podemos negar la historia! Nunca debemos olvidarnos de la veracidad de la Biblia, de su confiabilidad en relación a la autoridad histórica.

Ahora, para responder estas preguntas que se realizaron necesitamos conocer y entender a Dios. Para eso nos realizamos preguntas cruciales, cómo es Su personalidad, cómo piensa, qué le gusta, qué aborrece, Sus atributos y todo lo que nos enseña de Él en Su Palabra escrita. Todas esas cosas podemos llegar a saberlas si deseamos conocerle y buscamos de todo corazón entenderle. Sin embargo, debemos saber que Dios se revela a Sí mismo y a quién quiere (Mt. 11:27; Lc. 10:22), lo que ha hecho mediante las Escrituras que ha dispuesto para todos los hombres (Ro. 1:1-3; Heb. 1:1). Quien le pida con insistencia conocerle y entenderle, recibirá; quien lo busque con angustia y humildad, lo hallará; quien lo llame con todo el corazón y necesidad,  Él le abrirá (Mt. 7:8; Lc. 18:1-8). Así que conocerle y entenderle es lo que se necesita para responder esas preguntas, y las Escrituras nos muestran en muchos pasajes cómo es Él, junto con mostrarnos Sus reacciones y conductas. Si leemos con cuidado esperando comprenderlo, por la operación de Su Santo Espíritu en nosotros y cuando Él quiera, seremos iluminados progresivamente respecto a Su carácter, personalidad y moral. Y eso, responderá paulatinamente cada una de esas preguntas.

No quisiera dejar una duda escéptica es su mente, por lo que rápidamente quisiera mostrar algunas cosas que nos van respondiendo a estas preguntas. Entonces, ¿Dios es malo porque murieron niños y ancianos en juicios como el diluvio y Amalec? Por supuesto que no. Primero, el diluvio no vino sin previo aviso, los hombres se habían rebelado contra Dios y Sus mandamientos. El ser humano se volvió malo, no sólo en sus actos, sino también en su forma de pensar e intenciones. El testimonio de Dios es que:

“todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5b, RV 1960).

Así fue que Dios decidió terminar con esto y anunció un día de juicio mediante aguas de diluvio; no obstante, en Su bondad –y sin pasar a llevar Su justicia– le dio a los hombres el tiempo necesario para que se arrepintieran, posiblemente los 120 años que nos señala el libro de Jaser[35] donde se les anunció a viva voz que vendrían juicios desde el cielo por cuanto se había multiplicado la maldad en la tierra. ¿Cómo sabemos que se les anunció esto durante ese tiempo? Resulta que Pedro nos dice que Noé fue “pregonero de justicia” (2P. 2:5). En el griego, donde se tradujo ‹‹pregonero›› dice κήρυκα (gr. kéruka), que proviene del griego κήρυξ (gr. kérux), lo cual significa que Noé salió por las calles anunciando en alta voz que venía juicio de Dios, por eso el interlineal Tischendorf traduce la palabra como ‹‹proclamador››. Como verán, era una advertencia de juicios por venir, para que se arrepintieran. ¿Qué vemos en esto? La bondad de Dios y también vemos el amor de Dios.

Mis hermanos, Dios no manifiesta Su amor y bondad haciéndose el ciego ante las iniquidades e injusticias de los hombres; es más, cuando estas acciones y conductas llegan al colmo, Dios revela Su justa ira (Ro. 1:18). Así que Dios no manifiesta Su amor y bondad permitiendo que “le bailen en la cabeza”, sino que la forma en que Dios manifiesta Su amor y bondad es haciendo un llamado al arrepentimiento previo a los juicios, junto con abrir un camino a la redención y justificación respecto a estos. Sin embargo, las personas piensan que se van a poder presentar delante de Dios el día del juicio y decir “tú eres bueno, tú eres amor, no me mandes al infierno, déjame pasar al cielo”. Pero no, Dios no muestra Su bondad y amor de esta manera, sino que:

“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8, RV 1960).

Por lo tanto, si quieres que Dios te demuestre Su amor debes mirar hacia el pasado, hacia ese cuadro histórico de un hombre que murió en la cruz del Calvario debido a los pecados nuestros; y si te arrepentiste de todo corazón, poniendo tu confianza en Él como Salvador, entonces estas a salvo y has aceptado Su amor. Pero nunca debes pensar que por amor, Dios pasará a llevar Su justicia. Es más, según 1ª Corintios 13:6 el amor de Dios:

“no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” (RV 1960).

Es decir que Dios no sólo tiene relación con el amor, sino que también con la justicia y la verdad. Esto nos permite entender que Dios no ama como nosotros pensamos que es el amor, por lo que necesitamos conocer Su forma de amar.

Dicho lo anterior, vemos que Dios no se va hacer el ciego ante la maldad de los hombres, porque Dios no solo es bueno, Dios también es justo y santo. Entonces, ¿dónde está la bondad y justicia de Dios en los juicios a los hombres? Se encuentran en el tiempo para arrepentimiento, en los pregoneros de justicia que dio y en el canal para justificación y salvación que otorgó, pero nunca en hacerse el ciego.

Otra cosa que debemos resaltar, aunque está implícito en lo que venimos diciendo, es que el diluvio, el raer a Amalec o conquistar las tierras habitadas que estaban a su paso al salir de Egipto y entrar a Canaán, no era algo que obedeciera a un antojo tirano de Dios. De ninguna manera. Todas estas cosas ocurrieron debido a la maldad de los hombres y la justicia de Dios. En Génesis 15:16, cuando Dios le habla del futuro de su descendencia al entonces llamado Abram,  le dijo que la esclavitud de sus descendientes, es decir, Israel, duraría hasta que la maldad, rebeldía e impiedad del amorreo lo colmara. Esto es una referencia a todos los pueblos que estaban en el paso de Israel camino a Canaán. Mientras tanto, debido a Su bondad y paciencia esperaría 400 años para que se arrepintieran, lo que nunca hicieron. ¡400 años los esperó! ¡Qué más grande demostración de bondad y paciencia quieren!

Entonces, ¿dónde vemos la bondad de Dios hoy día al ver la maldad de los hombres y la perversión de la sociedad en la que vivimos? A mí me ha llamado la atención algo. Muchos cristianos critican al conocido pastor Soto, ¿saben lo que veo independiente de la forma en que lo hace? Veo la bondad de Dios diciéndole al hombre que van a venir juicios. Sea como sea que lo diga el pastor Soto, está haciendo algo que todo cristiano debe advertir a los incrédulos, y es que vendrán juicios:

“por cuanto [Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hch. 17:31, RV 1960, corchetes añadidos).

Es por esto que pienso que el día de mañana, por causa de personas como el pastor Soto, el mundo y la sociedad no podrá decir que no se les advirtió, porque eso es lo que hace un pregonero de justicia, dice lo que no gusta. Así que me abstengo de emitir un juicio sobre él, y si lo he hecho, me retracto y arrepiento delante del Señor y de ustedes, pues todos daremos cuenta al Señor por lo que se nos encomendó como hijos y sacerdotes de Dios. Quizá no comparto la forma, pero da lo mismo lo que yo piense de la forma, dado que él está pregonando justicia y tiene, al igual que nosotros, un Señor al que dar cuentas. Eso es lo que está haciendo, está advirtiendo que vienen juicios, lo que también hizo Noé en su tiempo[36]. Sin embargo, los hombres no se arrepintieron y sólo se salvaron ocho personas (1P. 3:20). Lo mismo ocurrió con Amalec y con los pueblos a los que se esperó 400 años; y con Sodoma y Gomorra que ni siquiera tenía diez justos entre ellos que preservaran aquellos lugares (Gn. 18:16-33). Esto también ocurrió con el mismo pueblo de Israel que, pecando, no se arrepintió y fue entregado a persecución, a cautiverios, a espadas, y cuánto más. Como cuando fueron llevados cautivos 70 años a Babilonia ya que no obedecieron al Señor (Jr. 25:1-14). Al final, ninguno de los que se encuentren en el infierno podrá decir que Dios no lo amó, o no mostró Su bondad, pues siempre hubo alguien que estuvo llamando al arrepentimiento durante el tiempo en el que Dios los esperó. Así vemos que Dios sí fue bueno y misericordioso, pero también justo. Todo en su lugar de acuerdo a la personalidad de Dios y no al parecer caído de los hombres.

Ahora, si alguien piensa que no había forma de creerle a Noé acerca de los juicios, decimos que ya existían testimonios como precedente, los que eran conocidos. Como que Dios castigó a Adán y Eva expulsándolos del huerto de Edén (Gn. 3:24); o el exilio y maldición de Caín por el asesinato de su hermano Abel (Gn. 4:10-16). Por lo visto, Noé tenía base para decir que Elohim es justo y que de la misma manera que castigó la maldad de los nombrados, así lo haría con aquella generación mucho más perversa. Si no creían que iba a haber un diluvio, al menos deberían haber creído que algún juicio existía en contra de ellos por su gran maldad[37].

UNA OCTAVA REGLA HERMENÉUTICA.

Luego de esto, tenemos que considerar otra regla hermenéutica relacionada a las profecías. A veces hay hermanos que toman los detalles periféricos de la profecía asumiendo una postura autoritativa de verdad absoluta. Sin embargo, debemos entender que el género de la profecía es muy complicado y variable, por lo que regla es saber que nadie puede decir que tiene la última palabra o la verdadera interpretación de los detalles periféricos acerca de las profecías, lo mejor es identificar con seguridad el tema central.

¿Sabe cuándo se puede saber si alguien tuvo razón al interpretar los detalles de una profecía? Solo cuando ocurren, es decir, cuando se cumplen; por lo tanto, entre los hermanos honestos que aman al Señor y Su venida, ninguno debería decir que tiene la última palabra en cuanto a la interpretación exacta de los detalles periféricos al cumplimiento de las profecías. Por ende, en vez de entrar a debatir por los detalles de las señales antes del fin, deberíamos animarnos con aquellas cosas fundamentales que con toda seguridad y en comunión estamos seguros que ocurrirán. Esto nos lleva a considerar dos cosas a identificar en las profecías:

  1. Los detalles periféricos.
  2. El tema central.

Los detalles periféricos de una profecía corresponden a las señales que acompañan el desenlace del cumplimiento de un tema central. El problema que aparece frecuentemente aquí, es que se ignora que en las profecías no todo es literal, sino que en los detalles te puedes encontrar cosas simbólicas, como cuando se dice que el diablo será encadenado por mil años (Ap. 22:11), ¿literalmente se le pondrá una cadena o es simbólico? ¿Cuándo es un símbolo y cuándo es literal? Considerando este tipo de problemática[38], hacemos bien en ubicarnos y asumir que estamos leyendo profecía y que siempre podemos equivocarnos al interpretar los detalles periféricos, por lo que deberíamos procurar rescatar los temas centrales para animarnos a esperar o soportar según se requiera.

En cuanto al tema central en una profecía, corresponde al asunto final y fundamental a saber.  Dependiendo del tema, a través de este se nos exhorta, enseña, anima, reprende, entre otras cosas. Para que se entienda. Una de las profecías más gloriosas por cumplirse es la segunda venida del Señor (Mt. 24:30; 1Ts. 4:13-18; Ap. 1:7).  En muchos pasajes se nos habla al respecto, pero vamos a realizar un ejercicio con Mateo 24:29-30 que nos dice:

29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (RV 1960).

¿Cuál es el tema central de esta profecía que acabamos de leer? Obviamente la venida del Señor. ¿Cuáles son los detalles periféricos? El asunto de la tribulación, el sol que se oscurecerá, la luna que no brillará, las estrellas que caerán del cielo y las potencias conmovidas. Ahora nos preguntamos, ¿se irá a apagar el sol literalmente? ¿Será un eclipse? ¿Será literal o un símbolo? Algunos podrían decir que es un símbolo, otros que es un eclipse total, otros que el sol se apagará por alguna razón, ¿quién tiene la razón? Ninguno debería decir que la tiene, sino decir que todo está en el área de la especulación, pues esto se sabrá solamente cuando ocurra. Otra cosa que podríamos preguntar, es si todo eso ocurrirá paralelamente, es decir, ¿la luna no brillará al mismo tiempo que el sol se oscurezca y las estrellas caigan del cielo? ¿O serán acontecimientos paulatinos? Nuevamente, nadie debería decir que tiene la última palabra respecto a esto, pues todo lo que respondamos está en el área de la especulación y esto será así hasta que realmente ocurran las cosas y podamos identificar el cumplimiento de los detalles periféricos que señalan al tema central. Ahora bien, sea que el sol se apague literalmente o que sea un eclipse, y que las cosas sucedan al mismo tiempo o de forma progresiva, sea lo sea, de lo que sí estamos seguros es que “verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”, lo cual sabemos que es literal. ¿Cómo lo sabemos? Porque el libro de los Hechos 1:9 nos dice que el Señor ascendió al cielo y fue recibido por una nube que lo ocultó de la vista de los testigos oculares. Lo registró un libro que es histórico, no profético. Lucas registró lo que vieron los apóstoles. Luego de que esto ocurrió, dos varones le dijeron a los apóstoles que tal cual como se fue hacia los cielos el Señor volvería (Hch. 1:11). Es por esto que Juan nos dice:

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…” (Ap. 1:7a, RV 1960).

Juan vivió esperando ver aquella nube que ocultó al Señor de su vista, hasta que la vio en visiones. ¡Qué consuelo para Juan! Esto también lo dijo el mismo Señor Jesús. En el pasaje de Mateo 24:30 nos dice que el Señor vendrá “sobre las nubes del cielo”, lo cual Lucas 21:27 confirma diciendo:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.” (RV 1960).

Si lo notan, los detalles son cuestionables, especulativos, pero el tema central de la profecía es seguro. El Señor volverá en una nube (o en las nubes), en gloria y majestad, y todos le verán. Es por esto que es importante identificar qué es un detalle periférico y qué es el tema central.

Mis hermanos, los temas centrales de cada profecía no son difíciles de identificar (aunque podría haber alguna excepción), pero los detalles periféricos pueden resultar muy complejos y hasta enredados si es que nos ocupamos demasiado de ellos. Es más, es en ese aventurarse a interpretar cosas periféricas –y sin considerar todos los versículos donde se habla acerca de un tema, junto con desconocer cosas fundamentales que se han declarado respecto al fin de los tiempos en el contexto general de todas las Escrituras– que personas y movimientos han cometido serios errores al realizar declaraciones respecto al fin de los tiempos. Es el caso de Ellen G. White, conocida como “la profetiza de los adventistas”, que llegó a decir que la segunda venida del Señor ocurriría mientras ella estuviera aún con vida, lo que no ocurrió. Lo mismo hizo Harold Camping, quien cometió un error más serio, llevando a sus seguidores a creer que el día del juicio sería el 21 de octubre del 2011, como si él estuviera más arriba del Señor Jesús que dijo:

“pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Mr. 13:32, RV 1960).

Los errores de ambas personas fue entrar en cosas de detalles periféricos, junto con ignorar que hay cosas en el contexto bíblico –como el versículo citado de Marcos 13– que nos establecen límites para especular. Mis hermanos, por eso, en esta regla aconsejamos identificar lo que en una profecía es el tema central y lo que es detalle periférico; esto, con el fin de animarnos en aquellas cosas que sabemos con seguridad, como que el Señor vendrá y, por lo tanto, nos exhortamos a caminar con justicia y santidad mientras aparece (Ap. 22:11).

Las profecías son un género literario bíblico muy cautivador, sin embargo, lidiamos con un “morbo” inherente a nuestra naturaleza caída que intentará seducirnos para adivinar sobre el futuro (Lv. 20:27); es por esto que debemos mantener cierto cuidado al tratar con este género, no porque debamos tener cuidado de la Biblia, sino de nosotros mismos.  Es por esto que a los temas centrales y que son claramente visibles, decimos todos en absoluta comunión ‹‹amén››. Como que ‹‹el Señor viene››,  ‹‹resucitarán los muertos››, ‹‹compareceremos ante el tribunal de Cristo››, y hay mucho más. Son cosas fundamentales a las que decimos amén, pero no vamos a discutir por cosas que a la verdad no tenemos 100% claro, porque sabemos que podemos estar equivocados al interpretar.

Si lo hemos entendido, no deberíamos pararnos con una especie de verdad absoluta a decir que el papa es el anticristo, o que es el presidente de “tal país”, o que será tal persona; sabemos que aparecerá un hombre de pecado, hijo de perdición (2Ts. 2:3), pero no podemos adjudicarnos una interpretación infalible respecto a los detalles. De todas maneras, sea quien sea, nosotros deberíamos estar preparados y constantemente ocupados en el equiparnos unos a otros en la fe, pues lo importante que se nos enseña con la aparición de éste impío, es que antes o durante su estadía el auge de la apostasía será evidente, lo que, personalmente, veo en nuestros tiempos creciendo[39], entre otras cosas. Con todo esto que vengo diciendo no pretendo bajarle el perfil al valor bíblico que tienen las profecías, pues estas nunca han de menospreciarse (1Ts. 5:20), sino que la intención es que aprendamos a identificar el tema central de estas y no detenernos a discutir en detalles periféricos en los cuales podemos errar restando delante de los oyentes credibilidad al mensaje del evangelio. Ejemplo de esto son los informes publicados sobre el resultado de las predicciones fallidas de Harold Camping, pues luego de que nada de lo que interpretó ocurriera más del 80% de los participantes activos de la congregación que presidía se marchó. Si esto ocurre con aquellos que supuestamente son cristianos, imagínese lo que ocurre con los incrédulos que resisten el evangelio y, además,  se enteran de esas cosas de humana necedad. ¡Culpan a Dios! Debemos tener cuidado con este tipo de errores humanos.

UNA NOVENA REGLA HERMENÉUTICA.

Una novena regla hermenéutica a considerar, es que al interpretar debemos tener presente la perspectiva del escritor humano. Vamos a mostrar inmediatamente algo para entender esto. Leamos en el libro de los Hechos, capítulo 2, versículo 5. Es Lucas el que, guiado por el Espíritu Santo, escribe:

“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.” (RV 1960).

Note que se nos dice que en el día de pentecostés estaban reunidos judíos  “de todas las naciones bajo el cielo”. ¿Esto quiere decir que también había gente de Chile, Argentina, Brasil, de Sudamérica? No, en lo absoluto. ¿Entonces podríamos decir que hay un error en esa declaración? De ninguna manera, sino que aquí entramos a considerar el tema de la perspectiva. Lucas no está mirando desde el mundo actual, sino desde el mundo antiguo que él conocía. No es un error, no es mentira, Lucas se refiere a todo el mundo conocido en aquellos días. Considerando esto, es que a veces la palabra “todo” –dependiendo del contexto– puede estar siendo utilizada de manera relativa, es decir, que depende de la perspectiva del escritor humano.

Hay un pasaje que lo ateos ocupan para intentar ridiculizar lo que las Escrituras dicen. Se encuentra en Josué 10:12-14, y dice así:

12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas:

Sol, detente en Gabaón;

Y tú, luna, en el valle de Ajalón.

13 Y el sol se detuvo y la luna se paró,

Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.

¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero.14 Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.” (RV 1960).

Muchos ateos se toman de este pasaje para decir que hay una contradicción con la ciencia, puesto que es la tierra la que se mueve y no el sol. Sin embargo, hay dos cosas erradas en ese argumento. La primera, es que no es un libro científico, sino histórico; lo segundo, es que en la perspectiva del escritor humano fue el sol que se detuvo, la luna fue la que paró. Desde el espacio exterior, es la tierra la que gira sobre su propio eje; desde la tierra, es el sol el que se paró. Perspectiva. Por tanto, no se está intentando explicar el movimiento de rotación de la tierra, sino que se está relatando lo que ocurrió ante sus ojos, como testigo; así que, para el escritor, el sol se detuvo, no la tierra, lo que es cosa de perspectiva del escritor humano a quien Dios uso con los pies puestos en la tierra, en la historia y no desde el cielo. A esto se le conoce como lenguaje fenomenológico. Permítanme que cite dos libros de John Lennox, él es científico y cristiano:

“… los creyentes reconocen que cuando, por ejemplo, la Biblia dice que el sol sale, está hablando fenomenológicamente (es decir, describiendo lo que a un observador le parece que ocurre), y no haciendo referencia a una determinada teoría solar o planetaria. Los científicos actuales hacen exactamente lo mismo: en su conversación normal dicen que sale el sol, porque eso es exactamente lo que parece suceder.”[40]

Y respecto a lo mismo nos dice en otro lugar:

“En lugar de un lenguaje científico, la Biblia emplea a menudo lo que se denomina lenguaje fenomenológico, el lenguaje de las apariencias. Describe lo que cualquiera puede ver. Habla del sol como lo hacen todos los demás, incluidos los científicos, aunque ellos saben que el sol solo parece ascender por la rotación de la Tierra. Decir que el sol “asciende” no compromete a la Biblia ni, por lo demás, a ningún científico, con ningún modelo particular del sistema solar.”[41]

Entonces, es necesario considerar la perspectiva del escritor al que usó el Espíritu Santo para la redacción de lo que leemos.

UNA DÉCIMA REGLA HERMENÉUTICO.

Otra cosa importante que debemos considerar como regla hermenéutica, es que al momento de estudiar detenidamente las Escrituras será muy bueno contar con diferentes traducciones de las mismas. ¿Por qué? Porque las traducciones honestas se complementan unas a otras.

Hoy en día no tenemos los textos originales (llamados ‹‹autógrafos››) y la mayoría de los que leemos las Escrituras no somos expertos en las lenguas originales que fueron escritas, por lo tanto, nos convendría prepararnos con varias versiones en nuestro idioma, sabiendo que éstas son complementarias entre sí.

Tener varias versiones nos permite ir comparando lo que leemos. ‹‹¿Cómo dice esta traducción aquí en comparación con esta otra de acá?››. Esto permite que vayamos entendiendo de mejor manera diferentes textos y relatos. Hagamos el ejercicio como prueba. Leamos 1ª Samuel 24:3 en dos versiones: Reina Valera 1960 y Nueva Versión Internacional:

“Y como llegó a una majada de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella a cubrir sus pies: y David y los suyos estaban a los lados de la cueva.” (RV 1960).

¿Qué quiso decir el escritor con “cubrir sus pies”? Este pasaje la Reina Valera lo traduce tal como dice en los manuscritos hebreos, por lo que está bien traducido. Es probable que muchos lectores al encontrarse con este pasaje comiencen a intentar buscar algún significado espiritual y misterioso de aquellas palabras; sin embargo, al comparar con otras versiones nos damos cuenta que el significado es muy humano y corresponde a un hebraísmo respecto a una de las cosas más básicas del hombre. Vamos a leer la NVI:

“Por el camino, llegó a un redil de ovejas; y como había una cueva en el lugar, entró allí para hacer sus necesidades. David estaba escondido en el fondo de la cueva, con sus hombres”

¿Se dan cuenta? La Biblia Textual, 3ª Edición, en sus notas nos dice:

“Se refiere a hacer las necesidades fisiológicas.”

Este tipo de lenguaje figurado no quise mencionarlo en la sexta regla hermenéutica del presente capítulo con el fin de poder usarlo como muestra ahora cuando hablamos de tener varias versiones en las que leer la Biblia.

Bueno, un hebraísmo corresponde a un modismo del lenguaje hebreo bíblico. Los modismos se utilizan en todos los idiomas y no hay una regla general para definirlos, pues cada país tiene sus propios modismos, es más, a veces en un mismo país existen diferentes modismos para referirse a distintas cosas. He oído a algunos hablar de regionalismos, refiriéndose a modismos por regiones, lo que es verdadero.

Los modismos son palabras o frases que se utilizan de una manera poco convencional en algún determinado idioma y país, con el fin de referirse a algo en pocas palabras, con algún tipo de palabra clave. En Chile somos campeones en esto, tenemos modismos que algunos no entienden a menos que alguien se los explique; aunque también hay algunos lógicos, de fácil deducción. Como el chilenismo para decir que estamos mal, que nos sentimos mal, que nos fue mal, o que estamos muy  enfermos. Decimos “estoy para el gato”. Si una persona dice que está para el gato, entonces sabemos que algo malo pasa o pasó con ella. Puede que esté muy cansada, adolorida, enferma, o lastimada. Cuando un extranjero escucha esto queda absolutamente perdido, sólo si se le enseña entenderá, de lo contrario entenderá cualquier cosa. Ahora bien, modismos también existen en el hebreo, lo que se conoce como hebraísmos. Y corresponden a dichos, palabras o frases típicas del tiempo en el que se escribieron. Es por esto que, es recomendable, a modo de regla de interpretación, tener varias versiones de las Escrituras, teniendo en cuenta que algunas son bien literales en las traducciones, y otras, en pasajes como el citado, nos explican el hebraísmo a modo de paráfrasis.

TRADUCCIONES Y OTRAS HERRAMIENTAS RECOMENDADAS.

Si me lo permiten, quisiera humildemente recomendar algunas traducciones en el español que deberíamos considerar en nuestra biblioteca personal. Será una lista básica y sencilla.

Para partir, deberíamos todos mantener una copia de la versión Reina Valera 1960, dado que es una versión muy popular entre el pueblo cristiano evangélico[42]. También deberíamos tener una copia de la Biblia Textual, tercera edición[43]. Ésta es una excelente traducción. Creo que hoy en día (2018) ya no es posible encontrarla impresa, sin embargo, se puede conseguir en formato digital, como PDF. Además, recomiendo considerar una copia de la Biblia de Jerusalén, edición 1998 especialmente[44], excelente traducción, con la salvedad que incluye libros apócrifos. Otra versión recomendable es la Biblia de las Américas. Y de las traducciones que trabajan con la paráfrasis o traducciones dinámicas –como les llaman– recomiendo dos: Dios Habla Hoy[45] y la Nueva Traducción Viviente. Finalmente les recomiendo el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, del hermano Francisco Lacueva. Junto con los cuatro tomos del Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español[46].

Cabe señalar en estos momentos el no usar el griego y el hebreo descuidadamente. No podemos utilizar una palabra griega o hebrea en su etimología de forma liviana, sin considerar su contexto, porque es necesario comprender que hay palabras en el griego y el hebreo que, dependiendo del contexto, tienen un significado positivo, y otras veces, en determinado contexto, significan algo negativo. Esto también ocurre en el español, permítame demostrarlo:

‹‹Si Fulano hace un gesto noble a un desvalido reconocemos ese gesto diciendo que fue “lindo”. Al usar esta palabra, todos sabemos que en este contexto es una mención honrosa al gesto altruista. Pero cuando el mismo Fulano tuvo un gesto perverso ante la misma persona desvalida, lo miramos muy serios y también le decimos “qué lindo”; sin embargo, esta vez la misma palabra y en un contexto distinto significa algo negativo. Ahora la usamos a modo de sarcasmo con el fin de mostrar lo horrendo y desaprobado de la acción.››

Así que, considerando esto, si apelamos al griego o al hebreo será bueno consultar a los expertos, los que nos han proporcionado diccionarios bíblicos, concordancias y comentarios exegéticos bastante buenos, como la Nueva Concordancia Strong Exhaustiva,  autor James Strong, este para el uso del griego y hebreo. También el Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamentos Exhaustivo de Vine, cuyo autor es W.E. Vine, para el mismo fin que el Strong.  En la aplicación MySword[47], podrán encontrar todos estos y, otros más para su uso.

Acerca de comentarios exegéticos, se recomiendan los que el hermano Samuel Pérez Millos ha realizado a todo el Nuevo Testamento. Cada libro se titula como Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento.

Respecto a diccionarios que deberíamos considerar, tenemos el Lexicón Teofilolingüistico del hermano Arcadio Sierra Díaz. Considerar, además, el Diccionario Teológico Ilustrado del hermano Francisco Lacueva. También hay uno del hermano Justo L. González, que se titula Manual Diccionario Teológico.

Todos esos libros deberíamos considerarlos como básicos. Nótese que esta lista no es exhaustiva, es sólo una lista básica a tener presente.

UNDÉCIMA REGLA HERMENÉUTICA.

Para ya finalizar, una última regla hermenéutica que quisiera que tuviéramos presente es que un texto significa lo que su autor quiso decir para la fe fundamental y en su determinado contexto.

Es importante entender esto, porque contrario a esto es el pensamiento de Rudolf Bultman que ha sido considerado por algunos como “veneno puro” para los lectores. Este hombre dijo lo contrario a esta regla, y enseñó que un texto significa lo que el lector quiere que signifique, y eso hermanos es peligroso, porque puede resultar en una manipulación del Texto bíblico y hacer que diga lo que el hombre quiere para su propio beneficio o fines personales. Considerando esto, es que nosotros debemos ir a los Textos para que ellos nos hablen por el Espíritu lo que Él inspiró para que guardáramos como doctrina fundamental y revelada. Al seguir esta regla, leyendo honesta y responsablemente, nos encontraremos en muchas ocasiones siendo corregidos, reprendidos, advertidos y enseñados. Muchas de esas veces, será doloroso debido a que nos encontraremos con que hemos sostenido cosas erradas y que hasta las hemos enseñado, por lo que tendremos que retractarnos y pedir las disculpas correspondientes a quiénes nos oyeron. Sin embargo, también podemos tomar otro camino, del que necesitamos que el Señor nos libre y, por supuesto, nosotros mismos negarnos a andar por él, se trata del camino de la obstinación y orgullo que nos lleva a perseverar en el error debido a que no aceptamos la corrección. Es por eso que necesitamos tener el corazón ancho y humillado delante del Señor,  para que nos corrija, y recibiendo la corrección avanzaremos a la madurez espiritual. Esta corrección proviene de la Palabra de Dios que provoca en nosotros fe cuando la recibimos, cuando dejamos que nos hable al corazón honestamente en cuanto a la fe fundamental. Pero cuando leemos lo que queremos e interpretamos como queremos, forzando los Textos,  no pasaremos de ser cristianos anímicos y carnales, niños espirituales sin avance. Cuando esto ocurre, los resultados se verán también en la iglesia local en la que participamos, será una iglesia inmadura, egocéntrica, carnal y sólo emocional.

Nótese que me estoy refiriendo a la fe fundamental, la que tiene que ver con la doctrina esencial de nuestro cristianismo, la que debemos enseñar desde los púlpitos, la que las iglesias deben sostener y guardar. ¿Por qué aclaro esto? Pues, como en el capítulo anterior vimos, a veces el Señor nos habla por Su Palabra y Espíritu a nuestros espíritus de forma íntima y personal. Muchas veces usa un versículo, lo ilumina, lo “acomoda” para que podamos entender alguna situación en nuestro diario vivir. Esto casi siempre ocurre a modo de serendipia[48], y nos encontramos con estas enseñanzas para nuestra vida cristiana personal de manera imprevista, las que se vuelven eiségesis para nosotros (de lo cual hablamos en el capítulo anterior). Esto es un acomodaticio[49] que el Espíritu hace para corregirnos, enseñarnos, advertirnos en nuestra vida personal. Resumiendo, tiene que ver con nuestra relación personal con Dios, con el Espíritu Santo que nos está formando a la imagen de Cristo y que está cambiando progresivamente nuestra manera de pensar y por ende, de vivir.

Ahora bien, no deberíamos pensar que las Escrituras se deben leer solo por las experiencias personales con la eiségesis, sino que lo primordial es leerlas para conocer al Señor,  que es lo principal de las doctrinas fundamentales de la Iglesia. No debemos leer egocéntricamente esperando forzar que el Texto “diga algo para mí”, algo que a mí me guste; sino que debemos leer esperando que el Señor se nos dé a conocer más profundamente, con el fin de que podamos entenderle. Las experiencias personales deberían ser una consecuencia de conocer al Señor. Al conocerle y entenderle, vamos conociendo también quiénes y cómo somos. Al conocerle y entenderle, iremos sabiendo qué cosas hemos hecho mal y por lo que tendremos que arrepentirnos. La eiségesis, por lo tanto, viene a ser un adicional a una exégesis teocéntrica y cristocéntrica. Debería ser imprevista, accidental, por decirlo de algún modo.

Entonces, mis hermanos, leer con la eiségesis como principal objetivo, es leer egocéntricamente, lo que nos expone a graves errores y frustración. El hermano Christian Chen contaba una anécdota que nos servirá. En una oportunidad nos relataba la mala práctica que tenía un hermano que abría la Biblia al azar, diciendo que donde apuntara su dedo aquello sería “una Palabra de Dios” para su vida personal. Un día abrió la Biblia, señaló con su índice y leyó la última parte de Mateo 27:5, que dice:

“… salió, y fue y se ahorcó.” (RV 1960).

Pensando que debía hacerlo de nuevo para buscar “otra Palabra de Dios para su vida”, leyó Juan 13:27, en la parte que dice:

“Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.” (RV 1960).

Mis hermanos, ¡qué mala práctica es esta! Eso es leer mal y nosotros, no estamos libres de caer en esto. Por lo tanto, les recomiendo que al leer no vayan en búsqueda de la eiségesis para una experiencia personal, sino en búsqueda de una exégesis que nos lleva a conocer y entender al Señor correctamente a través de Su Palabra. No dudamos y no negamos que a veces el Señor nos puede hablar personalmente, por Su Palabra y Espíritu con el fin de corregirnos, mediante un acomodaticio, pero este no debería ser el objetivo nuestro al leer, sino que deberíamos tener por razón y objetivo el conocer a nuestro Dios y a Su Hijo, Jesús el Cristo.

Así que, una correcta exégesis deja que el Texto nos hable lo que quiso decirnos el Señor, teniendo como primera prioridad el conocer y entender al Dios que nos redimió, no buscando torcer los pasajes y que nos digan lo que queramos oír, como si fuera un libro de autoayuda o lisonjero.

Entonces, resumiendo todo lo que hemos dicho y visto en este capítulo, diremos pues que la hermenéutica corresponde a las herramientas y/o  reglas que consideramos para interpretar las Escrituras. La exégesis, por otro lado, es la aplicación de estas reglas, corresponde a la interpretación misma que hacemos de lo que estamos leyendo, teniendo presente las normas presentadas por la hermenéutica. Es decir que cuando nosotros tomamos los diccionarios y los ponemos en la mesa, y abrimos las diferentes versiones de la Biblia, ahí estamos haciendo exégesis.

Amados hermanos, cabe señalar que hay libros interesantes y de autores muy bien preparados, como el libro Hermenéutica: Interpretación Eficaz Hoy de Rob Haskell; también Falacias Exegéticas de Donald A. Carson; además Escritos Hermenéuticos de Gino Iafrancesco; y Hermenéutica Bíblica de José M. Martínez.

Gracias y paz del Señor sea con todos ustedes. Amén.

 


 

[1] Transcripción realizada por el hermano Israel Mesina Mosqueda, iglesia en Peñaflor.

[2] Por ejemplo Nehemías 8:8 nos dice “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (RV 1960). Nota realizada por el hermano Israel Mesina M.

[3] Hay una diferencia entre traducciones e interpretaciones (o paráfrasis). Una traducción se esfuerza por sacar desde el texto original (que se arma desde los manuscritos encontrados) una traducción lo más exacta a lo que dicen los originales. En esta labor se identifican significados de palabras y se debe considerar la semántica de estas en determinadas oraciones, así se forman frases, oraciones y párrafos lo más apegado a los textos griego, hebreo y arameo. Sin embargo, las interpretaciones o paráfrasis (que algunos llaman “traducciones dinámicas”) te entregan en la versión que lees su propia comprensión de un versículo, pasaje o párrafo, para que tu creas lo mismo. Es decir, tú lees lo que ellos están interpretando de las Escrituras. Esto no quiere decir que no sean de utilidad, pues en cuanto a las figuras de dicción que se encuentran en la Biblia, estas versiones de las Escrituras sirven bastante, pero en pasajes como el señalado, esta paráfrasis realiza una interpretación doctrinal, lo que no corresponde.

[4] Anciano de la iglesia en Talagante.

[5] Nació en 1927 en Algemesi (Valencia). Fallecido el año 2003.

[6] Revisado el 23 de diciembre del 2020. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=JgJErF55IMQ

[7] Ed. Desclée de Brouwer, S.A., 1999. También considerar la Biblia Textual III, Ed. Holman, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 1999.

[8] Martínez, J. M. 1984. Hermenéutica Bíblica (p. 16). Concepto de hermenéutica.  Terrasa: Editorial CLIE.

[9] Lacueva, F. 2001. Diccionario Teológico Ilustrado (p. 108). BIBLIA, INTERPRETACIÓN DE LA. Barcelona: Editorial CLIE.

[10] Existen diferentes tipos de sinónimos, podríamos llamarle grados de sinonimia. Tenemos la sinonimia conceptual o total, la sinonimia contextual o parcial, la sinonimia  referencial, y la sinonimia connotativa. Hay personas que piensan que todo lo que es sinónimo es igual en su totalidad, ignorando que existen diferentes grados de esta.

[11] Refiriéndose a la Palabra Creadora, el Hijo, no a los Textos.

[12] Jubilee Bible 2000 (Spanish).

[13] Comentario realizado por el hermano Israel Mesina M.

[14] Cabe señalar que entre los judíos e israelitas, aún en el tiempo del Señor,  existían tres tipos de personas: los religiosos, los políticos y los llamados “erets”. Los erets eran considerados “los  terrenales”, personas a las que nos les interesaba ni la religión ni la política. Aclaramos, además, que cuando decimos en esta oportunidad  “religioso”, lo hacemos en el buen sentido de la palabra, porque a veces la utilizamos en un sentido despectivo, refiriéndonos a un sistema humano con rituales que carecen de realidad espiritual. Pero “religión”, en su etimología, significa volver a estar ligados, o sea, nosotros al volver a estar ligados a Dios, gracias a Cristo,  tenemos una religión, la cual es Cristo. Así que hay que tener presente que no siempre que utilizamos la palabra religión lo hacemos en un sentido despectivo; y si lo hacemos, lo diremos, para que se entienda bien lo que estamos hablando.

[15] Dicho estudio se encuentra publicado en www.equipamientocristiano.cl

[16] Iafrancesco, G. 1996. Isagogia Jacobea (p. 106). 3ª edición. Bogotá: Edición autoral.

[17] Ibíd.

[18] Es decir, por las cosas que estaban viviendo los hermanos de Corinto, cosas que se logran identificar por el relato de Pablo en la epístola y/o que se nos relatan en los comentarios históricos y arqueológicos con los que se cuentan en la actualidad respecto a la vida y prácticas de la época entre aquella localidad.

[19] En Chile es la tercera comida del día, la comida de la tarde.

[20] O libro del Justo. O Yashar.

[21] Capítulo 5:12, Noaj y Metushelaj predicando seguir rectitud.

[22] Publicado por la Casa Bautista de Publicaciones.

[23] Publicado por Editorial Portavoz.

[24] Publicado por Editorial Portavoz.

[25] Publicado por Editorial CLIE.

[26] Publicado por Editorial VIDA.

[27] Considerar que no estamos hablando de la encarnación de Cristo, de Su humanidad, sino de Dios; específicamente en el Antiguo Testamento.

[28] Editorial CLIE.

[29] Nee, W. 2008. El Hombre Espiritual. Tres volúmenes en uno. Barcelona: Editorial CLIE.

[30] Iafrancesco, G. 1992-1993. Frente a la caída. Bogotá: Editorial Cristiania.

[31] Watchman Nee y Gino Iafrancesco.

[32] Por solicitud de su esposa que –de acuerdo a las costumbres que ellos tenían– podría tener hijos no-biológicos de su esclava (Génesis 16).

[33] Véase Génesis 17, 18 y 21.

[34] Orellana, J. C. TRES TIPOS DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA: HISTÓRICO-LITERAL, ALEGÓRICA Y TIPOLÓGICA. Revisado el 6 de enero del 2021. Véase: http://equipamientocristiano.cl/wp/?p=516

[35] Y que mencionamos en la QUINTA REGLA HERMENÉUTICA del presente capítulo.

[36] En el libro de Jaser se dice que Noé y Matusalén predicaron a esas generaciones.

[37] Comentario realizado por el hermano Israel Mesina Mosqueda y adaptador al texto por el autor.

[38] Obviamente la problemática la tenemos nosotros, seres con un limitado conocimiento que necesitamos del Espíritu Santo.

[39] El autor se refiere al abandono de la verdad objetiva en toda área, como la biológica y la ideología de género; la moral y la prohibición de discriminar; la fe cristiana normal y las pseudo-teologías.

[40] Lennox, J. 1992. ¿Ha enterrado la ciencia a Dios? (p. 17). Barcelona: Publicaciones Andamio.

[41] Lennox.  J. 2011. El principio según Génesis y la ciencia (pp. 28-29). Barcelona: Editorial CLIE.

[42] Considerar además la versión 1977, en la que fue director el hermano Francisco Lacueva.

[43] Considerar además la cuarta edición.

[44] La versión de 1972 también sería bueno tenerla.

[45] Algunas versiones contienen los apócrifos católicos.

[46] Tomo I, Pentateuco, autor: Ricardo Cerni, ed. CLIE. Tomo II, Libros Históricos I, autores: Ángel Sáenz, Judit Targarona, ed. CLIE. Tomo III, Libros Históricos II y Libros Poéticos, autor: Francisco Lacueva, ed. CLIE. Tomo IV, Libros Proféticos, autor: Ricardo Cerno, ed. CLIE.

[47] Aplicación MySword Bible, disponible para dispositivos Android e iOS. En esta aplicación se pueden instalar distintas versiones de la Biblia, comentarios, diccionarios y concordancias. Aparte de los diccionarios y concordancias citados, esta aplicación tiene uno llamado Multilexico, que incluye Strong, Vine, Swanson y Tuggy.

[48] Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual, o cuando se está buscando una cosa distinta.

[49] Inteligencia espiritual y mística que se da a algunas palabras de la Escritura, aplicándolas a personas y cosas distintas de las que se dijeron en su riguroso y literal significado.