6. Lectura de estudio profecía de Malaquías – El deber sacerdotal (Texto).

 

Gracia y paz de Señor a todos mis hermanos. Hoy leeremos casi un capítulo completo, por lo que vamos a ir de lleno a las Escrituras. Abramos la Biblia en Malaquías, capítulo 2, leeremos desde el versículo 1 al 14:

“1 Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento. 2 Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón. 3 He aquí, yo os dañaré la sementera, y os echaré al rostro el estiércol, el estiércol de vuestros animales sacrificados, y seréis arrojados juntamente con él. 4 Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos. 5 Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. 6 La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. 7 Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. 8 Mas vosotros os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos. 9 Por tanto, yo también os he hecho viles y bajos ante todo el pueblo, así como vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley hacéis acepción de personas. 10 ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres? 11 Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño. 12 Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos. 13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. 14 Más diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ” (RV 1960).

RECAPITULANDO.

Como ya hemos visto y entendido, el carácter de las cosas escritas en esta profecía es de reprensión. Un regaño severo de Dios al sacerdocio y al pueblo de Israel. Leyendo dicho documento, nos hemos dado cuenta de la responsabilidad del sacerdocio delante de Dios. Vimos que las cosas que se escriben aquí, respecto a los sacerdotes del pacto mosaico, se escribieron también para amonestarnos a nosotros, quienes somos sacerdotes para Dios en este Nuevo Pacto hecho en Cristo. El sacerdocio veterotestamentario quedó obsoleto, por el nuevo sacerdocio pactado por Dios en Cristo. Ahora, en este Nuevo Pacto, todos aquellos que hemos sido lavados en la sangre de Jesús y que, por la fe en Él, hemos vuelto a nacer, recibiendo el derecho de ser llamados hijos de Dios (Jn. 1:12), también hemos sido hechos por el Señor Jesucristo sacerdotes para Dios, donde el Hijo es el Gran Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec (como enseña Hebreos).

Dentro de las cosas que vimos, fue que el ser sacerdotes para Dios en Cristo, no es algo en lo que nos convertimos por esfuerzo nuestro, sino que es algo que el Señor Jesús nos hace. Si volviste a nacer, si fuiste redimido en la sangre del Cordero de Dios, entonces has sido consagrado como sacerdote. ¿Quién te hizo sacerdote? Cristo. Nada hiciste para ser sacerdote, lo eres; por lo tanto, nada puedes hacer para dejar de serlo. Sin embargo, aunque no puedes quitarte de encima el sacerdocio, te puedes convertir en un sacerdote conforme al corazón de Dios o uno conforme a la voluntad de espíritus rebeldes y de la carne.

El Señor nos hizo sacerdotes, eso es lo que somos en Cristo, aparte de ser hijos. Nunca podrás dejar de ser sacerdote, sólo podrás añadirle un calificativo a lo que eres, es decir, que puedes añadirle el sacerdote “espiritual” o el sacerdote “carnal”, pero lo que eres (sacerdote), no te lo puedes quitar. Mis hermanos, podemos despreciar el sacerdocio y vivir vidas mundanas, pero despreciar el sacerdocio no nos quita lo que somos (sacerdotes), sino que dice de nosotros que hemos menospreciado y despreciado a Dios, del cual somos sacerdotes en Cristo.

EL DERECHO DE SER HIJOS DE DIOS.

Ahora, si bien somos sacerdotes, sabemos que también somos hijos de Dios en Cristo. Ser hijos es algo que recibimos en Cristo legal y espiritualmente. Juan 1:12 nos dice:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (RV 1960).

Muchas otras versiones traducen “potestad” como “derecho”[1], lo cual nos permite entender el aspecto legal de nuestra filiación en Cristo y además, el aspecto espiritual. Por decirlo de algún modo, Dios ha hecho todo con papeles[2], es decir, todo legal, tenemos derechos de descendencia por ser hijos de Dios; pero además, por darnos el Espíritu de Vida (Ro. 8:1-3) nos vamos “pareciendo a Él” como un hijo biológico en el que se van manifestando características de sus padres, producto de los genes. No es solo adopción, donde somos reconocidos legalmente, sino también comunicación de naturaleza (2P. 1:4), mediante la cual, vamos siendo transformados, desintoxicándonos Dios de la naturaleza caída e imprimiendo la imagen de una naturaleza nueva recibida (1Co. 15:49; 2Co. 3:18; Ga. 4:19; Col. 3:9-10; 1Jn. 3:2.), esto es filiación. Esto es un privilegio, un otorgamiento legal que se nos hace en Cristo para ser hechos (al creer en Él) hijos de Dios, descendencia de Dios.  Entonces, ser hijos y descendencia de Dios es un privilegio, como también traduce la versión Dios Habla Hoy:

“Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.”

LO QUE SOMOS Y LA RESPONSABILIDAD DELEGADA.

Ahora, el ser hijos de Dios es un derecho legal que se nos otorgó gratuitamente en Cristo, es un gran privilegio; pero, el ser hechos sacerdotes para Dios en Cristo, es una responsabilidad delegada a nosotros que nos muestra el “para qué” fuimos redimidos.

Mis hermanos, todos partimos desde la base de que somos, en Cristo, hijos de Dios; pero además de esto, debemos saber que se nos ha delegado responsabilidad, haciéndonos Cristo sacerdotes para Dios. A los hijos se les manda a honrar y obedecer a sus padres (Mal. 1:6; Ef. 6:1; Col. 3:20); pero a los sacerdotes, aparte de honrar y obedecer, se les manda a temer, a glorificar y adorar a Dios (Mal. 2:2), lo que es parte de su profesión. Sin embargo, mis hermanos, mientras no se juzgue el hedonismo y el narcisismo, teniendo vidas egocéntricas e infantiles, no se podrá ver la responsabilidad delegada, sino sólo el privilegio otorgado.

Permítanme contarles algo que me tocó vivir. Fui invitado por unos hermanos a compartir la Palabra un día domingo. Mi corazón estaba cargado con este asunto del sacerdocio (cómo hoy también lo está), por lo que compartiría con los hermanos algunas cosas respecto a esto. Mientras se cantaban algunos canticos, previo a la cena del Señor, una hermana profetizó y dijo: “¿Por qué no me adoras? ¿Por qué has dejado de alabarme? Yo soy digno. Tú has dejado de adorar, has dejado de alabar.”

Después de esas palabras hubo un silencio en la asamblea. Me quedé meditando en ellas, juzgando si era el Señor el que nos había hablado mediante esta hermana, porque lo que nos dijo, era una reprensión. De pronto, un hermano se levantó rompiendo el silencio y dijo: “Somos hijos del Señor, Él nos ama y nos abraza, como si fuésemos sus hijitos nos mece en sus brazos. Así me siento.”

Al oírle decir esas palabras, me di cuenta que, de alguna manera, él quiso suavizar la reprensión. Allí entendí algo que, luego, al comenzar la enseñanza, les dije:

“Es verdad que somos hijos de Dios en Cristo, esto nadie lo puede negar y deshacer; sin embargo, al hablarnos mediante la hermana, no nos habló como a hijos, sino como a sacerdotes que han dejado su labor.”

El tema no era si somos o no hijos de Dios, sino que hemos dejado de hacer aquello que nos corresponde por ser sacerdotes para Dios. ¿Me explico?

Respecto a estas cosas, la profecía de Malaquías nos parte hablando en el capítulo 2, desde el versículo 1, diciendo:

1 Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento. 2 Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón. 3 He aquí, yo os dañaré la sementera, y os echaré al rostro el estiércol, el estiércol de vuestros animales sacrificados, y seréis arrojados juntamente con él. 4 Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (RV 1960).

El Espíritu Santo dirige a los sacerdotes Sus palabras y les indica un mandamiento con advertencia. Ellos debían hacer dos cosas: Oír y decidir. El oír está relacionado a la Palabra de Dios, a prestar atención a lo que Dios ha dicho y oírlo con seriedad. El decidir, está relacionado al poner la voluntad humana bajo la voluntad de Dios y entregarle así el corazón. Esto redundaría en la gloria de Dios.

LA GLORIA DE DIOS.

¿Qué es la gloria de Dios? Cuando se menciona la gloria de Dios debemos tener presente dos cosas. La primera, es que puede referirse a una manifestación visible, magnífica y abrumadora de Dios en medio del pueblo. Como cuando 2 Crónicas 7:1 nos dice:

“Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa.” (RV 1960).

Lo segundo, puede referirse a la decisión de Sus hijos de vivir y morir para Dios, su Padre. Vivir, en el sentido de que nuestras obras sean motivo de alabanza a Dios el Padre (Mt. 5:16), y morir, cuando voluntariamente se decide que Dios no sólo es digno de mi vivir apartado para Él, sino incluso se merece que mi vida sea derramada en ofrenda sin negociación alguna (Jn. 21:19). Una decisión voluntaria, de corazón, por estar convencido de que Dios merece, es digno, de que le amemos, sirvamos y hasta muramos por Él. De esto, Dios recibe gloria. De alguien libre que lo considera digno y un honor el poder ser Su esclavo. Entonces, decidir de corazón dar gloria al Nombre del Señor significa decidir voluntariamente amarle y vivir para Su gloria. Los sacerdotes para eso están. Si usted pensó que fue salvo para simplemente no ir a condenación eterna, déjeme decirle que está equivocado; pues usted fue salvo y hecho hijo de Dios en Cristo, para ser sacerdote del Altísimo, teniendo así sentido su vida. El no ir a condenación eterna es un regalo que vino como consecuencia, pero el ser sacerdotes es una responsabilidad otorgada, para lo cual fuimos lavados con la sangre de Jesús, el Cristo.

Mis hermanos, nuestra consagración como sacerdotes la hizo Cristo con Su propia sangre. Como en el pacto sinaítico[3] se consagró el sacerdocio mediante la sangre de animales[4], Cristo con Su sangre nos consagró para Dios. Y en esta consagración se nos dieron responsabilidades, las cuales Dios quiere que ejerzamos voluntariamente, por amor, el cual sólo viene si es que le conocemos.

NO QUERÍAN CONOCERLE.

Pero los sacerdotes a los cuales se dirige la profecía originalmente no lo conocían; y no sólo no le conocían, sino que no querían conocerle y le despreciaban, lo tenían en poco, por lo que no les interesaba la Palabra de Dios. Es por eso que el Señor les advierte de las consecuencias sobre la irresponsabilidad de no oír y de no decidir por aquello que sería el bien de ellos mismos.

El no oír, era despreciar la Palabra de Dios escrita y profetizada, lo cual, por lo que leímos en el capítulo 1, nos damos cuenta que no lo hacían. Si alguien dice amar al Señor pero menosprecia Su Palabra, es un mentiroso. No se puede amar al Señor y no amar Su Palabra; pues La Palabra es Dios (Jn: 1:1, NTV). Jamás podremos ser quienes Dios quiere que seamos si menospreciamos Su Palabra. Serás como un cristiano sin visión si menosprecias Su Palabra. Serás alguien que camina en círculos y que no sabe a dónde va. Si así te has visto, es porque no has amado Su Palabra.  El llamado a los sacerdotes de Israel era claro, ellos debían oír, prestar atención y decidir, porque si no lo hacían vendrían las consecuencias.

CONSECUENCIAS NO AMENAZAS.

Respecto a las consecuencias, debemos entender que no son amenazas de Dios para que el pueblo obedezca y sirva por miedo. Son advertencias sobre la justicia de Dios. No era un asunto de frialdad o de represalias de Dios hacia el pueblo; sino que Dios les estaba advirtiendo sobre los juicios que vendrían si es que no se volvían; porque Dios no puede negarse a Sí mismo y actuar contra lo que Él es por esencia y naturaleza, es decir, Justo. Sin embargo, Dios les advierte, ¿y con qué objeto? Nuevamente aquí vemos la bondad de Dios. Dios no muestra Su bondad haciéndose el ciego, sino advirtiendo y dando la oportunidad de arrepentimiento al pecador. Les está diciendo lo que ocurriría, con el fin de que cambiaran el curso de sus pasos. Dios es Digno y, en Su dignidad, no obligaría al sacerdocio, ni al pueblo, a tomar una decisión; sino que les permite decidir, advirtiendo de las consecuencias ante una torpe decisión. Ellos sufrirían el mal de separarse de Dios y vivir para ellos mismos. Aquellas cosas que los beneficiaban se volverían sus desgracias, por cuanto no se tomaron en serio lo que Dios les decía. No obstante, ninguno de ellos podrá decir jamás que Dios no les advirtió y quiso el bien de ellos, sino que ellos amaron más las tinieblas que la luz. Qué triste mis hermanos, amar más las tinieblas que la luz. Toda decisión que no se toma en virtud de Cristo es debido al aprecio nuestro por alguna cosa turbia, tinieblas, a las que no queremos renunciar. ¡Pero Cristo vale más! Que el Señor nos ayude.

LOS JUICIOS COMO CONSECUENCIAS.

Los juicios de YHWH Sebaot vendrían sobre el sacerdocio y sobre el pueblo, trayendo humillación, hambre y vergüenza; tanto así que el estiércol de sus animales defectuosos caería sobre sus rostros, siendo ellos mismos despreciados como aquellos defectuosos animales. Y cuando se encontraran en aquel estado, de alguna manera, ellos iban a recordar, y entenderían cómo Dios les advirtió. Mis hermanos, los resultados y cumplimiento de estas cosas las vemos en la historia de Israel, en aquellos 400 años que hay entre los Antiguo y Nuevo Testamentos. Los juicios vinieron por mano de imperios como el griego y el romano. Fue en el tiempo del imperio griego que apareció un tirano que los humilló y persiguió, Antíoco IV Epífanes. De éste se escribe en 1 y 2 Macabeos, libros apócrifos[5] que relatan las cosas que ocurrieron con Israel en tiempos de este hombre. Ahora, en 2 Macabeos 7, se registra a una madre con siete hijos que murieron por no negar la ley. En el versículo 18, y también el 19, cuando el sexto hijo iba a morir, éste dijo algo que muestra la conciencia de pecado que tenían y cómo sabían que lo que estaban viviendo eran consecuencias a sus rebeliones contra Dios; de las cuales,  Dios quiso salvarles:

18 Después trajeron al sexto, quien, estando para morir, dijo: «No te hagas ilusiones; por nuestra culpa sufrimos esto, porque hemos pecado contra nuestro Dios; por eso nos han sucedido cosas terribles. 19 Pero tú, que te has atrevido a luchar contra Dios, no pienses que quedarás sin castigo.»” (DHH).

Esto que se escribió y que está registrado extra-bíblicamente, nos muestra que los israelitas recordaron su pecado, recordaron su maldad, el menosprecio a Dios. Ellos despreciaron a Dios, y como consecuencia, los hombres los despreciaron a ellos como pueblo. ¡Qué fuerte mis hermanos! ¡Qué duras consecuencias! ¿Se dan cuenta? Ellos estaban claros de los juicios, las consecuencias vinieron y recordaron, tal como lo dijo el Señor: “Y sabréis que yo os envié este mandamiento”.

UN PACTO BILATERAL ROTO.

Antes de Malaquías, a través del profeta Moisés, Dios había hecho un pacto bilateral con Israel, un pacto que consistía en la parte de Dios y en la parte del pueblo (Ex. 19:5). Pero luego, al ver la dureza de la gente de Israel, Dios renovó este pacto bilateral con el sacerdocio, para que mediante éste el pueblo frecuentemente fuera purificado y perdonado de sus pecados. Es por eso que el Señor habla de Su pacto con Leví, pues desde Leví se levantaron los sacerdotes:  

“Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado.”(Mal. 2:5, RV 1960).

El pacto era para vida de los israelitas y para paz con Dios. El Señor quería que ellos vivieran delante de Él, y que además, tuvieran comunión con el Dios Santo. La Ley era la guía para que el pueblo pudiera tener comunión con Dios. Gozar de paz con Dios es tener la posibilidad de tener comunión con Él. Pero si no hay paz, entonces menos habrá comunión. La Ley nos muestra la justicia y santidad de Dios, atributos a los que se debe temer. Dios, mediante la Ley, les mostraba al sacerdocio Su santidad y justicia; si ellos quebrantaban la Ley contra Dios pecaban, contra Su santidad y justicia, y si esto ocurría no había paz para con Dios; el salmista lo sabía bien, es por eso que escribió:

10 Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes desviarme de tus mandamientos.
11 En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.” (Sal. 119:10-11, RV 1960).

¿Se dan cuenta? “Para no pecar contra ti”, no era sólo para que vivieran, sino para que pudieran vivir delante de Dios, en comunión con Él, en paz con su Señor.

RESPONSABILIDAD SACERDOTAL.

El Señor les reconoce que los primeros sacerdotes anduvieron en paz con Él, eran íntegros delante del Señor. Dios recuerda cómo la Palabra estuvo en boca de ellos y cómo amaban la santidad, caminando en paz y justicia para con Dios. Es aquí donde el Señor añade una oración que da lugar a considerar un poco más las responsabilidades sacerdotales, diciendo:

“… y a muchos hizo apartar de la iniquidad.”(Mal. 2:6b, RV 1960).

El sacerdocio hizo esto, lo que es parte de sus responsabilidades: Enseñar a los hombres a caminar conforme a la voluntad de Dios. En el Nuevo Testamento, vemos a Pablo escribiéndole a Timoteo que debe saber cómo conducirse en la casa de Dios, que es la Iglesia, columna y baluarte de la verdad (1Ti. 3:14-15). Lo que Pablo está haciendo tiene que ver con las responsabilidades de los sacerdotes, es decir, enseñar a otros a caminar con el Señor. Por eso dice:

“Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.” (Mal. 2:7, RV 1960).

La traducción que realiza la versión Dios Habla Hoy, nos permite entender aún más lo que debía hacer el sacerdote:

“Es el deber de los sacerdotes enseñar a la gente a conocerme, y todos deben acudir a ellos para recibir instrucción, porque ellos son los mensajeros del Señor todopoderoso.”

¿Lo ven? El sacerdote ha de mostrar cómo es Dios, darlo a conocer y que las gentes reciban instrucción de cómo caminar con Él. Recuerden, en Cristo hemos sido hechos sacerdotes para Dios, por lo tanto, cada uno de nosotros ha de entender este deber que tiene y que le ha sido delegado por el Señor. Hemos de dar a conocer cómo es el Señor; y también, edificarnos unos a otros en el conocimiento de cómo es Dios y cómo debemos andar con Él.

Nuestros hijos han de recibir instrucción nuestra, y estoy seguro que se la damos, que le enseñamos a comportarse, a ser honestos, a estudiar, porque queremos que sean niños de bien; pero mis hermanos, eso está incompleto, debemos enseñarles cómo es Dios y todo lo relacionado a Dios. Que sepan cómo comportarse en Su presencia, que el Dios verdadero es Testigo de sus dichos y de sus actos, por lo que deben ser honestos delante de Él, porque todo pecado es en contra de Su persona. Debemos llevarlos a la presencia de Dios, a la conciencia de Dios y que incluso lleguen a estudiar con el fin de prepararse para poder servir mucho mejor al Señor. Debemos enseñarles los atributos de Dios, cómo es Él, cómo andar con Él; qué es Su justicia, qué es Su santidad, qué es Su misericordia, etcétera.

Mis hermanos, pero no solamente mostramos cómo es Dios a quienes son nuestros cercanos y hermanos en la fe, sino también a quienes son inconversos. El testimonio de quienes se dicen ser cristianos, es el parecer que tienen las gentes acerca de Dios. Para el mundo hoy en día, ¿cómo es Dios? Dios es como se lo ha mostrado el catolicismo, o alguna secta, o religión con la cual tuvieron relación. Hoy los hombres no tienen temor de Dios, ¿por qué? Porque aquellos que dicen ser cristianos o religiosos le han mostrado una imagen de Dios adulterada. Le han quitado a Dios en sus discursos la justicia, santidad y severidad ante el pecado. Han llenado de positivismo y de autoayuda las predicaciones. Se han hecho un dios a su imagen y semejanza, dejando al Dios verdadero. Hermanos, el mundo dejó de tomarse en serio a Dios, porque los cristianos y/o religiosos dejaron de tomarlo en serio. Y esto que vemos tan evidentemente en religiones corrompidas, es lo que ha ocurrido en la Iglesia. Los cristianos comenzaron a caminar con un dios extraño, lo llaman “Jesús” también, lo llaman “señor”, lo llaman “Jehová”, pero es un dios hecho conforme a su imagen y semejanza. Muchos se hacen llamar “cristianos” y predican a un Jesús no bíblico. Caminan como quieren, de acuerdo al dios que se hicieron. Muchos, ni siquiera se han dado cuenta de esto.

En una oportunidad les dije a unos hermanos que en la evangelización deberíamos incluir la ley. Había leído un libro del hermano Ray Comfort[6], y me pareció que para presentar la gracia de Dios en el Señor Jesucristo, debemos usar la ley; porque Dios es Justo y no ha dejado de serlo, y para que una persona quiera recibir la gracia de Dios, primero debe saber cuán condenado está, y para esto es la ley. En aquella reunión, un predicador me dijo:

“No, nosotros debemos hablar del amor de Dios, no de la ley; porque yo llegué por el amor, me dijeron que el Señor me amaba.”

Entonces comprendí algo. Muchos, al predicar, omiten las cosas que puedan incomodar al pecador, se lo adaptan; esto hace que los que se acerquen se conviertan en cristianos “humanistas” y no en cristianos bíblicos. Comenzamos a tolerar lo que Dios aborrece, porque omitimos y pensamos que con decir “Jesús es nuestro Señor”, es suficiente; y que mientras vengan a las reuniones todo está bien. ¿Pero qué de caminar en paz con Dios? Queremos que las personas tengan paz consigo mismas, pensando positivo, que ya vendrán días mejores y se les dicen cosas como “eres especial para Dios”, “si Dios tuviera refrigerador, tendría una foto tuya en él”, cosas que se dicen en tratados evangelísticos que se entregan en la calle. Pero, en vez de buscar que los hombres estén en paz consigo mismo, deberíamos buscar que estén en paz con Dios. ¿No busca esto 2 Corintios 5:20 al usar la palabra “reconciliaos”? Nadie puede caminar en paz con Dios si no camina cómo Dios quiere. La paz viene de estar en paz con Dios, y para caminar en paz con Él, debes conocer y entender Su justicia (Is. 32:17).

DESPRECIARON A DIOS, LOS HOMBRES LOS DESPRECIARON A ELLOS.

Mis hermanos, así como los sacerdotes de Israel se extraviaron, así ha ocurrido con el sacerdocio del pacto neotestamentario, que buscó cualquier cosa, menos conocer al Señor y andar delante de Él en paz, conforme a Su voluntad. Y las consecuencias son las mismas que el Señor señaló en Malaquías 2:9, diciendo:

“Por tanto, yo también os he hecho viles y bajos ante todo el pueblo, así como vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley hacéis acepción de personas” (RV 1960).

Esto ocurrió con los sacerdotes israelitas, pero también ocurre y puede ocurrir con los sacerdotes neotestamentarios. Los hombres comienzan a despreciarlos por causa de que se conducen irresponsablemente delante del Señor, sin cuidado. Como les decía antes, se hicieron de un dios a su imagen y semejanza, conduciéndose como bien les parecía, sin temor ni cuidado delante del Dios verdadero. Hoy en día ves diferentes tipos de círculos “cristianos”, algunos haciendo énfasis en la prosperidad, otros en la sanidad, otros en los dones; pero pocos han querido caminar conforme a la voluntad de Dios, sin otros énfasis más que Dios y Cristo. Sin darnos cuenta, podemos dejar al Señor y hacernos un dios conforme a nuestra imaginación. Podemos caer en “yo siento que esto es así”, “yo prefiero pensar en Dios así”, “no hablemos de la justicia, hablemos del amor”, cuando somos llamados a considerar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27, RV 1960) y no sólo partes de él. Cuando nosotros hacemos esto, podemos cometer idolatría, porque reemplazamos el conocimiento del Dios verdadero, por uno adaptado, lo cual, nos hace seguidores de un dios extraño. Esto, para Dios, es adulterio.

El verso 10 y 11, relacionado a esto, nos dice:

“10 ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres? 11 Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con hija de dios extraño.” (RV 1960).

DIVORCIO.

Teniendo un sólo padre[7], siendo creados por un sólo Dios, la deslealtad de uno contra otro no faltó, pues si habían violado el pacto con su Dios, también serían desleales los unos contra otros. Aquí aprendemos un principio. Alguien que no tiene temor de Dios ni consideración del Todopoderoso, no tendrá consideración de nadie. Si Dios no está en sus pensamientos, no hay Quien estorbe. Si en la conciencia no pesa Dios, entonces nadie pesará. Si los sacerdotes despreciaron a Dios, entonces despreciarían a cualquier otra persona inferior. Quién no ama a Dios, quién no teme a Dios, anda sin cuidado ni temor de nadie. Un esposo que deja al Señor puede ser un esposo que deja a su mujer, que deja a sus hijos. No sería extraño, pues ha dejado la alianza más importante que podría tener. El hermano Lee Strobel, en el libro “El caso del Creador”[8], dice que antes de oír de la evolución andaba con temor de hacer lo malo, por causa de que Dios pesaba, de alguna manera, en su conciencia. Hasta que un día escuchó en una clase de biología sobre la “teoría de la evolución”. Si todo era un accidente y dependía de cambios ocurridos en largos millones de años,  entonces era probable que un Ser Superior no existiera. El hermano cuenta que se aferró a esta enseñanza y desde ese entonces, “se liberó”. Su relato dice que comenzó a pecar como nunca antes, se volvió un libertino. Al hermano le gustó la idea y la aprobó. De igual manera Judá “prevaricó”.

¿Qué es “prevaricación”? Quisiera citar su significado desde la RAE:

“1. f. Der. Delito consistente en que una autoridad, un juez o un funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta.”[9].

Es un asunto de justicia, legal. Judá, sabiendo lo que hacía pecó contra su Señor; Israel y Jerusalén, hicieron aquello que Dios abominaba. Se hicieron voluntariamente culpables. Esto nos muestra, mis hermanos, que muchos, sabiendo lo que es correcto y santo, han optado por lo que les acomoda, aunque esto sea pecado. Voluntariamente se hicieron un dios conforme a su imaginación y hablaron de éste a otras personas, mientras que al Dios verdadero lo abandonaron. Se casaron “con hija de dios extraño”, dejando al verdadero Señor y la verdadera fe.

Judá, sabiendo que no debía dejar a su Señor, lo dejó; hizo lo que sabía era lo peor que podía hacer: dejar a su Señor. El camino que tomaron los sacerdotes israelitas trajo grandes males al pueblo; de la misma manera, jamás el extravío nuestro traerá bienes a los incrédulos, ni a nuestros cercanos. Si no hay sacerdotes conforme al corazón de Dios, entonces no sólo los sacerdotes serán humillados, sino que la ciudad será arrasada, la familia se perderá. Vea por ejemplo lo que ocurrió con la iglesia en Éfeso (Ap. 2:1-7). Allí vemos el extravío del sacerdocio neotestamentario, lo cual provocó que la ciudad fuera destruida. Porque recuerden, cómo dice un amado hermano: “El mundo no termina de pudrirse debido a que la iglesia, que es la sal de la tierra, está allí”, pero removido el candelero, la ciudad quedó expuesta.

Mis hermanos, no puedo quitarme de la cabeza lo que aquel predicador me dijo respecto a no hablar de la justicia de Dios, ni de la ley. Nosotros no estamos libres de eso. Pero debemos saber que ocultarle a los hermanos lo que Dios es, es llevarlos a un dios extraño; lo cual, es divorciarse de Dios. Ocultar lo que Dios es, nos expone a duras consecuencias, como las que el Señor le indica al sacerdocio de Israel, diciendo:

“12 Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos. 13 Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano.” (Mal. 2:12-13, RV 1960).

¿Se dan cuenta mis hermanos? Y saben, todo esto vino:

“… Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.” (Mal. 2:14, RV 1960).

YUGO DESIGUAL Y LA PALABRA DE DIOS.

Hay hermanos que toman este pasaje literalmente, indicando que los israelitas dejaron a sus mujeres y se unieron a extranjeras, uniéndose a otros dioses; otros, tratan este pasaje metafóricamente, diciendo que los israelitas dejaron la Palabra de Dios, la Ley. Creo que aquí nos beneficia considerar ambos casos.

Lo primero, mis hermanos, es tener claro lo relacionado a las uniones en yugo desigual, sea matrimonio, amistades, negocios, etcétera. Si tú ves que te están llevando a extraviarte del Señor entonces debes volverte, pues estás abandonando la fe, adulterando en tú corazón. La relación entre israelitas y mujeres extranjeras no era permitida por la Ley debido a que los dioses de ellas se volverían los dioses de los hijos de Israel. En esto cayó incluso el sabio rey Salomón. Mire, 1 Reyes 11, leeremos desde el verso 1 al 3:

1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; 2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. 3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.” (RV 1960).

¿Por qué el Señor permitió que estas cosas se escribieran? Para amonestarnos a nosotros. Para que nos demos cuenta cómo las relaciones en yugo desigual nos pueden extraviar. Pueden desviar nuestro corazón. Que el Señor nos ayude, pues aunque muchos ya estamos casados con mujeres cristianas, podemos unirnos en amistades que nos extravíen, o en sociedades que desvíen nuestro corazón. Es importante quiénes nos influencian. Respecto a esto, diré algo para que usted lo medite, el Espíritu Santo convencerá si es necesario. Le pregunto: ¿Qué música lo está influenciando? Jóvenes, ¿qué música los está influenciando? A qué estamos uniendo nuestra mente, nuestros oídos, nuestro corazón. Ya conocemos las desgracias israelitas por dejar a su Dios, ¿lo haremos nosotros sabiendo estas cosas? ¿Qué estamos viendo? ¿Qué vemos que nos está influenciando? Sueno cómo legalista, ¿cierto? Pero me dirijo a quienes han nacido de nuevo, a quienes son sacerdotes para Dios, a nadie más. Mis hermanos, si usted está entendiendo nuestra responsabilidad, entenderá cómo debemos guardar nuestro corazón. Si le ocurrió a Salomón, ¿no nos puede ocurrir a nosotros? ¿Nos influencia el dinero? Nos están llevando a un dios extraño. Que el Señor nos ayude a no unir nuestro corazón a nada que no sea Él. ¿Te gusta alguien del mundo? Piensa en Salomón, no eres más sabio que él. Ten cuidado de tu propio corazón.

Respecto a lo segundo, los israelitas dejaron la Ley, dejaron la Palabra por mandamientos de hombres, o pareceres humanos. Esto era algo que el Señor confronta entre los israelitas, mire lo que dice Marcos 7:5-7:

5 Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? 6 Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito:
Este pueblo de labios me honra,
Mas su corazón está lejos de mí.
7 Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.” (RV 1960).

Enseñaban “como doctrinas mandamientos de hombre”, no conforme a la Palabra, sino “como me dijo el hermano X”. Mis hermanos, nuestro conocimiento fundamental de Dios no puede basarse en las experiencias sin la Palabra de Dios. Debe ser un conocimiento basado en las Escrituras y confirmado por las experiencias cuando sea necesario. Las Escrituras nos revelan de forma especial a Dios. Todo lo que sostenemos y cómo nos conducimos, debe ser en base a lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra acerca de Sí mismo. Hoy en día muchos cristianos se aferran a las experiencias y a cosas que se dicen desde el púlpito, sin examinar nada. Muchos errores doctrinales nacen de experiencias, las cuales, pueden variar. Mis hermanos, toda experiencia debe servir de ejemplo para respaldar la Palabra, pero nunca la experiencia debe torcer y forzar a la Palabra. Primero la fe, la Palabra, luego, si Dios lo permite y estima necesario, la experiencia.

Los sacerdotes han de ser fieles a la Palabra, enseñar lo que Dios dice en Su Palabra. No le enseñes a tus hijos lo que piensas de, sino lo que dice la Palabra de Dios respecto a. Nuestros paradigmas deben ser formados desde la Palabra. Hoy ves a supuestos cristianos hablar del aborto como algo positivo, ¿de dónde proviene esto? No de la Palabra, sino de pareceres humanos, del humanismo. En una oportunidad un hombre pro-familia se encontraba en un matinal mexicano, conversando sobre la ideología de género y la homosexualidad. En aquella entrevista estaba presente un sacerdote católico y dos homosexuales conocidos. Entre las cosas que conversaron salió el tema del amor. El sacerdote católico dijo que Dios amaba a todos y los recibía a todos. Los homosexuales se tomaron de eso para justificar “su amor”. Es verdad que Dios es amor y ha amado a todos, pero no haciéndose el ciego, sino dando la posibilidad de justificarse en Cristo, pues de lo contrario, Su amor por la justicia (Heb. 1:9), terminará siendo la condenación de los pecadores. Esto le faltó decir al cura.

Si usted realmente quiere ser un sacerdote conforme al corazón de Dios, entonces debe conducirse conforme a la voluntad de Dios, la cual se nos enseña en Su Palabra. No puede haber paradigma cristiano, si no hay valoración y lectura de la Palabra. Si no se sabe leer, podemos oír. Pero no podemos ser sacerdotes conforme al corazón de Dios, sin la Palabra. Tus amigos no pueden ser quienes formen tus paradigmas, si así fuera entonces tienes un problema, estás entrando a adulterar en tu corazón contra Dios. Tus negocios no pueden ser quienes guíen tus pensamientos y decisiones, debe ser Dios mediante Su Palabra. Si tú menosprecias la Palabra y no tienes una relación con ella, entonces te has divorciado de Dios, has adulterado en tu corazón. Que el Señor nos ayude, que el Señor hable profundamente a nuestro corazón y obtenga de nosotros lo que Él quiere.

Paremos aquí.

 


 

[1] La Biblia de las Américas, Nueva Traducción Viviente, Nueva Versión Internacional.

[2] Es decir, legal ante la justicia.

[3] Referencia al Antiguo Pacto.

[4] Éxodo 29. Especialmente los versos 19 al 21.

[5] Que no es considerado como de inspiración divina. O que no es auténtico o no es obra de la persona a la que se atribuye.

[6] Comfort, R. (1993). LO QUE EL DIABLO NO QUIERE QUE SEPAS.  Editorial VIDA.

Recomiendo este libro para capacitación en la evangelización.

[7] Es probable que se refiera a Abraham, no obstante, algunas otras traducciones lo ponen en mayúscula haciendo referencia a Dios. Podríamos tomarlo de ambas formas.

[8] Strobel, L. (2005). EL CASO DEL CREADOR. Miami, Florida: Editorial VIDA.

[9] RAE. (2020). prevaricación | Diccionario de la lengua española. Revisado el 8 de junio del 2020, desde https://dle.rae.es/prevaricaci%C3%B3n