5. ILUMINACIÓN-REVELACIÓN.

HNO. J. C. ORELLANA[1].

 

La gracia y la paz del Señor sean con todos ustedes, hermanos. Vamos a partir, pero antes de continuar con el estudio de esta serie de Bibliología,  con la sesión de hoy, vamos a orar.

Padre, en el nombre del Señor Jesús, desde Cristo y en Cristo nos presentamos delante de usted, no poniendo la confianza en nuestras obras, para pensar que por ellas nos atiendes y escuchas; ni tampoco nos alejamos de usted por nuestras obras, aquellas que nos avergüenzan, sino que venimos con la confianza puesta en Cristo como nuestra justicia, como en quien nuestra vergüenza ha sido cubierta, como en quien nuestra culpa ha sido quitada, en quien también sabemos nos escuchas, Padre. Amén.

En el nombre del Señor Jesús le bendecimos, le adoramos, le damos gracias por esta instancia, por este nuevo día en el que nos permite estar juntos con los demás hermanos de diversas iglesias locales, para poder atender doctrinas fundamentales, temas fundamentales, para equiparnos unos a otros, y poder hacer Tu obra. Te damos gracias Señor por Su bondad, por darnos la Palabra, las Escrituras, por proveernos de Su Espíritu para interpretarlas y de hermanos que nos han ayudado para esto. Bendecimos Su Nombre y le rogamos que nos ayude Señor, que nos socorra del cansancio, del sueño, distractores para poder estar acá. Permítenos, por el Espíritu y en nombre del Señor Jesús, disfrutar de los poderes del siglo venidero, vivifica nuestros cuerpos mortales, ayúdanos a estar pendientes, atentos. Socórrenos de nosotros mismos, socórrenos de nuestra mente caída, de nuestros pensamientos, de nuestras doctrinas humanistas, Señor. Ayúdanos a poder ensanchar el corazón, abrir nuestro entendimiento para que usted nos enseñe, nos confirme en la fe, nos corrija también, nos lleve a toda verdad, por el Espíritu Santo y Su Santa Palabra. Ayude a nuestros hermanos que vienen en camino, guárdalos Señor, que puedan llegar sin novedad. Te damos gracias por los que han podido llegar hasta el momento. Señor, socórrenos de nuestra mente que divaga. En el nombre del Señor Jesús, necesitamos de usted. Apelamos al Espíritu Santo que es nuestro Maestro, aquel que nos recuerda todas las cosas, aquel que nos lleva a Cristo, a la Verdad. Apelamos a todo esto, socórrenos de nosotros mismos. En el nombre del Señor Jesús, te lo rogamos. Gracias Padre. Amén.

Durante varias reuniones hemos estado atendiendo diferentes temas de un dogma del cristianismo que tiene que ver con las Escrituras. Ustedes ya saben que dentro de la Teología esta rama es llamada Bibliología. Bueno, antes de comenzar debemos ser honestos en decir que lo que estamos haciendo es sólo una vista general, panorámica acerca de estos asuntos; porque hay otros hermanos muy preparados, eruditos y expertos, que han escrito muchos libros recomendables. Se han compartido tantas cosas acerca de este tema y todos son de considerar, todos son dignos de escuchar, todos son dignos de leer, porque hay mucho que decir acerca de esto. Ahora, lo que nosotros nos hemos propuesto humildemente y conscientes de nuestras capacidades, es poder tratar ciertos puntos que hemos considerado fundamentales para la fe cristiana, y para esto hicimos un índice de once temas o doctrinas fundamentales que deben ser consideradas por los santos; temas que se encuentran informados y disponibles para todos en nuestro índice general[2]. Y uno de estos ítems es sobre las Escrituras, que subdividimos en siete puntos. Y, hasta el momento, ya hemos tocado cuatro.

Bueno, partimos hablando acerca de la Biblia como una revelación de Dios, luego tratamos el asunto del origen de las Escrituras, también vimos lo relacionado a la inspiración de las Escrituras (sobre el concepto de inspiración) y, además de esto, hemos hablado respecto al canon bíblico. Éste último forma parte del capítulo cuatro del presente estudio. Hoy día, con la ayuda del Señor, vamos a tratar el tema de la iluminación-revelación. Así lo llamamos ‹‹La iluminación-revelación››.

Ya conversábamos con un hermano hace un rato y le explicaba que lo de hoy no tiene nada que ver con lo primero que vimos acerca de la revelación de Dios, respecto a que la Biblia es una revelación especial, oficial y textual de Dios. No está relacionado a esto. Tampoco tiene que ver con el concepto inspiración, no es lo que vamos a tratar hoy día; sino que vamos considerar el asunto práctico de un tema que tiene que ver con el entender, que se relaciona a la iluminación que Dios por medio del Espíritu y la Palabra le da al creyente. Y esto, hermanos, lo vamos a tocar antes de considerar lo que es la hermenéutica y exégesis, porque si se dan cuenta ustedes en ese itinerario que hicimos, lo que viene después tiene que ver con hermenéutica y exégesis, y lo que vamos a ver hoy día es parte fundamental de la hermenéutica. Porque no podemos tener un ejercicio de interpretación de las Escrituras sólo por nuestro entendimiento y capacidad natural, sino que necesitamos una intervención de Dios, para que –mediante las Escrituras y el Espíritu– podamos tocar al Señor, conocerle y entenderle.

UNA OPERACIÓN DEL DIOS TRINO.

Entonces lo que vamos a ver hoy día, tiene que ver con que este proceso de iluminación y revelación es una operación de Dios. Y cuando hablamos de operación de Dios, nos referimos al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Vamos a ver cómo las Escrituras nos muestran que para esta revelación y ser iluminados, necesitamos de Dios mismo actuando, necesitamos de la Trinidad. Vamos a abrir la Biblia en algunos pasajes. Permítanme listar los versículos:

Mateo 16:17.

Mateo 11:27.

1 Corintios 2:6-11.

Daniel 2:47.

Efesios 1:15-18.

Voy hacer lectura en la versión Reina Valera de 1960.  Mateo 16:17 dice:

“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.

Luego Mateo 11:27, que dice así:

“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

El tercer pasaje, 1 Corintios 2:6-11, que nos dice así (es un poco más largo lo que vamos a leer ahora):

6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. 7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. 9 Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

Luego vamos al cuarto texto que se encuentra en Daniel, capítulo 2, versículo 47. Aquí vemos a Nabucodonosor hablando a Daniel acerca del Dios de Daniel. Dice así:

“El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio”.

Y finalmente Efesios, capítulo 1, versículo 15 al 18. Perdonen que citara tantos pasajes, pero me parece adecuado para poder considerar el tema de hoy. Efesios 1:15 al 18, dice así:

“Por esta causa también yo…”

Pablo dirigiéndose a los hermanos, y no sólo a los hermanos de Éfeso, sino a todos los gentiles. Permítanme un paréntesis aquí, otra digresión para informarles de algo.

DIGRESIÓN SOBRE EFESIOS.

En manuscritos antiguos, en la salutación que realiza Pablo no aparece el nombre de la ciudad de Éfeso como lo tenemos aquí en la Reina Valera de 1960, que nos dice:

“a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso” (Ef. 1:1).

La frase “en Éfeso” no aparece en los manuscritos más antiguos; sino que simplemente se registra el saludo de Pablo a “los santos y fieles en Cristo Jesús”. De esa manera lo registra la Biblia Textual (en su tercera edición) y el hermano Francisco Lacueva en el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español. En este último, se puso entre corchetes “[en Éfeso]”, mostrando así dicha omisión en los manuscritos más antiguos[3].

Bueno, se cree que la razón más probable por la que no aparece en dichos manuscritos la ciudad, es debido a que esta epístola es un documento general, es decir, para todos los creyentes gentiles. Fue –digámoslo así– una “circular” para todas las iglesias locales que no eran judías. Se piensa que cuando dicho documento se llevaba a una iglesia, se ponía el nombre de la ciudad de la iglesia para personalizarla. Por ejemplo, esa misma epístola se podría haber leído en Colosas o en Filipos, y si se enviaba una copia a Filipos, en vez de decir “en Éfeso”, diría “en Filipos”. Esto se deduce por los manuscritos más antiguos, y también, debido a que esta epístola carece de saludos personales a compañeros que vivieran en la ciudad. Cosa que vemos en varias epístolas de Pablo (Ro. 16; 1Cor. 16:13-24; Col. 4:7-18).

Concluyendo esta digresión, diremos que las cosas registradas en esta epístola  no se pensaron solamente para los hermanos de Éfeso, sino para todas las iglesias que la leyeran en aquel tiempo y en el nuestro. Curiosamente, es una de las epístolas más elevadas que nosotros podemos ver de Pablo y no es algo que solamente estaba pensado para una iglesia local, sino para todos los santos que la leyeran. Fin de está digresión.

Bueno, volviendo al pasaje, dice así:

“Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él [o como dice literalmente el Texto griego “el conocimiento pleno de Él”], 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis…” (Corchetes añadidos por el autor).

En la Biblia Textual[4], donde dice la Reina Valera 1960 “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento”, se traduce mejor lo que dice desde el griego, diciendo “iluminados los ojos del corazón”, no solamente los ojos del entendimiento, sino del corazón. Hoy día vamos a hablar un poco de todas estas cosas, vamos incluso a involucrar un poco de la antropología que las Escrituras nos enseñan respecto al ser del hombre.

Entonces, todos los pasajes que acabamos de citar tienen una palabra en común, y es ‹‹revelación››, de seguro ya se habían dado cuenta. La palabra revelación, en el griego es ἀποκάλυψις (gr. apokálupsis). Sí, ‹‹apocalipsis›› significa ‹‹revelación››. Respecto a esto, les contaré que a muchos hermanos –eruditos bíblicos– no les gusta hablar acerca de que en este tiempo los cristianos puedan tener revelación. Ellos cambian el concepto y lo explican cómo iluminación. Por eso yo quise tratar este tema como la iluminación-revelación, no sólo iluminación, ni sólo revelación, sino iluminación-revelación; porque nos vamos a dar cuenta que la Biblia sí habla de revelación para la vida cristiana normal de todo creyente. En las Escrituras no solo se habla de la revelación en el sentido de que la Biblia es una revelación especial, oficial y textual de Dios, sino que también se habla de la operación de Dios en las personas para descubrirles cosas y para darnos a entender lo que no alcanzamos a captar con nuestro intelecto. Ojo, no estamos diciendo que los hermanos que hablen de la iluminación y descarten la revelación no tienen que ser oídos ni leídos, no es lo que se pretende, pues en parte tienen razón. Dios mediante, lo que vamos hacer hoy día –con la ayuda del Señor– es poner cada cosa en su lugar.

Ahora, cuando hablamos acerca de iluminación-revelación, 1) nos referimos a la operación que Dios mismo hace en la vida de cada uno de los creyentes, para descubrir e iluminar nuestras almas respecto a Su Palabra. También, debemos entender que 2) es el procedimiento que Dios realiza para darnos comprensión y entendimiento acerca de Su revelación especial. Y, además, 3) debemos tener presente que Dios se mueve para descubrirnos e iluminarnos respecto a diversas situaciones o sucesos, como con las profecías, específicamente nos referimos al don de profecía en medio de las iglesias, cuando el Señor de repente nos anticipa cosas; pues, aunque algunos no estén de acuerdo con esto, no podemos negar que la Biblia también nos habla de ese tipo de revelaciones, como cuando Pablo esta con los hermanos, antes de subir a Jerusalén, dice que apareció un profeta llamado Agabo, quien dijo una profecía para Pablo. Se ató con el cinto de Pablo las manos y los pies, y dijo:

“Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.” (Hch. 21:11b, RV 1960).

Y los hermanos se pusieron a llorar, y comenzaron a convenir a Pablo para que no fuera a Jerusalén, el cual les respondió:

“¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.” (Hch. 21:13, RV 1960).

Lo que hizo Agabo por el Espíritu –pues de acuerdo a las Escrituras, es lo que dijo el Espíritu Santo– fue revelarle a Pablo cosas que le esperaban en su vida, en el porvenir. No le estaba diciendo o revelando alguna interpretación de doctrinas fundamentales, no le estaba explicando la Biblia; sino que le estaba mostrando lo que iba acontecer en su vida. Ahora bien, las cosas que iban acontecer en la vida de Pablo y que Agabo le profetizó, eran cosas que la misma Biblia nos anuncia, me refiero a cuando el Señor Jesús dijo que por causa de Su nombre seríamos perseguidos y aborrecidos (Mt. 10:22; 24:9;  Mr. 13:13; Lc. 21:12, 17;  Jn. 15:20-22); o sea, lo que dijo Agabo no contradice las profecías escriturales que se registran, sino que, en concordancia con las Escrituras, le dijo lo que ocurriría al ir a Jerusalén (Hch. 11:28; 21:10-11; 1Ti. 1:18), cosas que el Señor ya había anunciado para Sus discípulos y también para Pablo (Hch. 9:16). Se le estaba descubriendo lo que ocurriría cuando subiera a la ciudad.

LA IMPORTANCIA DE LAS ESCRITURAS PARA EL DON DE PROFECÍA.

Aquí mis hermanos tenemos un principio que aprender. Todo don profético en medio de las iglesias –don considerado dentro de la teología como carismático, que es por el Espíritu– nunca debería contradecir las Escrituras. Es decir que nunca se iría en contra de las doctrinas de la fe cristiana que por los Textos recibimos. Incluso cuando se nos dicen cosas personales, me refiero a esas situaciones cuando una hermana o un hermano nos profetiza algo a ti o a mí, y nos muestra algo por el Espíritu en nuestras vidas, en nuestro caminar, en nuestro servicio al Señor, como lo que vivió Pablo con Agabo o Timoteo de acuerdo a lo que indica Pablo (1Ti. 1:18). Cuando esto ocurre, nosotros debemos examinar por las Escrituras y estar atentos al Espíritu que, dentro de nosotros, nos va mostrando la concordancia que hay en las palabras que nos están diciendo y la palabra escrita del Señor. O sea que, el don de profecía por el Espíritu, jamás nos diría algo yéndose en contra de las Santas Escrituras. No sé si ustedes han escuchado hablar que dentro del catolicismo hay unos textos donde se habla acerca la infalibilidad y autoridad del Papa. Ya lo mencioné anteriormente, pero nos sirve estar repitiendo estas cosas, para no olvidarlas. Les voy a recordar la cita realizada en el capítulo anterior:

“El Papa es como si fuese Dios en la tierra, sólo soberano de los fieles de Cristo, principal rey de reyes y señor de señores, que tiene la plenitud del poder, a quien Dios el Omnipotente le ha confiado no solo la dirección de lo terreno sino también del reino celestial. El Papa tiene tan grande autoridad y poder que puede modificar, explicar, abolir, interpretar o cambiar aún las leyes divinas.”[5]

¿Se da cuenta el nivel de herejía? No puedo decirlo de otra manera, perdonen, pero es una patudez[6], una desfachatez. Esto contradice las Escrituras, sólo Dios es el Altísimo, sólo Dios es el Infalible e Inerrante, pero estas personas tuercen cosas que son fundamentales y ni siquiera se incomodan. Este tipo de cosas nosotros no podemos transarlas. ¿Por qué digo esto? Porque es el mismo principio el que aplica para el don de profecía, no puede levantarse en contra de las Escrituras y sus doctrinas. Entonces, si un hermano te habla a ti alguna cosa que contradice las Escrituras, se debe advertir al que lo dice y corregir en amor. A modo de ejemplo, si alguien te dijera: “El Señor te va a poner a ti como cabeza de la Iglesia”. ¡Ay, Dios mío! Eso yo tengo que examinarlo y por la Palabra darme cuenta que sólo hay una Cabeza en la Iglesia, la cual, es Cristo (Ef. 1:22; 5:23). Si se da cuenta, no estoy diciendo que despreciemos las profecías (1Ts. 5:20), sino que no seamos ingenuos, que escuchemos y examinemos por la Palabra lo que se nos dice. Que pensemos en lo que se nos está diciendo y si hay algo sospechoso, nos digamos en nuestro interior: “Lo que acabo de oír me parece sospechoso, porque las Escrituras me dicen a mí que la Iglesia solo tiene una Cabeza, tiene un Esposo, y los demás son solo amigos del Esposo (Jn. 3:29)”. Como verán, lo que estoy diciéndoles es que tenemos que examinarlo todo (1Ts. 5:21), pues dudo que sea el Señor quien nos diga algo así, que contradice Su Palabra. No estamos cerrando los oídos, sino que estamos juzgando, examinando, debemos partir desde allí.

Hermanos, toda profecía (no se tome a mal lo que diré, puesto que es una buena práctica dentro del pueblo cristiano examinar) que se dice en medio de la iglesia local, sea personal o a la iglesia reunida, siempre ha de partir en la categoría de “sospechosa”. ¿Quién saca esa profecía que se nos está diciendo de dicha categoría? Mis hermanos, la única con autoridad para sacarla de allí, es la Palabra del Señor, las Santas Escrituras. Estas son las que sacan de esa categoría toda profecía que se diga para nuestra vida o para la iglesia, confirmando de alguna manera general lo que se nos dice.

Si me expliqué bien, entonces usted entendió que cuando hablamos de “sospechosa” no lo hacemos para que cerremos los oídos, sino que lo hacemos para que nos tomemos el tiempo de examinar y luego confirmar. Es como una persona que va a ver a un amigo a su departamento, para el conserje la visita es sospechosa y no puede dejarla pasar de inmediato, sino que tiene que confirmar quién es. Entonces anota el nombre y llama al propietario del departamento, que a su vez, debe confirmar a la persona o rechazar su entrada. Como verán, no es malo que pongamos las cosas en esa categoría si es para evitar engaños. Así que, tal como en otro lugar usamos la palabra “discriminar” en un sentido positivo, así ahora usamos la palabra “sospechoso” de buena manera, por un buen motivo. No obstante, debemos reconocer cómo este tipo palabras hoy en día, en el mundo, parecen tener sólo un sentido negativo[7]. Con esto, permítanme otra digresión para mostrarles algo.

DIGRESIÓN SOBRE LOS ANACRONISMOS SEMÁNTICOS.

¿Ustedes han escuchado hablar de los anacronismos? Bueno, cabe recordar que esto es un estudio, y como tal, vamos a decir cosas técnicas que de repente servirán de tarea para la casa. Un anacronismo semántico es cuando se usa una palabra fuera de su época o cuando se usa el significado moderno de una palabra en una literatura antigua donde no existía dicho significado. Todos hemos escuchado la palabra “déspota”, ¿qué es déspota para nosotros hoy en día? Un tirano gobernante. Bueno, sepa usted que la Biblia se refiere al Señor como ‹‹Déspota››. Sí, en el griego[8], cuando oran los discípulos en Hechos 4, después de ser amenazados para que no hablen del nombre del Señor Jesús, ellos parten diciendo:

“Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay” (Hch. 4:24, RV 1960).

En esta oración ellos piden valentía y denuedo para hablar. Lo interesante es que en el griego, cuando ellos dicen “Soberano Señor”, dice “δέσποτα” (gr. Déspota). ¿Cómo puede ser esto posible? Al parecer nosotros asumimos la palabra déspota con un sentido negativo, le aplicamos un sentido moderno, pero en el griego de aquel tiempo y en el castellano más antiguo, no era así. Eso es anacronismo semántico, la palabra en el tiempo sufrió un cambio y se puso en una categoría más negativa que positiva; o quizá, como a otras palabras le ha ocurrido, se comenzó a utilizar sólo con un significado pesimista. Cuando le aplicamos un sentido moderno a una palabra que fue escrita antes de que ese sentido existiera, cometemos un anacronismo semántico. Para los discípulos, llamar “Déspota” al Señor, era reconocerlo como el soberano Rey y Dueño de todo, con poder total y sin limitaciones de ningún tipo.

Otro anacronismo sería que encontráramos la palabra “automóvil” en literatura que supuestamente es del siglo I d. C. Si encontráramos esa palabra en un escrito de dicha época, sabríamos que ese escrito no es del siglo I d. C. De esa manera determinaríamos que es una mentira la datación de dicho documento. En el método legal del examen de la evidencia, los anacronismos semánticos son muy importantes a la hora de clasificar la veracidad histórica de un supuesto documento antiguo, como los apócrifos.

Los anacronismos siempre se están dando, pues las palabras se van usando en diferentes sentidos con el pasar del tiempo. Hoy, por ejemplo tenemos esto con “discriminación”. Discriminación en su definición de la RAE[9], se asemeja a lo siguiente: Yo tengo dos poleras y juzgo entre ambas, luego escojo una cosa y descarto la otra. Eso es discriminar[10]. Nosotros siempre estamos discriminando. Es una cualidad que tenemos, la que utilizamos muchas veces y en distintas ocasiones, como cuando vamos a comprar ropa, también la utilizamos en las matemáticas, al escoger una universidad, al elegir profesión, al elegir amistades. Siempre estamos utilizando el criterio de la discriminación.

La discriminación en el creyente y en el resto de los hombres, es una función que Dios dio al ser humano, ¿saben dónde? En el espíritu del hombre. Esto se llama discernimiento. Hay una diferencia entre conocer y discernir. Cuando aparece la palabra discernir en 1 Corintios 11:29, en el griego, dice διακρίνων (gr. diakrínon). Κρίνω (gr. Kríno), dependiendo de la voz[11] en que aparezca significa “juzgar”, y δια (gr. dia) es una preposición que denota el canal de un acto, podría significar “atravesar”[12]. Esto nos permite entender mejor lo que significa diakríno, que sería algo así como “atravesar un juicio”, y esto exactamente es lo que significa  ‹‹discernir››. Discernir, tiene que ver con conocer, juzgar y decidir. O sea que Dios a todos los seres humanos les dio el sentido de discernimiento para que pudiesen discriminar. Uno siempre está discriminando, en toda área de la vida. Sea el área emocional o la educacional, tú discriminas, pues tú escoges en que universidad estudiar, tú escoges que trabajo elegir, qué ropa comprar, qué zapatos usar, todo esto en base a ciertas variables que pones en la mesa. ¡En todo hay discriminación! Pero hoy en día vemos la palabra discriminación sufriendo de anacronismo semántico. Y se le adjudicó una connotación negativa y la adoptó como suya el lobby LGTB. Así vemos que hoy día se creó una ley contra la discriminación, la ley Zamudio[13], y las gentes comenzaron a concebir que discriminar siempre es malo. Eso es lo que se está intentando sembrar en las conciencias, en los pensamientos de las personas, de los jóvenes, de los estudiantes, que discriminar siempre es malo. ¡Pero no siempre lo es! Yo debo discriminar, estoy obligado a hacerlo, es algo intrínseco del ser humano, tiene que hacerlo. ¡Yo debo discriminar, debo decir que esto es malo y que esto es bueno, que esto es santo y que eso es profano, que esto es justo y que esto injusto! La Iglesia debe de sacudirse de esos anacronismos, no debe circular en la misma corriente que el mundo.

En este tiempo el paradigma del mundo y el espíritu del anticristo, trabajan con la  apostasía negando la verdad, abandonando la verdad, no solo a nivel de la Iglesia, sino en un sentido mundial y secular, queriendo cambiar la verdad de Dios, como nos dicen las Escrituras “que cambiaron la verdad de Dios por la mentira” (Ro. 1:25). Ya el Señor por Su Palabra nos advertía estos tiempos y nos dice que ese pensamiento vino por causa de que el hombre consideró que Dios no era necesario en su vida. Por eso Romanos 1 dice que “Dios los entregó a una mente reprobada” (Ro. 1:28b), ¿por qué lo permitió? Porque “ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios” (Ro. 1:28a).  O sea que el hombre pensó y decidió que “es bueno no tener en cuenta a Dios”. Eso es lo que están haciendo hoy en día y luchan contra su propio ser, negando a quien nos da el ser humanos. Esta es la rebeldía del hombre.

Hoy día les contaba a los hermanos en Quilicura de un biólogo que se llama Richard Dawkins, que es considerado el ateo más famoso hoy en día y que –a mi parecer– es un anti teísta; es decir que él no solamente vive sin Dios, sino que él está en contra de todo lo que sea Dios o se llame Dios o religión. Él, siendo científico, se dedica a hacer conferencias de anti-religión, anti-Dios y anti-cristianismo. Conferencias donde él se dedica  a enseñarle a la gente que se burle de los religiosos. Bueno, resulta que este científico, financió y/o colaboró con una campaña publicitaria en Gran Bretaña[14] y pusieron en un bus un afiche gigante y, ¿saben lo que decía el afiche? Es muy curioso, pongan atención en lo que decía:

“Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y vive la vida”.

¿Qué les parece? Él se dice una persona no espiritual, una persona que es solo materia, solo ciencia y no sabe que está siguiendo una ley ocultista. ¿Sabían ustedes que hay una ley ocultista que dice dentro de sus mandamientos “haz tu propia voluntad”? Como quien dice “haz lo que tú quieras”. ¿Se dan cuenta que es lo mismo que está publicitando Richard Dawkins? Esa ley ocultista la trajo un tipo inglés, que dice haberla recibido de un infrahumano, que no voy a nombrar acá porque es un demonio. Un infrahumano le “reveló” en una noche la ley del Thelema. Miren esto que es curioso. Thelema, en el griego es ‹‹voluntad››, y este tipo que se llamó Aleister Crowley, que es muy influyente dentro del ocultismo moderno, dijo que en una noche se le reveló esto: “haz tu propia voluntad”. ¿No es lo mismo que está diciendo Richard Dawkins? “Haz tu propia voluntad” es lo mismo que “deja de preocuparte y vive la vida”. Tú te das cuenta con esto que el espíritu de turno en el mundo es este y está operando sobre hombres que se dicen anti-religiosos y no espirituales, lo están siguiendo a pies descalzos, corriendo en pos de él. Lo que intenta este espíritu, es negar las cosas que son de fondo, el engaño de la apostasía; y esto es lo que está pasando con la palabra discriminación. Pero hermanos, jamás usted deje de discriminar, la Iglesia sí discrimina, la Iglesia discierne y por ese discernimiento debe discriminar según Dios. “¡¿Pero qué está diciendo este hermano?!” –Dirá alguno–. Hermanos, Dios sí discrimina. Miren lo que dice Génesis capítulo 1:

“Y dijo Dios: Sea la luz… y separó Dios la luz de las tinieblas”. (Gn. 1:3-4, RV 1960, negritas añadidas).

Y miren, no solamente separó la luz de las tinieblas, sino que además dice:

“Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche.”

O sea que además de separar les puso nombres distintos. Mis hermanos, Dios no dijo: “Ah, que la oscuridad se llame como quiera y que la luz se llame como quiera”, ¡no! Dios discriminó y llamó a la oscuridad “Noche” y a la luz “Día”. Si viene la oscuridad a decir que se llama Día, ¿qué le respondería el mismo Señor? ¡No! ¡Oscuridad-Noche, luz-Día! El Señor sí discriminó. Luego, también vemos que el Señor discriminó entre el pueblo de Israel y separó a la tribu de Levi del resto del pueblo para el oficio sacerdotal (Dt. 10:8-9). También separó a Su Hijo encarnado del resto de los hombres, diciendo:

“Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17; 17:5; Mr. 1:11; Lc. 3:22;  2P. 1:17).

Y por si fuera poco, en el fin de los tiempos el Señor separará a “las ovejas de los cabritos” (Mt. 25:32-33). En muchos pasajes vemos una discriminación, no arbitraría, sino justa y benigna. Pero nos quieren hacer pensar que discriminar es siempre malo, que es una palabra negativa, pero de acuerdo con las Escrituras no es así. Porque si yo le digo a una persona que no apruebo sus obras, no es discriminación, sino que es verdad y justicia. Sí, verdad y justicia. Con todo esto no estoy llamando a realizar acepción de personas, ruego al Señor que entienda bien lo que estoy diciendo. No estoy llamando a realizar acepción de personas, sino a que tengamos cuidado en caer en el paradigma que enseña que todo ha de aceptarse en nombre del “amor”. Entonces debemos ser ciegos, sordos y mudos. ¡No! No llamaremos a lo bueno, malo; ni llamaremos a lo malo, bueno. Que el Señor nos permita entender estas cosas.

UN ‹‹AMÉN›› RESPONSABLE.

Entonces, considerando todo esto, entendemos que la palabra ‹‹sospechosa››, no es una palabra negativa, sino que es un beneficio que tenemos, el beneficio de la duda. Tenemos el derecho a dudar si aquello es o no es. Hay que discriminar, hay que juzgar, y como decíamos, lo único que puede sacar a una profecía que se nos diga a nosotros o a la iglesia local de la categoría de sospechosa es la Palabra de Dios. Quizás no vamos a encontrar que la Palabra lo diga textualmente, pero por lo menos nos aseguraremos que no contradiga algo de las Escrituras o sea confirmado por un principio general. Es importante que nosotros sepamos que no debemos recibir nada sin examen, porque grandes hombres de Dios se han equivocado en la historia y los hermanos que nos paramos a enseñar podemos equivocarnos. Así que usted tiene la responsabilidad de discernir, de juzgar y examinar lo que estamos diciendo, y si lo aprueba por el Espíritu y la Palabra, entonces dice “amén”. Porque si usted dice “amén” sin examinar, es negligencia. Usted debe examinar lo que se está diciendo y decir “amén” porque examinó, porque está de acuerdo; de alguna manera, está diciendo que tenemos comunión en eso y lo afirma diciendo “¡amén!”.

Nosotros, los hermanos que compartimos la Palabra, tenemos un tic; y es que siempre cuando predicamos, preguntamos “¿amén?”. Buscamos la aprobación de los hermanos acerca de las cosas que decimos. Hay algunos que le preguntan a la audiencia: “¿Cuántos dicen ‘amén’?”[15]. Esto es sin dudas un tic y debemos aprender a quitarlo, porque si los hermanos no nos dicen “amén” debe ser porque están pensando, examinando, discerniendo y juzgando por el Espíritu y la Palabra. No podemos obligarlos a decir “amén”. No, no podemos obligarlos. Los hermanos tienen que decir “amén” porque han examinado lo que se está diciendo.

LA REVELACIÓN PARA EL CREYENTE Y EL CANON.

Ahora, volviendo al tema central de este capítulo, diremos que en este tiempo sí hay revelación. La revelación que hay en este tiempo no es una revelación como la que tenemos respecto a las Escrituras, y en esto estoy de acuerdo con los hermanos que dicen que no hay revelación hoy en día. Porque no hay otra revelación especial, oficial y textual, fuera de la que se nos ha dado por las Escrituras. La revelación bíblica está cerrada. No puede aparecer un fulano diciendo: “Tengo un libro nuevo incluyamos este en el canon”, o “tengo una nueva doctrina cristiana que no está en la Biblia, sino que se me reveló hace poco tiempo”, o “escribí un libro ungido e infalible”. Dios no conducirá a otros hombres hoy en día a redactar otros textos, pues Su revelación especial se encuentra completada en Cristo. Ya tenemos la revelación especial y escritural de Dios, y no hay más que esta.

Una hermana preguntó: ‹‹¿No podría haber libros que no se incluyeron en la Biblia pero que sí fueron inspirados?››. La respuesta es no; pues el protagonista del canon es el Espíritu Santo encaminando a la Iglesia a reconocer una labor extraordinaria de revelación especial y textual. Lo que hicieron las iglesias de los primeros siglos es reconocer aquellas cosas que el Señor dejó, esos escritos que Dios provisionó. Metamos esto bien en nuestra cabeza, jamás debemos sacar la operación del Señor del centro, Dios es soberano y los escritos que nosotros tenemos aquí, están allí por la providencia de Dios, por Su soberanía. Ahora, gracias al Señor que, conociendo nuestra humana fragilidad, también nos dejó ciertos puntos o una lista de cosas que nos permiten a nosotros darnos cuenta cuándo un escrito es o ha sido inspirado por Dios. Por ejemplo, las Escrituras son un conjunto de libros, de diferentes autores, más de cuarenta autores, todos distintos; diferentes culturas, diferente tiempo, a veces diferente idioma, diferente educación. No obstante, las Escrituras tienen una particularidad y es que es una unidad compuesta. Puede ser que Pedro no haya tenido la misma educación que Pablo, sin embargo, Pablo jamás contradice a Pedro, ni viceversa. Todos los escritos bíblicos son complementarios los unos de los otros, incluso aquellos en los que parece haber contradicción, como es el caso de la epístola de Jacobo[16] y los escritos paulinos. Todos estos escritos son complementarios unos de otros. Necesitamos a Jacobo para equilibrar la salvación por gracia mediante la fe que nos habla Pablo, y así no caer en el libertinaje; y necesitamos a Pablo para equilibrar las evidencias de una fe viva que nos habla Jacobo, y así no caer en el legalismo. Entonces nos damos cuenta que la Biblia es una sola, un sólo mensaje central relacionado a Cristo, siendo Cristo el eje central, aunque esto a través de muchos autores y distintos libros.

Otra cosa bien importante es la veracidad de las Escrituras. Si tú sometes a prueba todo libro religioso que se diga ser divino y usas las pruebas bibliográficas correspondientes para ver la veracidad de los textos, considerando su historia, fauna registrada, flora descrita, entre otras cosas. Pruebas a las que ha sido sometida la Biblia, te darás cuenta que no hay otro texto igual. En algún momento de las sesiones anteriores les comenté de un documental que hay dónde se sometió a estas pruebas al libro del Mormón y la Biblia[17]. Saben, llega a ser vergonzoso el nivel de engaño del mormonismo. Ningún lugar que se nombra en el libro del Mormón existió en la historia, ni los animales, ni la flora, ni los idiomas que cita como antiguos, ninguna cosa pudo ser confirmada, ni la arqueología lo respalda, y además, tiene muchas contradicciones.

También entran en este asunto sobre el canon los libros que fueron descartados y catalogados como apócrifos, ¿por qué no se incluyeron estos libros? Por varios factores, como que los apócrifos incluyen cosas que contradicen la unidad de la Biblia; o también, porque se descartan a sí mismos indicando –como dice  1ª Macabeo 9:27– que cuando se escribió ese libro el tiempo de los profetas había cesado, es decir, que no había profetas. Entonces ellos mismos se van descartando por diferentes y variadas razones.

Otro de los puntos importantes es que haya sido escrito por un hombre de Dios, que haya tenido testimonio de Dios, que haya sido reconocido por los hombres de Dios, por la Iglesia primitiva, por los apóstoles o por los demás profetas.

Son muchas cosas que podemos decir con seguridad y tranquilidad respecto a las razones por las que la Biblia es la Palabra de Dios y no otro libro. Así que no tengamos miedo de que vaya a aparecer otro libro por ahí, porque Dios ya cerró el canon. No hay un libro extra, no puede simplemente aparecer fulano diciendo: “Mira encontré este libro de Pablo, dice que es de Pablo y mira lo que está diciendo, debe ser inspirado”. No es así de simple, lo que se debe hacer es examinarse como el resto. Entonces se hace un estudio para ver qué edad tiene el manuscrito, también se investiga cuántos manuscritos hay para atrás, referencias antiguas, si hay anacronismos semánticos, y otras cosas más. ¿Escucharon ustedes hablar del supuesto evangelio de Judas Iscariote? ¡Muchos hermanos se asustaron con eso! ¿Cómo refutamos eso? Bueno, hermanos, para eso está la crítica textual. Los eruditos se ponen a analizar el texto y se dan cuenta que es un texto gnóstico que ya en la historia fue refutado, como lo hizo el  gran Ireneo, diciendo:

“Una vez más, otros declaran que Caín derivó su ser del Poder superior, y reconocen que Esaú, Coré, los Sodomitas, y todas esas personas están relacionadas entre sí. En este registro, ellos agregan, que han sido asediados por el Creador, aun cuando ninguno de ellos ha sufrido lesiones. Sofía tenía el hábito de llevarles a ellos lo que le pertenecía a ella. Ellos declaran que Judas el traidor estaba perfectamente informado de estas cosas, y que solamente él, conociendo la verdad como ninguno de los otros la conoció, llevó a cabo el misterio de la traición; por él todas las cosas, tanto terrenales y celestiales, fueron puestas en confusión. Ellos producen una historia ficticia de esta clase, con la cual enfocan el evangelio de Judas.”[18]

Entonces, hermanos, la crítica textual y el asunto de la bibliología nos puede dar tranquilidad de que, no hay otro libro que debería estar en la Biblia. Incluso libros como El pastor de Hermas, que fue un libro que circuló mucho en la Iglesia primitiva no se incluyó dentro del canon. ¿Por qué no se incluyó? Porque es posterior a los hermanos del año 200 d.C. Entonces todos los escritos que nosotros tenemos en la mano son de siervos del Señor, profetas del Señor, apóstoles del Señor o compañeros de los apóstoles del Cordero contemporáneos a ellos, como Lucas que fue compañero de Pablo, que se encargó de consultar y de averiguar las cosas que habían sido ciertísimas entre ellos, y por cierto, fue contemporáneo a los doce. O Marcos, que es Juan Marcos, el sobrino de Bernabé que según Papías es el biógrafo de Pedro que registró las memorias de Cefas. O sea que Marcos en su evangelio registró lo que Pedro le fue contando. Personas como estas fueron las que escribieron por el Espíritu Santo, fueron aquellos que tuvieron contacto con los primeros testigos de todas estas cosas o que fueron los testigos de estas cosas.

Sin embargo, todos los que escribieron después del tiempo de los apóstoles, aunque fueran de alguna manera discípulos de estos –como por Policarpo y Clemente de Alejandría– no son considerados dentro del canon. ¿Por qué? Porque ya eran posteriores a la primera generación y/o sus escritos eran comentarios de las cartas apostólicas o evangelios canónicos.  Ellos hacían comentarios de las Escrituras –incluidos los escritos canónicos neotestamentarios–, cosa que también hacemos nosotros. El Señor ya nos dio los Textos canónicos, los cuales son “la doctrina de los apóstoles” (Hch. 2:42) y de la cual nace nuestra fe “que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 1:3).  Entonces, mis hermanos, el canon está cerrado. No hay que tener miedo de que vaya a aparecer alguien diciéndonos “oye, tengo un libro nuevo”. Y es en este sentido que estamos de acuerdo con los hermanos que enseñan que ya no hay más revelación, pues no hay una revelación textual y especial aparte de las Escrituras. No hay más, está cerrado el canon y concluida esta revelación. Es por eso que si llega alguien y nos dice: “El Señor me reveló la fecha de Su regreso”, debemos descartarlo de inmediato, pues el Señor ya nos dio una revelación especial en la cual nos habló de Su regreso, y allí nos dice que nadie sabe el día y la hora, pues se la ha reservado el Padre (Mr. 13:24-37). No hay una nueva revelación para la fe cristiana, no hay una nueva revelación que sea la regla de fe nuestra, pues todo esto se encuentra completo y cerrado en el canon que Dios ha preservado y confirmado a través de la historia, pues el contenido dogmático y doctrinal de nuestra santísima fe, “ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 1:3); es decir, está completa, está cerrada, tenemos todo lo que debemos saber.

El contenido textual y canónico de nuestra fe, ya nos ha sido dado, está completo y cerrado. Todos los libros que leemos aparte de la Biblia, deben provenir de la influencia bíblica y no pretenderse una revelación adicional a esta. No hay otras “santas escrituras”, como se pretende el libro de los mormones, pues Dios ya nos ha dado su completa revelación para nosotros.

LA ILUMINACIÓN Y LA REVELACIÓN HOY.

Ahora bien, cuando hablamos de iluminación, también  tenemos que aplicar el concepto de revelación, y lo vamos a explicar de la siguiente manera. La palabra revelación en el hebreo es גָּלָה (heb. Galá). Lo que galá quiere decir es ‹‹quitar la cubierta de algo, descubrir››, ‹‹quitar el velo››. Eso es revelación, es quitar el velo, descubrir algo, destapar algo. Pero tú no solo necesitas que se te descubra algo, tú también necesitas iluminación.

Hace un tiempo atrás el hermano R. A. López me contaba una anécdota que tuvo, y la contó también en una predicación, algo que vivió en la mina El Teniente[19]. Dijo que en un momento al interior de la mina se le ocurrió apagar el foco de su casco e intentar verse la mano. Contaba que acercó su mano a la cara, de modo que la sentía en su nariz, pero aun así de cerca él no podía verla. Era la oscuridad absoluta. Tomándome de esto, en una oportunidad, le hice una pregunta al hermano: “¿Qué hubiera pasado si delante de él, en aquel momento, estuviese un cofre con oro y destapado?”. La respuesta fue: “¡No lo hubiese visto! ¡Imposible! Porque es la oscuridad absoluta”. Con esto nos damos cuenta de algo, no solo necesitamos revelación, que se nos descubra algo, sino que además, para que ver lo que está descubierto necesitamos luz. Es por eso que Pablo ora y le pide a Dios que nos dé espíritu de sabiduría y de revelación en el pleno conocimiento de Él, y además habla de que sean “iluminados los ojos  de nuestro corazón” (Ef. 1:18, BTX III). La Reina Valera de 1960, dice “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento”, pero el griego, literalmente dice “habiendo sido iluminados los ojos  del corazón” (Tischendorf). O sea que es necesario no sólo que Dios nos quite la tapa, no solo que Dios nos quite el velo, sino que Dios también nos ilumine. Y esto es lo que destacaba el hermano R. A. López respecto a su experiencia al interior de la mina. Él tenía buena la vista, no es ciego, pero no tenía luz. Así es que la revelación de la que estamos hablando quiere decir que Dios nos destapa, nos descubre, nos quita el velo, pero aparte de esto nos ilumina. Por eso la llamamos iluminación-revelación.

NECESITAMOS LA OPERACIÓN DE DIOS.

Mis hermanos, respecto a esto tenemos que saber algo importante. No podemos comprender, ni entender profundidades de Dios por medio de Su Santa Palabra, sino es Dios mismo el que opera en nosotros, descubriéndonos Sus profundidades e iluminando nuestro corazón. Necesitamos la operación del Espíritu. De nada nos serviría ir a una escuela de Teología, aprender hermenéutica y exégesis, si no tenemos claro que necesitamos del Espíritu de Dios operando en nuestra vida, iluminando nuestro corazón respecto a lo revelado, para poder comprender las profundidades de Dios (1Co. 2:10). Porque Dios se revela a Sí mismo. Así que, hermanos, cuando nosotros estamos conociendo algo de Dios no podemos jactarnos de que esto ocurre por nuestra propia capacidad, creernos superdotados, ¡no! Debemos alegrarnos de que ha sido Dios el que ha operado. Cuando nosotros entendemos algo de Cristo, cuando entendemos algo del Padre, cuando entendemos algo del Espíritu, ha sido Dios el que ha intervenido en nuestro interior, iluminándonos lo revelado. Considerando esto, entendemos la razón por la que el Hijo dijo a Pedro:

“Bienaventurado eres Pedro, porque no te lo reveló carne ni sangre…”

O sea no fue una obra humana, no fue la mente humana, ni la súper capacidad mental de Simón, ¿quién fue?

“…mi Padre que está en los cielos” (Mt. 16:17, RV 1960).

¿Se dan cuenta? También el Hijo nos dijo:

“Nadie conoce al Hijo, sino el Padre. Y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mt. 11:27, RV 1960).

Así que ninguno de nosotros puede jactarse de que conoce algo de Dios por capacidad propia, o por ser un superdotado, sino que ha sido el Dios misericordioso que se nos ha descubierto y nos ha iluminado Su revelación. Así que puede haber un teólogo muy capacitado, saber muchas lenguas, quizás como el hermano Robert Dick Wilson que sabía 42 idiomas[20]; pero no nos basta con eso, sino que necesitamos al Dios todopoderoso. Necesitamos una operación de Dios en nuestra vida. Necesitamos a Dios operando, necesitamos al Logos con el Pneúma. Logos significa ‹‹Palabra››[21], Pneúma es ‹‹Espíritu››, o sea que necesitamos la Palabra y el Espíritu. Consideren esto que es importantísimo, la Palabra y el Espíritu son como dos piernas para poder caminar correctamente. No solo Espíritu, no sólo Palabra, sino Espíritu y Palabra, Palabra y Espíritu.  Complementarios y necesarios.

Es curioso que cuando se habla acerca del Espíritu se utilice el verbo ‹‹proceder›› y cuando se habla de la Palabra se utiliza el mismo verbo, ‹‹proceder››. Pues proceden de Dios. No debe haber Palabra de Dios sin el Espíritu de Dios. No debe haber Espíritu de Dios sin la Palabra de Dios. El hermano R. A. López nos daba un ejemplo muy bueno. Nos decía que cuando nosotros hablamos no es tan solo palabras saliendo de nuestra boca, sino que además sale nuestro aliento. Bueno, de la misma manera debe ser con la Palabra de Dios, ella debe ir siempre con el Espíritu, debe ser el Logos con el Pneúma, la Palabra con el Aliento. Y esto mis hermanos, es una operación de Dios.

EL CORAZÓN CORRECTO PARA ESTA OPERACIÓN.

Miren, aquí hay principios que debemos aprender, tales como que necesitamos de las Escrituras y del Espíritu, que necesitamos de Su operación, que Dios se nos dé a conocer. Ahora, aparte de esto, hay otros consejos importantes que veremos en el siguiente capítulo, como el tener varias traducciones de las Escrituras a la mano y si es posible también un interlineal; no obstante, todo esto es vano si carecemos  del corazón correcto. No solo debemos tener los materiales disponibles, sino también el corazón correcto. Para esto, debemos poner atención a los principios que las Escrituras nos enseñan, para que entendamos cuál es el corazón adecuado. Voy a citar un principio que se nos enseña respecto a la soberbia y la humildad, diciéndonos así:

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” (Stg. 4:6; 1P. 5:5, RV 1960).

En otra parte dice:

“Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos.” (Sal. 138:6, RV 1960).

HUMILLADOS.

Hermanos, es importante el corazón correcto para conocer al Señor. A veces nosotros vamos a las Escrituras y vamos por vanidad; o vamos por competir con otros hermanos; o vamos con soberbia pensando que Dios tiene la obligación de darnos a conocer Su Palabra y no venimos humillados. La soberbia es algo que Dios resiste, que mira desde lejos, que no atiende. Jacobo (que es Santiago) y Pedro nos están mostrando una característica de Dios. Pongamos atención, pues Dios se conduce de esa manera, Él resiste la soberbia, mira de lejos al soberbio, pero concede gracia –Su favor– a los que se humillan. Si nuestro corazón es soberbio, si no venimos con humildad y en lugar de esto venimos con motivaciones soberbias y vanas, Dios nos resistirá. Nos encontraremos con historia, con lo literal y no pasaremos de aquí, no tocaremos ni seremos tocados por el Señor a través de Su Palabra, nos perderemos Sus profundidades (1Co. 2:10).

Jacobo y Pedro usan la palabra ὑπερηφάνοις (gr. hyperéfanos) para referirse a los soberbios en la Reina Valera 1960 y literalmente significa ‹‹apareciendo por encima de otros››, ‹‹altanero››. Creerse más, creerse superior, con más inteligencia o con más conocimiento que otros. ¡Que el Señor nos libre! Sin embargo, debemos ser realistas y honestos, nosotros a veces vamos con esa actitud a Dios, abrimos la Palabra con soberbia y violencia, queremos forzar con altivez y egocentrismo que Dios nos dé a entender Sus profundidades, como si fuera Su obligación con nosotros, ¿y saben qué nos pasa cuando venimos así? Nos encontramos con la ceguera, no entendemos nada, no comprendemos nada y nos enojamos. Entonces para evitar esta ceguera, ¿cuál es el corazón correcto con el que debemos venir a las Escrituras? Un corazón humillado que necesita que Dios le conceda de Su gracia, que necesita que Dios opere en él. Que reconoce que sin la intervención del Señor no podrá entender nada de Dios y sólo dará vueltas en círculos, sin comprender ni ver en lo absoluto.

LIMPIOS DE CORAZÓN.

Ahora, aparte de un corazón humillado, necesitamos aprender otra cosa que es importante. Nuestro corazón debe ser humilde en la presencia del Señor, pero además, debemos aprender a dejar que el Señor nos enseñe, y saber que podemos estar equivocados; por lo que es muy posible que el Señor quiera corregirnos. Miren lo que nos dijo el Señor Jesús en Mateo capítulo 5, versículo 8, en las bienaventuranzas, dice así:

 “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (RV 1960).

O sea que una de las cosas importantes para acercarnos nosotros al Señor a través de las Escrituras, es un corazón limpio, vacío de cualquier idea preconcebida. A veces nosotros queremos forzar la Biblia a decirnos cosas o a simpatizar con nuestros pensamientos. Mis hermanos, no hay nada más doloroso para un hermano que comparte la Palabra que encontrarse con cosas que te corrigen. ¡Ay, hermanos! Pero debemos estar dispuestos a esto, para estar vacíos de cualquier cosa preconcebida y personal, y así el Señor pueda corregirnos. Hace un tiempo atrás leí un libro que se titula Falacias exegéticas, del hermano Donald Carson. Es un muy buen libro, hermanos, para todo aquel que quiera compartir la Palabra y quiera hacerlo responsablemente. El hermano Carson en una parte habla acerca de la falacia que se utiliza desde el púlpito para hablar del amor. Para mí esto fue tremendo, tuve que arrepentirme aunque me costó, me resistí bastante a esa corrección. No puedo decir que de inmediato dije “¡Amén!”, no, me costó mucho aceptarlo, ¿saben por qué? Porque aparte de ser corregidos, tuve que asumir que enseñé eso mal a los santos.

Para los que quieran saber, se trata de la enseñanza que habla del amor diciendo que tenemos tres palabras en el griego para hablar de este: eros, philial y ágape. Bueno, se dice que el amor eros es el amor erótico de la pareja, no es una palabra que aparezca en la Biblia, pero es una palabra que aparece en la literatura clásica griega. También tenemos philial, y se dice que se refiere a un amor sentimental humano, como el amor entre un padre y un hijo, y cosas por el estilo. Y finalmente tenemos ágape, que se dice es exclusiva para referirse al amor de Dios. Yo enseñé esto, de lo cual ya me arrepentí y retracté delante de los hermanos que me oyeron; pero si hay algún hermano aquí que me escuchó esta enseñanza y no mi retractación, le pido perdón por haber enseñado eso, eso estaba mal, no estaba correcto. Bueno, respecto a esto, explica el hermano Carson que cuando uno hace un estudio de la semántica histórica de estas palabras, se da cuenta que no es verdad el asunto de la exclusividad divina de ágape y de que philial sólo aplique a los hombres y sus afectos. Ágape no es una palabra usada exclusivamente para el amor de Dios. Es más, la Septuaginta, que es la Biblia de los setenta, la primera traducción del hebreo al griego, cuando habla de Amnón, uno de los hijos de David que abusó de su hermanastra,  dice que este se enamoró de ella (2S. 13:1). ¿Sabe que palabra conjugada usa el griego allí? Utiliza la palabra ágape. Ahí ya se me calló a mí la doctrina, pues lo comprobé. ¿Cómo utiliza para un amor enfermizo la palabra ágape, pues decimos que esta palabra es exclusiva para el amor de Dios? ¿Se da cuenta? Luego, en el Nuevo Testamento, cuando dice que “el Padre ama al Hijo” (Jn. 5:20, RV 1960), en el griego aparece la palabra φιλεῖ (gr. philei). Lo que dice es que “el Padre philei al Hijo”, como verán, se utiliza la palabra relacionada a philial, y decíamos que philial era los afectos humanos y que ágape era el amor de Dios; pero el texto dice que “el Padre ama [philei] al Hijo”. Al parecer yo estaba equivocado.

Así usted se da cuenta que tenemos que ir con un corazón limpio de ideas preconcebidas y estar dispuestos a que el Señor cuando quiera nos corrija. Y cuando nos corrige nos cuesta hermanos, nos duele. Porque hay cosas que no solamente afectan nuestro error, sino nuestro orgullo. O sea que, delante del Señor, tú te das cuenta de algo, que el corazón correcto y amado por Él, es el corazón humillado y vacío, limpio. El corazón humillado es el que viene delante del Señor entendiendo que no sabe nada, que necesita luz del Señor, que necesita que el Señor lo ilumine, que necesita que el Señor se le revele. Y el corazón vacío o limpio, es el que no viene con ideas preconcebidas ni rígidas, sino que sabe que puede estar equivocado y que necesita ser enseñado por el Señor. Mis hermanos, este es el corazón correcto. Pero cuando vamos a las Escrituras por un bien propio, queriendo torcerla para que diga lo que queremos, eso es intentar violentar al Espíritu de la Palabra. Hermanos, de esto sufre mucho el pueblo de Dios, de intentar torcer las cosas y que los hermanos vean la Palabra con mis lentes, de eso hay que cuidarse. Porque cuando venimos aquí, cuando abrimos las Escrituras y estamos haciendo estos estudios, no es para que usted diga “tengo la teología orellanina[22]”, sino que para que usted diga, “estoy de acuerdo con lo que dijo el hermano, yo también lo estudié”, o por el contrario, “no estoy de acuerdo con lo que dijo el hermano, después me voy a acercar a conversar con él, para que tengamos comunión, tengamos un punto de encuentro”.

Mis hermanos, nosotros debemos tener una Teología pura basada en las Escrituras. Si está de acuerdo con las Escrituras, ¿qué decimos? ‹‹Amén››, y lo hacemos libremente, no me pongo los lentes de nadie. O sea que, lo puede haber dicho el hermano más preparado que conozcamos, pero yo no le voy a decir “amén” a ciegas, ojalá que yo lo pueda estudiar y decir en comunión “¡Amén!”. O también puede ser que el Espíritu nos confirme lo que oímos, porque a veces leemos cosas que no entendemos en el momento, luego un hermano lo está explicando, el Señor nos ilumina y nosotros decimos “¡Oh, lo leí en la semana y ahora lo entiendo bien, amén!”. Que el Señor nos ayude a que todos nosotros podamos tener un corazón limpio o vacío de ideas preconcebidas, y además, un corazón humilde en la presencia del Señor para que nos conceda Su gracia.

SOBRE EL SER TRIPARTITO DEL HOMBRE.

Es importante dejar que el Señor nos enseñe y saber que necesitamos Su luz para nuestras mentes, para comprender cosas espirituales (1Co. 2:12-14), pues es el Espíritu de Dios que nos permite entender los asuntos espirituales y de Dios (Job 32:8); pues sin la ayuda del Espíritu podemos despreciar temas importantísimos para la vida cristiana, como lo que ocurre con el dualismo antropológico.

Dentro de la antropología bíblica o cristiana aquellos que son partidarios del dualismo indican que el hombre es un ser bipartito[23], con cuerpo y alma; es decir que el espíritu y el alma del hombre son lo mismo. Entonces –según ellos– el hombre es un ser con cuerpo y alma-espiritual (por decirlo de algún modo). Así que no se hace la distinción entre el alma y el espíritu, sino que se tratan como si fueran lo mismo, como sinónimos. ¿Y cuáles son los argumentos? Bueno, uno de estos es apelar a los filósofos clásicos y a su literatura, se que la literatura clásica usaba estas palabras como sinónimas. Sí, es legítimo apelar a estos argumentos, pero no hay que olvidarnos de que no es la literatura clásica la que le enseña antropología a la Biblia, ni es la literatura clásica la que corrige a la Biblia, sino que es la Biblia la que corrige la literatura clásica y le enseña antropología. Entonces, hay hermanos que apelan a filósofos como Platón diciendo que este usaba la palabra pneúma y psiqué como sinónimas, y que enseñaba que el hombre era cuerpo y alma, nada más. Así que comienzan a leer lo que la Biblia dice del ser humano con esos lentes, con los lentes de Platón o de otros filósofos,  y lo justifican con pasajes bíblicos donde se habla solamente del alma y el cuerpo (p. ej. Mt. 6:25; 10:28), como si estuvieran diciendo allí que estas son las únicas dos partes del hombre, pero si tomamos en su contexto los pasajes esos argumentos se vuelven frágiles. Otro argumento es apelar a los supuestos paralelismos[24] que se hace de ambas palabras, como en Lucas 1:46-47, donde dice:

46 Entonces María dijo:

Engrandece mi alma al Señor;

47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” (RV 1960).

Pasajes como este se consideran paralelismos simples, y se argumenta que se usa la palabra “espíritu” como sinónima de la palabra “alma”. Pero saben, creo que esto es hasta un poquito rebuscado, y personalmente, apreciando un montón la labor del hermano Bullinger y Lacueva, reconociendo la gran erudición de ambos y consciente de que ni a los talones les llego, humildemente creo que no es un paralelismo. No obstante, como se lee con esos lentes dualistas se pierden riquezas simples como las que señala el hermano Gino Iafrancesco en su libro Frente a la caída, diciendo:

“No nos damos cuenta que Dios a veces aprueba, a veces aplaude, y a veces se alegra, y lo sabes en lo espiritual; se entristece; cuando se contrista es porque el Espíritu del Señor se contrista. Dice María en aquel pasaje de Lucas 1:46-47: ‘Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador’. En el griego, engrandece, respecto del alma, lo dice en presente, pero regocija, respecto del espíritu, aparece en pasado (regocijó), y eso se debe porque primero acontecen las cosas en el espíritu, porque allí está ubicado el semáforo de Dios, el cual da luz verde o luz roja; a veces es amarilla, cuando Dios nos dice que caminemos despacio, con mucho cuidado, porque esto es asunto sagrado.” (Iafrancesco, 1993, p. 69).

Un verbo en tiempo pasado y otro en tiempo presente. Primero ocurrió en el espíritu y luego se manifestó aquello en el alma. Pero como se lee con lentes resistimos al Señor, no dejamos que nos enseñe asuntos espirituales que algunos llaman despectivamente “místicos”[25] (pues utilizan esta palabra de forma despectiva). Mis hermanos, haciendo esto se desarman a sí mismos, despreciando un asunto importantísimo para la vida del creyente que quiere aprender a andar en Cristo, por el Espíritu, e identificar qué es su carne o cuándo son sus simples emociones. Y se resiste de tal manera todo esto, que hasta hacen caso omiso de figuras de dicción claras que confrontan este parecer. Pongan atención a esto. Existe una figura del lenguaje en el griego llamada polisíndeton[26]La palabra se compone de dos raíces griegas, poly que quiere decir ‹‹muchos››, y síndeton que quiere decir ‹‹unido con ataduras››. Esta figura de dicción del idioma griego koiné[27] consiste en la repetición de la conjunción ‹‹y›› entre varias palabras, es decir, varias palabras unidas/atadas con la conjunción. Cuando esto ocurre, es porque el Espíritu Santo quería llamar la atención a cada una de las partes unidas[28], como en Mateo 28:19, donde dice:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (RV 1960).

Noten en el texto la conjunción ‹‹y›› en cada frase. El Espíritu Santo hizo énfasis independientes en el Padre, y en el Hijo, y en el Espíritu Santo. Ahora, cuando el griego omite las ‹‹y›› (kai) separando las palabras por una coma (,) es porque quiere llegar a la conclusión, al final de la oración (Bullinger-Lacueva, 1985, p. 138); pero cuando en vez de comas (,) tenemos la conjunción ‹‹y››, es porque quiere que prestemos atención a cada una de esas partes. En el caso de Mateo 28, se desea que pongamos atención al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Cada una de las partes unidas por la conjunción debe ser atendida y considerada de forma independiente y con atención. Es un listado relevante que ha de tratarse con atención en cada una de sus partes unidas. Ahora, cuando los hermanos en Cristo, apodados muchas veces como “dualistas” llegan a 1ª Tesalonicenses 5:23, donde Pablo dice:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (RV 1960).

Se fijan solamente en la figura de dicción llamada aliteración (Bullinger-Lacueva, 1985, p. 169) que se encuentra en la parte que dice “por completo; y todo vuestro ser”, esto significa “santificación completa de nuestro ser completo”; sin embargo, omiten el polisíndeton que se encuentra en el griego. Es más, casi todas las traducciones evangélicas que conozco, con la excepción del Nuevo Testamento Recobro, traducen “y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo” omitiendo la figura[29], pero no lo hacen en Mateo 28:19. No obstante, miren cómo aparece en el griego[30] 1ª Tesalonicenses 5:23:

Como pueden ver, la figura literaria demanda que pongamos atención a las tres partes y cada una tenga su atención especial, tal cual como aparece en Mateo 28:19, donde cualquier hermano que entienda el asunto de un Dios en Tres Personas, jamás se atrevería a decir que la palabra ‹‹Padre›› se utilice como sinónima de ‹‹Hijo›› o ‹‹Espíritu Santo››. De la misma manera, en 1ª Tesalonicenses 5:23 el Espíritu Santo nos señala cómo estamos hechos, nos señala que nuestro ser completo consta de espíritu, y alma, y cuerpo; partes que Él quiere sean guardadas irreprensibles para cuando el Señor aparezca. Así que, ¿quién tiene la verdad? ¿Platón u otro filósofo? ¿Quién la tiene? La respuesta es, la Biblia.

REQUERIMOS LA OPERACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO.

Mis hermanos, es importante entender que no solo necesitamos a los filósofos clásicos o las reglas de hermenéutica, sino que por sobre todo necesitamos al Espíritu Santo iluminando el entendimiento humano, porque según Job 32:8 es el soplo de Dios que nos hace entender[31]. Por lo tanto, necesitamos al Espíritu Santo dándonos sabiduría. Por eso Pablo dice que ruega a Dios que:

17… os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento pleno de Él; 18 iluminados los ojos del corazón” (Ef. 1:17b-18a, BTX III).

Pablo tenía muy claro que era necesaria la operación de Dios. Entonces debemos venir a Dios con un corazón limpio, vacío de ideas preconcebidas y humillados; pues necesitamos Su operación reveladora e iluminadora, y como sabemos que Él resiste al soberbio pero da gracia a los humildes, venimos a Su presencia con el corazón adecuado y rogamos que Su Espíritu opere en nosotros porque le necesitamos. Debemos rogar que Dios nos quiera hablar, que Dios nos quiera corregir por Su Palabra y así sea que lavemos nuestros pensamientos con la Palabra del Señor y no con otro tipo de literatura, que nunca podrá sustituir la Palabra, sólo ser una ayuda para que nosotros podamos comprender cosas.

Entonces, un corazón adecuado también es el corazón vacío de ideas preconcebidas, y junto con esto, un corazón humillado. Un corazón limpio, vacío y humillado, éste es un corazón adecuado para buscar al Señor. Les voy a contar una anécdota. ¿Ustedes han oído hablar del hermano Martyn Lloyd-Jones? Fue un hermano muy usado por el Señor. Fue un hermano que nació en Gales años después del avivamiento que hubo. Éste hermano, siendo un médico decidió apartarse de su profesión para el ministerio de la Palabra y comenzó a servir al Señor como un teólogo autodidacta. El hermano tenía mucha gracia, tiene unos discursos en inglés que están subtitulados, muy buenos. Tiene libros tales como Dios el Padre, Dios el Hijo, y otro titulado Dios el Espíritu Santo, entre otros varios.

Bueno, el hermano Martyn Lloyd-Jones un día fue a conocer a un hermano de la India llamado Bakht Singh. El hermano Bakht Singh fue un hermano contemporáneo al hermano Watchman Nee. Paralelo a lo que el Señor estaba haciendo con Watchman Nee en China, estaba haciendo con Bakht Singh en la India. Es notable ese paralelo. Lo llamaban “el apóstol de la India”. Fue muy usado por el Señor. Un día fueron a ver al hermano Bakht Singh, los hermanos Martyn Lloyd-Jones y Samuel Kenneth. Durante aquel día lo que más hicieron fue hacerle preguntas al hermano Singh, y quedaban asombradísimos de sus respuestas, porque el hermano Bakht Singh no solamente le hablaba de cosas escriturales, sino también de cosas que tocaban sus espíritus. Entonces en un momento el hermano Martyn Lloyd-Jones le preguntó: “¿Cómo es que tú has obtenido esa impresión de las Escrituras?”. La respuesta del hermano Singh fue notable, miren lo que respondió: “Lo que pasa es que yo leo las Escrituras de rodillas”. ¡Miren lo que dijo! “Yo leo las Escrituras de rodillas”. Mis hermanos, con esto no estoy diciendo que ahora hagamos doctrina leer las Escrituras de rodillas, sino que quiero que pongamos atención a la actitud de Bakht Singh. El hermano leía de esa manera porque él sabía que debía humillarse delante del Señor, para él esto era necesario, pues el hermano sabía de la gracia de Dios sobre los que se humillan en Su presencia. Y voy a reafirmar esto con una historia que nos relatan las Escrituras. Llegó una mujer sirofenicia y se acercó al Señor Jesús para pedirle un milagro. Y el Señor ante la petición de la mujer le dijo:

“… no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.” (Mr. 7:27, RV 1960).

¡Oh, mis hermanos! A mí me hubiera dicho eso el Señor y me escandalizo. ¡Cómo se atreve a tratarme así! Mi orgullo se hubiera manifestado inmediatamente. ¡Pero cómo le dice eso a una mujer! El Señor quería mostrarnos algo, puesto que aquella mujer venía con el corazón correcto. Nosotros quizá nos hubiéramos sentido menospreciados y por el orgullo tal vez nos iríamos rezongando; pero hermanos, la mujer no hizo aquello, pues ella lo había perdido todo, la mujer estaba desesperada, y en aquella condición, humillada y sin nada más con qué contar, la mujer le respondió:

“Sí, Señor; pero aun los perrillos…”

Noten que ella no se ofendió, ella asumió ese lugar, sabía quién era Él y quién era ella. Así que aceptó aquella condición humillante de perrillo, tal como Mefi-boset diciéndole a David:

“¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?” (2S. 9:8, RV 1960).

Pero David lo había llamado para mostrarle misericordia y como a un hijo lo recibió en su mesa. David era un hombre conforme al corazón del Señor. Entonces la mujer le respondió al Señor:

“Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” (Mt. 15:27, RV 1960).

Cuando ella le dijo esto, la Biblia nos dice con signos de exclamación que el Señor se conmocionó[32] y dijo:

“¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres.” (Mt. 15:28, BTX III).

Hermanos, ese es el corazón correcto. Que el Señor nos ayude a que cuando nosotros nos acerquemos a Él mediante las Escrituras, vamos con el corazón de aquella mujer, diciendo: “Señor, que caiga una migaja de tu mesa”, “Señor, permíteme conocerte un poco más”, “Señor, permíteme entenderte un  poco más”. Y cuando  un hermano se pare a compartir la Palabra, nuestro corazón esté expectante a las migajas que el Señor pueda dejar caer de Su mesa. ¡Así debería ser nuestro corazón! Nuestro corazón no debería decir: “¡Pero para qué va compartir el hermano de siempre!”, “¡Ah, va compartir de lo mismo!”, sino que nuestro corazón debería suplicar en silencio: “¡Oh, Señor, que caiga una migaja de tu mesa!”, “que caiga una simple migaja de tu mesa, Señor. Para yo poder comer, para poder ser edificado y conocerte un poco más”.

Hermanos, cuando nosotros nos comenzamos a apartar del Señor, inmediatamente dejamos la humildad de corazón. Asumimos un corazón soberbio y venimos a las reuniones con ese corazón. Cuando venimos con un corazón soberbio, venimos con fastidio, queremos que termine la reunión, queremos que acabe todo. Cuando ocurre esto es porque estamos quitándole nuestro corazón al Señor. Cuando venimos y estamos pensando de esa manera, cuando estamos sintiendo eso, es porque hemos dejado al Señor. Tenemos que volvernos, ponernos de frente a Él, volvernos a las pisadas del rebaño, volver a identificar donde nos extraviamos, para poder retomar el camino y volver a estar a los pies del Señor. Y venir con ese corazón humillado y limpio. Y cuando estamos con el corazón correcto, puede compartir alguien que a lo mejor no nos gusta que comparta, por alguna razón carnal no lo “pasamos”, pero si nosotros venimos con el corazón correcto y juzgamos ese carnal sentimiento, diciendo a nuestro Señor: “¡Oh, Señor, que caiga una migaja de tu mesa, edifícame para que te ame y conozca!”, el Señor nos  escuchará, y puede que diga: “¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres”. Que el Señor hable a nuestro corazón.

CONCLUSIÓN SOBRE LA ILUMINACIÓN-REVELACIÓN.

 Ya para concluir diremos que el proceso de iluminación y de revelación del cual estamos hablando, es algo que impacta la vida del hombre. Que impacta en nuestro ser completo. Cuando el Señor mediante Pablo nos habla en las Escrituras acerca de revelación e iluminación, él dice, de acuerdo a la versión Reina Valera 1960:

“… alumbrando los ojos de vuestro entendimiento…” (Ef. 1:18).

Si usted mira en un interlineal griego-español, se dará cuenta que dónde se tradujo ‹‹entendimiento›› aparece la palabra griega καρδίας (gr. kardías), no dice νοὸς (gr. nous), ni tampoco διανοίᾳ (gr. dianoía). Nous es mente, kardia es corazón, dianoía es entendimiento o pensamiento. Cuando la Biblia habla de kardia lo hace en dos sentidos según el contexto. El primero –y muy pocas veces usado– es para referirse al órgano que bombea sangre (p. ej. Ex. 28:30; 2R. 9:24, LXX); y el segundo, que se usa en casi todas las veces en que aparece, es para referirse a un corazón “psicológico” o “metafórico”, que implica el ser completo del hombre (p. ej. Gn. 6:5, LXX; Ef. 4:14), de dónde mana la vida. Por eso dice Proverbios:

“… sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Pr. 4:23, RV 1960).

En el libro Frente a la caída del hermano Gino Iafrancesco y en el libro El hombre espiritual –que es más detallado– del hermano Watchman Nee, usted va a encontrar los versículos y detalles de lo que yo voy a decir ahora. Cuando se habla del corazón –no en el sentido biológico– se hace referencia a todo el ser del hombre y lo profundo de su esencia: nuestro espíritu, y alma, y cuerpo. Las menciones que hace la Biblia del corazón, en su sentido connotativo, relaciona a este las emociones, la voluntad, la mente[33]  y también la conciencia[34]. Por lo tanto, cuando hablamos del corazón, de “iluminados los ojos de vuestro corazón”, se refiere a que Dios impacta nuestro ser completamente. Entonces, cuando Dios nos revela e ilumina, cuando Dios es el que lo hace, no quedamos intactos. Somos golpeados, movidos y sacudidos por lo que entendemos y aprendemos. Nuestra mente comprende, nuestras emociones son tocadas y somos encaminados a una decisión voluntaria, pues nuestra conciencia fue sacudida en lo profundo. Somos impactados completamente. Por tanto, cuando Pablo desea que el Señor ilumine los ojos de nuestro corazón, se refiere a que seamos tocados y transformados por esa revelación. Porque cuando procede algo de Dios, cuando el Señor nos descubre algo y nos ilumina, nuestra personalidad es tocada y conmovida. Probablemente ya no seamos los mismos, ya no podamos andar de manera indiferente o como nosotros queramos. Por ejemplo, si escuchamos hablar de la santidad de Dios y el Señor nos ilumina con esto, entonces nosotros no vamos a andar más negligentemente por la vida y entenderemos por qué Dios es de temer, no pensaremos más de Él como si fuera un compañero “buena onda” que tolera nuestras malas conductas. O si escuchamos hablar de Su justicia y el Señor nos tocó e iluminó con esto, desde allí en adelante el Señor no solo será amoroso para nosotros, sino que también Su vara será evidente para nosotros. ¿Por qué? Porque cuando el Señor descubre e ilumina, impacta el ser, impacta al hombre, no lo deja igual.

Mis hermanos, este es el proceso de la revelación-iluminación. Por eso Pablo dice “iluminados los ojos de vuestro corazón”, o sea, no era algo que solo él quería que entiendan, que se sepan la doctrina, no; sino que la vida, la vida completa sea impactada. El hombre completo sea impactado. Y eso es el proceso de revelación. Es una operación del Dios omnipotente en la vida de personas frágiles e impotentes como nosotros. Es una operación que hace Dios, por medio de Su Espíritu, dándonos sabiduría para comprender y entender, principalmente a Dios a través de las Escrituras. Una lectura viva de la Palabra viva.

Mis queridos hermanos, esto es algo que necesitamos buscar con humildad. Yo he visto a hermanos que piensan que la iluminación viene sin esfuerzo. No es así. Se engañan a sí mismos pensando: “¿Para qué voy a orar si el Señor sabe lo que necesito?”. O hay hermanos que piensan que no tienen para qué leer, pues creen que el Espíritu Santo podría hacer un milagro y que ellos de la nada comenzarían a saberse la Biblia, sin leerla. Muchos creen y quieren esas cosas, pero como decía el hermano R.A. López, si así fuera, yo le tendría un reclamo al Señor. Pero mis hermanos, no es sin esfuerzo, no es sin ese esfuerzo que tenemos que realizar en la gracia de Dios. Pues por algo el Señor dice:

“Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” (Lc. 11:10, RV 1960).

¿Saben que significa esto? ¿Cómo se resume pedir, buscar y llamar? En una sola palabra sería ‹‹insistencia››. Por eso después el Señor habla de la viuda que insistía al juez injusto (Lc. 18). Así que hay que ser perseverantes en el pedir, en el buscar y en el llamar. Hay que insistir, ser perseverantes. Tampoco es sin leer, ni es sin oír. Debemos ser perseverantes en estas cosas.  Insistentes. Sé que muchos hermanos hemos experimentado que una frase en una película nos toca profundo en el corazón y que, de alguna manera, el Señor toma eso y nos habla en lo personal. Puede ser que a usted el Señor le hable por una película, en un diálogo, en una canción, le llame la atención en algo, claro que sí puede ocurrir. Como el testimonio de un hermano que al oír una estrofa de una canción secular se dio cuenta que estaba descarriado y debía volverse al Señor. De repente alguna frase que se oye, nos toca; pero no se sienta tan contento por eso, ¿sabe por qué? Porque el Señor quiere hablar por Su Palabra, pero a veces tiene que utilizar otro medio externo por falta de ésta en nuestro interior, como lo que ocurrió con la asna de Balaam (Nm. 22:21-40). No escuchó al Señor, así que le habló una burra. El Señor siempre nos busca, nos quiere salvar porque es el Salvador, quiere hablar a nuestro corazón. El Señor buscó a Adán y el Señor busca a Sus ovejas extraviadas. Y no piense que por estar en las reuniones no puede estar su corazón extraviado y perdido en otras cosas. Eso ocurre y cuando pasa el Señor nos busca, porque a veces nosotros estando en la iglesia nos extraviamos. Entonces nos busca y nos llama de diferente manera, y a veces utiliza diferentes medios para hablarnos desde afuera, ya que desde adentro no oímos Su voz, sino que la ignoramos o carecemos del contenido de las Escrituras.

Necesitamos ser constantes en la lectura de la Palabra, constantes en el oír la Palabra y constantes en la oración, en humillarnos en Su presencia, para que Él quiera en Su misericordia y en Su gracia, en cualquier momento, dejar que las migajas caigan de Su mesa. Esto es para todos hermanos, varones y mujeres, no es para algunos. No es solo para los hermanos que son de treinta para arriba, sino para todos. Es para los niños, es para los jóvenes, es para las hermanas, ¡sí, hermanas! No es sólo para los varones. A veces la Palabra del Señor se encontraba en la boca de Abraham, pero a veces se encontraba en la boca de su mujer, Sara, y el Señor mismo le dijo a Abraham: “en todo lo que te dijere Sara, oye su voz” (Gn. 21:12). Por eso hay que ser humildes, hermanos, porque si le habló a un profeta por medio de un asna, nos puede hablar por cualquier persona y/o medio. Esto es para todos, pero lo perfecto es que lo escuchemos hablar mediante Su Palabra, con el principal objetivo de darse a conocer; y esto es promesa del Nuevo Pacto, pues dicen así las Escrituras:

“Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.” (Heb. 8:11, RV 1960).

 Es para todos. Dios a todos quiere iluminar, a todos quiere revelarse. Así que yo quiero corregir un pensamiento. Cuando los hermanos dicen: “¡Oh, el hermano que tiene luz!”, “¡El hermano que tiene revelación!”, mirándolo como un superdotado. No, el hermano es igual a ti y a mí, sólo que buscó más, quiso y rogó por más. Quiso esforzarse más, eso es todo. “¡Oh, el hermano es diferente a los otros jóvenes!”, no, es igual, lo único que sucedió es que no tuvo en poco su juventud. Es para todos. Y lo que él recibiera no es para él, es para la iglesia. Por lo tanto, mis hermanos, tener vidas profundas o lograr que caiga una migaja de la mesa del Señor no es para algunos, es para los que vienen como perrillos y quieren; pues para entender el Texto necesitamos iluminación-revelación, lo cual, es una operación de Dios.

Amén, gracia y paz del Señor Jesús, sean con todos ustedes.

 


 

[1] Transcripción realizada por la hermana Natalia López Martínez.

[2] Véase INTRODUCCIÓN: Sobre las doctrinas fundamentales (p. 9).

[3] También lo dice en una de sus conferencias de estudio sobre esta epístola. Revisado el 13 de diciembre del 2020 (00:01:18). Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=1ngtYWeDT24

[4] 3ª Edición.

[5] Ferraris, L. 1746. Prompta Biblioteca Canónica, Jurídica, Moralis, Teológica, nec non Ascética, Polémica, Rubristica, Histórica. Artículo «Papa», tomo 6.

[6] 1. f. coloq. Chile. osadía.

[7] Intervención del hermano Ruperto Fariña de Talagante y adaptada por el autor al texto.

[8] Lacueva, F. 2006. Nuevo Testamento interlineal griego-español. Viladecavalls: Editorial CLIE.

[9] Real Academia Española.

[10] Según la RAE es “seleccionar excluyendo”.

[11] Voz media o pasiva.

[12] G1223, G1252, G2919. Diccionarios Strong, Tuggy, Vine NT y Swanson.

[13] Ley chilena.

[14] Entre otros países europeos.

[15] Intervención realizada por el hermano Ruperto Fariña, de Talagante, y adaptada por el autor.

[16] El hermano del Señor, de la epístola de Santiago (Reina Valera 1960)

[17] Revisado el 19 de diciembre del 2020. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=JKHYAgNyhnA&t=26s

[18] Refutación de Todas las Herejías, 31:1.

[19] El Teniente es el yacimiento de cobre subterráneo más grande del planeta. Está ubicado en la comuna de Machalí, Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, a 50 kilómetros de la ciudad de Rancagua, Chile.

[20] Y no solamente sabía hablarlos, sino escribirlos y su semántica. Con todo esto el hermano desafiaba a cualquiera a un debate en pro de la veracidad y confiabilidad de las Escrituras.

[21] En el griego neotestamentario.

[22] Del apellido Orellana, del autor.

[23] Que tiene dos partes.

[24] Bullinger E., & Lacueva F.  1985. Diccionario de figuras de dicción usadas en la Biblia (p. 292). Paralelismos simples. Barcelona: Editorial CLIE.

[25] Nosotros estamos conscientes de que hay misticismo cristiano legítimo, que atiende y quiere aprender a conocer al Espíritu que nos habita y cómo andar en Él.

[26] Bullinger E., & Lacueva F.  1985. Diccionario de figuras de dicción usadas en la Biblia (p. 196). Polisíndeton. Barcelona: Editorial CLIE.

[27] Que también se encuentra en el hebreo bíblico.

[28] Véase además: Carballosa, E. 2014. Santiago, una fe en acción (pp. 36-37). Grand Rapids: Editorial Portavoz.

[29] Una excepción que sorprende y que no es evangélica, es la que se encuentra en la  traducción del Nuevo Mundo de los así llamados “Testigos de Jehová”, que traducen: “Que el mismo Dios de paz los santifique completamente. Y sanos en todo sentido sean conservados el espíritu y el alma y el cuerpo de ustedes [los hermanos] de manera exenta de culpa al tiempo de la presencia de nuestro Señor Jesucristo.

[30] Se subraya con rojo la conjunción griega kai (y) que señala la figura literaria polisíndeton. Imagen obtenida del Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, autor: Francisco Lacueva.

[31] Entendemos que la metáfora del “soplo” se refiere al Espíritu Santo.

[32] Sentimiento de pena profunda que sacude el ánimo de una persona, especialmente hasta despertarle la compasión o las ganas de llorar. RAE.

[33] Partes del alma.

[34] Parte del espíritu.