4. EL CANON BÍBLICO.

HNO. J. C. ORELLANA[1].

 

Gracia y paz del Señor, mis hermanos. Permítanme orar un minuto:

Padre, en el nombre del Señor Jesús nos presentamos delante de usted, una vez más para apelar a Su misericordia, a Su gracia, y rogarle que nos permita entender, nos de sabiduría e inteligencia para aprender. Socórranos de nuestra humana fragilidad, que más que bien, muchas veces estorba. Señor, ayúdenos a ser claros, ayúdanos a oír, ayúdanos a compartir Su Palabra. Le necesitamos, Señor, te necesitamos en el más amplio sentido de esa palabra. No queremos una reunión más, Señor. Tu eres la persona que hace cada reunión distinta y cuando Tú estás en medio de forma especial, cualquier cosa puede suceder; pues aunque vamos a tener un estudio o vamos a tratar un tema específico, sabemos que Tú lo puedes utilizar para sacarnos de las tinieblas, para corregirnos, para edificarnos. Por eso te invocamos, porque Tú eres necesario aquí, Tú eres nuestro Señor, nuestro Maestro, condúcenos, queremos oír Tu voz, enseñándonos todas estas cosas. Padre, en el nombre del Señor Jesús te lo rogamos, socórrame, ayúdeme, y ayude a mis hermanos; guarde a mis hermanos de mí mismo, en el nombre del Señor Jesús. Amén.

Mis queridos hermanos, hoy día nos toca seguir con esta serie de Bibliología que estamos realizando, ya hemos visto varios temas importantes respecto a esto, y ahora, Dios mediante, nos toca considerar el asunto acerca del canon de las Escrituras.

Si ustedes recuerdan, partimos viendo que las Escrituras son una revelación especial de Dios. Dios quiso revelarse de forma especial, oficial y textual, y para esto le plació considerar dos idiomas principales, que son el hebreo y el griego; aunque también encontramos pasajes en arameo, como en el libro de Daniel, pues en los originales hay pasajes que fueron escritos en arameo, y es porque aquel idioma en el tiempo babilónico, en el tiempo de Daniel y posterior, era una lengua franca, era una lengua para el comercio, para entenderse internacionalmente, el arameo era el idioma del protocolo internacional (Is. 36:11). Así es que tenemos en la Biblia varias partes en arameo. En el Antiguo Testamento tenemos:

Génesis 31:47.

Jeremías 10:11.

Daniel 2:4 al 7:28.

Esdras 4:8 al 6:18 y 7:12-26.

También tenemos en arameo unas pocas palabras y frases en el Nuevo Testamento, entre las cuales están:

talita cumi” (Mr. 5:41).

efata” (Mr. 7:34)

Elí, Elí, ¿lama sabactani?” (Mt. 27:46).

Abba” (Mr. 14:36; Ro. 8:15; Ga. 4:6)

¡Maran-atha!” (1Co. 16:22)[2].

LA REVELACIÓN ESPECIAL Y EL LENGUAJE HUMANO.

Bueno, decía que nosotros partimos hablando acerca de la revelación de Dios, y dijimos que las Escrituras son una revelación especial, oficial y textual de Él, quien se ha querido revelar al hombre. Esa ha sido la intención del Señor siempre, Él ha querido darse a conocer. Una de las cosas que les hacía notar acerca de esto a unos hermanos, era que según estudios antropológicos seculares, es difícil determinar que el hombre aprendiera a hablar producto de sonidos y muecas que fueran tornándose en un dialecto, sobre esto, Arthur C. Custance[3] señaló:

“Un adicional trabajo de investigación pronto desveló otras complicaciones. Siempre se había supuesto que el habla era instintiva. Pero el descubrimiento ocasional de niños «salvajes» o ferales sin habla demostraba de forma clara que el lenguaje surge solo donde ha habido contacto social. Además, este contacto se debe establecer con individuos hablantes, porque se descubrió también que alguna otra persona tiene que iniciar el proceso para cada uno de nosotros. La mera compañía no inicia la comunicación mediante el habla. Sin la chispa procedente de una parte ya poseedora de esta facultad, no hay conversación”.

Esto nos indica que la opción más plausible acerca del hablar humano lo presenta la Biblia; la cual, nos relata el primer diálogo de la historia humana, proveniente del cielo, y es Dios hablando al hombre (Gn. 2:15-17). Nosotros entendemos que sí hubo alguien que le enseñó a hablar al hombre, y éste fue Dios; pues para que el hombre aprendiera a hablar, alguien tiene que haberle enseñado, ya que es imposible que lo lograra solo[4]. Acerca de esto, las Escrituras nos enseñan que el Señor se paseaba en el huerto (Gn. 3:8), y fue en uno de estos paseos que Adán  –después de caer– se escondió del Señor al oír Su voz (Gn. 3:10). Aquella Voz[5] que le enseñó a hablar a Adán era Dios, y ¿por qué Dios le enseñó a hablar a Adán? Porque Dios tenía un deseo: darse a conocer. Dios le enseñó el lenguaje a Adán para revelarse a él. Dios quería darse a conocer, siempre quiso darse a conocer, ese ha sido siempre el deseo de Dios, que lo conozcan y lo entiendan, como Jeremías 9:24 nos lo dice:

“Sino alábese en esto el que se haya de alabar: En entenderme y conocerme, que Yo soy YHVH…” (BTX III).

Dios ha estado interesado en que lo conozcamos y lo entendamos, y esa es una de las labores del Hijo, porque el capítulo 1 de Juan nos dice que “A Dios nadie le vio jamás” (Jn. 1:18), pero que ahora “el Unigénito Dios[6] (así dice el griego, nuestras Biblias lo traducen el “unigénito Hijo”, pero el griego dice “Unigénito Dios[7]) “Él le reveló” (BTX III). La Reina Valera de 1960 que nosotros tenemos, dice: “Él le ha dado a conocer”, lo cual está bien, pero también podría traducirse “Él le reveló” o “Él le explicó” (BTX IV). El hermano Francisco Lacueva en una de sus conferencias sobre cristología[8], dijo que en esa palabra que se tradujo ‹‹reveló›› aparece la palabra griega ‹‹exégesis››, lo que nos indica que el Señor Jesús vino a hacer la exégesis de Dios, la exégesis del Dios invisible.

LA NECEDAD ATEA Y LA REVELACIÓN NATURAL.

Entonces, hermanos, Dios siempre ha querido revelarse. Dios siempre ha querido que lo conozcan, que lo entiendan, que lleguemos a comprender cómo es El y cuáles son Sus características. Dios para esto también utilizó la naturaleza, la creación. A través de la creación, Dios da una revelación general, una revelación natural de Sí mismo; tanto así, que existieron y existen personas que siendo científicos y sin hacer un estudio exegético de la Biblia, sino estudiando la ciencia y las evidencias cosmológicas, biológicas y físicas, llegaron a la conclusión de que hay Dios. Incluso, hubo un hombre llamado Antony Flew que escribió un libro que se titula Dios existe[9]. A este hombre las evidencias científicas en la física, biología y cosmología, lo llevaron a la conclusión de que hay Dios. Como éste, hay un sin número de otras personas que hemos citado en reuniones pasadas, como Sandage, que fue un astrofísico respetado, su testimonio se registra brevemente en el libro El caso del Creador, de Lee Strobel. También tenemos otros como Michael Behe[10], William Lane Craig, que es un filósofo cristiano, y muchos otros hombres de un alto nivel intelectual, muy respetados. Tipos muy eruditos en su especialidad, tipos muy inteligentes. Uno de ellos, llamado John Lennox,  es un hermano en Cristo que tiene unos discursos en internet muy recomendables, hay uno en especial, que se titula ¿Por qué creo en Dios?[11], dado a catedráticos en la universidad de Oxford. Es notable. Tipos como estos, mediante el estudio de las evidencias en la naturaleza llegaron a la conclusión de que hay Dios.

Saben, a través de estas evidencias cosmológicas uno entiende la razón por la cual el salmista dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios” (Sal. 19:1, RV 1960). Cuando uno entra a la Teología Natural, al asunto de la revelación general de Dios, uno entiende el gozo con el que el salmista dice aquello. Y todos estos hombres científicos antes mencionados, al estudiar las evidencias y ser honestos, se paran de frente a la pregunta fundamental, y dicen: “¿Quién comenzó todo esto?”. Así llegan a enfrentarse en honestidad con este ‹‹Quién››, y llegan a hacerse algunos teístas o deístas. Así comienzan a creer en Dios, y por lo tanto, se comienzan a llamar creacionistas.

Sin embargo, así también hay otros que evaden la pregunta, y en el intento de escapar de ella realizan otras teorías, como que no es un solo universo el que existe, sino que hay muchos universos paralelos, apareciendo así la hipótesis del multiverso; no obstante, esto no descarta de ninguna manera la pregunta sobre la Causa Trascendente, es decir “‹‹¿Quién?››, pues aunque existieran muchos universos paralelos[12], no se descarta la pregunta sobre la Causa Principal para que todos estos supuestos universos comenzaran a existir a partir de la nada. Así intentan escapar del ‹‹Quién››, buscando excusas y comienzan a tropezar entre ellos.

¿Saben qué es lo triste de todo esto, hermanos? Que el ateísmo se ha vestido de intelectualidad, entonces se hace creer que el ser ateo es ser intelectual, es ser inteligente; y, por ende, ser creyente es no serlo. Muchos jóvenes se tragan este cuento, pero les decimos que no es así. Mis hermanos jóvenes, no se compren ese cuento, cuídense de ese discurso aunque provenga de las aulas de clases de universidad prestigiosa, o provenga de supuestas mentes brillantes que se presentan como infalibles. John Lennox, criticando uno de los comentarios que hizo Stephen Hawking (que es considerado la mente más brillante del siglo XXI), señaló que sandeces son sandeces, aunque las diga el hombre más inteligente del mundo. Y es así. Necedades son necedades aunque las diga el hombre más brillante del siglo. Por lo tanto, ser ateo no es garantía de ser inteligente, es más, la respuesta que da Dios ante eso es diferente, pues dice el Salmo 14:1, lo siguiente:

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios.” (RV 1960).

De acuerdo al punto de vista de Dios, el ateísmo es una necedad. Lo que el hombre mira como inteligente y/o sabio, Dios lo ve como una necedad. Sobre todo cuando Dios ha dejado evidencia de Su presencia, como Romanos 1:20 nos dice:

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas,…” (RV 1960).

Eso es revelación general.

ESCRIBE ESTAS COSAS.

Pero Dios no terminó allí, sino que quiso más, Dios quiso más, y para eso comenzó a revelar y a ordenar que se escribiera. Las Escrituras en muchas partes registran cómo Dios ordenó que se escribiera, como a Moisés en Éxodo 17:14 le dijo:

“Escribe esto para memoria en un libro” (RV 1960).

Incluso mandó a los autores a recopilar información. Respecto a esto, los de la crítica textual, del lado conservador, entre las cosas que informan está el asunto del Génesis y su bibliografía. Se dice que Génesis está compuesto por varios documentos o toledot. Esta, es una palabra que aparece en los manuscritos hebreos, entre otros, cuando dice:

“Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados” (Gn. 2:4a, RV 1960).

Lo que dice el hebreo aquí, es algo parecido a esto: “Este es el toledot de los cielos y de la tierra”. Y toledot quiere decir “relaciones”, relaciones en el sentido de relatos, solo que relatos es masculino, por lo tanto relaciones[13]. El autor de Génesis –Moisés– lo que hizo fue citar documentos que conocía, es decir que podríamos obtener una bibliografía de relaciones[14] a los que Moisés tuvo acceso cuando redactó Génesis, a los que el Espíritu Santo lo encaminó.

La hipótesis documentaria, entre las cosas que dice argumenta que no es posible que esto lo haya hecho Moisés, porque, supuestamente, en el tiempo de Moisés ni siquiera existía el escribir; pero hermanos, les recuerdo que han descubierto escritos muy antiguos, más que el propio Moisés; como las que publicó el sitio RT acerca de unas inscripciones encontradas que tienen más de 5.000 años de antigüedad[15]. Considerando esto y lo que implica, es probable que las citas realizadas por Moisés sean de escritos más antiguos que los conocidos hoy en día. Incluso, es probable que cuando cita el toledot de los cielos y de la tierra[16], o cuando cita el sefer[17] toledot de Adán[18], lo más probable sea que hayan sido relatos registrados por el propio Adán o sus hijos. Esto es notable, porque lo que hizo Moisés no sólo fue escribir de primera mano, sino que por el Espíritu Santo, recolectó los documentos que conforman el libro de Génesis.

Cosas por el estilo nos muestran que Dios quiso realmente darse a conocer. Dios quiso revelarse al hombre de forma especial, porque miren, si no existiera el registro histórico del capítulo 1, capítulo 2 y capítulo 3 de Génesis, estaríamos sujetos a mitos antiguos, como el que se atribuye a los sumerios. Sin embargo, ¿cómo iban a durar tanto estos documentos? Bueno, no eran escritos en papel, tampoco eran escritos en papiro, tampoco eran redactados en cuero[19], sino que es probable que estos primeros toledot fueran escritos en cerámica, en tablillas de piedra, incluso en madera. Es por eso que pudieron ser preservadas.

Ahora, era necesario que Dios se revelara y también nos descubriera la historia, porque una de las cosas que encontraron en las tablas de Enki, que estaban escritas en sumerio, era acerca del origen del hombre. Ellos escribieron que los Anunnaki hicieron al hombre, “a su imagen y semejanza”. Miren lo que dice, no es un escrito bíblico pero hay cierta similitud en esas palabras, ahí uno se da cuenta por qué era necesario que existiera la Biblia, que existieran los Escritos santos que el Señor nos dio, porque la tradición oral se puede corromper, es como el juego del teléfono, y seguramente ese relato nació de la tradición oral volviéndose un mito. ¿Han jugado al juego del teléfono alguna vez en su vida? El juego parte con un grupo de personas reunidas, una de ellas susurra una “frasecita” al oído del que está a su lado y cuando llega al final, llega una oración totalmente distinta. Ese es el problema de la tradición oral, es por eso que, sabiendo la fragilidad de la memoria –y para hacerla un poco más segura– los hebreos hacían cánticos, porque a través de los cánticos la memoria funciona de manera distinta. Permítame una pregunta, ¿cuántos cánticos cristianos se sabe usted? Quizás cientos, pero, ¿cuántos pasajes de la Biblia, capítulos de la Biblia, textualmente se sabe? Es más, a veces los hermanos que compartimos la Palabra en vez de hacer una cita textual de la Biblia, debido a que no nos acordamos, citamos un cántico que cita el pasaje. ¿Por qué? Porque de alguna manera la memoria funciona distinta con los cánticos, entonces, gracias al Señor que no nos dejó solamente con una tradición oral, sino que dio Textos para que nosotros pudiéramos examinarlo bien, y así tener una revelación especial, oficial y textual de Dios. ¡Gloria al Señor!

SOBRE EL ORIGEN DE LAS ESCRITURAS.

Entonces, tenemos que Dios se quiso dar a conocer; luego, empezamos a hablar acerca del origen de las Escrituras y dijimos que provienen de Dios, que provienen desde el interior de Dios, que las Escrituras nos dicen que “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2Ti. 3:16, RV 1960), y que el griego nos da a entender que Dios las exhaló desde adentro. No hay que entender la palabra ‹‹inspirar›› que aparece en 2ª  Timoteo 3:16 como que el hombre inhaló la Palabra de Dios; pues no es eso lo que quiere decir Pablo, sino que Dios sacó la Palabra desde adentro, desde Su interior las exhaló. Luego de esto el hombre las escribió, como nos dice Pedro utilizando la palabra pheromenoi, que se refiere a que los hombres de Dios fueron conducidos por el Espíritu Santo. Pero aquí, la palabra que la Reina Valera de 1960 traduce como “inspirados” (2P. 1:21) no significa ya exhalar, sino que significa otra cosa, por eso son palabras distintas. Theopneustos significa que Dios las saca desde adentro, pheromenoi significa que el Espíritu Santo conduce, guía, encamina a los distintos hombres de Dios a escribir estos santos Textos y a recopilar información.

Así que vimos que la obra de Dios no sólo consiste en sacar desde Su interior la Palabra para el hombre, sino en encaminar a los hombres falibles y errantes[20] en la redacción de Escritos infalibles e inerrantes. Esto es importante recordarlo, porque uno de los argumentos escépticos se basa en un silogismo que mencionamos, ¿lo recuerdan? Que dice que el hombre es falible, por lo tanto, si la Biblia fue escrita por hombres, la Biblia es falible. Este es uno de los silogismos ateos, es muy común encontrarse con este argumento. Ahora, si sacamos a Dios de la ecuación, del silogismo, es obvio que tendremos esa conclusión; pero las Escrituras no nos dicen que el hombre es el autor intelectual, sino que nos dicen que el hombre es el instrumento del Autor Intelectual que es Dios. El hombre –por decirlo de algún modo– es la pluma que Dios usó. Está claro que Dios respetó su forma, sus estilos literarios, su semántica, sus conocimientos, pero fue Él quien los condujo a usar las palabras correctas, a armar las ideas correctas, y todo lo que implica esto. Fue Dios omnipotente e infalible el que encaminó al hombre débil y falible. Como nos da a entender el hermano Martin Lloyd-Jones en el libro Dios Padre, Dios Hijo. Nuestro énfasis no debe estar en los caballos, sino en el Jinete; porque fue el Jinete quien manejó y/o condujo a distintos caballos, algunos eran distinguidos, nobles, otros eran caballos de feria libre[21], otros de carrera, otros de guerra. Había algunos que eran caballos sencillos y simples, pero otros eran finos; había algunos que eran tercos, otros que eran dóciles; el tema no está en el caballo, el énfasis está en el Jinete, porque el caballo puede haber sido cualquiera, pero fue la omnipotencia y omnisciencia del Jinete que –guiando al caballo– lo llevó por donde Él quiso. Tanto es así, mis hermanos, que el hombre, como instrumento, como caballo, jamás fue violentado a escribir algo que él no quería escribir, jamás utilizó una palabra que no estaba dentro de sus conocimientos, Dios lo guío de tal manera, que aunque ellos escribieron según sus conocimientos y capacidades, Dios los encaminó para que en su humana fragilidad no cometieran errores, sino que los condujo incluso en sus pensamientos, sin que ellos se sintieran violentados, ¿se dan cuenta de la destreza del Jinete? Esa es la capacidad de Dios, de hacer cosas infalibles con hombres falibles[22].

Lo anterior, relacionado a la inspiración o mejor dicho, conducción del hombre para poder redactar los Santos Textos.

RESPONDIENDO UNA PREGUNTA SOBRE LA INSPIRACIÓN HOY.

Ahora, un hermano me hizo una pregunta, que decía, nosotros hoy día, ¿somos inspirados?

Para responder esto, hay que considerar que muchas veces el concepto de inspiración nuestro es distinto al de la Biblia. Por lo que debemos preguntar, ¿a qué nos referimos hoy en día con ‹‹inspirados››? Pues algunos tienen este concepto como una especie de motivación, un ánimo que de pronto tenemos y que nos empuja para hacer algo. Esto no tiene nada que ver con la conducción que habla Pedro[23], ni la exhalación de Dios de las Escrituras que habla Pablo[24]. Así que, si por inspiración se refiere al ánimo o motivación que de pronto tenemos respecto a ciertas cosas, podríamos decir que hay veces en que es el Señor el que nos anima (2Co. 5:14), pero otras veces son sólo nuestras emociones, o las concupiscencias que desde nuestro cuerpo batallan contra el alma (1P. 2:11).

Otras personas hablan de la inspiración como la que tiene un artista para crear una obra. Este concepto se acerca más al de la iluminación-revelación, pero de ninguna manera tiene que ver con la inspiración que venimos hablando respecto a la composición de las Escrituras. Porque la inspiración de las Escrituras es distinta a todo esto, distinta a la emoción, distinta al ánimo y distinta también al “andar en el Espíritu” que se menciona en Gálatas 5:16; ya que la redacción de las Escrituras es una obra extraordinaria de Dios, como la salvación en Cristo también lo es. Son cosas extraordinarias que Dios ha hecho, especiales y distintas. Debemos entender que la redacción de las Escrituras fue una obra extraordinaria de Dios sobre ciertos hombres que apartó y escogió para encaminarlos de forma especial, sabia, infalible e inerrante, con el fin de escribir la Palabra que dispondría como revelación especial, textual y oficial para todos los hombres. Aunque fueron más de cuarenta los instrumentos humanos –por decirlo de algún modo– es algo que Dios quiso hacer sólo una vez hasta obtener la Biblia.

Al entender esto, comprendemos que cuando leemos un libro de algún hermano, como Watchman Nee, no estamos leyendo un libro inspirado (como la Biblia), sino a un hermano que expuso algunas cosas, las que deben examinarse a la luz del Libro de Dios, inspirado e infalible, que es la Biblia. Incluso este libro que usted está leyendo, que principalmente son transcripciones, deben ser examinadas a la luz de la Palabra de Dios, porque Dios ya nos dio un Libro infalible e inerrante, y está completa Su revelación. Lo que hacemos al enseñar, explicar y/o predicar las Escrituras, es profundizar y meditar en los Textos extraordinarios que Dios nos ha dado de una vez y para siempre.

Ahora, respecto al andar por el Espíritu Santo, debemos decir que con esto nos referimos a una operación bipartita[25] condicionada al Espíritu Santo y a nuestra voluntad; por lo que, el andar por el Espíritu o en la carne, requiere nuestra responsabilidad, pues tiene que ver con nuestra obediencia al Señor y no con una obra extraordinaria de Dios relacionada a Su revelación especial, la cual está concluida. Recuerden, la obra de redacción de las Escrituras fue una obra extraordinaria de Dios, es más, les llamamos con justicia ‹‹Santas Escrituras››, donde la palabra ‹‹Santa›› implica que no hay ningún otro libro que se le compare[26]. Es único. Esto fue una obra extraordinaria de Dios usando a ciertos hombres que preparó; y esta obra ya se concluyó, está cerrada, Dios no está escribiendo otros textos con nosotros, pues Su revelación especial y textual está completa. No hay una nueva revelación textual que se deba registrar fuera de la Biblia y que requiera una conducción extraordinaria.

Así es que, aquellos pasajes como Gálatas 5:16 que nos dice que debemos andar según el Espíritu, no se refieren a esta obra especial y extraordinaria de Dios respecto a las Escrituras, sino que este “andar” es condicional a nuestra voluntad. Por lo que la inspiración en relación a las Escrituras, es distinta al andar en el Espíritu, o sentirse impulsado, o motivado. Son cosas distintas, pues una corresponde a la operación especial y extraordinaria de Dios en la historia, mientras que la otra es una relación bipartita que Dios nos ofrece para andar en una nueva vida y no en la vieja; es decir que tiene que ver con que andemos de acuerdo a la voluntad del Señor que –mediante el Espíritu y Su Palabra– nos quiere conducir en nuestra manera de vivir, siempre y cuando nosotros queramos. Esto es algo que tiene que ver con que dejemos al Señor gobernarnos y le obedezcamos, cómo vemos en Romanos 6:12-14, que nos dice:

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (RV 1960).

Por ende, este andar en el Espíritu que hoy podemos experimentar, partiendo por esa motivación interna hacia al bien que sentimos y que lucha contra esa inclinación al mal que está en nuestros miembros (la cual alguno podría entender como “inspiración”) se trata de “presentaos vosotros mismos a Dios” y no de ser conducidos de forma extraordinaria e infalible por el Espíritu Santo, como lo fueron los escritores de la Biblia. Si nosotros andamos de acuerdo al Espíritu, es decir, de acuerdo a Su voluntad expresada en la Palabra, significa que nos conducimos según Su parecer, lo que nos enseña a nosotros por las Escrituras. Dios quiso que fuera una decisión nuestra el querer obedecer y andar según Él, lo que significa que Él nos gobierne. Para esto necesitamos tener claro quiénes somos y que en nosotros, aparte del Señor (Ga. 2:20) mora el pecado (Ro. 7:17, 20).

Como verán, en cuanto al “andad en el Espíritu” no podemos bajar la guardia y pensar que el Señor nos llevará de una forma especial e infalible, al estilo de los hombres de Dios que escribieron las Escrituras, pues esta conducción, este andar por el Espíritu, viene a ser parte de una decisión nuestra que glorifica a Dios y que es parte de la madurez espiritual (Mt. 5:16). Tenemos que conducirnos con cuidado, sabiendo que tenemos la posibilidad de escoger de qué forma viviremos. Por esto, no podemos decir que la conducción que hoy día nosotros tenemos, es la misma inspiración y conducción que Dios usó de forma extraordinaria y especial para la redacción de Sus Textos, pues son dos cosas distintas, hay que separarlas.

Por lo tanto, respondiendo la pregunta del hermano, deberíamos decir que:

  1. Hoy no somos inspirados infaliblemente como lo fueron los hombres de Dios que redactaron las Escrituras, dado que esta fue una obra extraordinaria de Dios, la que ya está cerrada.
  2. Si con inspirados nos referimos a motivados, debemos saber que este impulso está condicionado a nuestra voluntad, por ende, podemos oponernos u obedecer. Hagamos lo que hagamos, es decisión nuestra.
  3. Dado que estamos en este cuerpo aún, debemos saber que podemos ser motivados por el Señor mediante el Espíritu Santo y, también, podemos ser motivados por la carne, para hacer el mal. Por lo que debemos aprender a conocer la voz del Señor en nuestro espíritu y la voz que proviene del pecado mediante las concupiscencias en nuestros miembros. Debemos aprender a discernir, pues no todos los impulsos internos son del Espíritu de Dios en nuestro diario vivir, podría ser la carne.
SOBRE LA INFALIBILIDAD PAPAL.

Como verán, mis hermanos, son cosas distintas todas estas, y nosotros debemos saberlas, porque de repente podemos decir “me sentí inspirado por Dios” y pensar que por eso es infalible. Todo hay que examinarlo y si alguien dice que está inspirado y demanda sujeción ciega, sin examen, se adjudica a sí mismo el título de infalible e inerrante, lo que estrictamente es una herejía. Como la supuesta infalibilidad del hombre al que se llama “Papa”, quien dice cualquier cosa y todos se tienen que sujetar.  Existe una cita que muestra la profundidad de la herejía católica respecto a esto, obtenida de la llamada Prompta Bibliotheca escrita por un franciscano de nombre Lucio Ferraris:

“El Papa es como si fuese Dios en la tierra, sólo soberano de los fieles de Cristo, principal rey de reyes y señor de señores, que tiene la plenitud del poder, a quien Dios el Omnipotente le ha confiado no solo la dirección de lo terreno sino también del reino celestial. El Papa tiene tan grande autoridad y poder que puede modificar, explicar, abolir, interpretar o cambiar aún las leyes divinas.”[27]

¿Se da cuenta la herejía? Mis hermanos, todo es sospechoso con relación a nosotros los hombres, porque somos falibles, siendo la excepción la Sagrada Escritura que corresponde a la revelación especial y oficial de Dios; pues, la inspiración de esos hombres fue una obra omnipotente y especial de Dios, extraordinaria. El que hoy día el Espíritu Santo quiera conducirnos es distinto. Al hablar de “conducir” estamos hablando de otra cosa, incluso si nos motiva es distinto, estamos hablando del “andar en el Espíritu”. Hay que entender eso, y hacer esa diferencia.

Bueno, luego de esto, nuestro hermano R. A. López habló acerca del concepto de inspiración, lo cual, es el capítulo 3 de esta serie, donde entendimos que la Biblia es una revelación especial y textual de forma verbal y plenaria. Cada idea, concepto, letra escrita, corresponden a la obra del Espíritu Santo con relación a los hombres que escribieron. La Biblia, toda, es infalible e inerrante en sus autógrafos. Toda, no parte; toda, no sólo conceptos; sino que toda la Escritura ha sido inspirada por Dios.

SOBRE EL CANON BÍBLICO.

Ahora bien, mis hermanos, hoy día nos toca tratar el tema del canon, el canon bíblico. En esta sección hay mucho de historia, entonces si usted trajo para tomar apuntes, hágalo, para que después pueda comprobar estas cosas en su casa, hacer su estudio personal.

Primero que todo, la palabra canon sí sale en las Escrituras. Quizá no relacionada al Texto mismo, me refiero a que en ninguna parte dice explícitamente “el canon de las Escrituras”; no obstante,  sí aparece la palabra. En el hebreo, la palabra es qaneh[28], mientras en el griego es kanon[29]. La palabra griega Pablo la utiliza en Gálatas 6:16 cuando dice:

“Y a todos los que anden conforme a esta regla” (RV 1960).

Uno de los significados de canon es regla. Literalmente, en su etimología significa vara, o sea una vara para medir; ahora, cuando se relaciona a las Escrituras se traduce como regla; esto es debido a que es la regla de fe que la Iglesia ha de tener.  Entonces, eso es lo que significa la palabra canon, regla. Ahora, ¿qué importancia tiene el canon bíblico? ¿Por qué es importante un canon? Voy a citar un libro, es uno que les recomiendo estudiar, del hermano Josh McDowell,  se titula Nueva evidencia que demanda un veredicto[30]. El hermano es un estudioso, así que se los recomiendo, aquí vamos a sacar algunas cosas interesantes. Bueno, miren lo que dice del canon:

“El vocablo canon proviene de una raíz que significa caña o junquillo (hebreo, qaneh; griego, kanon). La caña llegó a ser un instrumento de medir y su significado evolucionó a ‘patrón’ o ‘regla’ o ‘norma’. El padre eclesiástico Orígenes (vivió en el siglo III d. de J.C.) usaba la palabra ‹‹canon para denotar lo que llama ahora ‘la regla de fe’, o sea el patrón por el cual hemos de medir y evaluar››. Más tarde, el término llegó a significar una ‘lista’ o ‘índice’ (170/95). En su aplicación a las Escrituras, el canon se refiere ‘a una lista de libros oficialmente aceptados’ (317/31)” (McDowell, 2004, pp. 23-24).

A propósito de esto, cabe señalar que Orígenes es uno de los más grandes teólogos y eruditos que ha tenido la historia de la Iglesia; incluso, dentro de los que citaron la Biblia en su tiempo, Orígenes es el que más citas hizo. Sólo con las citas de Orígenes se puede reconstruir más de la mitad del Nuevo Testamento. Este hermano hizo un gran aporte a la Iglesia. Bueno, Orígenes usaba la palabra canon para referirse a lo que llamamos ‹‹la regla de fe›› o sea el patrón por el cual hemos de medir y evaluar. Es decir que, mis hermanos, era necesario que la Iglesia tuviera una regla, un canon, para poder evaluar aquello que pertenecía a la fe cristiana verdadera, que serviría para evaluar las experiencias, para saber cómo conducirse y, además, lo que se debía enseñar a otros; pues como nos dice 2ª Timoteo 3:16:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil…”

¿Útil para qué?

“… para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. (RV 1960).

Esas son las utilidades fundamentales de las Santas Escrituras que debemos reconocer en relación a la vida de práctica del creyente.

LA FORMACIÓN DEL CANON.

Ahora, ¿qué es lo que conforma el canon? ¿Cómo se llega a decir que los libros que nosotros tenemos están dentro del canon y que son los libros que tenemos que leer? ¿Cómo sabemos que son los libros verdaderos de nuestra fe? Si hoy día apareciera un católico y le dijera a usted: “Ah, yo no creo en la Biblia de ustedes los protestantes por una simple razón: ustedes excluyen los libros de los Macabeos[31], el de Judit, el libro de Baruc, el de Sabiduría, el libro de Tobías y el libro de Eclesiástico”. Hermanos, ¿cómo le responderíamos? ¿Por qué nosotros creemos que esos libros no son parte del canon? Porque déjeme decirle que el canon católico incluye escritos que son considerados deuterocanónicos[32]. ¿Y por qué los católicos ponen los escritos apócrifos y nosotros no? Estas son preguntas válidas que tenemos que hacernos, son cosas que quizás en algún momento nos va a tocar enfrentar. Entonces, ¿por qué a estos libros les decimos ‹‹sí›› y a los que agregan los católicos les decimos ‹‹no››?

LA CANONICIDAD DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN PALABRAS DEL SEÑOR JESÚS.

Bueno, lo primero es que la historia nos enseña que fue en el concilio de Trento, que se desarrolló entre los años 1545 y 1563 d.C.,  que los católicos en respuesta al protestantismo decidieron que éste era su canon oficial, teniendo variaciones en libros del Antiguo Testamento. No obstante, cabe señalar que el canon de los libros judíos ya se encontraba cerrado y reconocido para el tiempo del Señor Jesús. Incluso, el argumento más fuerte que tenemos sobre la canonicidad del Antiguo Testamento proviene de la persona más importante que hay y con mayor autoridad en la interpretación de los Textos, es ‹‹El Exegeta›› por excelencia, me refiero al mismo Señor Jesús, Hijo de Dios, que nos muestra el canon judío aprobado y reconocido en las siguientes palabras pronunciadas por Él:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” (Lc. 24:44, RV 1960).

Al decir “en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”, está mostrándonos las tres secciones reconocidas por lo judíos como canónicas en aquel tiempo, ya existentes antes incluso de la encarnación de Cristo (más de 400 años antes) y vigentes hasta hoy. Los judíos conocían esta separación como Tanaj o T’nak, lo cual es la abreviación de Torah, Nevi’im y Ketuvim, que corresponde a lo que el Señor Jesús menciona como la ley de Moisés, los profetas y los salmos. Así que, lo que conocemos como el Antiguo Testamento fue la revelación de Dios dada al pueblo de Israel, la que ellos conocen y conocían como T’nak, y que ya existía para cuando nació el Cristo; por lo tanto, ya era un canon cerrado por Dios y reconocido por el Mesías. Siendo esto así, la llamada “Iglesia católica” no tenía ni tiene la autoridad para crear otro canon fuera del reconocido por el mismo Señor Jesús, pues fue a los judíos que les fue confiada dicha sección de la Palabra (Ro. 3:2); por lo tanto, nada le correspondía definir al catolicismo romano respecto del canon judío. Ni siquiera es la Iglesia primitiva la que cerró el canon veterotestamentario, sino que éste ya se encontraba cerrado, por lo que la Iglesia del primer siglo lo recibió y reconoció, nada más. Entonces, podemos decir que la Iglesia de Dios[33] recibió este canon, no lo compuso. Si aquellos a quienes se les confió aquella parte de la revelación especial de Dios la reconocían como cerrada, el cristianismo –que hace uso de estos Textos “heredados”– nada tiene que abrir, sino sólo recibir y reconocer.

Mis hermanos, y esto no es todo, sino que el Señor Jesús validó hasta el orden del Antiguo Testamento judío refiriéndose en Mateo 23:35 a lo siguiente[34]:

“Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar” (RV 1960).

Este versículo menciona un pasaje del primer libro de la T’nak, Génesis; y también, menciona un pasaje del último libro de T’nak, 2ª Crónicas. Lo que quiero que entiendan es que el orden de los libros del Antiguo Pacto judío (T’nak) es distinto al orden que tenemos nosotros los protestantes, el primer libro de ellos es Génesis y el último es 2ª Crónicas. Lo que el Señor Jesús hizo fue validar el Antiguo Testamento judío y su historicidad. Como verán, primero validó y reconoció las tres secciones que conforman la T’nak (Torah, Nevi’im y Ketuvim, Lc. 24:44) y luego confirmó el primer y último libro de la T’nak (Génesis y 2ª Crónicas, Mt. 23:35). Por tanto, entendemos que el canon judío, su orden y sus libros, ya se encontraban cerrados para el tiempo del Señor Jesús y fue reconocido por Él mismo, que es Dios. Los protestantes hacemos uso de aquel canon, aunque el orden nuestro es distinto, pero son los mismos libros que tenemos en nuestras Biblias.

Ahora bien, por si fuera poco esto, la osadía católico-romana es desacreditada por el testimonio de los mismos libros que citan, pues los judíos sabían que en el lapso de tiempo donde aparecieron los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, no había profetas en Israel para validarlos; era tanto así, que en 1ª Macabeos 9:27 se dice que los profetas habían dejado de aparecer. Permítame citar textualmente el pasaje de este libro deuterocanónico:

“Tribulación tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer profetas.» (Biblia Católica Online).

¿Lo ven, hermanos? El mismo libro que ellos defienden como canónico les está diciendo que no lo es, pues no había profetas, “dejaron de aparecer” para aquel tiempo. Ese testimonio debería ser suficiente para decir honestamente: “Estamos mal”. Ahora bien, esto no quiere decir que no podemos leer esos libros, pueden leerse con ese criterio[35], sabiendo que no son inspirados por Dios, por lo tanto, son falibles, tienen errores y contradicciones; sin embargo, pueden leerse para obtener algún tipo de información, pero no como regla de fe, ni base doctrinal para las iglesias.

Respecto a las contradicciones que contienen y por lo que no se reconocen como parte del canon bíblico, nos referimos a que estos textos tienen partes que contradicen el canon original. Al saber esto nos damos cuenta que la razón de los católicos para incluir esos libros en su “canon” no es honesta. ¿Saben ustedes por qué los católicos pusieron los escritos deuterocanónicos en su pseudo-canon? Porque no fue en la Biblia canónica –en el Antiguo Testamento judío y respaldado por el Señor– que ellos encontraban cosas como la de orar por los muertos o que respaldara la herejía de las indulgencias. Esas cosas las sacaban de los escritos apócrifos; pues había que sostener de alguna manera aquellas doctrinas que esclavizaban a los hombres y traían dividendos a su “imperio”. Estas mismas razones tienen que ver con el por qué estos escritos no están en la Biblia protestante.

Ahora, dicho todo esto, comprendemos entonces que los periodos en los que se reconoció el canon bíblico constan de dos partes. Tenemos nosotros la primera parte que llamamos ‹‹Antiguo Testamento›› y, además, tenemos la segunda parte que llamamos ‹‹Nuevo Testamento››. El Nuevo Testamento corresponde a la era cristiana, pero el Antiguo Testamento tiene relación a la era mosaica.

EL CANON ES OBRA EXTRAORDINARIA DE DIOS.

Aparte de lo anterior, debemos entender otra cosa importante. No es la Iglesia la que hace el canon. Por favor, piense en esto y recuérdenlo, no fue la Iglesia la que hizo el canon, sino que es el canon el que da origen a la Iglesia. Si no hay canon, entonces no habría Iglesia, porque sin canon, no hay revelación especial de Dios en Cristo. Así que no es la Iglesia la que dice: “Ya, estos van a ser los libros”, no, lo que hicieron los hermanos en los primeros tiempos, fue reconocer para donde iba el Espíritu, reconocer cuáles eran los Escritos que el Señor dio. No fue que ellos dijeron “nosotros vamos a hacer nuestra propia lista y punto”; no, sino que se tuvo que identificar para dónde iba el Espíritu y cuáles eran los Escritos que tenían la autoridad de Dios, como para decir de estos que eran inspirados por el Espíritu Santo. Personalmente creo que aquí, también Dios obró extraordinariamente en guiar a los santos a reconocer Su Palabra. Porque hermanos, ustedes saben que Pablo escribió muchas epístolas, y no solamente las que aparecen en el Nuevo Testamento, las trece que aparecen en nuestras traducciones[36], sino que aparte de estas escribió otras que la misma Biblia menciona, tales como la epístola a la iglesia en Laodicea, que se cita en Colosenses 4:16, o también la carta que les dice a los corintios que les había escrito antes de la que conocemos como ‹‹primera de Corintios››[37]. Esto nos muestra que existieron otras epístolas que no se registraron en el Nuevo Testamento.

Considerando esto, preguntamos, ¿por qué no se incluyó la epístola a los de Laodicea? ¿O la otra epístola a los corintios? Con esto nos damos cuenta que no es el hombre el que hace el canon, sino que es Dios el que hace Su canon. Porque si esa epístola de Pablo no está incluida, o el libro de Enoc no está incluido, o que los escritos deuterocanónicos no fueran considerados, es porque Dios dio testimonio de Sus libros. ¿Y qué hicieron los fieles? Fue discernir y recibir los que Dios aprobaba. Por lo tanto, hay que entender algo, nunca podemos sacar a Dios de la obra de la Biblia, de Su redacción y de Su canon. Dios estuvo allí involucrado. ¿Saben cuál es el problema de la crítica textual liberal? Que siempre saca a Dios del medio, tanto así, que la mayoría de los críticos liberales son naturalistas, ¿qué significa naturalista? Significa que ellos todo lo quieren explicar a través de las leyes de la naturaleza, si hay algo que no explica la naturaleza o la ciencia, entonces no lo creen. Por ejemplo, el conocido “seminario de Jesús”, ellos dicen que sí existe un Jesús histórico, pero no el que dice la Biblia, ¿por qué? Porque la Biblia nos habla de milagros, de prodigios, cosas que para ellos no son naturalmente posibles, son dramatizaciones y/o mitos, entonces dicen “saquemos todos los milagros”, eso también es lo que pretendió la desmitologización. Entonces, impulsados por estos pensamientos enseñan que debemos sacar todos estos milagros, porque todos esos son mitos, y debemos dejar al Jesús “histórico”. ¿Por qué ellos hacen esto? ¿Lo hacen por alguna razón erudita? No, hermanos, lo hacen porque ven todo desde el lente naturalista, desde su supuesto raciocinio, desde la incredulidad sobre lo milagroso y piensan que si no vemos milagros todos los días entonces los milagros no existen, así que hay que sacar esas cosas. ¡Pero qué soberbia la de estos!

LA CIENCIA NO LO PUEDE DEMOSTRAR Y EXPLICAR TODO.

Ahora, cuando tú tienes ese paradigma naturalista metido en tu corazón, inmediatamente pensarás que esos sucesos que se le atribuyen al Señor Jesús son absurdos, pero recuerden, la ciencia no lo puede demostrar todo, grábense eso en la cabeza, mis hermanos, sobre todo aquellos que están estudiando. La ciencia no lo puede demostrar o explicar todo, quizá lo intenta, pero no lo puede explicar todo. Cuando usted escuche un científico decir que la ciencia lo puede demostrar todo, aquel es un soberbio; pues no es así, no lo puede demostrar todo. El hermano Josh McDowell, en una película que se titula ¿Qué dices, Josh?[38], utiliza un ejemplo muy notable. Un joven le preguntó si podía comprobar mediante las pruebas científicas lo de la resurrección de Cristo. El hermano le respondió que el método científico no era el único para demostrar cosas; pues, si quisiéramos demostrar que el jabón flota, lo hacemos mediante pruebas en un ambiente controlado (lo que es el método científico). Se prepara un recipiente con agua y repetidas veces se pone un jabón dentro; al hacerlo, nos damos cuenta que todas las veces el jabón flota. La primera vez, el jabón flotó; luego, botamos el agua y volvemos a llenar la fuente, ponemos el jabón dentro y nos damos cuenta que el jabón flotó de nuevo. Esto lo hacemos cien veces, lo hacen cien personas distintas[39], y al final, concluimos que el jabón flota. Este es el método científico. Sin embargo, el método científico no sirve para demostrar que asistimos a una reunión. ¿Podrían comprobar a través del método científico y su ambiente controlado que hoy estuvieron acá? ¿Podrían preparar un ambiente y repetidas veces demostrar que estuvieron presentes? No, claro que no; pues para esto no sirve el método científico. De igual forma, el método científico no sirve para decir que en la historia del gobierno chileno tenemos dos presidentes con el mismo nombre, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Eduardo Frei Montalva. El método científico no sirve para demostrar eso, el método científico no sirve para demostrar que el Señor Jesús resucitó, no sirve. Cuando usted escucha a alguien decir que si la ciencia no lo demuestra entonces no es cierto, ves la ignorancia y/o soberbia de muchos. Lo más triste es que de repente hasta los profesores se prestan para esto en los colegios y le intentan plantear a los alumnos este pensamiento, como que ellos son los inteligentes y los alumnos que piensan distinto son torpes, pero resulta que el método científico no puede comprobar cosas como estas.

Luego de explicar lo del método científico, el hermano Josh McDowell explica que lo que sirve para demostrar que usted estuvo en esta reunión hoy, o que tuvimos presidentes con el mismo nombre, o que Jesucristo resucitó, es lo que se conoce como el ‹‹Método Legal››. Es a través de éste método que podemos comprobar que el Señor Jesús si existió entre los hombres y resucitó.  ¿Fue Pablo el que escribió ciertas cartas? ¿Fue Isaías el que escribió este libro? ¿Existieron estos toledot? Todo esto lo prueba el método legal. Porque este método se encarga de recopilar evidencias, de probar la fidelidad de los testimonios, de los testigos, de pruebas, entre otras cosas. Y es a través de las evidencias que se recopilan y mediante este método, que se llega a un veredicto. Entonces, no sirve el método científico para probar este tipo de cosas, pero sí sirve el método legal, a través del cual, personas como Simón Greenleaf[40],  el mismo Josh McDowell[41], y Lee Strobel (que fue un periodista escéptico desafiado por su propia esposa a realizar una investigación periodística del caso de la resurrección[42]), se hicieron cristianos. Todos estos hermanos –y hay muchos más– a través del método legal llegaron a determinar que no hay ningún caso en la historia del hombre que este mejor fundamentado que la resurrección de Cristo. Y cuando una persona llega a la conclusión de que esto es verdad, necesariamente tiene que tomar una decisión. Es por eso que el hermano Josh McDowell escribió el libro Evidencia que exige un veredicto[43]; pues, al encontrarse con esta evidencia el hombre tiene que hacer un veredicto, tiene que tomar una decisión, es crucial hacerlo, porque si decimos que es verdadera la historia, si las evidencias nos confirman lo que dijo el Señor Jesús y determinamos que los testigos que hablaron del Señor Jesús son confiables, entonces el hombre tiene que tomar una decisión. Porque al enfrentarse a esto el ser humano tiene que saber que el que no cree en el Hijo es condenado (Jn. 3:18), que el que no cree en el Hijo la ira de Dios está sobre él (Jn. 3:36); entonces se demanda un veredicto, no puede decir “ah, sí, es verdad” y hacerse el leso[44], ¡no! Desde ese momento eres responsable y debes tomar una decisión.

EL MÉTODO LEGAL Y EL CANON.

Así también, es a través del método legal que hoy en día los estudiosos examinan cómo se hizo el canon, su confiabilidad y veracidad. No obstante, no son los estudiosos de hoy quienes nos dicen cuál es el canon. Es importante comprender esto, mis hermanos, porque lo que hacen los estudiosos de la crítica textual, hoy en día, no es decirnos cuál es el canon que tú tienes que tener, no; sino que es decirte cómo se hizo el canon, qué cosas se consideraron para que se hiciese el canon. Como por ejemplo, una de las cosas que se consideraban para reconocer un libro como regla de fe, es que haya sido escrito por un siervo del Señor, un profeta o un apóstol. Pero alguno podría decir “David era rey”, sí, es correcto, pero también se le llama profeta en las Escrituras (Hch. 2:29-30), y vemos en profecías dichas por él –tales como el notable Salmo 22– a Cristo hablando de Sus padecimientos (1P. 1:11).

Otra de las cosas que se consideraban era que existiera testimonio del Señor sobre esos libros, o que los autores fueran respaldados por milagros. También, era muy importante que no existiera contradicción con otro libro ya reconocido como canónico, y que fuera parte de la hermosa armonía que, solamente pudo tener origen en Dios.  Lo que hizo la Iglesia respecto al Nuevo Testamento (junto con lo que hicieron los judíos respecto al Antiguo Testamento), fue decir “oye, todos estos libros llevan un sólo hilo conductor, armonizan, están en perfecta armonía, entonces estos libros hay que reconocerlos”. Ahora, respecto a los libros de la T’nak, el Antiguo Testamento, es más fácil para nosotros llegar a un veredicto de su canonicidad porque –como ya vimos antes– su canonicidad es reconocida por el propio Señor Jesús.

Ahora, como el hermano Israel Esteban me hacía notar,  aunque la canonicidad del Antiguo Testamento la reconoce el Señor Jesús y para nosotros esto es suficiente, es necesario probar previamente –antes de hacer esta afirmación– la inspiración de los evangelios del Nuevo Testamento que registran estas palabras del Señor. De esta manera, le daremos confiabilidad al testimonio del Señor Jesús, pues para nosotros que ya estamos claros de la confiabilidad de la inspiración del Nuevo Testamento, es el Señor Jesús el mayor referente de la canonicidad del Antiguo Testamento.

Entonces, como ya sabemos, los judíos separaron el canon en tres partes o secciones, lo voy a recordar. Tenemos la Torah, los Nebiim[45] y los Ketubim[46], así lo cita Francisco Lacueva[47]. La Torah se refiere al Pentateuco, que son los escritos de Moisés, los cinco primeros libros de la Biblia; los Nebiim se refieren a los Profetas; y los Ketubim a los Escritos o Salmos. Como sabemos, en Lucas y Mateo el Señor Jesús reconoce esta canonicidad, la cual menciona Flavio Josefo, Filón de Alejandría, y también lo hizo el concilio de Jamnia que fue realizado en el año 90 d.C. Todo esto contribuye con el método legal que nos explica la forma en la que se reconoce el canon del Antiguo Testamento. También, aparte de esto, tenemos el reconocimiento de estos libros como Palabra de Dios, pues se registran en muchas partes  frases como  “así dijo el Señor” (p. ej. Gn. 1:3; Ex. 7:19); también en que el Señor mismo ordenó  “escribe” (p. ej. Ex. 17:14; Jr. 30:2); además, que se reconociese en aquel tiempo la vigencia de profetas de Dios, lo cual no ocurre en el tiempo de los libros de los Macabeos (como ya vimos). La recolección de evidencias, los testigos y sobre todo el Espíritu Santo son la base del método legal para reconocer la canonicidad de las Escrituras.

ATAQUES A NUESTROS PENSAMIENTOS Y UNA EXPERIENCIA.

Ahora, permítanme una digresión. Respecto a los libros de Macabeos, sólo por causa de información adicional se los recomiendo, sobre todo cuando estamos estudiando el libro de Daniel, usted va a entender muchas cosas que ocurrieron, o más bien dicho que se cumplieron en cuanto a las profecías de Daniel. Y saben hermanos, el libro de Daniel es uno de los libros más atacados por la crítica textual liberal, porque resulta que es tan claro el cumplimiento de algunas profecías que comenzaron a buscar excusas para negar su autenticidad. Como que en el libro existen anacronismos semánticos, pues supuestamente hay palabras que no eran de la época de Daniel. Es importante que nosotros sepamos esto, porque a veces los ataques vienen desde este punto y cuando nosotros no estamos preparados no sabemos cómo defendernos, tanto así que podemos llegar nosotros mismos a concebir un pensamiento escéptico debido a la lucha constante que se está librando y los ataques que estamos recibiendo en nuestros pensamientos[48].

No sé si les he contado una experiencia que tuve. Una vez estaba estudiando varios temas relacionados a la apología y a preguntas escépticas, estudiando y buscando respuestas escriturales y lógicas. Estaba en esto, cuando un día como a las 3 de la madrugada, mientras dormía, me despertó un pensamiento escéptico que no podía sacar de mi cabeza, era pesadísimo, no lo podía refutar; así que empecé a orar al Señor, pues, ¿sabe usted lo que hace el escepticismo? Te lleva a dudar de Dios y te mueve el piso respecto a todo lo que tú crees. Todo lo que tú crees de un momento a otro es cuestionado, entonces empecé a pedirle al Señor que me socorriera, porque no podía refutar eso, no encontraba argumento para refutar el pensamiento. Estaba en esto, cuando el Espíritu del Señor me recordó un pasaje de las Escrituras mediante el cual pude entender cómo se refuta esto. Bueno, el pensamiento era este:

‹‹Si Dios es bueno, ¿por qué hay maldad en el mundo?››

Este argumento es muy frecuente hermanos, incluso se plantea en una película moderna. No sé si usted ha visto la película Batman versus Superman, es una película que seguramente sus hijos han visto, en la cual se plantea ese pensamiento para sembrar la duda, la confusión, sobre todo en nuestros hijos, por lo que debemos refutarlo. Bueno, en una escena aparece el supuesto Lex Luthor conversando con Superman. Luthor le dice algo así: “Voy a demostrar que dios[49] no es todopoderoso y bueno a la vez; porque si dios es todopoderoso, pero hay mal en el mundo, significa que dios es malo, ¿por qué? Porque teniendo todo el poder para terminar con el mal no lo hace, por lo tanto no es bueno. Pero si dios es bueno y quiere terminar con el mal, entonces no puede ser todopoderoso, porque queriendo terminar con el mal, no puede”. ¿Se da cuenta lo pesado del argumento? Y aparece en una película que de seguro nuestros hijos han visto, por esto es importante refutarlo. Aparece en una película que muchas personas han visto y verán con el pasar de los años.

Bueno, resulta que el Señor me concedió luz para con esto, para entenderlo y refutarlo. El tema es que siempre que aparecen estas dudas son porque se concibe a Dios limitadamente, ¿qué quiero decir con esto? Se conciben solamente algunas características de Dios y no todas, como si Dios sólo fuera todopoderoso y bueno, pero resulta que falta algo ahí, falta mucho más que algo, ¿saben lo que falta? Que Dios ha revelado más sobre Sí mismo y nos ha dicho que Él es justo y santo, además de misericordioso, paciente, generoso, digno, soberano, bueno, y mucho más; por lo que esta duda no debe enfrentarse poniendo solo dos atributos en la mesa, pues dado que Dios es más que todopoderoso y bueno, el argumento se torna en una falacia del falso dilema. Es decir, que se argumenta que sólo hay dos opciones cuando la verdad hay más. Y en el caso de Dios, hay mucho más que dos opciones. Por eso es necesario leer y conocer todo lo que Dios ha revelado de Sí mismo y de Su comportamiento respecto a cómo es Él. Así es que, cuando usted ve que hay mal en el mundo, debe entender que el mal que vemos no está porque Dios quiso y creó el mal, sino que el mal es el resultado de la decisión de apartarse del Bien Eterno, que es Dios. El mal, por lo tanto, es una consecuencia.

Ahora bien, las consecuencias vinieron por causa de que el hombre escogió apartarse de Dios, lo mismo que los ángeles que cayeron. Y como Dios es justo, las consecuencias el culpable debe asumirlas, por cuanto fueron decisiones responsables y advertidas por el Señor. Vemos en las Escrituras que Dios le dijo al hombre que de todo árbol del huerto podría comer, pero no del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque cuando comiera de éste ciertamente moriría (Gn. 2:17); pero el hombre voluntariamente desobedeció y comió, ¿y qué sucedió? Vino la desgracia del pecado y la muerte (Ro. 5:12), y las consecuencias comenzaron a verse de inmediato: el hombre se esconde de Dios (Gn. 3:10), el hombre se siente avergonzado delante de Dios (Gn. 2:25; 3:7), el hombre le tiene pánico a Dios (Gn. 3:10), aparece el homicidio entre los hijos del hombre (Gn. 4:8), los hombres comienzan a envejecer y morir (Gn. 5:5), y muchas otras cosas. Ahora, ¿todo esto fue porque Dios creó todo aquello? No, sino que todas estas cosas fueron el resultado, las consecuencias de una decisión tomada, y esto se entiende solamente cuando comprendes que Dios no solo es bueno, sino también justo.

Las consecuencias se viven por causa de que el hombre es responsable, y Dios, como Ser libre y generoso, le entregó responsabilidad y dignidad para decidir, lo cual el hombre hizo libremente. Por lo que de ninguna manera vemos en el mal existente la falta de bondad de Dios, ni la falta de poder, sino los resultados de las consecuencias de las decisiones de los hombres que decidieron alejarse del Bien Eterno, decidieron vivir sin el buen Dios. Y como Dios es justo y ya les había advertido, les entregó a enfrentar las consecuencias de sus propias elecciones de vivir sin Él. Justicia y responsabilidad, palabras que no le gustan al impío. Hoy[50] en Chile vemos que el VIH aumentó en un 96% entre los jóvenes de 15 a 25 años, ¿esto es culpa de Dios? No, es culpa de la promiscuidad del hombre, junto con la ideología sexual que se está sembrando entre ellos y que se acepta a ciegas. Consecuencias.

Dios le entrego todas las cosas al hombre, le dijo que labrara y guardara la tierra, que la cuidara, le delegó responsabilidad (Gn. 2:15), pero el hombre desobedeció. Es más, Dios le dio la libertad de que comiera de todo árbol del huerto, con excepción del árbol que causaría su muerte. Si observan bien, Dios no se lo ocultó, sino que se lo mostró y le dijo que al comer de ese árbol moriría, pero él hombre decidió libremente, y por ende, Dios que es justo y verdadero (por lo que no miente), entregó al hombre a las consecuencias de su decisión libre. Por lo tanto, el mal está hoy en el mundo no porque Dios lo creara, sino por la desobediencia del hombre que lo dejó entrar (Ro. 5:12). Y el mal no se originó en Dios, sino en la decisión libre de una criatura angelical que se rebeló, el cual, pagará las consecuencias a su tiempo (Is. 14; Ez. 28; Ap. 20:10). Así que la solución para el mal en el mundo no es el poder, sino la presencia de Dios –que es el Bien Eterno– en la vida de los hombres arrepentidos y convertidos que ya no quieren hacer el mal (Ro. 7:18), y no me refiero a una simple religión, sino a una vida piadosa, en espíritu y verdad (Jn. 4:23), donde Dios actúa en y con el hombre poderosamente (Ez. 36:26-27; Ga. 2:20). Así que Dios no tiene por qué hacerse responsable de la maldad del hombre y de los demonios, a quienes generosa y bondadosamente les otorgó la libertad de tomar decisiones, pues les dio el privilegio de ser personas y no cosas.

Entonces, efectivamente, Dios es bueno y hay maldad en el mundo, pero ésta apareció  por causa de que el propio hombre se pervirtió y le hizo caso a otro perverso. No se puede pretender culpar a Dios de los delitos humanos, ni de los delitos demoníacos, pues si alguien sufre tortura o mal en manos de otra persona, el injusto y malo no es Dios, sino la persona que hace ese mal, la cual recibirá su paga en su debido tiempo[51].

LA JUSTICIA DE DIOS Y LA MUERTE DE LOS NIÑOS.

Ahora, cuando aparecen argumentos en contra de la bondad de Dios por causa de los juicios donde murieron niños, y preguntan, ¿qué culpa tienen ellos? Nuestra respuesta es que los pequeños no tuvieron ninguna culpa, sino que la culpa la tienen los padres que no se arrepintieron y expusieron a sus propios hijos a las consecuencias de su maldad (Ex. 20:5). Sin embargo, vivir sobre esta tierra no es lo mejor que nos puede pasar, los días de este mundo están contados, lo mejor que le puede pasar a una persona es vivir eternamente en Cristo (Ro. 8:21-23) y estar toda la eternidad con Él. Respecto a esto, las Escrituras en relación a nosotros los adultos y jóvenes, dicen que necesitamos redención y justificación porque somos culpables y dados al mal (Gn. 6:5; 8:21; Is. 1:5-6; Ec. 11:9; 12:1; Mt. 19:17; Ro. 3:10-20; 7:19; Ef. 2:1-4; Col. 3:5-7), por lo que para ir al paraíso necesitamos primero ser salvos, porque somos culpables de juicio. Luego de ser salvos, de ser adoptados por Dios, existe la posibilidad de entrar al reino de Dios y reinar con el Señor mil años (Ap. 20:4), siempre y cuando seamos vencedores (Ap. 2:7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21; 21:7). Para esto,  tenemos que esforzarnos en la gracia y obrar según las obras que el Señor ha preparado para nosotros los ya salvados y regenerados (Ef. 2:10). Ojo, no estoy hablando de la salvación jurídica –la cual nos lleva al paraíso– pues el paraíso es para todos los que somos hijos de Dios en Cristo, y vamos allí sólo por creer de todo corazón en el Señor Jesús. El Señor mismo se lo dijo al ladrón que estuvo a su lado, diciendo: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43, RV 1960), el ladrón le pidió al Señor estar con Él en el reino, pero el Señor Jesús le respondió que estaría ese mismo día con Él en el paraíso. No seamos desvergonzados, el paraíso es para todos los justificados y salvos, pero el reino, el milenio, es por obras, por la labor de cada uno mientras esté en su cuerpo (Ap. 22:12), para los que siendo salvos lleguen además por la vida de fe a ser vencedores.

Considerando esto y respecto a los niños,  cuando se habla de ellos el Señor dice que “de los tales es el reino de los cielos” (Mt. 19:14, RV 1960), ¿se da cuenta el lugar que tienen los niños para el Señor? Ni siquiera menciona el paraíso, lugar garantizado para ellos por su inocencia e inimputabilidad, sino que el Señor dice que de ellos es el reino de los cielos. El ladrón arrepentido habló y pidió respecto al reino, pero el Señor Jesús le habló del paraíso; sin embargo, a los niños de inmediato les abre las puertas del reino, porque “de los tales es el reino de los cielos”. Ahora, entiendo que al decir “tales” no sólo se refiere a los que sean “como”  ellos, haciendo un símil, sino que también se refiere a los niños como tal.

Saben hermanos, esto me recuerda de unas visiones que tuvo un hermano. Resulta que este hermano tenía frecuentemente visiones y entre estas, un día, él vio al Señor parado como en la puerta del cielo esperando recibir a alguien, ¿y sabe a quiénes el Señor personalmente iba a recibir? A los niños. Veía a los niños abortados, a los niños que asesinaban, los que morían de enfermedad, veía a estos pequeñitos. El Señor los iba a recibir personalmente, no pongo esto –como decía nuestro hermano Gino– a la altura de la Biblia, pero es notable, y en lo personal, creo que Dios ama a los niños de esa forma, como para atenderlos personalmente y otorgarles un maravilloso lugar en el reino. A estos, en quienes Él mismo se inspiró para fundar Su fortaleza (Sal. 8:2) y también Sus alabanzas (Mt. 21:16). Si bien Dios ha tenido que cortar la vida de muchos de ellos al aplicar Sus juicios a los adultos perversos o al entregarlos a sus propias consecuencias, ninguno de estos pequeñitos ha ido al infierno por la maldad de sus padres que, justamente fueron condenados.

Así que los niños son de Dios e inocentes hasta que ellos ya pueden distinguir y escoger entre el bien y el mal, pues no saben hacerlo hasta que llegan a cierta edad (Is. 7:16). Hasta entonces son inimputables (Gn. 8:21). Por lo que los adultos y jóvenes que murieron por causa de los juicios de Dios, o por sus propias consecuencias, no sólo dejaron la vida del cuerpo, la vida biológica, sino que sus almas por la eternidad serán arrojados al lago de fuego y azufre (Ap. 20:11-15), por cuanto no se arrepintieron; pero lo niños que sufrieron las consecuencias de los actos de sus padres fueron considerados por Dios para que sus almas vivieran en la eternidad.

EL PARAÍSO Y LAS EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE.

Hay muchas cosas del paraíso y del reino de Dios de las cuales sólo especulamos ahora, pero hay cosas seguras, como el saber quién tiene garantizado el paraíso, lo cual sabemos por la Palabra de Dios que nos indica que tenemos vida eterna al creer en el Hijo de Dios (Jn. 3:36), que murió para cumplir toda justicia y justificarnos en Su sangre (Ro. 3:24; 5:1, 9;  1Co. 6:11). Además,  por lo que ya hemos mencionado sabemos que los niños son de Dios; y también, sabemos quiénes son condenados eternamente (Mr. 16:16). Ahora, aunque nosotros no podemos saber muchos detalles de lo que vamos a disfrutar en la presencia del Señor, a veces ha ocurrido que Dios, en Su generosidad le ha dado experiencias a Sus hijos para que podamos –de alguna manera– saber lo que disfrutaremos en Su presencia, y otras veces, a otros se les ha permitido ver lo que sufrirán los que rechazaron al Hijo.

Dentro de las cosas que se cuentan, tenemos al niño Colton Burpo, hijo del pastor Todd Burpo, el cual escribió un libro que se titula El cielo es real[52], que se hizo película. El niño Burpo experimentó lo que médicamente se le ha llamado ‹‹experiencias cercanas a la muerte›› o ECM. Estas experiencias para los doctores y científicos son un misterio, debido a que son casos de varones y mujeres que mueren clínicamente y tienen experiencias más allá de su cuerpo, como que personas que eran ciegas salen del cuerpo, ven los colores, a las personas alrededor, ven todo. También las personas que eran sordas, al salir de sus cuerpos empiezan a escuchar sonidos. Casos como estos se han reportado por todo el mundo.

Bueno, el niño Burpo llegó al hospital por una peritonitis, lo que significó que estuviera al borde de la muerte. Es probable que el niño estuviera muerto unos segundos o minutos, pues tuvo unas experiencias que son notables. Se dice que cuando salió del pabellón le dijo al papá que lo había visto en la capilla del hospital gritándole a Dios, y que su mamá estaba en la cafetería hablando con los amigos y pidiendo oración. El papá, siendo pastor (al parecer de una línea bautista y reacio a oír estas cosas), quedó un poco sorprendido, pero no le dio mucha importancia hasta que el niño de 4 años comenzó a relatarle cosas, como que el Señor Jesús todavía tenía las marcas en Sus manos y pies. El papá, incrédulo al respecto, comenzó a investigar qué podía ser esto, hasta que el niño le dijo que conoció en el cielo a su bisabuelo, y le dijo el nombre con el que el papá, siendo un niño, lo llamaba. Quedó muy impresionado cuando el niño, sin conocer o haber visto alguna vez al anciano, lo identificó en una fotografía donde tenía como 30 años de edad, indicándole que en el cielo no vio gente vieja ni con lentes. Sin embargo, lo más fuerte que el niño vio y que fue la razón por la que su mamá le creyó, fue que ella tuvo un aborto espontáneo antes de que naciera el niño Colton. Aquello era un secreto matrimonial, sólo ella y Todd lo sabían. El niño le dijo que conoció en el cielo a su hermana mayor que él y menor que la otra hermana. La mamá no sabía si era niña o niño, fue un aborto prematuro que sufrió. Solamente ella y el marido sabían el dolor que atravesaron. Ella le preguntó (dudando) si acaso se refería a su hija mayor, pero el niño le dijo que no, sino que era una niña menor que ella y mayor que él, que se murió antes de nacer. ¡Imagínese el impacto! Pero esto no fue todo, la mamá como no sabía el sexo del bebé, no le puso nombre, así que le preguntó a su hijo: “¿Y cómo se llamaba?”, a lo que el niño le respondió: “No tiene nombre, mamá; me dijo que no alcanzaste a ponerle uno”. ¡La mamá se puso a llorar, no podía creerlo! Es una hermosa y fuerte experiencia.

Saben hermanos, esto es algo misterioso para el hombre, incluso para los ateos. En el lugar donde trabajo hay una persona que es atea. Este hombre tuvo una experiencia cercana a la muerte. Siendo ateo, experimentó algo muy fuerte. Un día me la contó muy serio, diciéndome que él se murió, que estuvo muerto algunos minutos y durante ese tiempo (que para él fue muy largo) salió de su cuerpo. A él le dio un infarto. Me contaba este hombre que salió de su cuerpo, que tenía mucho frío y caminó buscando calor. Salió del quirófano por el pasillo y vio que habían retratos en las paredes del pasillo que estaba oscuro.  Él, un poco curioso, se acercó a mirar los retratos y me dijo que eran situaciones de su vida. Le pregunté qué tipo de  situaciones eran, pero él no me quería decir, le daba vergüenza, hasta que me confesó que eran situaciones malas, donde él actuaba mal. Me contó que en un momento quedó absorto en una de las imágenes, y que salió de allí porque se dio cuenta que había gente que lloraba mucho mirando lo que habían hecho, y como los vio llorar (y a él también le había provocado algo en sus emociones lo que había visto) procuró no acercarse a mirar nada más de eso. Me dijo que mientras avanzaba, comenzó a ver una luz distinta, él sabía que algo iba a pasar allí y cuando se acercaba para entrar, escuchó: “¡Inyectando adrenalina al corazón!”, y volvió. Lo “resucitaron”. Es una experiencia muy fuerte que tuvo, la cual buscó explicar apelando a las drogas que le inyectaron para operarlo; lo que estoy seguro no lo convence.

LA NECESIDAD DE UN CANON.

Creo que me aparté del tema, discúlpenme. Pero volviendo al asunto del canon, es importante que la Iglesia conozca este asunto, pues la razón por la que existe es debido a que Dios lo estimó necesario; y, al observar la historia, le encontramos toda la razón. Mis hermanos, en el siglo II de la era cristiana apareció un hombre llamado Marción, un practicante del gnosticismo. Este tipo extraviado de la verdad y extraviando a otros, se hizo su propio canon y lo presentó. Él dijo que los libros judíos y el Antiguo Testamento se tenían que sacar, que no servían para el cristianismo y que lo único que servía de los escritos que se conocían, son las epístolas paulinas y el evangelio según san Lucas, nada más que esto. A este errado pensamiento empezaron a adherirse otras personas, lo que demandó y empujó a la Iglesia a pronunciarse respecto a los libros que eran regla de fe y que eran aceptados como la sana doctrina. Así que los hermanos comenzaron a examinar y a reconocer los Textos respaldados por Dios. Por eso les dije anteriormente que no es la Iglesia la que hace el canon, sino que, los hermanos reconocieron e identificaron los escritos de Dios. Lo que hizo la Iglesia de aquel entonces[53], por lo tanto, fue  reconocer el canon que hay, reconocer cuales eran los Textos de Dios, y comenzaron a identificar esa labor de Dios con los libros de la Biblia. Esto, mis hermanos, era muy importante de atender, pues Marción quería sólo un evangelio en su biblioteca y nos los cuatro. ¿Por qué uno solo? Porque era el único que no fue escrito por un israelita.

Aparte de esto, hubo otros que quisieron quedarse con un solo evangelio debido a que algunos decían que al tener cuatro evangelios aparecían ciertas contradicciones entre los testimonios y, por lo tanto, aparentes errores. De esto se ha visto mucho en la historia de la Iglesia, sobre todo en el tiempo de Marción, donde aparecieron filósofos diciendo que iban a refutar el cristianismo comparando los cuatro evangelios y demostrar a todos,  las supuestas contradicciones que estos tienen. Uno de ellos fue un tal Celso, al cual refutó Orígenes escribiendo su obra Contra Celso.

¿CONTRADICCIONES? NO, TESTIMONIOS COMPLEMENTARIOS.

Mis hermanos, pero las aparentes contradicciones que se le acusan a los santos evangelios son visiones complementarias de testimonios sinópticos, es decir, de testimonios oculares de los mismos hechos. Entonces acusan a la Biblia de tener errores, cuando la verdad, son visiones complementarias de mismos sucesos y de diferentes ángulos. Esto, más que ser contradicción para un juez (considerando el método legal) es un punto a favor del testimonio, ya que se nota que no hay un previo acuerdo, sino la verdad de lo que se vio y recuerda. Así que debe usted saber que la Biblia no contiene errores, a lo que le llaman errores o contradicciones, no son más que omisiones en algún relato o diferencia de detalles; pero las omisiones no son errores, sino que son diferentes puntos de vista de un testigo, cosas que éste recordó y que el Señor, por el Espíritu Santo, quiso dejarlas así, pues la confiabilidad de los testimonios no se haya en que estos sean idénticos, sino en que estos se complementen entre ellos. Esto se relaciona a la perspectiva desde la cual se fue testigo, lo que viene a resultar en un complemento de los testimonios múltiples. Como cuando Mateo registra que después de la resurrección de Cristo, un ángel provocó un terremoto y le habló a las mujeres que fueron al sepulcro (Mt. 28:2-7), pero Juan[54] registra que fueron dos ángeles los que estaban dentro del sepulcro (Jn. 20:11-20). ¿Es esto un error o contradicción? No, sino que pueden ser simples omisiones por un tema de perspectiva o detalles de sucesos complementarios. En esta ocasión corresponde a lo segundo, detalles de sucesos complementarios, dado que uno recuerda  cosas que el otro no. Como que Mateo recuerda que hubo un terremoto y Juan no, esto complementa el testimonio de Juan. Luego Mateo recuerda que el ángel les habló a las mujeres fuera del sepulcro y las llevó hacia adentro, dice así:

5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.” (Mt. 28:5-6, RV 1960, negritas añadidas).

Junto con llevarlas a ver la tumba vacía, Mateo recuerda que el ángel las envió a avisarles a los discípulos, y en el camino el Señor Jesús se les apareció. Respecto a esto, Juan complementa el testimonio de Mateo, nos relata otros detalles adicionales, como el que María Magdalena, después de avisar a los discípulos quedó llorando afuera de la tumba y cuando miró dentro del sepulcro vio dos ángeles. Luego se nos relata una conversación que hubo antes de que viera al Señor. Con esto nos damos cuenta que no es que se contradigan sino que se complementan en lo que recuerdan. Por lo que es probable que al ángel que abrió la tumba y que luego entró al sepulcro, se le uniera posteriormente otro ángel. Así nos damos cuenta que no son errores en el testimonio, sino diferentes recuerdos de un mismo suceso que se complementan el uno al otro.

Para explicar mejor esto de lo complementario de los testimonios, les relatare algo que leí en algún lugar: Dos personas conversando se cuentan uno al otro que vieron al alcalde de la ciudad manteniendo una conversación con una persona. Ambos lo vieron el mismo día, en el mismo lugar, y en el mismo rango de hora, por decir algo, entre las 15:00 y 16:00 horas. Hasta aquí, parecía que eran  testigos de la misma situación; sin embargo, no estaban de acuerdo en algo del relato, y era que uno de ellos lo vio conversando con el jefe de bomberos,  mientras que la otra persona lo vio conversando con el jefe de policías. Ambas personas se quedaron mirando, preguntándose quién estaría cometiendo un error o, en el peor de los casos, mintiendo. De pronto apareció una tercer testigo que, al oírles hablar y ver la duda que tenían, les contó que él estuvo toda la tarde sentado en la plaza que estaba frente al lugar, y que, durante aquel día, desde las 14:00 horas, el vio al alcalde conversar con un concejal de la comuna, luego con la presidente de una junta vecinal, después con el jefe de la policía y, finalmente, con el jefe de bomberos; después de esto, el alcalde se retiró de la municipalidad. Al considerar esto nos damos cuenta que ninguno estaba en un error ni mintiendo, sino que ellos fueron testigos de diferentes conversaciones, aunque hubo un tercero que vio ambas y aún otras, por lo que los testimonios no eran contradictorios, sino complementarios. Este tipo de cosas son las que ocurren con los evangelios, no son errores, son visiones complementarias, testimonios complementarios, son diferentes puntos de vista, quizás apreciados desde diferente ángulo, pero no son contradicciones.

Entonces, mis hermanos, era necesario que la Iglesia reconociera el canon por causa de las cosas que estaban ocurriendo, pues se levantaban movimientos como el liderado por Marción, que enseñaba a los cristianos que Lucas y las epístolas de Pablo son las importantes y nada más. Es por esto que, el Espíritu Santo llevó a los santos a reconocer e identificar cuáles son los libros que han influenciado a la Iglesia y que eran regla de fe.

RESPALDADOS POR DIOS.

Es importante que nunca quitemos al Espíritu Santo de en medio de esta labor. Porque el canon no es obra voluntariosa de la Iglesia, sino del Espíritu Santo que condujo a los hermanos a identificar y reconocer los libros que Él inspiró. Nunca debemos olvidar esto, nunca debemos quitar a Dios del medio, pues Él es el que ha dado testimonio junto con los profetas y apóstoles, pues todos estos tuvieron el respaldo del Señor, quien los confirmó con prodigios,  milagros y señales (Heb. 2:3-4). No era el testimonio solo de ellos, sino que era el testimonio del Señor con ellos, y el testimonio de aquellos respaldados por el Señor. Cosas como estas se reconocieron, asuntos como estos se consideraron.

Así entendemos que había preguntas cruciales que ayudaron a identificar y reconocer los Textos. ¿Quién es el que testifica en este documento? ¿Lo conocieron las iglesias? ¿Era reconocido el escrito entre los santos? ¿Tenía respaldo y confirmación del Señor? ¿Era apostólico o con respaldo apostólico? Respecto al respaldo apostólico, hagámonos la siguiente pregunta: ‹‹¿Por qué se reconoce el evangelio de Marcos?››. Marcos no es mencionado como un apóstol, pero sí como compañero de Pablo (Hch. 12:25; 2Ti. 4:11; Fil. 1:24), sobrino de Bernabé (Col. 4:10) e “hijo”[55] de Pedro (1P. 5:13). Ahora, aparte de esto, un historiador importante de los primeros siglos de la historia cristiana –Eusebio de Cesarea– cita en su Historia eclesiástica un fragmento de la obra de Papías de Hierápolis, de comienzos del siglo II, que dice que Marcos escribió con exactitud todo lo que Pedro recordaba. Por lo tanto, no es sólo el evangelio de Marcos, sino las memorias de Pedro, uno de los principales apóstoles. Lo que redactó Marcos fue lo que Pedro le contó, lo que Pedro recordó, lo que Pedro vio y oyó. Eso fue lo que Marcos escribió. Sabemos que Mateo fue testigo ocular, pero Marcos, fue el escriba de un testigo ocular, Pedro.

Luego observamos a Lucas que se registra en las Escrituras como compañero de Pablo (2Ti. 4:11; Fil. 1:24), pero además, se considera debido a que hizo un estudio diligente de diversas fuentes a las que tuvo acceso. Fuentes que –debido a que Lucas era contemporáneo a los apóstoles– reconocemos como testigos oculares de todas estas cosas. Lucas 1:1-4 nos dice:

1 Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, 4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.” (RV 1960).

Esa introducción es notable. La forma en que Dios usó a Lucas es notable. Las credenciales de las Escrituras las vimos en reuniones pasadas, cuando hablamos de temas como la respuesta arqueológica ante la crítica, comprobando la veracidad de los hechos y lugares, respaldando así la veracidad histórica de los Textos. Respecto a esto dijimos que la Biblia es un libro que ha sido utilizado incluso por los historiadores y arqueólogos seculares para confirmar la existencia de lugares o personas. En esto, Lucas ha tenido un lugar importante, pues en algún momento de la historia se decía que Lucas tenía un error en el capítulo 2,  pues allí –se pensaba– se cita a Cirenio como gobernador 6 a 7 años antes de lo que los historiadores sabían y conocían; pero después de un tiempo la arqueología descubrió que Lucas decía la verdad, que era exacto en su relato, ya que se descubrieron inscripciones de un gobernador Cirenio del tiempo señalado por Lucas, entonces se entendió que Cirenio tuvo dos periodos de gobierno, o que hubo otro Cirenio que también fue gobernador.  Entendieron que Lucas era meticuloso en su relato y empezaron a citar a Lucas, ¿y por qué? Porque tenía confiabilidad histórica. Hasta en esto vemos el respaldo de Dios.

PUNTOS DE RECONOCIMIENTO DEL CANON.

Ahora bien, para resumir un poco sobre las cosas que se consideraron para reconocer el canon bíblico voy a citar al hermano Josh McDowell que nos dice:

“Podemos detectar de los escritos bíblicos y de los de historia eclesiástica que había unos cinco principios que guiaron el reconocimiento y la colección de los libros verdaderamente inspirados por Dios. Geisler y Nix presentan los principios como sigue (449/223-231):

  1. ¿Fue escrito el libro por un profeta de Dios? «Si un libro fue escrito por un portavoz de Dios, entonces resultó ser la Palabra de Dios».

  2. ¿Recibió el autor confirmación por algunos actos portentosos de Dios? Con cierta frecuencia había milagros que distinguían a los profetas verdaderos de los falsos. «Moisés recibió poderes milagrosos para confirmar su llamamiento de Dios (Ex. 4:1-9). Elías triunfó sobre los falsos profetas de Baal por medio de un acto sobrenatural (1 Rey. 18). Jesús ‘fue acreditado por Dios con hechos poderosos, maravillas y señales que Dios hizo por medio de él’ (Hch. 2:22). Un milagro es un acto de Dios para confirmar la Palabra de Dios dada por medio de un profeta de Dios al pueblo de Dios. Es una señal para comprobar su sermón y el milagro confirma el mensaje.

  3. ¿Decía el mensaje la verdad acerca de Dios? «Dios no puede contradecirse (2 Cor. 1:17, 18), ni tampoco puede pronunciar lo que es falso (Heb. 6:18). Por lo tanto, ningún libro con pretensiones falsas puede ser la Palabra de Dios». Por razones tales como estas, los padres eclesiásticos mantenían la norma: «Si hay duda, que se excluya». Esta regla “aumentó la validez de su discernimiento de los libros canónicos”.

  4. ¿Demuestra el libro el poder de Dios? «Los padres creían que la Palabra de Dios es ‘viva y eficaz’ (Heb. 4:12), y que por consiguiente debe tener una fuerza transformadora para la edificación (2 Tim. 3:17) y la evangelización (1 Pe. 1:23). Si el mensaje de un libro no lograba su declarada meta, si no demostraba el poder para cambiar una vida, entonces se concluía que Dios no estaba detrás de su mensaje» (449/228). La evidente presencia del poder transformador de Dios se consideraba como una indicación fuerte de que un libro dado tenía el sello de aprobación del mismo Padre celestial.

  5. ¿Gozaba de aceptación por el pueblo de Dios? «Pablo dijo de los tesalonicenses: ‘Por esta razón, nosotros también damos gracias a Dios sin cesar; porque cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de parte nuestra, la aceptasteis, no como palabra de hombres, sino como lo que es de veras, la palabra de Dios…’ (1 Tes. 2:13). Sea lo que fuera el debate posterior sobre la pertinencia de un libro al canon, los que estaban en mejores condiciones para conocer sus credenciales proféticas eran los que conocían al profeta que lo había escrito. De modo que la evidencia definitiva, a pesar de todo debate posterior acerca de la canonización de algunos de los libros, es la que atestigua su aceptación original por creyentes contemporáneos» (449/229). Cuando el pueblo de Dios recibía, coleccionaba, leía y usaba un libro como la Palabra de Dios, este llegaba a ser considerado como canónico. Esta práctica a veces se refleja dentro de la Biblia misma. Un caso tiene que ver con el reconocimiento del apóstol Pedro que los escritos de Pablo estaban a la par con las Escrituras del Antiguo Testamento (2 Pe. 3:16).”[56]

¿DECÍA EL MENSAJE LA VERDAD ACERCA DE DIOS?

Acerca del punto número tres – ¿Decía el mensaje la verdad acerca de Dios?– debemos destacar que esta es una de las cosas importantes a considerar dentro del asunto del reconocimiento del canon. ¿Han escuchado hablar del libro de Enoc? El libro de Enoc tiene muchas versiones provenientes de muchas traducciones. De la traducción griega y aramea, se dio lugar a la etiópica, y de la comparación entre la griega y la etiópica se pueden notar algunas cosas editadas y exageraciones. Hoy en día, el libro de Enoc tiene muchas inserciones realizadas que contradicen la Biblia y que se presentan como libros “científicos” que ante la ciencia moderna queda en vergüenza.  No obstante, hay citas que las Escrituras realizan sobre este libro, como en Judas y Santiago,  pero debido a las manipulaciones que ha tenido y sus inserciones fantasiosas, no es un libro que nosotros podamos reconocer como canónico, sino como informativo. Ahora, cuando usted lee el texto –y si ha vuelto a nacer– en su propio espíritu percibirá que no está al nivel de los libros canónicos y reconocidos por el Espíritu Santo, por eso les decía al principio que no podemos sacar a Dios de la ecuación, no podemos olvidarnos de lo que el Señor Jesús nos ha enseñado y que registran las Escrituras en Juan 16:13, diciéndonos:

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. “ (RV 1960).

Por lo tanto, cuando los santos reconocieron el canon, y aun hoy cuando lo validamos como miembros de la Iglesia, no lo hacemos por nuestra “súper inteligencia”, ni “mentes brillantes” de aquel tiempo o del nuestro; por supuesto que no, sino que vemos la labor omnipotente del Espíritu Santo, conduciendo a los santos a toda verdad y enseñándonos el camino (1Jn. 2:27). Es por esto que cuando usted lee libros apócrifos como el libro de Enoc, el de Judith, el de 1ª Macabeos, o el libro del evangelio según Tomás llamado el Dídimo, usted en su espíritu va a percibir que algo no cuadra, algo no anda bien, es una incomodidad que se intuye, usted se va a dar cuenta de eso, dicen cosas interesantes, uno las puede considerar y decir esto me sirve como para explicar algunas cosas, pero no para hacer doctrina ni ser regla de fe. De esos libros no debemos sacar doctrinas. No se pueden ni se deben asumir como libros canónicos. Por eso es importante hermanos entender que cuando se habla respecto a decir la verdad acerca de Dios, se refiere a que vaya en armonía y concordancia con todos los demás Textos reconocidos, pero también con el Espíritu de verdad; pues el Espíritu de verdad es importantísimo y fundamental, y el Espíritu que inspiró los Textos.

Es importante entender esto mis hermanos, pues hay personas como los “eruditos” del llamado Seminario de Jesús, que llegan a decir que el Jesús que habla la Biblia es un mito, y cuando consideras esto llegas a una sola conclusión: no tienen el Espíritu de Dios. Un anciano bautista, de los bautistas del sur de EE.UU., en un seminario que se realizó escuchaba a un expositor liberal decir que el Jesús que aparece en la Biblia no es real, sino que es distinto, que ese es mitológico debido a los milagros que aparecen y, por tanto, se tendría que sacar toda esa mitología que la “ciencia” demuestra como imposibles de explicar. Mientras el hombre decía esto, se paró el anciano bautista que estaba sentado en el último asiento con una manzana en su mano. Levantando la mano para hacer una pregunta, acercó a su boca la manzana, le dio una mordida y le preguntó al expositor: “¿Me puedes decir qué sabor tiene esta manzana?”. Un poco molesto ante esa pregunta, el expositor le respondió: “Usted me está preguntando una estupidez, ¿cómo voy a saber yo el sabor de una manzana que se está comiendo usted? ¿Cómo podría decirle el sabor de esta?”. El anciano lo miró y le dijo: “Exacto, y de la misma manera, nunca podrías decirme cómo es Jesús si no lo conoces y nunca lo has disfrutado”.

Como verán, esto nos permite entender que no solo hay que tomar el aspecto intelectual e histórico, sino que es fundamental considerar al Espíritu de verdad. Pues a un cristiano que tiene el Espíritu de Dios, que conoce las Escrituras y que ha sido ejercitado en el discernimiento, le basta leer el contenido de algún apócrifo para aprobar o reprobar algo. Y esto no sólo aplica a los apócrifos, sino a todo libro que leamos.

Ahora, respecto a los apócrifos y otros libros de autores incluso cristianos, quisiera dar un consejo. Usted no debería tomar libros como ese si nunca ha leído la Biblia.  Permítame, con todo respeto, decir lo siguiente. Si usted no lee la Biblia, no puede venir a tomar o considerar otros libros, sean apócrifos o de autores cristianos.  Si no hemos considerado la Biblia seriamente, no podemos ni deberíamos acercarnos a otro libro.

¿DEMUESTRA EL LIBRO EL PODER DE DIOS?

Sobre el punto cuatro – ¿Demuestra el libro el poder de Dios?– Se refiere a que las Escrituras de Dios tienen un poder transformador. El hermano Gino Iafrancesco en el Sílabo de Bibliología hace una introducción extraordinaria donde habla de las gentes influenciadas por este santo Libro y de cómo la Biblia ha civilizado gentes. Incluso, mis hermanos, hay personas que han aprendido las letras y a leer con las Escrituras. Vidas transformadas con la Palabra escrita de Dios. Respecto a esto,  había un reconocimiento entre los santos; un reconocimiento del poder de Dios mediante Su Palabra.

LA FECHA DE CIERRE DEL CANON.

El canon del Nuevo Testamento se encontraba ya reconocido para el año 300 d.C. Atanasio (367 d.C.), nos entrega la lista más antigua que se conoce sobre los 27 libros que conforman el Nuevo Testamento. En el fragmento de una carta escrita a una iglesia, dijo:

“Nuevamente, no es tedioso hablar de los libros del Nuevo Testamento. Son: los cuatro Evangelios (según Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Luego, los Hechos de los Apóstoles, las epístolas (llamadas católicas o universales), que son siete; vale decir, la de Santiago, una; las de Pedro, dos; las de Juan, tres; después de estas, la de Judas, una. Además, son catorce las epístolas de Pablo, escritas en este orden: La primera, la dirigida a los romanos; luego dos dirigidas a los corintios; después de estas, la dirigida a los gálatas; luego, la dirigida a los efesios; luego la dirigida a los filipenses; luego, la que fue a los colosenses; después de estas, las dos a los tesalonicenses; luego la dirigida a los hebreos; nuevamente, las dos a Timoteo; una a Tito; y finalmente, la dirigida a Filemón. Además: el Apocalipsis de Juan.” (McDowell, 2004, pp. 27-28).

Ya para el año 393 d.C. el canon del Nuevo Testamento estaba completamente reconocido y cerrado.

CONCLUSIONES SOBRE EL CANON.

Entonces, mis hermanos, dentro de las cosas que hemos visto respecto al canon tenemos que el Antiguo Testamento es reconocido y confirmado por el mismo Señor Jesús, así que no hay mucho que decir respecto a esto; pero luego, acerca del Nuevo Testamento, debemos saber cómo reconocemos los documentos que Dios, el Espíritu Santo, inspiró. ¿Qué epístolas tenemos que considerar? ¿Qué evangelios? ¿Qué escritos en general? Para esto consideramos asuntos como la masividad en su circulación (reconocimiento de autor y documento), la influencia en las personas y las vidas transformadas (poder transformador), no se contradice en nada y unos a otros se reconocen (armonía escritural), como  las epístolas de Pablo que el mismo Pedro reconoce como parte de las Escrituras (2P. 3:14-16).

También nos damos cuenta que era necesario un canon, por lo que le hablaba acerca de Marción y su pseudo-canon. Así que era necesario reconocer los escritos divinamente inspirados y que eran regla de fe para la Iglesia del Señor.

Es maravilloso considerar que este libro escrito por más de 40 autores, de diferente educación, oficio,  tiempo, hayan armonizado en un sólo hilo conductor: el Señor Jesús. Quien es el Alfa y la Omega, Alef y Tau. El mismo Señor Jesús dice que las Escrituras dan testimonio de Él (Jn. 5:39).  Un hermoso testimonio moderno acerca de esto, se registra en el libro El caso de Cristo de Lee Strobel. Él registra la historia de un hermano que se llama Louis Lapides, que era judío y se convirtió al cristianismo[57]. El Dr. Lapides cuenta que un día un pastor evangélico le regaló una Biblia protestante, quien a su vez, lo desafió a leer las profecías acerca del Mesías. Ese desafío despertó en él la curiosidad y pensó en leerlas, dado que esto lo desconocía. Cuando empezó a leer el Antiguo Testamento se dio cuenta de todas las cosas que se decían del Mesías. Leyó detenidamente cada libro, hasta que se encontró con Isaías 53, donde al leer los padecimientos del Ungido del Señor, las imágenes que había visto de un Jesús sufriente en una cruz en las iglesias católicas se venían a su mente. La descripción del profeta respecto a los padecimientos de Cristo era tan literal a lo que él sabía sobre Jesús, que en vez de creer en Él pensó en que los cristianos manipularon el Antiguo Testamento, específicamente ese pasaje de Isaías. Así que le solicitó a su madrastra una Biblia hebrea. Cuando le llegó y se dio cuenta que Isaías 53 estaba allí y decía lo mismo, fue profundamente impactado, así que siguió leyendo, hasta que se topó con el Nuevo Testamento que, con temor a que le cayera un rayo, decidió leer. Cuando comenzó a leer la historia registrada fue impactado por el cumplimiento de cada profecía en la vida del Señor Jesús, hasta que después de una crisis en el desierto (literalmente) entregó su vida a Cristo. ¡He aquí el poder transformador de las Escrituras y el Espíritu de verdad!

Así que mis hermanos, damos gracias al Señor porque Dios nos ha dado un canon, una regla de fe impresa en Textos. Y esto es importante entenderlo, si Dios nos dio una revelación especial y oficial en los Textos, entonces jamás debemos pensar que podemos vivir una vida cristiana, o servir al Señor, sin la Biblia. Esto no se puede. Nuestra regla, nuestra vara y guía para conducirnos, es la Biblia, la cual, nos establece medidas. No es sin medidas, hermanos, pues Dios es justo, es integro, es un Dios de orden, de medidas. Es por eso que cuando mandó hacer el templo, o mandó hacer el tabernáculo, siempre fue con medidas precisas. Cuando mandó hacer el arca del pacto en el tiempo de Moisés, fue con medidas precisas. Por lo tanto, los límites los establecen las Escrituras en toda materia. Por eso es importante que las iglesias sepan que nosotros no definimos el canon, sino que nosotros reconocemos el canon, reconocemos lo que el Espíritu Santo –que es el Espíritu de verdad– nos lleva a reconocer.

Para finalizar, voy a plantear seis puntos que toca el hermano Josh McDowell. Estos corresponden a una tabla comparativa de seis puntos de vista correctos e incorrectos (McDowell, 2004, p. 25).

¡Qué importante es entender estas cosas, mis hermanos! Quisiera destacar la importancia de comprender que nosotros no somos los que corregimos la Biblia, sino que la Biblia nos corrige a nosotros. Estas son cosas importantes de entender.  No somos nosotros la luz de la Biblia, sino que la Biblia es luz para nosotros, pues:

“Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105, RV 1960).

La Biblia no carece de claridad, sino que somos nosotros los que carecemos de revelación e iluminación. Porque para leer las Escrituras nunca debemos olvidarnos del Espíritu que las inspiró; por lo que siempre necesitamos del Espíritu Santo, el Espíritu de verdad, necesitamos que nos lleve a toda verdad.

ALGUNOS LIBROS PARA CONSIDERAR.

Bueno, antes de terminar,  les recomiendo algunos libros para los que quieran profundizar más en estas cosas:

Nueva evidencia que demanda un veredicto, autor: Josh McDowell.

¿Es verdad la Biblia?, autor: Jeffery L. Sheler.

Historia de la Salvación y Santa Escritura, autor: Herman Ridderbos.

¿Es la Biblia verás?, autor: Josh McDowell.

Respuestas a preguntas difíciles, autor: Josh McDowell y Don Stewart.

El origen de la Biblia, autor: Philip W. Comfort y Rafael A. Serrano. 

Silabo de Bibliología, autor: Gino Iafrancesco.

Introducción a la Teología General, autor: Gino Iafrancesco.

Prolegómenos, autor: Gino Iafrancesco. 

El caso de Cristo, autor: Lee Strobel.

Creo que con estos títulos, tenemos para bastante tiempo estudiando. La gracia y la paz del Señor Jesús sean todos ustedes. Amén.

 


 

[1] Transcripción realizada por el hermano Israel Mesina Mosqueda.

[2] En la Reina Valera del 1960 se tradujo “El Señor viene”, sin embargo, en la Biblia Textual III se conservó la transliteración que se conserva en el griego, donde dice “¡Maran-atha!”.

[3] Arthur C. Custance, M.A., Ph. D. Miembro de la Afiliación Científica Americana. Miembro de la Asociación Americana de Antropología. Miembro del Real Instituto de Antropología. Brockville, 1957 / Rev. 1971. Traducción del inglés: Santiago Escuain. Véase Artículo 01: http://www.sedin.org/doorway/01-Adan.html

[4] Custance. A. 2020. ¿Quién enseñó a hablar a Adán? Revisado el 28 de noviembre del 2020. Véase: http://www.sedin.org/doorway/01-Adan.html

[5] Juan 1:1. La Palabra de Dios.

[6] Véase BTX III.

[7] Ibíd. Nota hno. I. E. Mesina: La Biblia Reina Valera de 1960, concordancia números Strong, registra la palabra griega Juíos (Hijo), pero según la Biblia Textual, IV Edición, eso se basa en manuscritos inferiores, ya que los mejores manuscritos dicen “Unigénito Dios”.

[8] Revisado el 28 de noviembre del 2020. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=GvzxtK55qLc

[9] Flew, A., Varghese, R., Soler Gil, F., & Contreras, F. 2012. Dios existe. Madrid: Editorial Trotta.

[10] Behe, M., & Gardini, C. 1999. La caja negra de Darwin. Barcelona: Andrés Bello.

[11] Revisado el 28 de noviembre del 2020. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=dxtjFVnH8BA

[12] Lo cual no estamos afirmando ni creemos en lo absoluto.

[13] Iafrancesco, G. 2013. Prioridad arcaica de las Toledot. Sasaima: Edición Autoral.

[14] De relatos.

[15] Hallan en China la escritura más antigua conocida hasta ahora. Revisado el 28 de noviembre del 2020. Véase:

https://actualidad.rt.com/cultura/view/99812-china-escritura-antigua-conocida-mundo

[16] Desde Génesis 1:1 al 2:4a.

[17] Es decir, libro.

[18] Desde Génesis 2:4b al 5:1a.

[19] Pergaminos.

[20] De “errar”. Véase: http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=errante

[21] En Chile, actualmente, hay feriantes que trabajan con caballos que los acarrean.

[22] Nota hno. I. E. Mesina: Efectivamente, no es correcto pensar que Dios manipuló mecánicamente el cuerpo y corazón de estos hombres para escribir, ellos lo hicieron dentro de sus facultades mentales conscientes y voluntarias, supervisados por el Espíritu. Dios aprobó esos  escritos como palabra de Él, confirmándolos.

[23] Pheromenoi.

[24] Theopneustos.

[25] Que consta de dos partes.

[26] Por lo tanto, todo libro, prédica, enseñanza, etc., que hacemos aquellos que servimos al Señor en este ministerio, hoy en día, es falible. Debe ser examinado por los hermanos; los que han de decir  “amén”, a lo que aprobaron por la Palabra y el Espíritu.

[27] Ferraris, L. 1746. Prompta Biblioteca Canónica, Jurídica, Moralis, Teológica, nec non Ascética, Polémica, Rubristica, Histórica. Artículo «Papa», tomo 6.

[28] Lacueva, F. 2001. Diccionario Teológico Ilustrado (p. 137). CANON. Barcelona: Editorial CLIE.

[29] Ibíd.

[30] McDowell, J. 2004. Nueva evidencia que demanda un veredicto. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

[31] 1ª y 2ª de Macabeos.

[32] Son los así llamados apócrifos.

[33] Y con “Iglesia de Dios” no nos referimos a la católica, ni a ningún sistema religioso; sino a la que componen los hijos de Dios nacidos de nuevo en Cristo, independiente de la denominación en la que participen y de la historia.

[34] Véase también Lucas 11:51.

[35] Criterio que no tienen los hermanos nuevos. Ojo con esto.

[36] Aunque algunos señalan que son 14, pues incluyen a la epístola a los hebreos como si fuera de Pablo.

[37] Véase 1 Corintios 5:9,11, que dice: “Os he escrito por carta… Más bien os escribí”.

[38] Revisado el 01 de diciembre del 2020. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=XmE_-6LBWZk

[39] El número se dice a modo de ejemplo.

[40] Simón Greenleaf (1783-1853) fue uno de los fundadores de la Escuela de Leyes de Harvard. Fue el autor del texto autorizado de tres volúmenes: A Treatise on the Law of Evidence (1842), el cual es considerado «la mayor autoridad en materia de evidencia en toda la literatura de procedimientos legales.» Greenleaf literalmente escribió las reglas sobre evidencia para el sistema legal de los Estados Unidos. Ciertamente, fue un hombre que supo cómo sopesar los hechos. Fue un ateo hasta que aceptó el reto de sus estudiantes de investigar el caso de la resurrección de Cristo. Después de recolectar y examinar personalmente la evidencia basada en reglas de evidencia que él ayudó a establecer, Greenleaf se convirtió en cristiano y escribió el clásico: Testimony of the Evangelists.

‹‹Pasemos el testimonio [de los evangelios] por un tamiz, como si fuera presentado en una corte de justicia por parte del grupo adversario, los testigos sometidos a un riguroso interrogatorio. El resultado, se cree con seguridad, será una indudable convicción de su integridad, habilidad, y verdad.››

[41] En 1982, McDowell fue distinguido con el grado honorífico de Doctor en Leyes por la Escuela de Leyes Simon Greenleaf, en reconocimiento a su ministerio y a su obra como escritor.

[42] Lee Strobel tiene una licenciatura en periodismo de la Universidad de Missouri y una maestría en estudio de leyes de la Universidad Yale. Fue el galardonado editor legal del periódico Chicago Tribune y escéptico espiritual hasta el año 1981.

[43] No confundir con “Nueva evidencia que demanda un veredicto”, que es del mismo autor, el cual corresponde a una versión actualizada.

[44] Hacerse el tonto o ignorante.

[45] También transliterados por otros hermanos con “V”, Nevi’im.

[46] También transliterados por otros hermanos con “V”, Ketuvim.

[47] Lacueva, F. 2001. Diccionario Teológico Ilustrado (p. 137). CANON. Barcelona: Editorial CLIE.

[48] Iafrancesco, G. 2008. Roma en la profecía de Daniel (p. 1). CREDENCIALES DEL LIBRO DE DANIEL ANTE LA CRÍTICA. Paraguay: Cristianía Ediciones.

[49] Lo pongo con minúscula porque en la película se refiere a Superman, aunque el pensamiento en sí mismo es un ataque a la fe verdadera.

[50] Año 2017-2018.

[51] Comentario del hermano Israel Esteban y adaptado por el autor.

[52] Burpo, T. 2011. El cielo es real. Nashville: Grupo Nelson.

[53] No la católica.

[54] Aunque Juan no es considerado un evangelio sinóptico, pero nos sirve para el ejemplo.

[55] Hijo espiritual.

[56] McDowell, J. 2004. Nueva evidencia que demanda un veredicto (pp. 24-25). ¿Cómo fue preparada la Biblia? 2. Criterios para determinar la inclusión en el canon. Alabama: Editorial Mundo Hispano.

[57] Strobel, L. 2000. El caso de Cristo (p. 201). Novena entrevista: Dr. Louis Lapides, Maestría en divinidades y Maestría en teología. Miami: Editorial Vida.