11. Lectura de estudio profecía de Malaquías – El día de la ira, la justificación y la segunda venida de Cristo (Texto).

 

Abramos nuestras Biblias en la profecía de Malaquías, en el capítulo 4 y leamos desde el versículo 1 al 6 que dice:

1  Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. 2  Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. 3  Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos. 4  Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. 5  He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6  El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” (RV 1960).

Hoy es nuestra última lectura de estudio de la profecía de Malaquías, por lo que debemos dar gracias al Señor por ayudarnos a partir y a terminar.

RECAPITULANDO.

Cuando partimos este estudio dijimos que sería una represión y exhortación del Señor para nosotros, lo cual, personalmente creo, así ha sido. Hemos entendido, entre otras cosas, que aparte de ser hijos de Dios en Cristo (Jn. 1:12), el Señor Jesús, mediante Su sangre de la redención, nos ha consagrado para Dios el Padre como sacerdotes de un Nuevo Pacto (Ap. 1:5-6). Ahora, siendo sacerdotes en Cristo, hemos visto una serie de pecados en los que cayó el sacerdocio levítico que, entendemos, son un ejemplo para nosotros de las cosas que no debemos hacer y de la forma que no debemos caminar delante de nuestro Dios (1Co. 10:6, 11). Cada experiencia que ellos tuvieron, aparte de indicarnos lo que Dios desaprueba, nos enseña lo que Dios es y cómo debemos andar en Su Presencia. Tal como Pablo quería que Timoteo supiera cómo comportarse en la Casa de Dios (1Ti. 3:14-15), así esta profecía nos sirve de amonestación de la forma en la que debemos caminar con nuestro Santo y Justo (además de Digno, Bueno, Misericordioso y Amoroso), Padre y Dios.

Mis hermanos, a través de los cuatro capítulos de esta profecía hemos visto cómo el Santo y Justo Dios, en Su bondad y longanimidad llamaba a las personas al arrepentimiento, para que se salvaran de las cosas que se merecían por sus maldades, impiedades, iniquidades y rebeliones. Tal como Pablo en Romanos 2:4 nos dice:

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (RV 1960).

Pero, ¿dónde estaba esa bondad de Dios en los juicios que les anunciaba a los sacerdotes y al pueblo? Estaba en la longanimidad y paciencia mostrada al no pasarlos por la espada inmediatamente, sino que, soportando a los hombres, los llamaba a cambiar de rumbo aun cuando ellos se merecían con creces la condenación. Esto nos recuerda las palabras que el Señor Jesús dijo y que se registran en Mateo 23:37, donde dice:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (RV 1960).

En ese “¡Cuántas veces…!” vemos la paciencia, benignidad y longanimidad de Dios; por lo tanto, nunca podrán decir que el Señor fue malo o injusto. Tal como Nehemías reconoce:

“Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo” (Neh. 9:33, RV 1960).

También, como antecedente extra bíblico, en el quinto capítulo de este estudio, citamos un pasaje de 2ª Macabeos 7 que relata cómo en medio de una tortura en manos de Antíoco IV Epífanes, un joven reconoce que los sufrimientos que estaban pasando se los merecían. Allí dice:

18 Después trajeron al sexto [hijo], quien, estando para morir, dijo: «No te hagas ilusiones; por nuestra culpa sufrimos esto, porque hemos pecado contra nuestro Dios; por eso nos han sucedido cosas terribles.” (DHH).

¿Se dan cuenta? Dice “por nuestra culpa sufrimos esto”; de la misma manera, nadie podrá decir que Dios fue injusto, porque sus propias conciencias testificarán, sabiendo que Dios les dio la grandiosa oportunidad de redención y reconciliación, pero no la quisieron; por lo que sabrán que obtuvieron lo que justamente merecieron. Dios llama una y otra vez a los hombres al arrepentimiento, pero muchos de estos hombres resisten una y otra vez al Espíritu Santo (Hch. 7:51), rechazando la salvación que Dios nos ofrece, que nos regala, la cual, ha costado la propia sangre invaluable de Su Santo Hijo Jesús.

Mis hermanos, esta profecía que hemos estudiado durante nueve sesiones o capítulos hasta ahora, nos ha sido de lección, represión, advertencia y exhortación, para que no seamos como los soberbios y necios sacerdotes israelitas de la profecía de Malaquías, que se pararon de “tú a tú” con el Señor de los ejércitos. Debemos aprender de todo esto y ser ubicados,  sabiendo que Dios es digno de temer y digno de amar. Que el Espíritu Santo nos ayude a que podamos entender profundamente que somos polvo y pecadores, y que ningún bien nos merecemos de parte de Dios, sino Su justicia; pero gracias Dios, se nos ha mostrado misericordia y se nos ha concedido lo que no merecíamos en lo absoluto. Dios nos ha amado con el amor que no merecíamos, dándonos a Su Hijo para salvación y vida, lo que fue realizado por gracia, no por méritos nuestros. Porque siendo culpables pecadores y merecedores del terrible castigo, el Señor nos concedió Su favor, en el que nos justificó y salvó por la fe en Su Hijo. ¡Gracias Señor!

EL DÍA DE LA IRA.

Dicho todo esto, hoy, para finalizar nuestra lectura de estudio, vamos a considerar los últimos seis versículos de esta profecía. Y vamos a partir por el versículo 1, del capítulo 4, que nos dice:

1 Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.” (RV 1960).

En este versículo se menciona dos veces la palabra “día”. Recuerden que el Señor ha llamado a los sacerdotes al arrepentimiento una y otra vez, junto con advertirles de las consecuencias de sus malos caminos. Ya en el capítulo 3 les había anunciado que vendría para juicio (v.15), junto con mencionarles “el día que yo actúe” (v.17). Ahora, este “día” en las Escrituras es identificado de dos formas:

1) “El día de Jehová” o del Señor [1] (Is. 2:12; 13:6, 9; Ez. 13:5; 30:3; Jl. 1:15; 2:1, 11; 3:14; Am. 5:18, 20; Abd. 1:15; Sof. 1:7, 14; Zac. 14:1; Mal. 4:1, 5).

2) “El día de la ira de Jehová” o del Señor[2] (Job 21:30; Pr. 11:4; Sof. 1:1, 18; 2:2; Ro. 2:5).

En el versículo 5 de Malaquías 4, se nos confirma que se está refiriendo a ese día que vendrá, diciendo:

5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”(RV 1960).

Aquel día será “grande y terrible”, nadie podrá permanecer de pie en aquel entonces, y “los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (2P. 3:10), aquel día vendrá de repente. Cuando nadie lo espere.

DIOS NO QUIERE QUE LOS HOMBRES PEREZCAN.

Dios, durante toda esta profecía ha estado advirtiendo a los sacerdotes de aquel día que vendrá. Les ha advertido y llamado al arrepentimiento insistentemente. ¿Y por qué tanta insistencia? Porque, como Pedro por el Espíritu nos enseña:

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2P. 3:9, RV 1960).

¿Se dan cuenta? Él quiere que “todos procedan al arrepentimiento”, no algunos, sino todos. Dios sabe que aquel día será insoportable, tanto así que en la inspiración de Su Palabra se le atribuyen a este día los calificativos de “grande y terrible”. La advertencia es seria, la advertencia es verdadera debido a que proviene del Verdadero. En aquel día, aquellos que rechazaron al Señor, aquellos soberbios que no se humillaron ante Él ni recibieron Su Salvación, serán “estopa”. En el hebreo, dónde se tradujo “estopa” dice “cash” (קַש), y se refiere a paja (por lo seca), a hojarasca, a rastrojo[3]. La idea es de material para combustión, material que se quema fácilmente en el fuego. De alguna manera, el Señor advierte a los hombres que aquel día será día de juicio mediante el fuego. En los tiempos de Noé, Dios juzgó mediante el “diluvio de aguas”, lo cual dijo no volvería hacer (Gn. 9:15). No se refiere a que no volvería a juzgar o castigar con justo juicio, sino que el instrumento de juicio no sería más el diluvio de agua; por ende, siempre que se habla del día de la ira de YHVH se relaciona al fuego, a los elementos ardiendo, al día ardiente como un horno, etcétera. Todas estas cosas se dicen para que el hombre se dé cuenta lo insoportable que será, pues el Señor no quiere que ninguno perezca.

Mis hermanos, pero si Dios no quiere que ninguno perezca, ¿acaso no tiene el poder o la autoridad para salvarlos a todos aunque no quieran? Claro que sí, pero Dios no es como aquellos tiranos reyes que teniendo el poder y la autoridad para hacer lo que quieren, son autoritativos y violentadores; sino que Dios, en ese poder y autoridad que tiene, tomó la decisión soberana de darle al hombre la responsabilidad de decidir, porque Dios es Digno. Así que, Dios puso todo a disposición de los hombres para salvarlos de aquel día, pero ahora los hombres deben tomar aquello que Dios dispuso para Su rescate. ¿Se dan cuenta? Porque Él dio a los hombres la dignidad de elegir, dignidad que Él siendo Dios tiene y por la cual tomó la decisión voluntaria de poner Su vida por las ovejas, como Juan 10:17-18 nos dice:

17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (RV 1960).

Eso es la dignidad, eso es el libre albedrío. Así que, para que los hombres hoy en día sean salvos, no se trata de poder, no se trata de autoridad, se trata de querer y creer. Que tomen la decisión de fe. ¿Se dan cuenta?

EL DÍA DE LA IRA Y LA JUSTICIA DE DIOS.

Ahora, aquel día del Señor también es conocido como el día de la ira del Señor. Esto lo vamos a explicar, para que no se entienda que Dios es un iracundo[4]. Mis hermanos, la ira del Señor no es irracional o pasional. No es que Dios tenga un problema para manejar la ira, de ninguna manera, porque recuerden, Dios es Perfecto; por lo tanto, debemos entender que la ira de Dios es razonable, como Romanos 1:18 nos dice, mire:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (RV 1960).

Es decir que la ira o furor de Dios nunca se enciende ni se aplicará sin razón, por capricho o porque despertó de mal humor. Sino que Su ira, Su furor obedece a Su justicia y santidad. Y todo aquel que se ensoberbece en Su presencia y peca deliberadamente, haciendo el mal y yéndose en Su contra, atesora y acumula ira para aquel día. Como Romanos 2:5, también nos enseña:

“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (RV 1960).

¿Se dan cuenta, mis hermanos? Quizá las personas andan como si nada, pensando que quedan impunes de sus rebeliones, pecados e iniquidades, pero no, mientras rechazan al Señor, mientras no se vuelven a Él, lo único que están haciendo es amontonar ira sobre su propia cabeza, para el día en que Dios revele Su justo juicio para los malvados según Sus propios estándares.

JUSTICIA Y SALVACIÓN.

Luego, en el versículo 2 de Malaquías 4, se nos dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.” (RV 1960).

Entre el versículo 1 y 2 tenemos el contraste de dos realidades futuras. Primero, tenemos la realidad del castigo e ira para unos; y segundo,  la realidad de la justicia y salvación para otros. Para los primeros, se espera sufrimiento y dolor; pero para los segundos, alegría y placer. La razón para determinar quiénes sufren o se gozan, es la justicia de Dios. No se puede ni se debe cuestionar la bondad de Dios por causa de los juicios, sino que nos debemos preguntar si es justo o no. Por ejemplo, cuando un policía multó a un conductor que venía a 100 km/h, en una zona permitida de 50 km/h, por causa de que se le quedó la cocina encendida, no debemos preguntarnos si el policía fue bueno o malo, sino ¿fue justo o injusto? La ley, la justicia, no se puede medir en términos de bueno o malo, sino en términos de, ¿es legal o no según Dios? Entonces, si entendemos esto, vamos a entender por qué antes de decir que “en Sus alas traerá salvación“, se menciona al Señor como “el Sol de justicia”. Pues, antes de haber salvación debe haber justicia. ¿Se dan cuenta?

Entonces aquí tenemos algo interesante de comprender, pues mis hermanos, según los estándares de Dios, para que hubiera salvación primero debe haber justicia. Es decir que antes de traer salvación, el Señor ha traído justicia. Del día de la ira no se puede escapar sin justicia; o sea, no puedes excusarte de pasar por esto si Dios no te tiene por justo. Ahora, ¿a quién de los hombres en Adán tiene por justo nuestro Dios? Mire lo que Romanos 3:10 nos dice:

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” (RV 1960).

Por lo tanto, ¿te das cuenta que, según los estándares de Dios, ninguno de los que están en Adán, ninguno de los hombres engendrados por varón, es excusable o justificable del día de la ira? Pues Dios ha testificado en Su Omnisciencia y Justicia que no hay ningún justo entre los hombres engendrados por varón. Así es que, para que hubiera salvación primero tenía que venir el Señor como “Sol de justicia”, porque no puede haber salvación pasando a llevar la justicia. Así nos damos cuenta que entre estos versos tenemos un cumplimiento progresivo de las profecías, porque el día de YHVH vendrá, el día de la ira de Dios ocurrirá, y aunque los soberbios y rebeldes sufrirán lo que merecen, también habrán otros que recibirán salvación, pero no una que se pase por encima de la justicia de Dios. Por lo que entendemos que, por obra de Dios, aquellos que en otro tiempo éramos catalogados justamente como rebeldes y soberbios, merecedores de la ira de Dios, hemos recibido justamente también la justificación para excusarnos de ese día del juicio. ¿Cómo lo hizo el Señor? Viniendo antes de lo alto como el “Sol de justicia”. Tenemos aquí una profecía de dos partes.

Para los judíos es difícil de entender que el Mesías sufriría en manos de los hombres. Es más, algunos han llegado a hablar de dos Mesías, uno que sería el “Mesías hijo de José” y otro que sería el “Mesías hijo de David”. Dos personas distintas. Uno que vino a enseñar y luego morir[5], y otro que viene a reinar[6]. No les cuadra y los confunde Isaías 53, tanto así que entre las lecturas que realizan en las sinagogas se ha prohibido el leer ese pasaje. Ellos ven allí a un Mesías sufriente, pero no les cuadra con el Mesías reinante, entonces lo separan en dos personas. No entienden que es la misma Persona, que efectivamente murió, pero aparte, resucitó de los muertos.

El hecho de que sea un Mesías que sufre confunde a muchos, no entienden ese sufrimiento, ¿por qué sufrir? Esta pregunta es algo que debemos atender, porque a veces se ve el sufrimiento solo como señal de amor, algo así como que aceptó el sufrimiento sólo para mostrar la forma en la que nos amaba; pero eso, es una parte de la verdad, pues mis hermanos, cuando el Señor Jesús vino y fue bautizado, le dijo a Juan algo que nos muestra una razón adicional por la cual aceptó el sufrimiento:

“Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mt. 3:15, RV 1960).

¿Lo ven? No vino sólo para demostrar el amor de Dios por todas las personas del mundo (Jn. 3:16), no vino sólo para sufrir y decir “mira cuánto te amo”, sino que vino a cumplir “toda justicia”. Mis hermanos, el Señor no vino sólo a sufrir por amor a nosotros, el Señor no se bebió simplemente una copa de sufrimiento por amor al ser humano, el Señor se bebió la copa de la ira, la copa de la justicia de Dios, por amor a la justicia (Heb. 1:9). Porque Él vino a cumplir con toda la justicia de Dios. Entonces, cuando el Señor Jesús oró diciendo:

“Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mt. 26:39b, RV 1960).

No se refería a una copa de sufrimiento sin razón, a una copa de angustia sin motivo; sino que se refería a la copa de la ira de Dios sobre nosotros. Es por eso que antes de que venga salvación a los justos, primero ha tenido que venir Cristo mismo a cumplir con la justicia de Dios, para que los pecadores sean tenidos por justos; es decir que, si hay justos hoy en día delante de Dios, es porque estos han creído en lo que Dios ha hecho en Su Hijo, el Sol de justicia, que trajo, antes de la salvación, Su sangre para la justificación de todo aquel que crea en Él (Ro. 5:9). Antes de haber redención, hay un pago; antes de ser justificados, se aplicó el castigo; antes de haber salvación, hay justicia; y todo esto, en Cristo. Como el conocido pasaje de Isaías 53:5  nos lo dice:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (RV 1960).

Antes de ser justificados nosotros, Él fue herido por nuestras rebeliones; antes de ser redimidos, Él fue molido por nuestros pecados; antes de  tener paz para con Dios, Él tomó el castigo que merecíamos; y antes de ser sanados, Él ha sido lastimado. Porque antes de que nosotros recibamos la salvación, hubo un Alguien que cumplió con la justicia y nos abrió un camino para acercarnos a Dios en justicia y paz. En otras palabras, la parte que nos tocaba del día de la ira de Dios la sufrió Él, porque “Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros” (Is. 53:6b, RV 1960), y  “con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Is. 53:10a, RV 1960). ¡Oh, hermanos, nuestro Señor sea alabado por Su gracia! El Señor no sólo amó a los hombres, sino que amó de tal manera la justicia que vino a cumplirla.

Entonces tenemos en estos versículos una profecía con un cumplimiento paulatino y en diferentes periodos de tiempo. El Señor nos muestra lo terrible que será el día de la ira de Dios, pero además, nos muestra la redención de los justos en Cristo. Y es gracias a esa primera venida de Cristo donde vino a cumplir toda justicia, que vino como “el Sol de justicia”, que en el día del Señor, cuando aparezca a juzgar con justo juicio a los rebeldes e impíos, mientras ellos son consumidos por el furor de Su ira, como caminando entre muertos, como pisando sus cenizas, aparecerán los justos en Cristo que quedemos[7], alzando nuestras manos al cielo porque nuestro Señor ha venido. Es por esto que dice:

3 Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos”. (RV 1960).

La palabra “hollaréis” significa pisar, pasar por encima. El cuadro es el siguiente. Mientras los malos huyen y son consumidos justamente, entre los restos de los consumidos por la ira de Dios, estarán los justos (en Cristo) que estén con vida para entonces. Los justos aparecerán como caminando por encima de las cenizas de los malos, porque nuestro Señor y Redentor que sufrió nuestra parte de la ira de Dios, ha venido por nosotros. Eso no significa que nos sacará del mundo que recibe su retribución debida, sino que nos guardará de la ira que se derrama sobre ellos[8], no porque Dios haga una distinción arbitraria, sino porque es justo; pues, si ya fue pagada o cubierta nuestra deuda de forma legal, sería injusto que se nos volviera a cobrar. Es, por lo tanto, justo que seamos excusados o justificados de aquello que ya se sufrió, ¿dónde se sufrió? En Cristo, Él tomó sobre Sí mismo el castigo, la ira que era para nosotros.

Mientras el Señor viene, mis hermanos, debemos aprender a andar con Él a la altura de Sus atributos. Es por eso que dice:

4 Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.” (RV 1960).

Dios no nos está diciendo que nos hagamos judaizantes ahora, sino que consideremos cómo Dios les encargó ordenanzas y leyes al pueblo, es decir, cómo era importante conocer y entender la forma en la cual debemos andar en Su Presencia, pues Dios se ha revelado a Sí mismo como Dios Justo y Santo, no sólo como Amoroso y Bondadoso.

SOBRE ELÍAS Y LA VENIDA DEL SEÑOR.

Finalmente, tenemos los dos últimos versículos que vamos a leer ahora, para considerar un asunto interesante. Versos 5 y 6, nos dicen:

5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6  El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” (RV 1960).

Algunas personas acusan de contradicción al Nuevo Testamento por el asunto de si Juan el Bautista fue aquel Elías que había de venir o no. La razón de esta confusión es que en Juan 1:21 el propio Juan el Bautista dice de sí mismo que no es Elías, mientras que el Señor Jesús en Mateo 11:14 nos dice que “él es aquel Elías que había de venir”. Entonces se argumenta una contradicción entre los evangelios. Pero no es así. La Biblia es un conjunto de libros que se complementan uno a otro en la revelación especial de Dios para el hombre.  Es por eso que tenemos Lucas 1:17 que nos dice acerca de Juan que “irá delante de él [Cristo] con el espíritu y el poder de Elías”. O sea, Juan en cuanto a la persona de Elías, como si fuera una “reencarnación”, respondió que no lo era; pero el Señor nos dice que en cuanto al espíritu y poder con el que venía, Juan sí era el “Elías” que iba a venir, ¿se dan cuenta?

Entonces tenemos un cumplimiento de este pasaje en Lucas 1:17 que dice:

“E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (RV 1960).

¿Lo ven? O sea, esta profecía se cumplió, pero digamos que se cumplió en su primera parte; pues antes de que apareciera el Señor Jesús como Sol de justicia, a cumplir con toda justicia, vino uno en el espíritu y poder de Elías; sin embargo, no era en sí mismo Elías. Entonces, considerando esto, para terminar, voy a tomarme una libertad con ustedes aquí, y voy a dar mi parecer respecto a algo de la segunda venida de Cristo en gloria y majestad.

En el capítulo 11 de Apocalipsis se habla de los dos testigos que vendrían a profetizar “por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio” (v. 3), estos vienen antes de la venida del Señor que se muestra en el 11:15 en adelante. Mis hermanos, Apocalipsis ya presenta un cuadro completo de la revelación, como un cuadro general, al llegar al final del capítulo 11; por lo que desde el capítulo 12 en adelante ocurre una especie de repetición con más detalles, ¿se entiende? Así es que, personalmente creo que aquel Elías que no vio muerte, sino que fue arrebatado por Dios en un carro de fuego (2R. 2), aparecerá previo a la aparición del Señor en gloria y majestad, que vendrá con juicios y salvación. Lo que intento decir, es que creo que uno de esos testigos será Elías. Sé que estoy siendo literal al interpretar Apocalipsis, sobre todo cuando hay hermanos respetados que podrían argumentar que Apocalipsis es simbólico, y que, aquellos dos testigos pueden simbolizar dos movimientos cristianos distintos, u otra cosa. Pero me parece que no debemos cerrarnos a nada, pues a veces la interpretación más cercana a la realidad del cumplimiento de las profecías, es la más sencilla; y a veces el celo por una interpretación simbólica, puede desarmar a los hijos de Dios. Con todo esto, nos damos cuenta que las profecías pueden decir mucho entre líneas y que ninguno de nosotros puede adjudicarse una interpretación infalible de las mismas, ni cerrarse, pues debemos estar atentos a todo. Que el Señor nos ayude a entenderlas.

Dicho todo esto, debemos dar gracias al Señor por este estudio que nos ayudó a emprender y terminar. Como dice Eclesiastés 7:8 en la Nueva Traducción Viviente:

“Vale más terminar algo que empezarlo.”(NTV).

La gracia y la paz del Señor sean con todos ustedes. Amén.

 


 

[1] Dependiendo de la traducción.

[2] Ibíd.

[3] Strong, J. (2003). Nueva Concordancia Strong Exhaustiva. Nashville, TN: Grupo Nelson. Véase H7179.

[4] 1. adj. Dicho de una persona: Que tiene o muestra ira. 2. adj. Dicho de una persona: Propensa a la ira.

[5] Justifican esto con Daniel 9:26a.

[6] Justifican esto con Daniel 7:13-14.

[7] Si es que no dormimos en Cristo antes.

[8] Esto podría ocurrir haciendo distinción entre los hijos de Dios (Jn. 1:12) y los impíos (Jn. 3:36), como aconteció en Egipto con las plagas (Ex. 11:7); o también, siendo arrebatados juntamente con los que resuciten de entre los muertos, para encontrarnos con el Señor en el aire (1Ts. 4:17). Cabe señalar que el arrebatamiento descrito en 1 Tesalonicenses 4:17, no indica que seremos llevados a otro lugar fuera de este mundo, sino que recibiremos al Señor en el aire. No es nuestro tema aquí el orden de los acontecimientos escatológicos, sino comprender lo que significa el versículo de Malaquías.