3. EL CONCEPTO DE INSPIRACIÓN.

HNO. R. A. LÓPEZ[1].

 

Oremos, hermanos:

Amado Padre Celestial, Tu que estas en los cielos. Señor, mediante y en el Hijo es que nos dirigimos a Ti, por la revelación del Espíritu Santo y las Escrituras que nos han dado testimonio de Él; pues a través de conocer a nuestro Señor Jesús, podemos conocerte a Ti, Padre nuestro. Porque Él es la Imagen del Dios Invisible y no hay otra manera de conocer al Padre si no es por el Hijo, y no hay ninguna posibilidad de conocer al Hijo, sino a través del Espíritu y las Escrituras, y por eso te damos gracias Señor.

Nos hemos reunido hoy día para el bien, para poder conocer un poco más esta Persona del Hijo de Dios, y a través de Él conocerte a Ti, buen Padre Celestial. Porque sabemos que todo, Señor, emana del Hijo, ¡gracias Señor!

Oh, Señor, ponemos este estudio delante de Ti. Señor, te pido el socorro para mí, para ser inteligible delante de mis hermanos. Señor, te pido el socorro también para mis hermanos, para que nada de lo que yo diga o que mal diga, o que diga de una manera errada,  pueda afectar a mis hermanos. Estamos delante de Ti, Tu eres el Señor, Tu eres el Dios Todopoderoso, nosotros somos Tus siervos.

Señor, queremos escucharte a Ti, queremos conocer un poco más de esta Persona maravillosa y de las tres Personas de la Trinidad. Señor, ayúdanos, socórrenos y suminístranos. Sin Ti nada podemos hacer y por eso recurrimos a Ti. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

INTRODUCCIÓN AL CONCEPTO INSPIRACIÓN.

Hoy día el tema que nos convoca es la inspiración. El concepto de inspiración. Muy mal usado muchas veces  y hoy día, Dios mediante, vamos a ver –entre otras cosas– el por qué es mal usado. Hay varios conceptos que vamos a tocar y que debemos tener presentes, tales como:

  1. El concepto de revelación.
  1. El de iluminación.
  1. El de inspiración.

Estos tres conceptos son cosas diferentes, aunque a veces se usan como sinónimos de forma parcial o total[2]; y otras veces se aplican de forma equivocada al no entenderse correctamente. Hoy día vamos a tocar estas cosas con el propósito de ser mejor equipados y entender mejor dichos conceptos. Que el Señor nos ayude.

Bueno, en esta “Escuela de la obra” o “Reuniones de equipamiento”, nosotros hicimos un itinerario con diferentes doctrinas fundamentales[3], ¿se recuerdan? ¿Qué cosas íbamos a tocar? Nuestro propósito era estudiar juntos una lista de doctrinas fundamentales que, poco a poco,  íbamos a ir tocando en estas reuniones. Partiríamos por la Biblia. Es por eso que nuestro hermano J.C. Orellana durante las reuniones pasadas ha estado hablando acerca de la Biblia[4].

Entonces, hermanos, partimos por las Sagradas Escrituras. Partimos hablando de la Biblia como una revelación especial de Dios. Él ha querido darse a conocer y responder personalmente la pregunta “¿Quién es Dios?”. ¿Se recuerdan que nuestro hermano J. C. Orellana estuvo compartiendo acerca de eso? Luego estudiamos sobre el origen de la Biblia, estuvimos tratando acerca del origen de las Escrituras. Vimos que su Origen es Dios, porque obviamente Él es el que inspiró –y vamos a ocupar bien ese término ahora–  las Sagradas Escrituras. Entonces observamos cómo Dios es el Originador y Origen de la Biblia. En eso estuvimos la vez anterior que nos reunimos aquí.

Hoy día nos corresponde tratar el concepto de la inspiración. Dentro de las cosas que veremos, vamos a hablar de algunos conceptos errados, como de las teorías no bíblicas acerca de esta inspiración. Así que, mis hermanos, quisiera partir viendo con ustedes un versículo de la Biblia que nos sirve de epígrafe y después leer con ustedes una definición que me parece acertadísima sobre el concepto mismo.

SOBRE LA INSPIRACIÓN.

Primero vamos a leer lo que  2a Pedro 1:21 nos dice:

“… porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (RV 1960).

Ahora les voy a compartir una cita extraída de un curso de exégesis bíblica del hermano Samuel Pérez Millos[5], que al respecto nos dice:

“III. INSPIRACIÓN:

Definición:

1.1. Es la operación divina ejercida sobre los autores humanos, por la cual Dios les revela el mensaje a escribir. Él es el que custodia que este trabajo no contenga errores; pero sin alterar el propio estilo personal en la confección del original” (SÍNTESIS DE NUESTRA FE, III. INSPIRACIÓN, p. 17).

Primero tenemos el testimonio implícito en la Biblia que nos dice que Dios inspiró a Sus profetas para que hablaran. Después,  en la cita que acabamos de leer tenemos una definición concisa de dicho testimonio bíblico, que nos ayuda a entender que es el Señor el que inspiró. Ahora bien, aunque es Dios el que inspiró a estos hombres no debemos pensar que fueron inspirados como si fuesen robots que, simplemente, “digitaron” lo que se les estaba dictando, como si fuera de una forma mecánica. Mis hermanos, esta no es la manera en que Dios los inspiró, ni es lo que se está diciendo en las Escrituras; sino que, debemos tener muy claro que en cada uno de los escritos vemos no solo a Dios, sino también al instrumento humano que fue utilizado e inspirado por Dios; es decir que usted puede ver a la persona, o sea, puede ver, de alguna manera, la personalidad del autor humano. Es por eso que, cuando usted lee a un Pedro, es diferente a como escribe un Pablo, lo cual los eruditos en el griego y hebreo saben muy bien. Esto permite que nos demos cuenta de algo maravilloso y extraordinario, y es que el Señor incluso se sujetó a ese tipo de características humanas para darle –por decirlo de algún modo– “humanidad” a las Escrituras[6], y junto con esto, pudiéramos ver Su omnipotencia y sabiduría, dejando como muestra una multicidad armoniosa que nos maravilla, lo cual se destaca al considerar que fueron varios los hombres usados.

Así es que, cuando decimos que el Señor inspiró la redacción de las Escrituras, no estamos diciendo que Él dictó y que los hombres escribieron como “máquinas de escribir humanas”, sino que el Señor los guió y estuvo custodiando todo el proceso de redacción, para que los escritores tuvieran también la capacidad de poder decir las cosas como les eran reveladas[7], en sus idiomas, de acuerdo a sus conocimientos y depósito escritural, gramatical, cultural, etcétera; de esta manera ellos no solo hablarían las palabras de Dios, sino también estas serían entendibles y legibles para los hombres, junto con representar fielmente a Aquel que los estaba inspirando.

En este proceso, mis hermanos, podemos ver la capacidad de Dios primeramente y cómo Dios estuvo custodiando cada uno de esos Libros. ¡Es muy precioso esto! Porque el Señor se remitió, se dio a conocer a través de estas personas. Porque como hemos dicho muchas veces, el Señor se ha dado a conocer en lenguaje humano. Podría haber ocupado otro lenguaje, podría haber ocupado otras lenguas. Pero lo hizo en un lenguaje entendible, por decirlo de alguna manera, nos habló como hombre.

Ahora bien, los idiomas humanos que Dios utilizó (griego y hebreo principalmente), no son difíciles de aprender en comparación con otras lenguas; pues hay algunos idiomas que tienen muchos caracteres en su escritura. Hay lenguas que tienen mil seiscientos, y otros tres mil caracteres. ¡Imagínense! Los fenicios, por ejemplo, que en su idioma tienen miles de caracteres podrían haber sido el idioma en el que Dios se diera a conocer, junto con escribir la Biblia con ellos; pero no fue así, sino que el Señor se remitió a dos lenguas mucho más sencillas, que tienen veintidós letras en su alfabeto[8], para que fuese más entendible y más sencillo el poder entenderle y conocerle, ¡miren que precioso! Y no solamente es precioso esto, sino también un alivio, porque si hubiera sido otra lengua podría haber sido bastante complejo entender siquiera algo de Dios. Al ver esto encuentro, personalmente, que Él se remitió a lenguas que no son complicadas, como el hebreo y el griego, aunque también existen algunas porciones en arameo; pero mayoritariamente, los textos originales fueron escritos en griego y hebreo, idiomas relativamente sencillos y muy conocidos en comparación a otros.

Entonces, el Señor se remitió a esas lenguas para las Escrituras, y ahí nos damos cuenta inmediatamente que Dios intervino de esa manera porque tenía un propósito especial: darse a conocer. Sin embargo, no por darse a conocer Él iba a ocupar autómatas o escribientes robóticos, sino que también permitió que esas personas que estaban siendo inspiradas por Dios, manifestaran esa calidad de personas con una libre voluntad y personalidad única, distintos unos de otros. Y si Dios lo hizo así, es debido a que Dios es Persona, un Dios personal (aunque tres Personas para ser exacto) y no hay una persona que nosotros conozcamos en esta vida, ninguno, que se le compare.

En cuanto a la calidad de personas, no hay otras más altas que las Personas de la Trinidad, no hay nadie que sea igual o semejante a las Personas que son un único Dios. Si hay uno que es verdaderamente persona, ese es Dios. Y no hay ninguna posibilidad que nosotros podamos llegar a ser verdaderas personas, si no conocemos ni amamos al Señor. Si queremos realmente ser personas, debemos conocer al Señor, porque Él es la Real Persona. Es uno solo en Esencia (Dios), pero tres Personas distintas (el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo); y los tres son un solo Ser. Lo que quiero decir, es que la verdadera calidad de persona no se puede tener si no estamos unidos al Señor ni conociéndolo. Sin Él, el hombre es semejante a las bestias del campo, como un Nabucodonosor orgulloso que tuvo que vivir una temporada de siete años como un animal (Dn. 4).

Cuando usted lee el Evangelio de Juan por ejemplo, los capítulos 14 y 17, cuando empieza hablar acerca de la Trinidad, el Señor Jesús ocupa los pronombres personales singulares y plurales: Yo, Tú, El y Nosotros. ¿Por qué el Señor ocupa esos pronombres personales para referirse a la Trinidad? Pues porque son Personas, y una de las cosas que Dios le dio al hombre para ser, es el vivir como personas. Por cuanto Dios mismo es Personas, le otorgó en Su infinita generosidad al ser humano llegar a ser personas. Es decir, seres pensantes, que sienten y deciden, con conciencia de sí mismos, o sea,  personas. ¿Se da cuenta? Así que Dios ocupó a las personas junto con sus personalidades, las inspiró, y además:

“Comunicando luego el trabajo hecho por estos hombres el aliento divino, para que todo el escrito original sea absolutamente la Palabra de Dios viva y eficiente u operante”[9].

Entonces el Señor es el que inspiró; el Señor estuvo ahí con esos hombres para que no se les pasara la mano, para que no dijeran cosas que no lo iban a representar a Él fielmente. ¿Se dan cuenta? Vemos en esto la generosidad de Dios y Su soberanía; vemos Su dignidad y Su perfecta voluntad; vemos Su omnisciencia y Su omnipotencia; vemos una operación extraordinaria de Dios. El Autor Principal es Dios, que condujo y supervisó a estos hombres no solo en la redacción, sino también en las ideas, pensamientos, etcétera. Vemos un trabajo que Dios quiso hacer en comunión, en co-participación de estos santos hombres. ¿Y saben por qué? Para responder esto nos haremos una pregunta: ¿cómo es la naturaleza de Dios?

Mis hermanos, Dios –por naturaleza– quiere siempre hacer las cosas en comunión, nunca las quiere hacer solo. Teniendo Dios el poder para hacerlas solo, Él ha decidido no hacerlas solo. Dios es todopoderoso, quiere decir que Él es absolutamente suficiente, Él no necesita de nosotros. Es muy importante saber esto, que Dios no necesita de nosotros. Porque en ocasiones algunos creen y piensan que vienen a la congregación haciéndole un favor a Dios. “¡Que agradezcan los hermanos que vine!”, “¡Que agradezca el Señor que vine a alabarlo!”, estos son algunos pensamientos. Pero no, hermanos, los que estamos necesitados de Dios somos nosotros, y somos nosotros también los que debemos estar agradecidos; porque los que estábamos perdidos éramos nosotros (Gn. 3:9), los rebeldes éramos nosotros (Ro. 1:28-32), los condenados éramos nosotros (Mr. 16:16), los muertos éramos nosotros (Ef. 2:1-3), los ajenos a Dios éramos nosotros (Ef. 2:12); no obstante, el que nos ha hecho partícipes y cercanos –no mereciéndolo– fue el propio Señor (Ef. 2:13). Entonces nosotros debemos venir no por obligación, sino que debemos venir con un ánimo pronto, de alabar al Señor por Su misericordia, por Su bondad, por Su amor, por Su entrega, por Su sacrificio reconciliador. ¡Oh, mis hermanos! Dios es todo-suficiente para hacer todas las cosas, no necesita de nosotros; sin embargo, Él quiere hacer las cosas con nosotros debido a esa naturaleza de comunión. ¿Se dan cuenta? Dios hace las cosas en comunión, ¡miren que precioso! Porque Él tiene esa naturaleza, Él es así. Dios quiere hacer las cosas con otro, no quiere hacerlas solo, puede pero no quiere, porque no es Su naturaleza así. Usted lo puede ver incluso en Génesis, cuando dice: “Hagamos” (Gn. 1:26). ¡Miren! Dios dijo: “Hagamos”. Eso manifiesta la naturaleza del Dios Trino y nos enseña la comunión continua que tiene este Único Ser en Tres Personas. Dios es todo-comunión respecto a la Trinidad. Nosotros debemos saber cómo es esa naturaleza, nosotros debemos saber cómo es esa relación para poder también entender cómo Dios quiere hacernos partícipes de esa relación y cómo Dios condujo a Sus siervos en la redacción de las Escrituras.

Miren lo que el apóstol Pedro escribió:

3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2P. 1:3-4, RV 1960).

¡Qué gran oportunidad! Nosotros podemos participar de esa naturaleza de Dios, de esa naturaleza de comunión, lo cual ocurrió con los santos hombres a los cuales Dios inspiró de forma extraordinaria. ¿Ven lo importante que es conocer al Dios que nosotros servimos? ¿Ven la importancia que tiene que le entendamos? Mis hermanos, no debe ser un Dios lejano para nosotros, Él no lo quiere así, sino que tiene que ser un Dios con nosotros: “Immanuél”[10], Con nosotros Dios”, eso significa Immanuél o “Emanuel”, como se traduce en español. Immanuél,  “con nosotros Dios”, eso significa. Entonces debemos conocer a este “Dios con nosotros”, porque también es peligroso no conocerlo. Uza, por no conocer a Dios tocó el arca, ¿y qué pasó con él? Cayó muerto (2S. 6:6-8). Entonces nosotros debemos conocer con el Dios que tratamos, porque Dios quiere que le conozcamos y que sepamos que quiere hacer las cosas con nosotros. Incluso esto de conocer a Dios, no es por nosotros, sino porque es necesario, pues el Señor nos está llamando a participar de Su obra. Así que, en parte, así es la naturaleza de Dios y así inspiró las Escrituras.

TEORÍAS NO BÍBLICAS: INSPIRACIÓN NATURAL.

Ahora, hay teorías no bíblicas acerca de la inspiración que debemos conocer. Aquí vamos a presentar una la lista básica de las teorías no bíblicas. La primera es la llamada “inspiración natural”, respecto a esta, cito al hermano Samuel:

 “Es la opinión de la máxima incredulidad y sostiene que la Biblia es un libro común, y que es igual a cualquier otro y aunque Dios haya podido dar una capacidad excepcional a los escritores, no deja de ser una producción únicamente del hombre, humana.” (Pérez Millos, 1995, [NATURAL] p. 17).

Eso es lo que dicen acerca de la inspiración los que sostienen como verdadero el concepto de inspiración natural. Si usted no sabía que existían personas que sostienen y enseñan esto, ahora lo sabe. Es necesario no solo saber lo que está correcto, sino también poder conocer aquellas cosas incorrectas que se sostienen hoy en día. De alguna manera, en estos momentos estamos viendo el lado negativo o errado de la inspiración, luego vamos a enfocarnos en el lado correcto, pero es importante saber que existen estas otras teorías. Entonces, la llamada inspiración natural no le da ningún crédito a las Escrituras y aunque dice que posiblemente puede haber sido Dios, no deja de ser simplemente un escrito humano.

TEORÍAS NO BÍBLICAS: INSPIRACIÓN MECÁNICA O DE DICTADO.

Luego de esto, tenemos el concepto errado de la llamada “inspiración mecanicista o del dictado”. Y se le llama así por lo siguiente:

“Enseña que Dios ‹‹dictó›› la Escritura y que los autores humanos son meros amanuenses, esto es, personas que copian o escriben al dictado de otro.” (Pérez Millos, 1995, [MECANICISTA O DEL DICTADO] p. 17).

Como pueden ver, esto enseña lo contrario de lo que dijimos anteriormente respecto a la definición de inspiración sacada desde el curso de exégesis bíblica, ¿se dieron cuenta? Sin embargo, las cosas que refutan ese pensamiento son varias, una de estas corresponde a los diferentes estilos que se encuentran en las Escrituras. Porque si hubiera sido que Dios estaba siempre dictando y ellos mecánicamente estuvieron escribiendo, no habrían diferencias entre un escritor y otro, pues el estilo o personalidad del escribiente quedaría anulada y solo se verían las palabras dictadas por Dios, lo cual no es así, sino que cada escrito es distinto uno de otro, incluso, algunas epístolas de un mismo autor tienen distinto estilo debido a que en una escribió de su propia mano y en otra escribió mediante un escriba. Este es el caso de 1 y 2 Pedro.

Otra cosa que refuta este pensamiento son las oraciones intercesoras que se registran, pues de ser un dictado mecánico, estas perderían su significado. Podemos ver una de estas en Efesios. Vamos a buscar esta cita. Efesios capítulo 3, verso 14 hasta el 19, dice así:

14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”  (RV 1960).

Si la inspiración fuera algo mecánico, ¿por qué esta petición personal de Pablo a Dios registrada en el Texto? Porque esta es una petición personal de Pablo a Dios para que fortalezca a los lectores y nos permita comprender el amor de Cristo. Si fuera algo mecánico no existirían este tipo de oraciones intercesoras de carácter personal de cada autor humano; pero gracias a Dios que existen, pues nos damos cuenta cómo el apóstol se unió al Señor llegando a hacer suya una carga de Dios, la cual el propio Espíritu Santo aprobó conduciendo a Pablo a dejar un registro de esto en Efesios. Allí vemos la comunión Dios y el hombre, siendo la omnipotencia de Dios la que prevalece sobre las falencias del hombre. Es decir, son pensamientos de Pablo, pero conducido e influenciado por el Espíritu Santo. De alguna manera, Pablo llegó a tener su voluntad unida a la voluntad del Señor, llegando a hacer suyos los deseos del Señor. Amó lo que Dios amó, se ocupó de lo que Dios se ocupó, tenía carga por lo que Dios tenía carga. Esto se llama comunión, como ya lo vimos antes.

TEORÍAS NO BÍBLICAS: INSPIRACIÓN CONCEPTUAL.

Luego de esto, otra errada teoría es llamada “inspiración conceptual”, la cual se define de la siguiente manera:

“La conceptual enseña que Dios inspiró el concepto, pero no las palabras precisas para expresarlo” (Pérez Millos, 1995, [CONCEPTUAL] p. 17).

Por tanto, para aquellos que sostienen esto la Biblia puede contener errores. Lo que dicen, es que Dios inspiró los conceptos, pero que los escritores expresaron las palabras como bien les parecía, sin supervisión y conducción de Dios. Pero la Biblia afirma lo contrario, no dice que Dios inspiró un concepto, sino que nos enseña que las palabras registradas en las Escrituras fueron inspiradas. Miren, vamos a 2 Timoteo 3:16 dónde se dice:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (RV 1960).

Note lo que dice: «Toda la Escritura», no sólo reveló conceptos, sino también inspiró la redacción escritural de aquellos conceptos en palabras. Entonces la Biblia afirma que todas las palabras escritas fueron inspiradas por Dios, no sólo los conceptos. Ahora, esa frase “inspirada por Dios” es muy preciosa. Transliterada desde el griego al español sería “Theopneustos” (θεόπνευστος)[11]. Theó proviene del griego θεός (Theos) que significa Dios,  mientras que pneutos proviene del griego πνέω (pnéo) que significa viento, soplo; desde donde también proviene la palabra πνεῦμα (pneúma) que se traduce espíritu. Entonces las Escrituras fueron sopladas por Dios, es decir, exhaladas por Él. En otras palabras, “inspirada por Dios” quiere decir que fueron sopladas por Dios desde Su interior, de Su corazón[12].

TEORÍAS NO BÍBLICAS: INSPIRACIÓN PARCIAL.

Luego tenemos la llamada “inspiración parcial”, que:

 “Afirma esta teoría que las palabras que expresan verdades divinas son las precisas y ciertas, pero que las declaraciones referentes a historia, geografía y ciencias no son inspiradas y pueden contener algunos errores.” (Pérez Millos, 1995, [INSPIRACIÓN PARCIAL] p. 18).

Eso es lo que dice la inspiración parcial. ¿Ven que nos vamos acercando a lo que realmente es? Estos ya aceptan que tenemos de Dios un registro de verdades divinas, pero las cosas históricas y las geográficas, no lo son. Respecto a esto, algunos decían cosas como que Lucas se había equivocado en un relato sobre Cirenio, y a veces decían cosas peores, como que Daniel no había existido en ese tiempo, sino que había sido un libro posterior y que le pusieron el nombre Daniel. ¿Recuerdan que en la sesión anterior nuestro hermano J. C. Orellana nos contó esto? Entonces inmediatamente cuando vemos la teoría de la inspiración parcial, nos damos cuenta que no es lo de Dios. Pues, como termina la cita realizada:

“Esto convierte al lector en el juez que determina qué parte es inspirada y cuál no” (Ibíd).

Como verán, esto no puede ser así. El propio Señor Jesús- Dios manifestado en carne (1Ti. 3:16) –, nos dice:

“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (Mt. 5:18, RV 1960).

Este pasaje nos muestra cómo cada palabra proviene de Dios y, por lo tanto, ha de tener un cumplimiento efectivo o ser efectiva. La Biblia Textual, nos permite entender mucho mejor este pasaje, diciendo:

“Porque de cierto os digo: Hasta que pase el cielo y la tierra, de ningún modo pasará una iota, ° ni un trazo° de letra de la ley, hasta que todo se haya cumplido. °” (BTX III).

Y en sus notas al pie de página, respecto a “iota” y “trazo” añade los siguientes datos (muy interesante respecto a lo que estamos viendo):

“5:18 [iota] La más pequeña letra del alfabeto hebreo. 5:18 trazo de letra. Los distintos trazos que conforman una letra.”[13]

¿Se dan cuenta? El Señor está mencionando la más pequeña de las letras y hasta el detalle de cada trazo con el que se da forma a cada una de las letras en particular, como el detalle de una tilde. Esto nos muestra que no es algo parcial lo inspirado, sino completo y absoluto.

TEORÍAS NO BÍBLICAS: INSPIRACIÓN MÍSTICA.

Después, mis hermanos, tenemos la teoría de la “inspiración mística”, la cual:

“Enseña que Dios dio una inspiración gradual a los autores, pero no les dio por completo la capacidad de escribir la Biblia sin error.” (Pérez Millos, 1995, [INSPIRACIÓN MÍSTICA] p. 18).

Esto es lo que sostienen los que enseñan lo relacionado a la llamada inspiración mística. Esto, mis hermanos, hace que el lector piense que él es el que determina el grado de inspiración divina que tiene la Escritura que lee, lo cual también le da el “derecho” de determinar qué es verdad y qué no de los textos bíblicos. Ahora, hay personas que se dicen ser cristianas que indican no creer en esta teoría, sin embargo, viven como si la creyeran y enseñaran, acomodando cada cosa que leen y aprenden a su conveniencia. Si hay algo que no entienden o simplemente no les gusta, intentan pasarlo por alto y desacreditar la Palabra con argumentos rebuscados y egocentristas. Considere la pseudo-teología de la prosperidad, o la pseudo-teología que les dice a los homosexuales que pueden ser cristianos y seguir en la homosexualidad. Pero mis hermanos, las Escrituras se explican a sí mismas y mediante el Espíritu Santo podemos llegar a entender las inspiradas y sanas enseñanzas que se nos entregan, y que a veces, no nos gustan o incomodan. Necesitamos ensanchar el corazón para dejar que Dios nos hable por Su Palabra.

TEORÍAS NO BÍBLICAS: INSPIRACIÓN FALIBLE  (NEO-ORTODOXIA).

Otra de las teorías erradas es la conocida como “inspiración falible”, que dentro de las cosas que argumenta:

“Enseña que en la Biblia hay elementos sobrenaturales, pero también contiene errores, por tanto no debe ser tomada literalmente como verdadera y simplemente como canal de revelación, que se hace verdad cuando es comprendida y la evidencia de verdad queda a juicio del lector.” (Pérez Millos, 1995, [INSPIRACIÓN FALIBLE] p. 18).

¿Se da cuenta lo que enseña esa teoría? Pero mis hermanos, usted debe saber que esto no es así y que la llamada neo-ortodoxia proviene de todos esos teólogos que son liberales. Cómo el Papa, pero no tan solo el Papa, ojalá solo fuera el Papa, pues son muchos otros los que sostienen esto, argumentando que la Biblia se hace verdad cuando es comprendida y la evidencia de verdad queda a juicio del lector”. Mis hermanos, nosotros debemos tener muy claro que el Señor no dejó nada a nuestro juicio, parecer u opinión; porque Él conoce muy bien nuestro pensamientos e intenciones (Gn. 6:5; 1Cr. 28:9), Él conoce detalladamente que nuestro corazón es perverso y engañoso (Gn. 8:21; Jr. 17:9). Así es que, sabiendo de antemano esto de nosotros, el Señor dejó todas las cosas muy claras; y si nosotros vemos claramente esto, sabremos que en Su Iglesia el Señor quiere que los que enseñan y predican sean claros respecto a la revelación especial que Dios ha dado. No podemos, nosotros, los que compartimos la Palabra, dejar nebulosas entre los hermanos ni hablar lo que no sabemos, eso no se debe hacer. Mis hermanos, un fiel expositor de las Escrituras es aquel que va mostrando lo que Dios ya ha revelado, es aquel por el cual el Señor va suministrando a la Iglesia respecto a la revelación especial que Él ha dado sobre Sí mismo en el Hijo. Mediante este expositor o expositores, los santos van conociendo cada día un poco más a la persona del Hijo. Porque la obra de Dios es que nosotros creamos en el Hijo (Jn. 6:29), y la vida eterna que nos ha dado se comienza a disfrutar a medida que vamos conociendo a Dios y a Su Hijo (Jn. 17:3). Pero este conocimiento del Hijo es por dos agentes que están operando juntos siempre: el Espíritu y las Escrituras. Estos –en perfecta armonía– nos revelan y señalan al Señor Jesús. Es por eso que debemos entender bien este asunto de la inspiración de las Escrituras, pues involucra tanto la Biblia como al Espíritu Santo. Hay varios párrafos de las Escrituras donde podemos ver esa operación bipartita del Espíritu Santo y las Escrituras, pasajes que nos muestran esa relación. Recordemos, por ejemplo, el episodio ocurrido camino a Emaús (Lc. 24:13-35). A dos de los discípulos del Señor Jesús (uno llamado Cleofás) se les apareció el Señor en el camino, quien les habló varias cosas, entre las cuales les preguntó:

“¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?” (Lc. 24:17, RV 1960).

Y estos hombres que eran discípulos de Él –que, personalmente creo, eran parte de los setenta que envió el Señor de dos en dos (Lc. 10:1-12) – que eran parte de uno de los círculos cercanos del Señor, que lo conocieron físicamente y habían estado con Él, a estos se les apareció el Señor resucitado y ellos no lo reconocieron. Y le hablaron al Señor acerca del Señor. Es curiosa la situación que se suscitó ahí. El Señor les permite mantener una conversación por nueve kilómetros. ¿Ustedes han caminado nueve kilómetros? Yo los he caminado, son como una hora y media, a dos horas. Claro, si vamos por un camino que esté urbanizado, porque si vamos haciendo camino nos vamos a demorar más. Pero bueno, estos hombres caminaron nueve kilómetros con el Señor, y durante todo este camino mantuvieron una conversación donde el Señor fue el que hablaba y ellos los que oían. ¿Por qué el Señor hizo esto? ¿Qué iba haciendo el Señor en ese camino? La Escritura es muy clara para decirlo:

“Y comenzando desde Moisés…”

Mire lo que dice la Biblia, ¿acaso hay un libro llamado Moisés? No, pero esta era la forma en la que los judíos llamaban al pentateuco que escribió Moisés, por eso dice “desde Moisés”, ¿se dan cuenta? Bueno, dice:

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lc. 24:27, RV 1960).

¿Y qué decían las Escrituras? Que el Cristo debía padecer, tenía que morir y todas esas cosas (Gn. 3:15; Sal. 22; Is. 52, 53; Dn. 9:25-26; etc.). Luego, cuando llegaron a su destino, el Señor hizo como que iba más lejos (Lc. 24:28), ¿se recuerdan? Pero ellos le pidieron que se quedara con ellos aquella noche, ya era tarde para seguir el viaje, así que el Señor se quedó con ellos. Y sucedió que cuando iban a comer, el Señor bendijo el pan, lo partió y se los dio, ¿y qué pasó? Se les cayó el velo que tenían en sus ojos y le reconocieron. Me gusta mucho el comentario que ellos hacen después de esto y que nos muestra esa relación íntima y bipartita entre el Espíritu Santo y las Escrituras. Ellos dijeron:

“¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lc. 24:32, RV 1960).

¿Lo ven? Pero mis hermanos, ¿por qué el Señor no se reveló inmediatamente? ¿Por qué caminó nueve kilómetros con ellos? ¿Por qué no se ahorró esos nueve kilómetros? ¿Acaso tenía tiempo de sobra el Señor? Si entendemos cómo es el Señor, sabremos que Él no hace nada al azar, sino que Él lo hizo por algo puntual. Hermanos, si ellos hubieran visto al Señor y si hubieran conocido al Señor en la carne, hubieran recibido algo mejor que nosotros; pero no es así, sino que el Señor nos muestra cómo se iba a revelar a los hombres: por el Espíritu y las Escrituras. Esa es mi conclusión, porque la revelación de Jesucristo es por el Espíritu y las Escrituras, no por vista, porque eso se opone a la fe. Y nosotros –como dicen las Santas Escrituras– “por fe andamos, no por vista” (2Co. 5:7, RV 1960), y “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17, RV 1960). ¿Lo ven, mis hermanos? Y vemos claramente en el camino a Emaús cómo la Palabra Personal de Dios (Cristo), utilizando las Escrituras se iba revelando a ellos, a quienes el Espíritu Santo hacía arder sus corazones.

Recuerden, la Biblia es revelación especial de Dios acerca de Sí mismo, por lo que el Señor se va a revelar a través de las Escrituras y Su Espíritu. Va arder nuestro corazón, nosotros no vamos a saber por qué, pero va arder nuestro corazón. Es el Señor abriéndonos las Escrituras para darse a conocer. Nunca el Señor lo va hacer diferente, ¡incluso ahí no lo hizo diferente! Eso es lo que tenemos, ¡por eso amamos las Escrituras! ¡Por eso queremos más conocer al Señor! ¡Porque ellas nos hacen arder el corazón! ¡Porque a través de ellas nos viene la revelación del Hijo!

Debemos aprender a oír la voz del Señor a través de Su Palabra, a reconocer Su Voz (el Espíritu Santo) en las Escrituras, como lo que pasó con María Magdalena, que pensaba que era el hortelano (Jn. 20:15), ¿se recuerdan? A ella se le apareció el Señor y empezó a conversar con Él, preguntándole si acaso sabía dónde se había movido el cuerpo que debería estar en aquel sepulcro. Y cuando el Señor le gritó: “¡María!” (Jn. 20:16), ella exclamó y le dijo: “¡Raboni!” (Ibíd). Le pudo oír y ver, le puedo oír y reconocer, estaba conversando con él, pero no le veía; hasta que el Señor la llamó por su nombre. Que el Señor nos permita oírle mientras le buscamos en las Escrituras. Que el Señor nos toque con Su Espíritu, ese debería ser nuestro deseo, pues hay que conocer la Voz del Señor, hay que conocer Su Palabra, hay que estar con Él.

INSPIRACIÓN VERBAL O PLENARIA.

Mis hermanos, todo lo anteriormente dicho corresponde a teorías no bíblicas sobre la inspiración. Ahora vamos a revisar lo que realmente es la inspiración que nos enseña la Biblia. Los estudiosos la llaman “la inspiración verbal o plenaria”, y se define de la siguiente manera:

“Es la verdad que enseña que el Espíritu de Dios guió al autor humano en la elección de todas la palabras (verbal) usadas en los escritos originales, de modo que cada palabra usada por el autor humano, lo es también por Dios e inspiradas por Él (plenaria); siendo toda la Escritura, Palabra de Dios.” (Pérez Millos, 1995, [INSPIRACIÓN VERBAL O PLENARIA] p. 18).

Esto es lo que nosotros creemos y sostenemos, esto es lo que las Escrituras nos enseñan (como ya vimos anteriormente). Entonces toda la Escritura es inspirada por Dios y es la Palabra de Dios, no solo partes, no sólo algunos conceptos, sino toda, cada palabra, cada iota, cada trazo, cada tilde, toda la Escritura, plenamente ha sido inspirada por Dios. Fue un trabajo protagonizado por Dios, usando a los hombres; el Omnipotente y Sabio Dios, utilizando al frágil y necio hombre; el Infalible e Inerrante Dios, encaminando, inspirando al falible y torpe hombre.

Mis hermanos, es importante entender y tener presente que cuando hablamos de la inspiración plenaria estamos aludiendo a la confección de los autógrafos, es decir, escritos originales, no a las copias. En cuanto a esto, reconocemos la intervención milagrosa de Dios como Inspirador, y Controlador, y Supervisor de cada uno de los escritos originales que conforman las Escrituras, no como un dictado mecánico, sino como Quién proveyó cada una de las palabras y conceptos, revelando estos al espíritu y mente de los hombres que escogió, a quienes condujo el Espíritu Santo por donde Él quiso, en cuanto a las ideas, las palabras, los idiomas, la semántica, la gramática, etcétera, sin que estos se vieran vulnerados o mecanizados u obligados a escribir algo que no tuvieran en sus mentes y corazones, sino que del depósito que tenían, el Espíritu Santo los condujo caballerosamente a escoger lo que Dios quería y aprobaba como Verdad Eterna. Por lo que entendemos la labor Dios y hombre en las Escrituras, donde las capacidades de Dios sobrepasan las incapacidades del hombre. Por lo tanto, reconocemos la inerrancia e infalibilidad de la Biblia, no por los hombres que escribieron, sino por el Espíritu que los condujo.

CITAS SOBRE LA INSPIRACIÓN VERBAL O PLENARIA.

Ahora mis hermanos, vamos a considerar de manera más específica los aspectos importantes que debemos destacar de la llamada inspiración verbal o plenaria. Voy a ir enumerando algunas cosas que el hermano Samuel Pérez Millos va señalando en el Curso de exégesis bíblica y bosquejos para predicadores[14], iré citando algunas cosas y las iremos comentando.

Primera cita: 

“4.1. Relativo a la confección de los escritos bíblicos (2 P. 1:21).”

Vamos leer este pasaje que se nos indica, corresponde al pasaje con el que partimos este capítulo. Bueno, vamos a repetir lo que 2 Pedro 1:21 dice:

“… porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (RV 1960).

En este pasaje, dónde se tradujo “inspirados” el texto griego dice “pheromenoi”, y la idea que hay detrás de su significado es la de un viento que lleva a un velero. Es decir, es semejante al viento que sopla sobre la vela de un velero y lo dirige; y recordarán que anteriormente dijimos que theopneustos nos habla de las Escrituras como si fueran el soplo de Dios,  el viento de Dios, la exhalación de Dios (2Ti. 3:16). ¿Se dan cuenta? Entonces, de esa manera hay que entenderlo, es Dios soplando sobre esa “vela” –que fueron los hombres que escogió–, inflando y guiando hacia donde Él quiso. Así Dios estuvo dándoles la dirección que quiso. Entonces, Él es el que sopló esa vela y, al hacerlo, llevó el velero y lo guio por donde Dios quiso. Así mismo también el Señor inspiró las Escrituras. Espero que esta analogía sirva de ejemplo para que podamos entender bien lo que Dios hizo y cómo lo hizo.

Segunda cita:

“4.1.1. Dios seleccionó soberanamente a los escritores humanos de la Biblia (Jr. 1:5).”

Vamos a leer la cita bíblica que se encuentra en Jeremías 1:5, y que nos dice:

 “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” (RV 1960).

¡Oh, miren hermanos! ¿Cuándo el Señor escogió a los escritores humanos? ¿Cuándo eligió a cada uno de los autores? ¡Qué precioso, hermanos! O sea, el Señor ya tenía previsto y establecido a quiénes usaría, conociendo de antemano lo que iban a hablar y cómo iban a hablar; conociendo incluso la cultura que iban a tener. Mis hermanos,  cuando estuve estudiando un poquito acerca de esto, me di cuenta que tenía que ser intervención divina todo este asunto, y aquí lo vemos claramente en Jeremías, queda muy establecido que incluso antes de nacer, el Señor ya lo había seleccionado para poder escribir las Escrituras. Dios sabía de antemano quiénes serían Sus instrumentos escogidos para esta labor, a quienes inspiraría de la siguiente forma:

  • Entregando Su Escritura.
  • Guiándolos en cada palabra escrita.
  • Iluminándolos en cada concepto.
  • Supervisando el trabajo que realizaban voluntaria y personalmente cada uno de ellos.

Tercera cita:

 “4.1.2. Les comunicó el mensaje a dar en Su Nombre (Jr. 1:9).”

Leamos entonces Jeremías 1:9 que nos dice:

“Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.” (RV 1960).

Esto nos muestra que no sólo eran las palabras de los escritores bíblicos, sino que eran las palabras que Dios puso en sus bocas, las palabras que Dios puso en sus corazones. Y para que fueran escritas todas estas cosas, Dios supervisó las palabras que se utilizaban y las aprobó; sin embargo, todas esas palabras fueron traídas a su memoria mediante la obra omnipotente de Dios el Espíritu Santo, que las condujo. Dios ocupó el contenido en ellos y los ayudó a comprender los conceptos, a entenderlos. Luego los encaminó, supervisó y ayudó en la redacción de estos escritos, palabra por palabra, concepto por concepto. Las palabras de Dios estaban en las bocas de ellos. ¿Se dan cuenta?

Cuarta cita:

“4.1.3. Les ordenó escribir el mensaje (Ex. 17:14; Jer. 36:1, 2; Ap. 1:19; 14:13).”

Vamos a leer todos estos pasajes con el fin de confirmar todas estas cosas. Leamos primero Éxodo 17:14 donde se nos dice:

 “Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.” (RV 1960).

¿Lo ven? El Señor ordenó escribir el mensaje. Luego leamos Jeremías 36:1-2, que dice:

1 Aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que vino esta palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: 2 Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy” (RV 1960).

Estamos viendo que Él ordenó escribir el mensaje. Después tenemos Apocalipsis 1:19, que dice:

“Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.” (RV 1960).

Y finalmente, en Apocalipsis 14:13 leemos lo siguiente:

“Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.” (RV 1960).

Quinta cita:

 “4.1.4. Dios limitó el escrito sólo a las palabras dadas por Él al escritor humano (Jer. 36:2)”.

Vamos a buscar aquella cita bíblica. Jeremías 36:2 nos dice:

“Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy” (RV 1960).

Noten, “escribe en él todas las palabras que te he hablado”. Dios inspiró cada palabra.

Sexta cita:

“4.1.5. Dios actuó para que no se omitiera ninguna de todas las palabras (Jer. 36:2)”.

Ya miramos esa cita, por lo que no la vamos a volver a leer.

Séptima cita:

“4.2. Relativo a la vivificación y a la vitalización del escrito bíblico (2 Tim. 3:16).

4.2.1. Cada unidad escrita proviene del aliento de Dios.”

Vamos a leer 2ª Timoteo 3:16 que dice:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (RV 1960).

Dice que “Toda la Escritura” proviene de Dios, ha sido soplada por Él; y no solo algunas partes, sino toda.

Octava cita:

“4.2.2. El soplo vitalizador sobre el escrito concluido le comunica vida a la Palabra y poder para actuar (He. 4:12).

4.2.3. De ahí su utilidad y su eficacia (2 Tim. 3:16b, 17).”

Vamos a leer la cita de Hebreos 4:12, allí dice lo siguiente:

 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (RV 1960).

Por lo tanto, al ser palabra viva y eficaz, es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

CITAS SOBRE A LA AUTORÍA DE LAS ESCRITURAS.

Ahora, mis hermanos, respecto a la autoría de las Escrituras, es importante considerar algunas cosas. Para esto, vamos ir citando otros puntos del libro señalado[15].

Primero: 

“5. El autor de la Escritura (2 P. 1:21).

5.1. El autor divino es Dios, el Espíritu Santo (2 S. 23:1-3).

5.2. El autor humano es el escritor seleccionado en cada momento.”

Vamos a leer ambas citas que aparecen, primero vamos a 2ª Pedro 1:21, donde dice:

“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (RV 1960).

Al señalar que no “fue traída por voluntad humana”, nos indica que su origen no es el hombre, no fueron los hombres los autores intelectuales, sino que estos fueron los instrumentos humanos del Autor Intelectual Divino. Los “santos hombres de Dios” fueron guiados por el Espíritu de Dios, por el Soplo de Dios, en la redacción de los Textos. Dios –el Espíritu Santo– es el Autor IntelectualLuego leamos 2ª Samuel 23:1-3, que dice:

 “1 Estas son las palabras postreras de David.

Dijo David hijo de Isaí,

Dijo aquel varón que fue levantado en alto,

El ungido del Dios de Jacob,

El dulce cantor de Israel:

2 El Espíritu de Jehová ha hablado por mí,

Y su palabra ha estado en mi lengua.

3 El Dios de Israel ha dicho,

Me habló la Roca de Israel:

Habrá un justo que gobierne entre los hombres,

Que gobierne en el temor de Dios.” (RV 1960).

¿Se da cuenta lo que dijo David? “El Espíritu de YHVH ha hablado por mí” (BTX III). El Autor Divino entonces es Dios, Dios el Espíritu Santo. Él es el Autor Principal que habló por los profetas y apóstoles que seleccionó en cada momento que quiso. Y no sólo que seleccionó y escogió, sino que también preservó hasta que Él quiso.

HASTA QUE ÉL QUISO.

Respecto a esto último, permítanme una digresión por favor. En la mañana estuve compartiendo un poco acerca de esto. Con algunos hermanos comenzamos a leer el evangelio de Juan, y les decía que Juan, tanto el evangelio, las cartas y Apocalipsis, los escribió en el año 90 d.C. (aproximadamente). Esto nos muestra que Juan es el que sobrevivió de todos los apóstoles; el último de los apóstoles del Cordero que permaneció con vida, fue Juan. O sea que en el tiempo que Juan escribió tanto el evangelio, como el Apocalipsis y las cartas, todos los apóstoles del Señor habían muerto. Él, para ese entonces, ya era el anciano Juan, tenía aproximadamente cien años de edad cuando escribió esos libros. Por eso es que en las cartas de Juan, en la segunda carta dice:

“El anciano a la señora”  (2Jn. 1:1, RV 1960).

¿Han leído eso? ¿Qué anciano? Obviamente Juan. Porque en la única parte que sale anciano con mayúscula, es refiriéndose al “Anciano de días” (Dn. 7:9, 13, 22, RV 1960), y ese es Otro, es uno Extraordinario, es una mención al Señor; pero cuando sale con minúscula se refiere a hombres comunes. Entonces ese Juan había sobrevivido hasta el último, cosa que el Señor, de alguna manera, le había dicho a Pedro cuando éste le pregunto: “¿y qué de éste?”, a lo que el Señor le respondió: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú” (Jn. 21:21-22). Entonces hermanos empezó a correrse el rumor –y de hecho está registrado en la Escritura– que Juan no iba a morir hasta la venida del Señor (Jn. 21:23). Miren lo que pasaba. Murieron todos los apóstoles y la gran mayoría de los que había visto al Señor, pero Juan no moría. Y cuenta la tradición[16] que Juan antes de ser deportado a la isla de Patmos, fue metido a una marmita con aceite hirviendo para matarle y no pudieron[17], por eso lo mandaron deportado a la isla de Patmos. Personalmente, pienso que esta información que otorga la tradición es real, y que, de alguna manera, el Señor utilizó esto para ungir a Juan con el fin de mostrarle la revelación de Apocalipsis. La gente lo quería matar, pero el Señor lo preservó y aquello que querían usar para su muerte, vino a ser una unción especial de Dios para él. ¡Qué precioso, hermanos! Imagínense a esos que vieron esa escena, Juan metido en esa marmita de aceite hirviendo, ¡y no moría ni se consumía! ¿Se dan cuenta? Porque el Señor lo preservó hasta que le mostró por revelación[18] la venida postrera del Señor. Y entonces, luego de ver a su Señor volver, pasado el tiempo, Juan murió. ¡Pero vio al Señor regresar! Lo vio por revelación, la cual registró y conocemos como “Apocalipsis”. ¡Bendito sea el Señor! Entonces el Señor suministró y preservó a quién Él quiso; y se guardó a Juan para que sobreviviera hasta que todo el resto de sus compañeros partiera, porque Juan sería usado por el Señor, Dios lo había seleccionado para cada documento que escribió y, Apocalipsis, sería el último.

Mis hermanos, era necesario que Juan fuera preservado, Dios en Su omnisciencia lo sabía, pues Dios “no hace camino al andar”, sino que conoce los caminos que hay de antemano. Esto es muy interesante. Miren, cuando el Señor llamó a Pedro, vemos a un pescador a quien el Señor llama en su “idioma”, para que entendiera. ¿Y qué le dice el Señor a Pedro cuando lo llama? ¿Qué estaba haciendo Pedro? Pescando. ¿Y qué es lo que le dice el Señor? Le habla en su idioma, le habla a su nivel, y le dice “serás pescador de hombres” (Lc. 5:10). ¡Sí, así le dijo! Y si nosotros seguimos esa línea, nos daremos cuenta que a Juan lo encontró remendando redes (Mr. 1:19), por lo que si Pedro sería hecho “pescador de hombres”, Juan sería  hecho un “remendón de algo”. Y cuando uno lee el evangelio de Juan se da cuenta como el apóstol estaba remendando la doctrina, por ejemplo, al decir:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn. 1:14, RV 1960).

Pues habían fallecido todos los otros apóstoles, y algunos estaban corrompiendo la sana doctrina, y era necesario remendar. Mis hermanos,  usted puede ver a Pedro pescando hombres en las Escrituras, ¿y cuánto pescó? Primero pescó 3.000 personas (Hch. 2:41) y luego 5.000 varones (Hch. 4:4). ¡Ya eran 8.000! ¡Qué bien le fue a este pescador! ¿Se dan cuenta? Esto fue al comienzo, cuando todos los apóstoles estaban vivos; pero luego que pasara el tiempo, unos 60 años después, cuando la mayoría de los apóstoles habían partido a la presencia del Señor, las redes se habían empezado a echar a perder y ya no estaban conteniendo. Las doctrinas de la fe se estaban corrompiendo, se habían metido algunas doctrinas como el gnosticismo, la pseudo-ciencia. Pablo lo había advertido (1Ti. 6:20), pero a Juan le tocó defender y remendar la sana doctrina, cosas que hizo en su evangelio y también en sus cartas. Es considerando esto que podemos entender por qué Juan dice cosas sobre la encarnación del Verbo, acerca de que el Verbo vino en carne. Claro, porque había algunos que decían que el Señor no había venido en carne, sino con “apariencia” de carne. Otros decían que Jesús había sido simplemente un buen hombre y que el Verbo había descendido sobre él cuando Juan lo bautizó, y descendió el Espíritu en forma de paloma; pero que después, cuando entregó el espíritu en la cruz, el Verbo se fue. ¿Lo ven? ¡Y hasta usaban citas bíblicas para fundar este tipo de doctrinas! Eso estaba en boga en el tiempo de Juan, es por eso que en su evangelio y cartas el énfasis de Juan es que el Verbo, el Logos vino en carne:

“Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre; lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:14, RV 1960).

Y Juan no habla como quien recibió de otros, sino como un testigo ocular, como alguien que vio y palpó, nos dice:

“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida” (1Jn. 1:1, RV 1960).

¡Miren! ¿Por qué Juan dice estas cosas? Porque estaba remendando, estaba corrigiendo y lo repite incansablemente. Lean a Juan, mis hermanos, y se van a dar cuenta cómo ese hombre está entretejiendo nuevamente y metiendo puntada tras puntada reparando esa red corrompida. Puntada tras puntada. Dios lo tenía preservado para que escribiera estas cosas, para que viera la decadencia y la corrupción de algunos respecto a la sana doctrina, y así escribiera para remendar. Es por eso que también leemos de Juan:

“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.” (1Jn. 2:7, RV 1960).

¿Por qué no era un mandamiento nuevo? Porque era un mandamiento dado ya anteriormente por el Señor. Pero para ellos sonaría como un mandamiento nuevo, pues lo habían olvidado, era un mandamiento que había quedado, lamentablemente, en el pasado. Hermanos, cuando la Iglesia está siendo restaurada, Juan es el libro para volver a los principios, para volver a los fundamentos, para remendar la fe. ¡No dejemos a Juan de lado! Vamos a Juan, ahí el Señor nos va a corregir, nos va endilgar, nos va remendar la red, para poder contener lo que se pesca.

Entonces, mis hermanos, nos damos cuenta que el Señor suministró y preservó a Juan, pues lo tenía preparado para una labor posterior y dejar por escrito las puntadas del que restaura, del que remienda la sana doctrina para que las iglesias[19] del Señor estén preparadas para Su venida. El Señor tenía previsto a Juan para esta labor, así que no solo lo seleccionó para este momento, sino que lo preservó, y luego, partió a los brazos de nuestro Señor.

¿Sabían ustedes que todos los apóstoles y las iglesias de aquel entonces, estaban esperando ver al Señor en las nubes antes de morir? Esa era la gran esperanza que tenían y por la cual vivían santamente. Pero ya habían empezado a morir los discípulos y Pablo, mediante el Espíritu Santo, escribió: 

“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.” (1Ts. 4:15, RV 1960).

¿Por qué Pablo escribió eso? Porque habían empezado a morir los hermanos y estaban esperando ver al Señor volver en las nubes. Por favor, pongan atención en esto que voy a decir, mis hermanos. Yo quisiera que hoy día nosotros que hemos escuchado que las iglesias van a pasar la gran tribulación, supiéramos cómo vivían esos discípulos. Ellos vivían pensando que no iban a morir sin ver al Señor en las nubes, ellos estaban pasando tribulaciones y persecuciones, pero su mirada no estaba en estas cosas, sino en la aparición en las nubes de la Persona que amaban, de nuestro Señor Jesús. No estoy diciendo esto para que se desarmen pensando que no pasaremos la gran tribulación, no me mal entiendan, sino que quiero que ponga su mirada donde los primeros hermanos la tenían. ¿Se entiende? Mis hermanos, el pueblo de Dios del primer siglo esperaban la venida del Señor, ellos estaban esperando poder ver al Señor antes de fallecer, de esa manera vivían, con esa conciencia. No olvidemos estas cosas, no debemos enfatizar en las señales ni en las tribulaciones, sino en el maravilloso acontecimiento de poder verle aparecer volviendo desde los cielos. Hay que tomar todo, ser equilibrados, no inclinarnos sólo en los acontecimientos y señales, sino que nuestro énfasis debe ser poder verle. No debemos tomar sólo una parte, sino que todo el consejo de Dios siempre es bueno. Entonces Pablo escribió que “los muertos en Cristo resucitarán primero” (1Ts. 5:16, RV 1960). Así que no se preocupen demasiado por la muerte, ni por los padecimientos, pues si duermen, si mueren, si caen a un ataúd, ustedes van a resucitar primero para encontrarse con el Señor. ¡Ah, gloria a Dios!

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1Ts. 4:17, RV 1960).

¡Qué precioso es verlo así! Y cómo Dios intervino en la historia de la Iglesia, con el suministro preciso, para la necesidad de la Iglesia, y usó a los que quiso y seleccionó de antemano a aquellos que también preservó hasta que completaron su labor física y escrita. Hermanos, el Señor dijo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn 14:18, RV 1960), así que no importa lo que esté pasando con las iglesias, no importa lo que estemos viviendo, el Señor nos ha dejado el suministro justo, preciso. ¡No tema! El Señor dijo: “No os dejaré huérfanos”. Hasta nuestros padres nos podrían dejar huérfanos, pero, ¿sabe qué? El Señor dijo: “No os dejaré huérfanos”. Por lo tanto, confiemos en Él, no temamos ante las situaciones que puedan venir, ya que Él ha dicho que no nos dejará huérfanos. Por lo tanto, podemos contar con Su suministro y compañía en cualquier situación que pasemos. Confiemos en eso, no sé qué vaya a pasar, estamos en las manos de Él, pero el Señor dará el suministro justo mis amados hermanos. Con esto cierro mi digresión.

CONTINUANDO CON CITAS SOBRE A LA AUTORÍA.

Segundo:

“5.3. Cada escrito corresponde  a la actuación dual e inseparable de Dios y el hombre, de ahí que podamos decir que cada libro de la Escritura tiene un autor ‹‹divino-humano››”.

Divino porque es Dios el que está soplando, pero a la vez Él mismo está con el hombre. Dios estaba usando al hombre, no era sólo el hombre, sino Dios usando al hombre, era una relación Dios-hombre.

Tercero: 

“6. Afirmaciones bíblicas sobre la inspiración.

6.1.  Respecto a los escritos del Antiguo Testamento (2 P. 1:19-21).

6.2. Respecto a los escritos del Nuevo Testamento (2 P. 3:1, 2, 15, 16).”

Ya hemos leído 2 Pedro 1:19-21 que, acerca del Antiguo Testamento, nos dice:

 19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (RV 1960).

Entonces tenemos la palabra profética más segura, recuerden que Pedro está escribiendo aquí, pero todavía el canon del Nuevo Testamento no estaba establecido, entonces obviamente estaba refiriéndose el canon del Antiguo Testamento, pero luego en 2ª Pedro 3:1-2, y respecto al canon del Nuevo Testamento nos dice:

1 Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, 2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (RV 1960).

Noten, “del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”,  ahí está hablando del Nuevo Testamento, porque está hablando de los apóstoles que hablaron en el nombre del Señor. Y adicionalmente, en 2ª Pedro 3:15-16 nos dice

15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” (RV 1960).

¿Cuáles otras Escrituras? Obviamente todas, los de los demás apóstoles y las del Antiguo Testamento, ¿se dan cuenta? El mismo Pedro pone al mismo nivel las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Cuarto:

“7. El testimonio de Cristo.

7.1. Afirma la inspiración de todas las letras de la Escritura (Mt. 5:18).

7.2. Afirma el cumplimiento de todo el Antiguo Testamento (Jn. 10:35).

7.2.1. El nuevo testamento señala el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento (ver, a modo de ejemplo: Mt. 4:14; 8:17; 12:17; 15:7, 8; 21:4, 5; 26:31, 56; 27:9-10, 35).

7.3. El Señor afirmó que era necesario que ocurriera con Él cuanto tuvo lugar porque así estaba escrito (Lc. 24:25-26, 44, 46, 47).”

 Esto ya lo dijimos antes, pero debemos recordar cómo el Señor nos señala la inspiración total y plena de las Escrituras. En Mateo 5:18 nos dice:

 “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (RV 1960).

Esa es la afirmación del propio Señor Jesús. Y en Juan 10:35, respecto al cumplimiento de todo el Antiguo Testamento, nos dice:

“Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada)” (RV 1960).

Entonces vemos como el Nuevo Testamento anuncia el cumplimiento completo de todas las cosas escritas en el Antiguo,  junto con mostrar el cumplimiento a cabalidad de todas las cosas que se decían del Señor Jesús. Por eso es que el Señor comenzó a abrirles las Escrituras a los dos que iban camino de Emaús, desde Moisés, pasando por los profetas y los Salmos, y mostrándoles así como las Escrituras daban testimonio de cada una de las cosas y padecimientos del Señor, e incluso de la resurrección de nuestro Señor. Así vemos que el Antiguo Testamento, aparte de ser historia, contiene profecías, figuras y sombras de lo que había de venir (Ro. 5:14; Heb. 10:1). Y ellos estaban viviendo el cumplimiento de esas cosas y no se daban cuenta que se estaba cumpliendo lo que antes ya estaba predicho.

Considerando todo esto, tenemos entonces que aparte de la inspiración plenaria y total de las Escrituras, los autógrafos tienen la cualidad de la inerrancia, es decir que, al ser toda la Biblia Palabra de Dios inspirada está exenta de cualquier error, pues ella es la forma en la que Dios ha hablado a los hombres, como Hebreos 1:1 nos lo dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas” (RV 1960).

¿Quién es el que habló? Dios. Como Isaías 1:2a nos lo dice:

“Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová…” (RV 1960).

¿Quién era el que hablaba? Era Dios, usaba a Isaías, pero eran las Palabras de Dios mediante Isaías, el deseo de escribir estas cosas no nació de Isaías, sino de Dios quién cargó a Isaías con Su deseo. ¿Se entiende? Por lo tanto, las Escrituras provienen de Dios y en Sus autógrafos son escritos inerrantes. Una de las mejores formas de comprobar esto es la exactitud con la que se cumplieron y cumplen las profecías. Hermanos, las frases del Señor Jesús en la cruz estaban escritas en el Antiguo Testamento y se cumplieron al pie de la letra, ¿qué les parece? Cada una de las frases del Señor pendiendo de la cruz estaba en el Antiguo Testamento, en los Salmos (por ejemplo). Dando así fe el Señor de que las palabras que habían sido escritas habían sido inspiradas por Dios. Imagínese que sólo en los evangelios, frases como “para que se cumpliese lo dicho por” aparece 14 veces (Mt. 1:22; 2:15, 23; 4:14; 8:17; 12:17; 13:35; 21:4; 27:35; Jn. 12:38; 18:9, 32; 19:24, 36). Y otras frases como “conforme a las Escrituras” que aparecen 2 veces (1Co. 15:3-4). ¿Se dan cuenta?

ALGUNOS CONCEPTOS DEFINIDOS.

Hermanos, para terminar,  voy a citar algunas definiciones que observé en el Diccionario Teológico Ilustrado del hermano Francisco Lacueva[20], al cual recomiendo mucho en temas de la Divinidad, Cristología y Trinidad. El hermano señala que el concepto de inspiración sólo se puede aplicar a la Biblia. En la página 107, donde trata acerca de la “Inspiración de la Biblia”, dice lo siguiente:

“El concepto de inspiración no se aplica unívocamente a cualquier escrito, porque todo escrito puramente humano es falible, puesto que el ser humano puede equivocarse, ya sea en la percepción, ya sea en la apreciación (el juicio crítico), de los hechos. En cambio, la Biblia, por ser Palabra de Dios, no admite error.”

Luego, con el objeto de aclarar bien los conceptos nos indica que debemos diferenciar entre revelación, iluminación e inspiración, en la página 107 y 108, nos dice:

“Revelar, del lat. revelare = quitar el velo, significa, por su misma etimología, el acto por el cual Dios nos descubre algo que, por nuestros propios medios, nunca podríamos llegar a conocer. Iluminar, del lat. illuminare = despedir luz, es el acto por el cual Dios nos abre los ojos del espíritu para que podamos entender verdades cuyo profundo sentido no está patente (cf. p. ej. Ef. 1:18-19). Notemos de paso que la iluminación no afecta a las Escrituras (la Biblia tiene su luz propia), sino al sujeto que examina las verdades de la Biblia. En cambio, inspirar, del lat. inspirare = soplar adentro de algo, es «el acto por el cual Dios pone su aliento, su pneúma, dentro de su propia autorrevelación» […]

2 Ti. 3:16 dice así lit. «Toda Escritura (es) soplada por Dios y provechosa para enseñanza, para refutación, para corrección, para educación la (que es) en (la) justicia.»

Para nuestro objetivo basta el análisis de las tres primeras palabras del v. (1) Pása = toda, es un adjetivo  distributivo, significando: todas y cada una de las partes. (2) Grafé = Escritura, significa las Sagradas Escrituras (es decir, la Biblia), como se ve por el sinónimo hierá grámmata = Sagradas Letras, del v. 15. (3) Theopneustos = soplada por Dios; por tanto, investida de la autoridad e infalibilidad de Dios […]

Termino este artículo, resumiendo a fin de que queden bien claras estas dos ideas, con base en el análisis conjunto de 2 Ti. 3:16 y 2 P. 1:20-21: «La Escritura es inspirada; los escritores sagrados no son inspirados, sino movidos.»”.

CONCLUSIÓN SOBRE LA INSPIRACIÓN.

Mis hermanos, dicho todo esto quiero concluir con una última cosa. El Señor puede revelar, puede iluminar para nuestro provecho, de hecho hay hermanos que han hecho libros muy aclaradores respecto a ciertos temas, pero nunca un libro, por más iluminación que nos dé, puede ponerse a la misma altura que las Sagradas Escrituras, ¡nunca! Nosotros debemos escudriñar las Escrituras,  luego podemos leer comentarios y libros, pero lo primero son las Escrituras. Hay libros que me han sido de mucho provecho, pero no porque haya sido edificado debo quitarle el lugar primordial que la Palabra del Señor escrita debe tener en nuestras vidas. Lo mismo aplica a las profecías que se dicen en una reunión normal de iglesia, cada una de ellas tiene que ser juzgada a la luz de la Biblia, porque la Palabra de Dios, como bien se ha dicho “es la profeta mayor”.

La Palabra Personal y Encarnada de Dios es Jesucristo, es el que salió y exhaló desde el seno el Padre, es el que abunda en el corazón del Padre. Y la Palabra escrita y revelada de Dios dada a nosotros por el Espíritu Santo, tiene como tema principal al Hijo Eterno, nuestro Señor Jesús. ¿Qué les parece? Todo converge en el Hijo. He aquí la importancia de la Palabra del Señor,  el Verbo de Dios y las Escrituras; la Palabra Personal y Escrita, aunque quiero acentuar lo de Personal, porque cuando nosotros conocemos la Palabra Personal de Dios conocemos el propio corazón de Dios, pues “de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6:45), y eso también se aplica Dios, ¿y qué habló Dios, qué salió de Su boca? Lo que abundaba en Su corazón: el Hijo. Entonces nosotros debemos amar la Palabra porque ella nos da testimonio del Hijo. Vamos a parar aquí.

 


 

[1] Transcripción realizada por la hermana Natalia López Martínez, editada por el hermano J.C. Orellana, y revisado por el autor, el hermano R. A. López.

[2] Es decir que se tratan como si tuvieran alguna similitud en su significado (parcial) o como si fueran exactamente lo mismo (total).

[3] Véase la INTRODUCCIÓN del presente libro.

[4] Correspondiente a los capítulos 1 y 2 del presente libro.

[5] Pérez Millos, S. 1995. Curso de exégesis bíblica y bosquejos para predicadores. Vol. 29. Terrasa: Editorial CLIE.

[6] De alguna manera Dios se limitó al lenguaje humano, tal como el pueblo lo pidió (Éxodo 20:19).

[7] Véase cómo Pablo escribe de misterios revelados en la era neotestamentaria (Efesios 3:5).

[8] Alefato se le llama al de los hebreos.

[9] Pérez Millos, S. 2009. Comentario griego al Nuevo Testamento: Hebreos (p. 173). Barcelona: Editorial CLIE.

[10] Strong, J. 2002. Nueva concordancia Strong exhaustiva (heb. 6005).  Nashville: Editorial Caribe.

[11] También transliterada dseópneustos. Strong, J. 2002. Nueva concordancia Strong exhaustiva (gr. 2315).  Nashville: Editorial Caribe.

[12] Nótese que se está usando una antropopatía.

[13] Corchetes añadidos por el hno. J.C. Orellana.

[14] Volumen 29.

[15] Páginas 19 a la 20.

[16] Nótese que no creemos en la infalibilidad de lo que se ha llamado “tradición” que pone a la par de las Escrituras un sin número de historias y doctrinas que pertenecen a autores posteriores al texto bíblico. Sabemos, pues, que sólo son los textos autógrafos de las Escrituras los infalibles e inerrantes, todo el resto debe ser examinado, incluida las traducciones de las Escrituras y sobre todo, lo que compete a historias, leyendas, mitos católicos e interpretaciones de la Biblia.

[17] Tertuliano (hacia el 220 d.C.), hizo la siguiente mención “el apóstol Juan fue desterrado a una isla después de que, sumergido en aceite hirviente, nada padeció”. De praescriptione, XXXVI. Esto también se registra en “Hechos apócrifos”, autor: Pseudo-Abdías (siglo XI d.C.), Milagros de Juan, Cap. 1.

[18] Del griego apocalipsis.

[19] El plural es debido a la conciencia de las iglesias locales.

[20] Lacueva, F. 2001. Diccionario Teológico Ilustrado. Barcelona: Editorial CLIE.