10. Lectura de estudio profecía de Malaquías – Mala religiosidad, pseudo-teología, solemnidad y ocuparse (Texto).

 

Gracias al Señor por la oportunidad que tenemos de estudiar esta profecía. El Señor nos ha ayudado para darle curso a esto y avanzar. Debemos dar gracias al Señor por Su Palabra, la cual, juntos, podemos considerar.

Dicho lo anterior, vamos a ir al capítulo 3, y leeremos desde el versículo 13 al 18 de Malaquías, que nos dice así:

13 Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.

16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. 17 Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. 18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.” (RV 1960).

LA MALDAD Y LA MALA RELIGIOSIDAD.

Las denuncias que Dios ha realizado durante el transcurso de toda la profecía, son todas pecados contra Él. Lo habían deshonrado, menospreciado, despreciado, desestimado, robado, maldecido, etcétera. Y todas estas cosas las había originado el sacerdocio, el cual, estaba para guiar a las personas al Señor y mostrarles cómo se debía andar con Él (Mal. 2:7, DHH). Sin embargo, ellos habían enseñado lo malo y como tal serían tratados por el Señor (Mt. 5:19).

Quisiera que usted pudiera poner atención a lo que le diré a continuación. Mis hermanos, hay dos cosas que nosotros los seres humanos hacemos sin ningún esfuerzo en el viejo hombre. La primera cosa que hacemos sin esfuerzo, es el mal, el cual está relacionado al pecado, rebeldía e iniquidad de nuestra naturaleza caída. Dígame, ¿usted se debe esforzar para hacer el mal? No, es algo que hacemos sin esfuerzo alguno y la razón es lo que la Biblia nos enseña acerca de que el pecado mora en nuestros miembros (Ro. 7:17-20). Gracias al Señor, aparte de que el pecado mora en nosotros (y para lidiar con esta naturaleza que cargamos), hemos nacido de nuevo y recibimos el Espíritu de Dios que se opone a estos deseos, para que no sirvamos al pecado (Ga. 5:17); esto debido a que, en Cristo, hemos sido liberados de esclavitud (Ro. 6:16-18). Por lo tanto, ahora somos nosotros mismos los que presentamos nuestros miembros a Dios para justicia, o le presentamos nuestros miembros al pecado para muerte (Ro. 6:11-13).

Lo segundo que hacemos sin ningún esfuerzo, es hacer religión. Es algo que el hombre hace sin esfuerzo, usted puede viajar a toda parte del mundo y se dará cuenta que existe algún sistema religioso público o personal, lo verá entre aquellas tribus más aborígenes que puedan existir y aun entre aquellos más civilizados. Sea como sea, hay religión.  El hombre es religioso por naturaleza, incluso aquellos que se dicen ser científicos ateos toman alguna filosofía o teoría como religión. Es el caso del darwinismo y su teoría evolutiva, la cual, algunos científicos defienden como fanáticos religiosos; pues aun cuando la misma evidencia científica los está llevando hacia un Creador, ellos cierran los ojos gritando maldiciones a sus detractores[1]. ¿Se dan cuenta? Es por esto que el Espíritu Santo nos manda a huir de la idolatría, y no lo dice sólo por aquellos cultos establecidos que sabemos son paganos, sino también por aquellas cosas que podemos tomar por ídolos, es decir falsos dioses a los cuales se les rinde culto. Como al dinero, nuestros trabajos, los hijos, etcétera; cualquier cosa o asunto que ocupe el primer lugar en nuestro corazón, lugar que le corresponde al Señor, eso es idolatría y, de eso, haremos una religión, aun cuando no nos demos cuenta. Le rendiremos culto y le entregaremos la vida. Es por esto que es importante que nuestro corazón sea del Señor, que a Él se lo entreguemos y no a otra cosa o persona (Pr. 23:26). Dependiendo de, a quién le entreguemos el corazón, será la vida que llevaremos (Pr. 4:23) y la religión que tomemos. En el latín, la palabra religión significa “estar fuertemente ligado”, por lo que en sí misma, la palabra religión no es mala; sin embargo, tu puedes estar fuertemente ligado a Dios y de esa manera vivir, lo cual es tu vida religiosa; o puedes estar fuertemente ligado a otra cosa, como el trabajo, y vivir para el trabajo; o estar fuertemente ligado a tus estudios, y vivir para el estudio. Sea lo que sea, si dejas al Señor por esto, entonces has levantado un ídolo que será derribado y un culto muerto que te ciega. ¿Y por qué? Porque hacemos por naturaleza lo religioso.

Si usted lee la Biblia se dará cuenta que el hombre después de la caída partió haciendo dos cosas: Religión y el mal. En el capítulo 4 de Génesis vemos a Caín y Abel acercándose a Dios, cada uno de una manera distinta. Caín estableció su propio culto religioso y, sin considerar las palabras de Dios que, por el pecado de sus padres, maldecían la tierra (Gn. 3:17), trajo a Dios el fruto de una tierra maldita (Gn. 4:3). Contrario a Abel, que sí puso atención, y trajo a Dios una ofrenda que mostraba cómo Dios cubrió la desnudez de sus padres y les quitó la vergüenza (Gn. 3:21). Dios se agradó de Abel, y Caín, haciendo el mal, lo mató. ¿Se dan cuenta? Entonces tenemos el mal y la religiosidad como cosas que el hombre hace por naturaleza (adámica) y de ambas cosas debemos tener cuidado.

PSEUDO-TEOLOGÍA Y MALA RELIGIÓN.

Ahora bien, dicho lo anterior, tenemos que los sacerdotes a los que se dirige la profecía de Malaquías eran malvados y, a pesar de serlo, seguían haciendo un tipo de culto religioso totalmente contrario al que Dios estableció. ¿Por qué? ¿Por qué no simplemente dejaron de hacerlo? Por causa de la religiosidad inherente[2]. ¿Se dan cuenta? Ellos, a pesar de su maldad tenían inconscientemente una religión y pseudo-teología. Seguían haciendo el culto como bien les parecía, sin considerar lo que la Palabra de Dios les decía, pero seguían haciéndolo; esto es la religiosidad. Pero además, haciendo su propia religión ellos enseñaban al pueblo a hacer el mal, y decían de Dios cosas estúpidas y violentas. Esto, mis hermanos, era la pseudo-teología de ellos. Y esa pseudo-teología que ellos tenían, sostenían y enseñaban, Dios la llama “violencia” en contra de Él; es decir, palabras duras contra Su Persona[3]. ¿Se dan cuenta?

La mala religión, el mal culto, se caracteriza por tener cosas que provienen de la opinión humana, la tradición humana o la conveniencia humana, separado de la Palabra de Dios; pero el buen culto ha de provenir de lo que Dios nos establece en Su Palabra. Es por esto que debemos tener cuidado de nosotros mismos, del mal y de la mala religiosidad. Que la Palabra de Dios sea nuestra guía que, mediante el Espíritu Santo, nos ilumina. De lo contrario, podemos estar viviendo una religión muerta. Miren a los sacerdotes israelitas, seguían siendo sacerdotes, aparentemente seguían haciendo el culto (aunque a su manera), alejados de la Palabra de Dios; y además, tenían su propia teología, una falsa teología que enseñaban a los hombres, lo cual, era atentar violentamente contra Dios. Por eso se nos dice desde el verso 13 de Malaquías 3:

13 Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.” (RV 1960).

BENEFICIOS PERSONALES, FALTA DE TEMOR Y FALTA DE RESPETO.

Las cosas que decían los sacerdotes nos amonestan en dos cosas que debemos tener muy presente. Voy a enumerarlas en dos puntos:

  1. Decían que servir a Dios era vano e inútil. La Biblia Textual III tradujo:

    “Vano es servir a ‘Elohim”.

    La versión Dios Habla Hoy, dice:

    “Servir a Dios es cosa inútil”.

    Solo alguien que espera ser recompensado en esta vida o, busca bienes y riquezas, puede pensar semejante cosa. Mis hermanos, como sacerdotes del Nuevo Pacto debemos saber que nuestro galardón no es en esta vida, sino que nuestro galardón (si es que merecemos alguno), es cuando el Señor venga. Apocalipsis 22:12 dice:

    “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” (RV 1960).

    Ahora, el mayor galardón, ¿saben cuál es? Miren lo que Pablo en Filipenses 3:7-8 nos dice:

    7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (RV 1960).

    Pablo tenía su vista puesta en Cristo mismo, no en algo que Cristo trajera para él como recompensa, sino en “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús”, es decir, ese conocimiento profundo y altísimo que se nos va dando mediante el Espíritu y las Escrituras, conocimiento que será sin interrupciones cuando estemos con Él. Pablo tenía hambre del Señor, no por las cosas que el Señor podía darle, sino hambre de Cristo mismo. Que el Señor nos permita desearle, porque Él es “el Deseado de las naciones” (Hag. 2:7, RV 1960); que nos permita conocerle y entenderle de una manera más profunda cada vez, de esa manera que va haciendo que te vayas olvidando de ti y tus necesidades, con el fin de tocarlo a Él, de conocerle a Él. Pablo sabía que el entenderle y conocerle es el mayor galardón que podamos obtener. Permítame usar un cuadro imaginario: El Señor viniendo a ti con una corona en Su mano, radiante y hermoso, tu corres hacia Él, ¿qué haces primero? Si tenemos el corazón como el de Pablo, nos tiraremos a Sus pies y los besaremos, solo agradecidos y emocionados de verle; pero si nuestro corazón se parece al de los sacerdotes de Malaquías, nos arrodillaremos esperando la corona.

    Mis hermanos, el corazón de los sacerdotes de Israel estaba en este mundo, en ellos mismos, en los bienes y riquezas mundanas. No estoy diciendo que el tener bienes sea pecado, pero sí debemos saber que cuando las cosas, los ministerios, o cualquier cosa positiva o negativa, pesa más que el deseo de conocerle a Él y estar con Él, entonces hay idolatría, lo cual, es pecado. Algunos piensan en el galardón, en la posición de reinar con Cristo, pero mis hermanos, como dice el cántico del hermano Gino Iafrancesco, “aunque sumares todas las delicias, no encontrarás como Él”[4].

    Los sacerdotes israelitas del tiempo de la profecía de Malaquías, le enseñaban al pueblo a poner la vista en lo terrenal, indicándoles que servir a Dios era “un mal negocio” que no les serviría para nada. Mis hermanos, cuidémonos de esto. Cuidémonos de llevar a las personas a poner su vista en lo terrenal y no en Cristo. Cuidémonos de presentar a Cristo como el “amuleto de la suerte” para vivir sobre este mundo. Muchos dicen: “Ven a Cristo y tendrás trabajo”, “ven a Cristo y tendrás buena salud”, “ven a Cristo y dejarás de sufrir pobreza”, etcétera. ¡No, mis hermanos! Sino que nuestra predicación debe ser: “Ven a Cristo y reconcíliate con Dios, escapa de la condenación eterna y recibe justificación en Él, la cual no te mereces”, o “si estás enfermo, ven a Cristo y no mueras sin Él, no te vayas al infierno, arrepiéntete de tus pecados y recibe justificación por la fe en el Señor Jesús”. ¡El Señor viene en camino mis hermanos! Sí, Él está viniendo. Que el Señor nos ayude a mostrarlo a Él, y Su inmenso e infinito valor.

  1. Lo segundo que decían era que guardar Su Palabra y temerle no era de provecho para nada. Dice:

    14… ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.” (Mal. 3:14-15, RV 1960).

    Los sacerdotes estaban enseñando, además, que de nada servía andar conforme a la Palabra de Dios, a la ley que Dios les había dado para que supieran cómo caminar con Él. Y, aparte de esto, enseñaban que no tenían por qué temer, ni nada de qué arrepentirse ni afligirse delante de Aquel que es Señor de los Ejércitos. Mis hermanos, esto es algo que nos abre los ojos respecto a un asunto importante. Hoy en día anda un pensamiento circulando entre muchos cristianos, doctrinalmente se le llama “antinomianismo”, que significa “enseñanza contra la ley”. Se dice que el cristiano no tiene por qué guardar la ley ni ninguna ordenanza o mandamiento, porque Dios nos ha salvado por gracia. Ustedes saben que es verdad que el Señor nos salvó por gracia mediante la fe en nuestro Salvador, siendo esto un regalo del Señor (Ef. 2:8). Gracias a Cristo ahora delante de Dios estamos justificados por la fe, por la confianza que pusimos en Él como el Hijo de Dios, Redentor y Justificador (Ro. 5:1). Esta es nuestra fe.

    Contrario a esto, los judíos buscaban una justificación mediante las obras de la ley, es decir que ellos obedecían los mandamientos que Dios les dio para lograr ser declarados justos por las obras que hicieron (Mr. 10:17; Lc. 18:18); sin embargo, la Biblia nos deja claro que por la ley, en vez de llegar a ser justificados, llegaron a conocer que eran pecadores (Ro. 3:20) y que había una tendencia en ellos que los llevaba hacia el mal (Ro. 7). Ellos no entendieron que desde la venida de Cristo, Dios abrió un camino Nuevo y Vivo (Heb. 10:19-20), en el cual somos salvados por la fe en Su Hijo (Hch. 15:9-11).

    Todo esto, mis hermanos, es el aspecto jurídico de la salvación, el aspecto de tener “asegurada la entrada al paraíso” (por decirlo de alguna forma). Y esto que para los judíos es el fin o el objetivo que buscaban, para nosotros es el comienzo de la vida cristiana, es decir, partimos siendo salvos en Cristo, partimos con Dios asegurándonos la entrada al paraíso (Lc. 23:39-43), siendo justificados por la fe en el Hijo (Ro. 5:1). Pero luego de esto, de que recibimos la salvación jurídica, comenzamos la carrera de la vida cristiana cuyo galardón (como vimos antes) lo trae el Señor Jesús (Ap. 22:12), quien recompensará las obras que hicimos en esta nueva vida que recibimos y que vivimos desde que fuimos salvos (2Jn. 1:8; Ap. 11:18). Obras que el Señor preparó para nosotros que lo esperamos y que somos Sus sacerdotes (Ef. 2:10; Ap. 1:5-6).

    Ahora bien, en este caminar como ya salvados y asegurados de ir al paraíso, Dios quiere que aprendamos a caminar en Su presencia y que aprendamos a obedecer; para eso, nos dio Su Palabra y nos dio el Espíritu Santo. Y si bien, en Cristo hemos sido justificados y salvados de la ira venidera de Dios sobre los pecadores, rebeldes e inicuos, no significa esto (como creen algunos) que Dios ya no es Justo o Santo como lo mostraba en el Antiguo Pacto. Dios, que antes para nosotros era el Dios Justo y Santo del cielo; ahora, en Cristo, es nuestro Padre (Jn 1:11-13), ¿cierto? Pero voy a decirlo más completo, ahora es nuestro Padre Santo y Justo. ¿Se dan cuenta lo que estoy diciendo? Dios no ha dejado de ser Santo y Justo. Es por eso que Pablo le escribe a Timoteo y, en su primera epístola, capítulo 3, versos 14 y 15, le dice:

    14 Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, 15 para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (RV 1960).

    ¿Le dijo acaso: “condúcete como quieras”? No, mis hermanos, sino que le dijo que debía saber cómo conducirse en la casa de Dios. ¿Por qué hay que saber cómo conducirse? Porque está el Dios vivo en medio de Su casa, habitandola. ¡Cosa seria es esta! Así que, no andamos sin ley, sino que andamos con una ley escrita en nuestros corazones, donde el Espíritu Santo, mediante la conciencia que tenemos, nos va dando luces del cuidado que debemos tener. A veces se nos reprende, a veces se nos envía, a veces se nos advierte, como diciéndonos “ten cuidado”. A veces ofendemos a un hermano y el Señor nos amonesta y tenemos que ir a pedirle perdón. A veces queremos hacernos como si no pasara nada, pero por dentro el Señor nos está incomodando, Su Palabra y Su Espíritu nos inquietan. El Espíritu Santo hace que ciertos pasajes de las Escrituras pesen en nuestro corazón y somos empujados a considerarlos. Pero si andamos viviendo como si la gracia nos diera la libertad de pecar libremente, el Señor, que es nuestro Padre Justo y Santo, nos disciplinará para que aprendamos a caminar en santidad (Heb. 12:9-11) y así podamos ver al Señor Jesús (Heb. 12:14), recibiendo mejor recompensa.

    Así que, sí debemos andar como el Señor nos enseña en Su Palabra y por Su Espíritu. No podemos andar diciendo que ahora mentir no es pecado, debemos saber que Dios nos enseñará a caminar correctamente. A veces hay hermanos que están padeciendo ciertas cosas, las sufren y se lo atribuyen al diablo; ignorando que a veces no es el diablo que nos está poniendo estorbos, a veces es Dios que nos está disciplinando (1Co. 11:29-31), porque somos Sus hijos. Por ende, debemos enseñar a los hermanos que no podemos andar como queramos, sino aprender a conducirnos en paz con Dios nuestro Padre, andar como a Él le agrada y obedecer al Espíritu que nos habita. Ahora, si por alguna razón pecamos, debemos humillarnos en Su presencia, arrepentirnos de nuestros pecados y confesarlos, sabiendo que en la sangre de Jesús, tenemos perdón y limpieza de nuestra maldad (1Jn. 1:9).

    Aparte de esto, los sacerdotes enseñaban que no tenían que andar afligidos delante de Él. Esto es semejante a decir que no tenemos que humillarnos en Su presencia (andar con un corazón humilde), ni preocuparnos; sino andar como queramos, sin temor. ¡No, mis hermanos! Dios no es un “amigote” al que podemos tratar y dirigirnos como queramos, sin respeto alguno; Dios es Aquel con el cual debemos conducirnos con más respeto y solemnidad que cualquiera. ¿Ha ido alguna vez usted a un juzgado de policía local a comparecer por una multa de tránsito? Cuando se presenta delante del juez que está allí, también llamado magistrado, te presentas delante de una autoridad solemne. Permítanme contarles algo. Un día me sacaron una multa afuera de mi casa, me estacioné en una zona que no podía. Tuve que ir al juzgado de policía local en cierta fecha y el Señor permitió que aprendiera ciertas cosas. Antes de mí, había un hombre esperando entrar, venía de pantalón corto y sandalias. Cuando tocó su turno, el policía que estaba a la puerta le dijo: “Así no entrarás en presencia del juez, es una falta de respeto”. En ese momento me acordé de mi mujer, que tuvo que ir a pagar una multa hace mucho tiempo. Cuando se acercó al estrado, puso sus brazos allí. El juez la miró y le gritó que eso era una falta de respeto, que ese era un lugar casi santo que ella no podía tocar. ¿Se dan cuenta? ¿Cómo creen que pasé a conversar con el juez con eso que vi y lo que recordé? Pasé con respeto, con cierto temor. Y si así debo conducirme con una persona pecadora como yo, ¿cuánto más con el Señor?

    Entonces, mis hermanos, debemos tener cuidado cómo andamos y no ser soberbios en Su presencia, sino personas que se humillan y que caminan en paz y solemnidad con Dios.

LOS QUE TEMEN Y PIENSAN EN DIOS.

Finalmente, mis hermanos, el Señor nos muestra que algunos oyeron al Señor y en Su misericordia, Él los recordaría en aquel día en el que el Señor actuaría, y los perdonaría como Padre que es. Y así ellos aprenderían y se darían cuenta la diferencia entre los justos y los malos, entre aquellos que realmente sirven al Señor, y otros que aunque tienen apariencia de siervos, se sirven a sí mismos. Por eso dice:

 16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. 17 Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. 18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.” (RV 1960).

Mire, dice “para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre”. ¿Se dan cuenta? El temor y respeto al Señor, y el deseo de conocerle, de andar con Él y como Él quiere, son cosas que Dios tiene en gran estima. Alguien que piensa en Su nombre es alguien que lo tiene como prioridad, pues uno piensa en lo que necesita, en aquello que es importante. Y saben, alguien que vive pensando en el Señor, será alguien a quien el Señor se le revele progresiva y profundamente; y también, será alguien que progrese en el caminar espiritual y que irá dejando sin atención a las concupiscencias de la carne. Que el Señor nos permita entender y comprender todas estas cosas. Romanos 8:6, nos dice:

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” (RV 1960).

Las palabras que se tradujeron como  “ocuparse de”, son traducidas también como “poner la mente en[5], “[vivimos] pensando en[6],  “la mentalidad[7], etcétera; en resumen, poner nuestros pensamientos en las cosas de la carne, es muerte; pero ponerlos en Dios, ocuparnos en Dios, en Su Espíritu y Palabra, será vida y paz.

Mis hermanos, conducirnos con temor a Dios, sabiendo que es Justo y Santo aunque sea nuestro Padre que nos ha amado en Cristo, es sabio. Y además, pensar en Él, desear conocerle y entenderle, es algo que Dios tiene en estima. Son personas que Dios tiene en mente, presente, en memoria.

Por ahora, vamos a  parar aquí. Demos gracias al Señor.

 


 

[1] Strobel, L. (2005). EL CASO DEL CREADOR. Miami, Florida: Editorial VIDA.

[2] Que es esencial y permanente en un ser o en una cosa o no se puede separar de él por formar parte de su naturaleza y no depender de algo externo.

[3] Como dice la Biblia Textual III, entre otras.

[4] Iafrancesco, G. (Fecha desconocida). Quién cómo Jesús.

[5] Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy, La Biblia de las Américas.

[6] Traducción en Lenguaje Actual.

[7] Nueva Versión Internacional.