(Texto) 6. Estudio a la epístola de Jacobo – El hermano pobre y el hermano rico (1:9-11).

 

Amados hermanos, la gracia y la paz de nuestro Dios Padre y del Señor Jesús sea con todos ustedes. No olvide estar orando al Señor, que nos guarde y ayude a entender lo que leemos.

[…][1]

VARÓN DE DOS ALMAS. LA VIDA CON O SIN FUNDAMENTO. 

Hoy ya es nuestra sexta lectura de estudio de la epístola de Jacobo (también conocida como de Santiago). A medida que vamos avanzando en la lectura, nos hemos detenido a tratar asuntos específicos e importantes que se nos van presentando. La semana pasada finalizamos nuestra lectura con el “varón de dos almas” -como dice literalmente el texto griego-, o como la Reina Valera 1960 tradujo “hombre de doble ánimo”. De éste varón se nos dice que es inconstante en todos sus caminos. La palabra que se tradujo “inconstante” es ἀκατάστατος (akatástatos) en el griego, y esta  palabra es un adjetivo doblemente compuesto (Carballosa, 2004, p. 94). Primero lleva la partícula negativa a (no o sin), luego la preposición katá (hacia abajo) y el verbo hístemi (colocar, establecer). El hermano Evis L. Carballosa enseña que estas tres expresiones al conjugarse en una sola palabra (akatástatos) significan, literalmente, “carecer de fundamento”. Es decir, alguien que se “tambalea como un borracho”. Personalmente, creo que es alguien sin convicciones, que es llevado para cualquier lado por sus sentimientos o pensamientos personales y no por creer a las Escrituras. Alguien que se mueve por opiniones basadas en sus deseos, por sentimientos egocentristas, por sus propios intereses, sus propias necesidades o sus propios temores; pero no se mueve por convicciones de la fe cristiana, surgidas de la Santa Palabra de Dios.

Esto me recuerda al símil que el Señor hace de dos hombres que oyen Sus palabras. Uno de ellos las hace, mientras que el otro no (Mt. 7:24-29; Lc. 6:46-49). Al primero el Señor lo compara con alguien que edificó su casa sobre la roca, mientras que el otro es comparado con alguien que edificó su casa sobre arena. Vinieron los tiempos malos, tormentas, aluviones y la casa del que edificó sobre la roca permaneció; pero la casa del otro, edificada sobre la arena, sin tener fundamento en el cual ser sostenida, se vino abajo. Mis hermanos, este símil es perfecto para entender que una vida fundada en la roca, con fundamento, es una vida fundada en Cristo como Palabra de Dios. Vivir por las convicciones que vamos teniendo gracias a la Palabra que es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Sal. 119:105). A medida que por ella vamos conociendo y entendiendo a nuestro Dios, comenzamos a caminar por convicciones. No robamos porque tengamos miedo de caer a la cárcel y sufrir, sino que no robamos debido a que creemos que nuestro Dios es Santo y queremos estar cerca de Él, caminar con Él, tener comunión con Él, pues entendemos que Él no tiene comunión con las tinieblas (2Co. 6:14; 1Jn. 1:6-7). Queremos andar en santidad, no por miedo a los juicios, sino porque queremos verlo, contemplarlo, conocerle y entenderle, pues sin santidad “nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). Comenzamos a vivir por convicciones, pedimos confiados porque conocemos Su voluntad, pues le estamos conociendo y entendiendo por Su Palabra. No obstante, “el varón de dos almas” no tiene convicciones, no tiene fundamento, su vida está fundada en la tierra, vive tambaleándose como un borracho, de aquí para allá; este hombre es el que duda y que “es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Stg. 1:6, RV 1960).

En las Escrituras vemos que Cristo es la Roca (Mt. 16:18; Ro. 9:33; 1Co. 10:4), también vemos en las Escrituras que el hombre fue hecho del polvo de la tierra (Gn. 2:7; 3:19; 18:27; Is. 29:16; Jer. 18:6). Una vida edificada en la tierra, en la arena, es una vida edificada en nuestra humanidad caída y en el paradigma desde dónde surge el mundo pecaminoso. Un creyente así no tiene convicciones en cuanto a su vivir delante de Dios, cada día lo vive como le parece, como lo siente o como opina que debe ser. Si le agrada, entonces está bien; si no le agrada, entonces no se hace o se queja. Se le pide un servicio entre los hermanos, lo hace por un tiempo, pero luego no le gusta, entonces no lo hace más. Hace, piensa y dice por sí mismo, pero no mirando a Cristo y siendo Cristo el fundamento de su vida y vivir. ¿Se dan cuenta? Que el Señor nos ayude.

EL HERMANO POBRE.

Dicho lo anterior, vamos a continuar con lo que nos dice el versículo 9 al 11 de la epístola de Jacobo, capítulo 1. Leamos lo que dice:

9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; 10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. 11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.” (Stg. 1:9-11, RV 1960).

Como ya vimos, anteriormente hablamos del varón de dos almas o el hombre de doble ánimo; un hombre que carece de fundamento y vive egocéntricamente. Pero ahora, vamos a considerar otro asunto importante, pues entre los santos que conformaban las iglesias locales del tiempo de Jacobo, había mucha pobreza. Las Escrituras, por mano de Lucas, nos informan que en tiempos del gobierno de Claudio hubo una gran hambre. En Hechos 11:28, se nos dice:

“Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.” (RV 1960).

Claudio, fue un César  romano desde el año 41 d.C., hasta el 54 d.C.  En nuestra primera introducción realizada a la epístola de Jacobo, dijimos que la fecha de composición de ésta, fue realizada entre los años 44 d.C. y 50 d.C. Por lo tanto, nos damos cuenta que Jacobo escribe durante este tiempo de gran necesidad, donde las diferencias entre pobres y ricos serían bastante evidentes. Sin embargo, siempre hubo pobres y entre los santos era algo que se debía atender por la diaconía. En muchas partes de las Escrituras del Nuevo Pacto se habla de las necesidades de los hermanos humildes (en griego literalmente dice “pobres”), vemos a Pablo llamando la atención de los hermanos de Corinto, en su primera epístola, pues en su desorden no se cuidaban de no avergonzar a los que “no tienen nada” (1Co. 11:20-22). En el libro de los Hechos, vemos cómo los hermanos vendían sus propiedades para que no hubiera necesidad entre los santos que conformaban la iglesia en Jerusalén (Hch. 2:45; 4:35). También vemos a Juan, en su primera epístola, advirtiendo a los hermanos de que el amor de Dios en nosotros no permanece indiferente antes las necesidades de nuestros hermanos (1Jn. 3:17). Además de esto, Pablo en la epístola a los Romanos relata que se estaban recogiendo ofrendas para los pobres que eran parte de la  iglesia en Jerusalén (Ro. 15:26) y lo mismo ocurre en 1 Corintios 16:1-2. Y en la epístola a los Gálatas, Pablo nos relata cómo los apóstoles en Jerusalén le encargaron se acordaran de los pobres, lo cual procuró hacer con diligencia (Ga. 2:10).

Cómo pueden ver, la pobreza era un tema bien conocido entre los hermanos, para lo cual se procuraba proveer mostrando así el amor del Señor que habita los corazones de los santos (Ro. 5:5). Sin embargo, esto no era “gracia sin justicia”, pues hay pobres y pobres, entre los cuales se encuentran también las viudas (1Ti. 5; Hch. 6), mujeres que quedaron sin el sustento que el marido les daba; pero ojo, Pablo le da instrucciones a Timoteo y le dice que considere:

9… sólo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, 10 que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra” (1Ti. 5:9-10, RV 1960).

Pero cuando hay viudas jóvenes, las manda a considerar el casarse y tener hijos, y dice otras cosas que usted puede ver allí mismo en el Texto.

También Pablo dice que hay personas que no trabajan (2Ts. 3:10), o sea, son pobres porque son perezosos, y no es extraño que quisieran aprovecharse de la bondad de los santos en Tesalónica; con esto en mente, Pablo, por el Espíritu, les dejó un dicho:

“Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.” (2Ts. 3:10b, RV 1960).

Entonces nos damos cuenta que hay pobres y pobres, que debemos  dar de gracia pero no sin justicia. Hay viudas y viudas. Hay normas que el Señor ha dejado para Su casa, debemos investigarlas en las Escrituras, para saber cómo debemos conducirnos, incluso con los pobres y las viudas.

Pero bueno, considerando esta realidad social que las iglesias vivían, Jacobo nos habla del “hermano que es de humilde condición”. Como les mencione antes, el griego quiere decir “el hermano pobre” y notamos esto debido al contraste que hay entre el versículo 9 y 10, donde vemos el hermano pobre y el hermano rico. Algunos piensan que con “rico” no se está refiriendo a un hermano en la fe, sino a alguien no creyente y que es rico; pero la relación entre el verso 9 y 10 nos muestra que se refiere a dos realidades sociales distintas, de hermanos en la fe. El verso 9 dice “el hermano que es de humilde condición”, y el versículo 10 dice “pero el que es rico”; que omita el sustantivo de “hermano” en el versículo 10, no quiere decir que no es un hijo de Dios, dado que está implícito en la idea. Si es un hermano el del verso 9, lo es también el del verso 10. Si el hermano pobre debe gloriarse en su exaltación, el hermano rico debe gloriarse en su humillación, es un contraste que está haciendo de dos hermanos con realidades sociales distintas. Entonces, son hermanos en la fe. Es lo primero que debemos entender.

Este asunto de los hermanos pobre y rico, se encuentra seguido a lo del “varón de dos almas”, el que carece de fundamento, que es llevado de aquí para allá por la duda, por lo que está viviendo y le afecta personalmente. No obstante, ahora Jacobo añadirá dos tipos de personas más que era común ver, dos tipos de realidades que se debían considerar por el bien del testimonio del Evangelio y, también, por el progresar de todos los santos en las pruebas que les estaba tocando vivir. Cabe recordar, que el contexto de lo que venimos viendo es la prueba de nuestra fe, la formación de la paciencia como carácter de Cristo en nosotros, esa constancia de aprender a caminar y confiar en el Señor aun llevando un peso encima, la purificación de la fe de toda mezcla y fundamentada en la Palabra de Dios. Una fe que nos encamina a permanecer confiados en el Señor, humillados ante Su Presencia, esperando que se nos dé a conocer, porque eso es lo máximo que podemos tener: conocer al Señor.

LA EXALTACIÓN.

Entonces Jacobo llama la atención a dos realidades sociales que se vivían y que debemos saber enfrentar. Si nuestra prueba y realidad social es la pobreza, debemos aprender a gloriarnos en nuestra exaltación. Esta “gloria” no es “vanagloria”, no es jactancia y soberbia; más bien, esta gloria es la humilde alegría de saber que ante las necesidades que estamos enfrentando, recibiremos lo más grandioso que podamos alcanzar: conocer más profundamente al Señor. Para los que tienen la vista puesta en su propia humanidad y el mundo, el “varón de dos almas”, les parecerá de poca monta la exaltación prometida a los cristianos pobres; pero hermanos, mire lo que el Salmo 147:6, dice:

“Jehová exalta a los humildes, y humilla a los impíos hasta la tierra.” (RV 1960).

Se nos dice que la exaltación proviene de Dios. Es Dios mismo que exalta a los humildes, a los humillados, a los pobres. La exaltación de la que habla Jacobo es la que Dios da. Pero hermanos,  ¿en qué consiste esta exaltación? Les voy a responder esto, leyendo un pasaje que nos muestra la exaltación, la alabanza del que se hubiere de alabar, lea conmigo Jeremías 9:23-24, que nos dice lo siguiente:

23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.  24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” (RV 1960).

La exaltación, la alabanza de los cristianos pobres, proviene de Dios, y consiste en conocerle y entenderle de forma personal y progresiva. Quiere decir esto que Dios mismo es nuestra exaltación; y que, en lo que nos gloriamos, en lo que nos alabamos, es en el hecho de poder conocer y entender al Señor. Job padeció pobreza, pero su riqueza vino cuando el Señor se le reveló[2]. La exaltación del hermano pobre no consiste en que dejará dicho estado social y comenzará a ser próspero (con esto no estamos diciendo que tener un buen pasar económico sea pecado o que Dios no pueda sacar de esa condición a una persona), sino que la verdadera exaltación del hermano pobre será conocer al Dios Eterno que quiere revelarse a Sus hijos en Cristo progresivamente. El problema con las riquezas y el corazón del hombre, es que se puede volver el objetivo de la vida; el hombre se puede volver un “seguidor” del dinero, de tener bienes, un soñador de las riquezas.

POBRES EN ESPÍRITU.

El asunto con la condición del hermano pobre y humilde, es que dicho estado viene a ser una ayuda para él, ya que como tal, sabe lo que es pasar necesidades y depender de la bondad de otro. Entonces para este hermano es más sencillo desarrollar una dependencia al Señor, y de forma más profunda. No es difícil para él humillarse en presencia del Señor y suplicarle ayuda, no tiene dinero en el cual poner su confianza y sentirse seguro, solo depende  de la bondad y misericordia del Señor. Es así como de ser socialmente pobre, es más sencillo para este tipo de hermano, volverse un “pobre en espíritu” y, como dice Mateo:

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mt. 5:3, RV 1960).

Ser pobre en espíritu es ser alguien que se sabe necesitado del Señor. Que lo necesita para su alma, que sabe que en Él encuentra todo lo necesario, pues Él es ‘El-Shadday, el Dios Todopoderoso, pero también es el Dios Todo Suficiente. Es aquel que comprende que fuera del Señor no necesita nada más. Que el Señor le es suficiente. No obstante, hay hermanos pobres y soberbios, que tienen su seguridad en otras cosas, pero no en buscar en el Señor su suficiencia, su plenitud; porque hermanos, el Señor es la plenitud para nosotros (Ef. 1:23). Ya les he hablado del hermano George Müller, de Prusia[3]. Este hermano fue un predicador y misionero inglés, destacado por su fe en la soberanía de Dios y por su obra en favor de los niños desamparados a través de hogares que les servían como albergues, donde recibían buena educación, vestido y alimentación. George Müller no tenía nada más que la fe en el Padre de huérfanos (Sal. 68:5). Y vivía él mismo como un necesitado de Dios, y saben, nunca fue desamparado. Un necesitado de Dios es alguien de oración, ese es un pobre en espíritu. De George Müller escribió Andrew Murray las siguientes palabras:

“Del mismo modo que Dios colocó al apóstol Pablo como un ejemplo en su vida de oración para los cristianos de todos los tiempos, así también puso a George Müller, en tiempos más recientes, como una prueba para Su iglesia, de que Él continúa respondiendo siempre la oración, en forma literal y maravillosa.”[4]

ALGUNOS EJEMPLOS DE DEPENDENCIA Y LA MUJER SIROFENICIA.

La exaltación de un hermano pobre socialmente, pero además, pobre en espíritu, se halla en Dios mismo, en Dios revelándose a él, pero también en Dios respondiendo sus oraciones y supliendo sus necesidades. Permítanme contarles la experiencia de una querida hermana, la cual estaba padeciendo con su marido mucha necesidad. El hombre no era creyente, era un inconverso, borracho y despilfarrador del dinero. Un día la hermana no tenía qué comer y con dos hijas que alimentar, su alma comenzó a afligirse. Lo único que tenía era unos “cabellos de ángel”[5] para un caldo, así que oró al Señor con el corazón y muy humillada, diciendo: “Señor, somos tus hijas, y estamos padeciendo necesidad, este asunto, Señor, es tu problema, somos tu problema, ayúdanos Señor.” Mientras cocía los cabellos de ángel para hacer su caldo, le tocaron la puerta. Apareció una vecina que le dijo: “Sabes, mi marido compró un saco de papas, y son muchas, ¿te molesta si te doy unas pocas?”. La hermana muy emocionada le dijo: “Claro que no, muchas gracias”. Su caldo ahora tenía papas. Ya con esto estaba muy alegre y feliz, cuando de pronto le golpearon la puerta. Era una vecina, su madre estaba muy grave en Molina[6], tenía que salir con urgencia un par de semanas, pero había llenado el refrigerador el día anterior y las cosas se iban a descomponer, entonces le preguntó a la hermana: “¿Te molestaría recibir estas cosas como un regalo?”. La hermana con lágrimas en los ojos le dijo que no sería una molestia, porque ella sabía que su Padre estaba proveyendo. Eso es dependencia a Dios, pobres en espíritu, algo que debe añadir a su pobreza el hermano de dicha condición social.

Les contaré otra historia como esta, de una hermana muy cercana, no diré su nombre para no incomodarla. La hermana estaba angustiada por ver a su hermana en la fe y biológica. Las llamaré Marta y María. A la mente de Marta se venía reiteradas veces la imagen de su hermana María, así que después de trabajar, decidió ir a verla. Pasó a comprar algunas cosas para sus sobrinos, un poco de mercadería para su hermana y algo para tomar té[7], siempre era generosa con ella (y con todo el mundo). Cuando llegó a ver a María, ella abrió la puerta junto a su esposo, cuando vieron a Marta con las bolsas, María le dijo algo a su esposo en el oído, el cual, contento y con lágrimas en sus ojos, después de saludar a su cuñada, tuvo que salir. Marta le preguntó a su hermana qué le había dicho a su cuñado, pensando en alguna broma de parte de ellos; pero no era esto, María le contó que estaban sin recursos, al marido le había ido mal en el trabajo y no tenían para darle de comer a sus hijitos, entonces se humillaron en la presencia del Señor y apareció ella. Marta, muy emocionada, alabó al Señor por usarla como instrumento para esta bendición. Vemos allí a Dios siendo suficiente y usando a sus hijos.

Pero puede haber pobres muy soberbios, que en vez de humillarse en la presencia del Señor se rebelan en Su contra, viven quejándose y envidiando a otros. Como un hombre pobre, en situación de calle, que un hermano en día de lluvia y frío le ofreció quedarse en su casa, para dormir en una cama tibia, tomar una ducha caliente y usar ropa lavada. El hombre lo miró y le dijo: “No se preocupe, aquí estoy bien”. Era un hombre pobre y soberbio. Hay pobres con el corazón soberbio, altivo delante de Dios. El corazón debe estar humillado en presencia del Señor. Añadir a la necesidad material, la espiritual. Como el de la mujer sirofenicia (Mr. 7:24-30), cananea, que aparece en Mateo 15:21-28. Allí dice:

21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (RV 1960).

Ella era una mujer pobre de espíritu, que sabía que el Señor era misericordioso y por eso se humilló de esa manera. Debido a esto, el Señor le dijo “grande es tu fe”, porque ella sabía de la misericordia del Señor y lo creía. Así que delante del Señor se humilló, como una pobre mendiga que necesitaba urgentemente del socorro del Señor. Con angustia y llanto, con desesperación, así se humilló en la presencia del Señor. ¿Y cuál fue el resultado? La misericordia y gracia del Señor Jesús. Así que la exhortación de Jacobo a los hermanos pobres, es añadir la pobreza de espíritu, y así buscar el sustento en el Señor y gloriarse en la relación que van teniendo con Él. En gozarse en las respuestas que Él va dando a un corazón que busca la voluntad de Dios y que es dependiente de Él. ¡Gózate en el Señor que te responde! ¡Gózate en el Señor que se te va revelando! ¡Busca en el Señor la alegría y el gozo en medio de la aflicción! Lo demás será añadido.

EL GOZO DE LA HERMANA TEN BOOM.

Hay una película que les recomiendo para entender esto, se titula “El refugio secreto”[8]. Es la historia de la familia ten Boom en tiempos de persecución nazi. Una de las hermanas aprendió a encontrar su gozo en el Señor. Es tan hermoso lo que se ve. La hermana llena de piojos y dando gracias al Señor por los nazis que le echaban talco para la pediculosis. Estando encarcelada, vivía como libre, porque encontró en el Señor su gozo y alegría. El Señor le fue suficiente. A pesar de todo lo que estaba sufriendo, de los malos tratos, ella se encontraba en el cielo, porque mantenía una relación viva con nuestro Señor. Para ella, cada día que pasaba podría ser el último en esta tierra y el primero en la presencia del Señor. Daba gracias por todo, por la lechuga que tenía que recoger entre el barro, por los piojos que alejaban a los nazis de su barraca, por el cielo azul, por todo. Porque su gozo era el Señor, no lo que tenía. Ella le estaba conociendo poco a poco, cada día un poquito más. ¡Cuánto debemos aprender de esto! Pues nuestro gozo, muchas veces, es lo que tenemos en el bolsillo; nuestra paz, es lo que tenemos en nuestro bolsillo; nuestra alabanza a Dios, depende de lo que tenemos en el bolsillo. ¡Que el Señor sea nuestro gozo, nuestra paz y que la alabanza sea voluntaria a Él, por conocerle y entenderle! Que el Señor nos ayude.

POBRES CON CORAZÓN SOBERBIO.

Pero como les decía, hay pobres que viven con la vista en el mundo. Su deseo está en los bienes del mundo, en las cosas que el mundo ofrece. Buscan de los hombres, no buscan en Dios. Son pobres, pero soberbios. En la pobreza ven una forma de llamar la atención, de tener la atención de otros. Se viven quejando, viven lamentándose, se quejan del sistema, de los hermanos, se quejan de todo. Pero no hay en ellos dependencia hacia el Señor. Hay pobres que viven delante de Dios como si fueran soberbios ricos; pero hay otros, que con su pobreza, han aprendido a depender y humillarse al Señor. Su esperanza está en el suministro de Dios, sirven al Señor y le aman, confiando en que en Él tienen su sustento; y aunque no lo tuvieran aquí, en esta vida, confían en que Su Señor les ha prometido una gran bienaventuranza: estar con Él, reinar con Él (Mt. 5:3). Porque esta es la felicidad del reino de Cristo, estar con Él.

LOS RICOS.

Ahora, también hay hermanos que siendo ricos, son pobres de espíritu, y viven desprendidos del mundo, no tienen nada que afane sus corazones, sólo el Señor es su ocupación. Su deseo máximo y su más preciado bien, es el conocimiento experimental de Dios. Estos hermanos pueden aprender a vivir dependientes al Señor, desarrollando así una vida cristiana más profunda. Y esa sí que es riqueza en la vida, la que es espiritual. Lo que Jacobo hace con los hermanos ricos es ubicarlos, porque las riquezas dan seguridad, las riquezas dan poder, cierta ventaja social. Y es muy común que teniendo mucho, el corazón se ensoberbezca delante del Señor y de los hermanos, mirándolos en menos. Jacobo quiere advertir al hermano rico y le dice que se gloríe en su humillación, porque es allí donde busca al Señor, dónde lo busca con angustia. Al decir Jacobo esto, está implícito que le está diciendo al hermano rico que no se gloríe en sus riquezas, como dice Jeremías, “ni el rico se alabe en sus riquezas” (Jer. 9:23), sino que se gloríe en su humillación; porque es allí donde más cerca está de conocer al Señor. Pues recuerden, el Señor es nuestra gloria, el conocerle es nuestra exaltación. La relación con Él es la verdadera riqueza. Porque la riqueza de este mundo “pasará como la flor de la hierba”, es decir, que la vida se le irá y lo que realmente vale está más allá de esta vida biológica, es la vida eterna y el aprovechamiento correcto de esta, lo cual es conocer al Dios Verdadero y a Su Santo Hijo Jesús (Jn. 17:3).  Las cosas que realmente valen, son las cosas eternas y, el mismo Señor, nos anima a tener tesoros en el cielo antes que tenerlos en la tierra (Mt. 6:18-29; Lc. 12.32-34).  Vuelvo a repetir, esto no quiere decir que ser profesionales y tener recursos sea un pecado, el problema es cuando en nuestra vida ser profesionales y tener recursos se vuelve nuestro “todo”, en vez de obtener a Cristo experimentalmente y un conocimiento de nuestro Dios profundo. Lo que Jacobo le está diciendo al hermano rico es que la vida es corta y que deberíamos buscar los tesoros celestiales que se nos han dado y, el mejor Tesoro, es Cristo.

Entonces Jacobo hace una metáfora para explicar esto y nos dice:

“Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.” (Stg. 1:11, RV 1960).

Lo que está diciendo Jacobo no es una amenaza, sino que está constatando lo dicho por Salomón:

“Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.” (Ec. 5:15, RV 1960).

RIQUEZAS TEMPORALES Y LA VERDADERA RIQUEZA.

Mis hermanos, las riquezas son temporales, afanarnos en los bienes es necedad, porque todo esto es perecedero. Es por esto que debemos aprender a vivir desprendidos en nuestro corazón, sabiendo que lo que tenemos y somos, es gracias al Señor que es bondadoso, quién nos ha dado, pero para servirle. No obstante, debemos decir además que el Señor nos advirtió que es difícil para un rico entrar al reino de los cielos. En Mateo 19:22-24 dice:

22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. 24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (RV 1960).

Noten, no dice que es imposible, sino que es difícil; y esto es porque el Señor conoce el corazón del hombre. El problema no es tener riquezas, sino amarlas (Sal. 62:10c). Y el problema de amar las riquezas es que se vuelve nuestro dios. Comienzan a ser las riquezas las que nos quitan el sueño y las que ocupan nuestro tiempo. No puede haber alguien que ame las riquezas y al mismo tiempo ame a Dios, porque como dijo el Señor Jesús:

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mt. 6:24, RV 1960).

EL AFÁN Y ENGAÑO DE LAS RIQUEZAS TEMPORALES.

También el afán y, amor por las riquezas y este mundo, provoca que la fe no crezca en nosotros. Mire, le voy a leer un pasaje:

“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Mt. 13:22, RV 1960).

El Señor nos advierte con esto a que no pongamos en nuestro corazón el afán de tener riquezas y bienes, porque las riquezas son engañosas, son vanas para el alma y ahogarán la fe que, por la Palabra, ha de crecer. Por eso hay que vivir con un corazón desprendido, aunque tengamos algo, vivir como si no fuera nuestro, y si en algo podemos ayudar a nuestros hermanos en la fe (con justicia por supuesto) debemos hacerlo. Digo con justicia, porque no es extraño que aparezcan “aprovechadores” cuando hay un corazón generoso. Debemos aprender a vivir con nuestro corazón puesto en el Señor y cuando nos demos cuenta que estamos afanados en algo, hermanos, volvernos a Cristo y ocuparnos de Él. Gracias al Señor, Él sabe de nuestra fragilidad, es por esto que, aparece la necesidad, las “vacas flacas”, y los negocios o empresas del rico sufren, porque Él quiere el corazón de Sus hijos ubicado, que aprendamos la humillación y dependencia a Él (Pr. 11:28).

EL OBJETIVO DEL HERMANO POBRE Y DEL RICO.

Recuerden, la exaltación del hermano pobre se halla en conocer a Cristo, Él es su exaltación y gloria. El hecho de conocer y entender al Señor, es la gloria del hombre que, gracias a la prueba que vive, es ayudado a obtener. De la misma manera, Cristo es la gloria de los hermanos ricos, conocerle y entenderle, pues en sus humillaciones es cuando más lo buscan, cuando se dan cuenta que Cristo vale más que los tesoros del mundo.

Entonces el hermano pobre se gloría en su exaltación, en el hecho de conocer al Señor y Su suficiencia, pues en esa pobreza puede desarrollar una mayor dependencia al Señor reflejada en la vida de oración y fe; y Dios, aparte de darse a conocer a él, no deja que le falte el sustento y el abrigo necesario (1Ti. 6:8). La vida piadosa del hermano pobre, de aquel que no solo es pobre socialmente sino además en espíritu, desprendido de las riquezas del mundo y dependiente de Dios, es algo muy difícil de alcanzar en la vida de un hermano rico. Noten, dije difícil, no imposible.

El hermano rico, por otro lado, ha de aprender a gloriarse cuando es humillado, porque es Dios que lo humilla, que lo lleva a la necesidad para que busque al Señor, lo conozca y se conozca a sí mismo (Os. 2:14). Así puede entrar al camino de una vida piadosa, al mismo camino de un hermano pobre. Si el hermano rico pone atención y se humilla delante del Señor cuando es probado, cuando es llevado a la crisis, al desierto, entonces podrá entrar a las profundidades de Dios y a una relación íntima con Él. Si entrega su corazón al Señor, entenderá que todo, incluso sus bienes son del Señor y para el servicio de quienes el Señor quiera, en gracia y justicia.

El hermano pobre y el hermano rico, en resumidas cuentas, han de tener un mismo objetivo: conocer y entender al Dios Verdadero, y a Jesucristo, Su Hijo enviado. Para serles esclavos por amor. Para esto son exaltados y humillados. Vamos a parar aquí. Amén.

 


 

[1] No olvides leer la carta y orar al Señor para que te edifique.

[2] Véase Job 38 en adelante.

[3] George Müller (Kroppenstedt, distrito de Halberstadt, Prusia, 27 de septiembre de 1805 – Bristol, 10 de marzo de 1898).

[4] (2004). Padre de huérfanos – Aguas Vivas. Revisado  el 24 de julio del 2020, desde https://www.aguasvivas.cl/multimedia-archive/padre-de-huerfanos/

[5] En Chile, es similar al espagueti, pero mucho más delgado. Se trata de una pasta de grosor más fino que el vermicelli tradicional de la cocina italiana, con los cuales se cocinan sopas calientes.

[6] Molina es una ciudad y comuna de la zona central de Chile, ubicada en la Provincia de Curicó, Región del Maule.

[7] También conocida en Chile como la hora de “la once”, que se da entre las 18 y las 20 horas.

[8] Esta película es la adaptación del libro con el mismo título de la hermana Corrie ten Boom, publicado en 1971.