1. LA REVELACIÓN DE DIOS.

HNO. J. C. ORELLANA[1].

Amados hermanos, la gracia y la paz del Señor sean con todos ustedes. Antes de comenzar vamos a orar brevemente:

Padre, en el nombre del Señor Jesús nos encontramos reunidos, confiados en Cristo como nuestra justicia, en Cristo como Tu provisión, como Tu complacencia y como la única razón por la cual podemos estar en Tu presencia. No tenemos justicias propias, somos falibles, erramos, pecamos, pero sólo tenemos a Cristo como la provisión que te complace. Por eso le damos gracias por Su Hijo, motivo de nuestra gratitud es Su Santo Hijo Jesús.

Padre, nos encontramos reunidos para lo mejor, para poder conocerte. Queremos entenderte, queremos conocerte, que te nos reveles, Señor, queremos ocuparnos de las cosas que Tú nos has encomendado guardar para no deslizarnos en pos de filosofías y vanas palabrerías. Queremos abrir las Escrituras y queremos que Tú nos ilumines, que Tú nos enseñes, que Tú nos recuerdes, que Tú nos corrijas, que nos exhortes, lo que Tú estimes necesario. Confiamos en Ti, creemos que Tú tienes cuidado de la Iglesia. Ayúdanos en nuestra humana fragilidad, ayúdanos a estar con nuestros sentidos despiertos, Señor, atentos. Ayúdanos a ensanchar nuestro corazón para poder recibir las cosas que Tú quieres que en el estén, se lo pedimos en el nombre del Señor Jesús. Gracias por cada uno de los que han podido llegar, danos la inteligencia para compartir, la sabiduría correspondiente, úsanos en el nombre del Señor Jesús. Amén.

SOBRE EL PRESENTE ESTUDIO.

Bueno, en la introducción de esta serie hicimos un índice de doctrinas fundamentales relacionadas con nuestra fe, y vimos 10 ítems que tocamos y subdividimos en diferentes puntos que nos propusimos a conciencia estudiar, sabiendo que esto no lo podremos hacer ni en un día ni en dos, sino que nos tomará un tiempo poder ver todo, si es que el Señor no regresa antes. Entonces vamos a partir con el ítem número uno, que tiene que ver con las Santas Escrituras.

Esta serie de las Santas Escrituras la subdividimos en siete puntos, el primero era ‹‹La revelación de Dios››; el segundo, ‹‹El origen de la Biblia››; el tercer punto, es ‹‹El concepto de inspiración››; el cuarto, ‹‹El canon bíblico››; el quinto punto, ‹‹La iluminación-revelación››; el sexto, ‹‹Hermenéutica y exégesis››; y el punto séptimo, ‹‹El texto, autógrafos y manuscritos››. La siguiente tabla nos permitirá apreciar de mejor manera el orden:

Bueno, Dios mediante, tengo la intención –y quiera el Señor concederme la gracia– de poder hacer una introducción y tocar el punto uno, que tiene por título ‹‹La revelación de Dios››.

SOBRE EL NOMBRE “JEHOVÁ”.

Para partir hermanos, abramos nuestra Biblia en Éxodo, en el capítulo 6, vamos a leer el versículo 2. Éxodo capítulo 6, versículo 2, ¿hay algún hermano o hermana que quiera ayudarme con la lectura? La hermana Jessica[2] levantó primero la mano. Éxodo 6:2, hasta el verso 3:

2 En otra ocasión, Dios habló con Moisés y le dijo: «Yo soy el SEÑOR. 3 Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo el nombre de Dios Todopoderoso, pero no les revelé mi verdadero nombre, que es el SEÑOR.”

Nuestra hermana leyó la Nueva Versión Internacional de la Biblia[3], por eso lo dice de esa manera; lo voy a leer también en la versión Reina Valera de 1960 la que comúnmente tienen todos, dice así:

2 Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ. 3 Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.”

Quizás es importante que diga por qué la versión de la hermana dice “SEÑOR” y ésta versión dice “Jehová”, ¿les parece? Lo voy a explicar brevemente. Pero también lo voy a leer en la versión Textual[4], que dice así:

2 Y habló ’Elohim a Moisés, y le dijo: Yo soy YHVH. 3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como ’El-Shadday, pero con mi nombre YHVH no me di a conocer a ellos.”

La razón por la que la versión NVI dice “SEÑOR”, la versión Reina Valera dice “Jehová”, y la versión Textual dice “YHVH”, es por el tetragramatón hebreo que aparece allí en los manuscritos.  Lo que hace la versión Textual es traducir o, mejor dicho, transliterar al español cada una de las consonantes hebreas que aparecen asociadas al Nombre del Señor, lo que corresponde a las letras yod, he, vau, he, que son las cuatro letras del Nombre (por eso tetragramatón[5]). El texto hebreo lo registra como aparece en la siguiente imagen (se lee de derecha a izquierda):

La versión Reina Valera 1960 lo traduce “Jehová”, y la versión NVI lo pone con mayúsculas “SEÑOR”. La razón por la que hacen esto es debido a una tradición judía que se originó en el tiempo de los masoretas, la que enseñaba que no se debía pronunciar el Nombre hebreo de Dios al leer el Texto, sino que los lectores debían reemplazarlo por “Adonay” (que se traduce “Señor”). ¿Por qué hicieron esto? He escuchado y leído las siguientes razones:

1) Porque el Nombre de Dios es demasiado santo para ser pronunciado.

2) Para que cuando los Textos llegaran a los gentiles no fuera “ensuciado” el Nombre en la boca de éstos.

3) En cumplimiento del mandamiento dado en Deuteronomio 5:11, donde se dice:

“No tomarás el nombre de YHVH tu Dios en vano, porque YHVH no dará por inocente al que tome su Nombre en vano” (BTX III).

Fue por alguna de estas razones o quizá por todas, que se agregaron las vocales o marcas diacríticas de Adonay al tetragramatón que se copiaba, como un recordatorio al lector que –al ver dichas letras o marcas– entendería que no debía pronunciar el Nombre de Dios, sino reemplazarlo por “Adonay”, en nuestro caso, “Señor”.  La NVI, de alguna manera, continúa con esa tradición en su traducción de la Biblia, donde en vez de escribir “YHVH” dice “SEÑOR”. Lamentablemente, los traductores posteriores de la Biblia no conocían esta tradición, entonces cuando ellos leyeron en los manuscritos hebreos “YaHoVaH[6], ellos pensaron que ese era el Nombre del Señor y que, por lo tanto, debía considerarse como parte del mismo cada letra o marca que se veía en el manuscrito. ¿Cuál fue el resultado de ignorar esto? Que nació el nombre “Jehová”[7], lo que se conoce como un error filológico. Originalmente, en hebreo el Nombre de Dios no llevaba vocales y marcas diacríticas relacionadas con Adonay, pues recuerden ustedes que el hebreo era un lenguaje consonántico[8]; por lo tanto, lo que se leía y, por ende, debía traducirse o transliterarse en nuestras versiones, era el tetragramatón ‹‹YHVH›› o ‹‹YHWH››.

Considerando lo anterior, debemos decir que es muy probable que la pronunciación del Nombre de Dios fuera ‹‹Yahvé›› o ‹‹Yahweh››, pero de ninguna manera era ‹‹Jehová››, pues éste nació de la transliteración del tetragramatón que incluía las letras maestras del título Adonay. Como les decía, fue un error filológico.

Entonces entendemos que los traductores de la NVI conservaron ‹‹SEÑOR›› debido a la tradición de no pronunciar el Nombre, como era sugerido en los manuscritos; y por otro lado, otros traductores, como los que trabajaron en la Reina Valera, cayeron o continuaron en el error filológico de ‹‹Jehová››. Es más, respecto a esto, el hermano Francisco Lacueva que fue director de la traducción de la versión Reina Valera de 1977, en una de sus conferencias contaba que quiso poner ‹‹Yahvé››[9], pues en vez de poner ‹‹Jehová›› debía decir ‹‹Yahvé››, pero no lo dejaron[10]. Lamentablemente en las versiones posteriores a la de 1960 se sigue poniendo ‹‹Jehová››.

¿Podríamos decir entonces que “Jehová” no es inspirado por el Espíritu Santo? Así es, no es inspirado, sino que es un tema de traducción. Lo mejor es que transliteraran el tetragramatón (YHVH o YHWH)[11].

Bueno y para esto nos sirve este estudio, para poder comprender cosas de la Biblia, como el que nosotros tenemos un texto traducido al español y no el original que fue escrito en otros idiomas. Por eso la hermana Jessica tiene la versión NVI, yo tengo aquí la versión Reina Valera 1960 y la versión Textual 3ª edición. Otros hermanos tienen otras revisiones y, sobre esto, hay preguntas que aparecen, tales como, ¿qué debemos considerar como una buena traducción? ¿Qué debemos tener en cuenta cuando leemos las traducciones? ¿Quién nos asegura a nosotros que lo que estamos leyendo es confiable? Porque todo esto fue escrito hace más de 2.500 años atrás (en el caso del Antiguo Testamento) y hace más de 1.900 años (en el caso del Nuevo Testamento). ¿Quién nos asegura que en el trayecto no aparecieron personas insertando cosas? Y bueno, ha ocurrido, por ejemplo 1ª Juan 5:7, donde dice:

“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” (RV 1960).

Lo del “Padre, el Verbo y el Espíritu Santo”, eso es una inserción posterior.  La Reina Valera 1960 lo registra, pero versiones como la Biblia Textual no lo pone, ni el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español[12], porque fue una inserción posterior, probablemente realizada por Jerónimo en la Vulgata Latina como un “respaldo” a favor de la Trinidad[13]. ¿Cómo lidiamos con esto? ¿Es seguro lo que estamos leyendo entonces?  Por supuesto que sí, lo es, gracias a que la “buena intención” de un traductor o copista queda en evidencia al considerar cosas como la comparación de manuscritos y las distintas pruebas bibliográficas que existen. Y en este estudio, Dios mediante, procuraremos responder estas interrogantes, junto con valorar la cantidad de traducciones que tenemos gracias al trabajo de tantos hermanos y eruditos bíblicos.

Así que, estemos orando, para que el Señor nos permita y nos conceda de Su gracia para hacer esto lo más claro posible y darnos bases firmes para poder defendernos o defender en caso de cualquier cosa las Escrituras que leemos; pues recuerden que nosotros como creyentes no creemos esto a ciegas, sino que también hay razones detrás que Dios ha dejado para que nosotros podamos creer y dar razones de la fe. Como dice Pedro en su primera epístola, que debemos estar preparados para dar razones sobre nuestra esperanza, preparados para presentar defensa (1P. 3:15). De la palabra griega que se tradujo allí ‹‹defensa››, es de donde viene la palabra apología, que es una de las ramas de la Teología.

Al ir considerando cosas como estas, algo ocurre en nuestra forma de hablar y de leer, como evitar decir Jehová y preferir decir Yahvé o Yahweh, como muchos hermanos lo hacen concienzudamente. Evitando así seguir en el error filológico. Ahora, tengamos presente que este no es un problema de la Biblia en sí, sino que es un asunto de traducción. Repito, es un problema de traducción, no es de la Biblia, no es que los originales estén mal. Es un tema de traducción, no es que los originales tengan errores. En el libro Prolegómenos, el hermano Gino Iafrancesco dice que en el latín la palabra traductor es muy parecida a la palabra traditor, la cual significa traidor[14]. Esto es algo que hay que tener en cuenta sobre nuestras traducciones en español y en cualquier idioma al que fuera traducida.

Les recomiendo a los hermanos un título de Josh McDowell,  ¿Es la Biblia veraz?[15]. Cuando usted lea este libro se va a dar cuenta qué importancia tiene entender estas cosas sobre las Escrituras.

Para concluir esta digresión, tenemos pues que la NVI traduce ‹‹SEÑOR››, probablemente por la tradición de los escribas de no pronunciar el Nombre de Dios. La Reina Valera de 1960 traduce ‹‹Jehová››, por un error no intencional. Y, finalmente, la Biblia Textual escribe ‹‹YHVH››, pues transliteró al español cada consonante del Nombre de Dios que aparece en los manuscritos que utilizaron. Otras versiones, como la Biblia de Jerusalén, traducen ‹‹Yahveh››, considerando la posible pronunciación del Nombre en español.

LA REVELACIÓN DE DIOS.

Bueno, dicho lo anterior, ahora vamos a partir con el primer punto que es: ‹‹La revelación de Dios››. ¿Por qué es importante que nosotros entendamos que la Biblia es la revelación escrita que Dios ha dado? Hoy en día existen muchas corrientes religiosas y filosóficas –aunque más religiosas– que dicen tener un libro divino, tales como el Corán (de los musulmanes) y el libro de Mormón (de los mormones). Entonces, considerando esto, nosotros debemos saber por qué la Biblia es la revelación de Dios y esos libros no. Entender bajo qué principios lo es, bajo qué reglas la Iglesia reconoce que la Biblia es el Libro de Dios y no el libro de Mormón, ni el Corán. Si bien este punto lo vamos a ver en ‹‹El canon bíblico››[16] debemos partir respondiendo esto con la siguiente premisa:

‹‹Todo parte con el deseo que Dios tuvo y ha tenido de revelarse al hombre.››

Aquí comienza todo. Dios tomó la decisión libre e inteligente de dar una revelación acerca de Sí mismo al ser humano. Él lo ha querido así. Si no logramos comprender que Dios es el que toma la iniciativa de darse a conocer al hombre, está de más evaluar si existe un libro dado por Dios. Daría lo mismo si es el libro de Mormón, o el Corán, o la Biblia. Por lo tanto, debemos partir con esta premisa y luego evaluar los libros mencionados, porque si no asumimos que Dios ha querido darse a conocer, revelarse, entonces en vano evaluamos cualquier tipo de libro.

Hay personas que quieren que Dios se les aparezca y les diga que es real, y con soberbia indican que si Dios no se les aparece personalmente nunca creerán en Él. No tienen idea de lo que hablan, ni de lo que están pidiendo, aunque debemos decir que muchas de estas personas sólo usan esto de excusa para seguir con sus vidas libertinas y no abandonar su pecado. Sin embargo, Dios hizo más que aparecerse a una sola persona, Dios se dio a conocer y entender a muchas personas, ordenándoles registrar de forma escrita todas las cosas que vieron, vivieron, entendieron y por las que murieron. Se les apareció a ciertos hombres, pero luego a un pueblo entero, en medio de los cuales se mostró tremendamente. Y esto no fue porque un hombre soberbio lo demandara, sino porque Dios tomó la decisión de acercarse al hombre, de darse a conocer al hombre, y esto, específicamente en ciertos Textos.

No todos los textos que se dicen ser de origen celestial lo son, sino que Dios se ha revelado sólo en ciertos Textos, ¿por qué digo esto? Porque si no comprendemos que Dios se ha revelado en ciertos Textos, podríamos llegar a pensar como los mormones, que creen que la Biblia es la Palabra de Dios, pero que también lo es el libro de Mormón. Así que asumimos primero que Dios ha querido revelarse y darse a conocer, pero también que Dios lo ha querido hacer de forma especial y oficial, en ciertos Textos.

Entonces, mis hermanos, ¿cómo el cristiano llega a entender que la Biblia es la Palabra de Dios? ¿Cómo llegamos a comprender que es la Biblia la que contiene esta revelación personal y oficial del Señor Todopoderoso? Bueno, el camino se abre cuando partimos afirmando y asumiendo que Dios ha decidido revelarse al hombre, lo que nos empuja a investigar las razones por las que la Biblia es la revelación especial, textual y oficial de Dios para el ser humano. Un conjunto de sesenta y seis libros[17] donde Dios condujo a diferentes hombres a redactar la historia que involucra –principalmente– a Dios, a Su Cristo, al pueblo de Israel y a la Iglesia. Dios tomó la decisión de venir al hombre y, por ende, nadie puede decir que tiene una revelación especial aparte de la que Dios ha dado directamente en Sus Textos oficiales. Nadie puede decir que subió al cielo a descubrir al Señor, pues lo que se nos ha informado es que fue Dios el que se apareció al hombre, razón por la cual quise partir leyendo el pasaje de Éxodo, capítulo 6, versículo 2 y 3, pues miren cómo parte el versículo 2:

“Y habló ’Elohim a Moisés…” (BTX III).

Noten, no fue Moisés que se apareció delante de Elohim, fue Dios el que habló y se apareció a Moisés, como lo hizo con Abram[18] en Génesis 12:7, 17:1 y 18:1, entre otros pasajes. Fue Dios que tomó la decisión de aparecerse a este hombre frágil, común y corriente, tal como usted, tal como yo. Fue Dios el que tomó la decisión de aparecerse, fue Dios el que tomó la decisión de presentarse a él. ¡Qué misericordia muestra Dios para con el hombre! Él se aparece, Él habla, Él se revela.

Ahora bien, mis hermanos, la Biblia no es una revelación especial de Dios sólo para algunos, como enseña el gnosticismo[19], que presenta un conocimiento profundo y elevado sólo para algunos iluminados. ¿Saben por qué esto no es ni puede ser así? Porque Moisés, Abraham, Jacob, Isaac, entre otros, no eran diferentes a usted y a mí. Moisés fue criado dentro del imperio o reino más poderoso de su tiempo, el egipcio. Y Moisés cuando salió del pueblo de Egipto lo hizo con un homicidio encima (Ex. 2), así que Moisés en sí mismo no era una “blanca palomita”. Moisés cuando huyó al desierto, lo hizo por un homicidio que tenía a cuestas. Involuntario o no, era un homicidio. Luego, Moisés, habiendo dejado Egipto se volvió un pastor y así vivió cuarenta años en Madián (Hch. 7:30), pastoreando ovejas, no tenía un cargo muy especial. Y finalmente, no fue Moisés que pensando en el cielo encontró a Dios, sino que fue Dios –mientras Moisés pastoreaba– que en una zarza se le presentó y lo llamó por su nombre (Ex. 3). ¡Fue Dios el que tomó la decisión de aparecerse a este hombre común y silvestre!

De la misma manera, fue Dios el que habló a Abram para revelarse y para decirle que saliera de su tierra y dejara a su parentela (Gn. 12:1). Cuando Dios se apareció a Abram, éste era un hombre que vivía en medio de paganos, en Ur. Abram no era una persona distinta o mejor a los que estamos aquí; no, no lo era, era igual a nosotros, era un hombre de carne y hueso, lleno de fragilidades, sin descendencia, dubitativo también; pues aunque nosotros pensamos que Abraham fue un campeón de la fe, no fue así al principio. La fe de Abram[20] no era una fe perfecta en un comienzo. Recuerden lo que pasó con Abram, Dios le dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela” (Gn. 12:1), y si bien vemos que dejó la tierra, Abram salió con una parentela, porque salió con su sobrino Lot (Gn. 12:1-4). Por lo tanto, ninguno de los presentes aquí podría maravillarse de Abram y decir: “Abram fue un súper creyente desde el principio”; eso no sería cierto, ya que se nos muestra que él no obedeció totalmente y entendemos con esto que su fe era frágil. En sí mismo, Abram no tenía ningún mérito propio para que Dios decidiera revelarse a él, ¿saben qué nos muestra esto? Que la decisión de darse a conocer ha sido de Dios. Sí, exactamente, es Dios el que tomó esa decisión, es Él quien tomó la decisión de darse a conocer a los hombres. Dios quiso revelarse a los hombres.

SOBRE LA REVELACIÓN GENERAL Y LA ESPECIAL.

En esta decisión tomada por Dios, en este deseo Suyo, nosotros encontramos dos tipos de revelación que podemos apreciar en la Biblia. Lea conmigo Romanos capítulo 1, vamos a leer en el versículo 19 y el 20. Romanos 1:19-20, voy a leer en la versión Textual[21] y después lo leeremos en la versión Reina Valera de 1960. Dice así la Biblia Textual:

19 Porque lo que de Dios es conocido, es evidente para ellos, pues Dios se lo manifestó.”

Miren, no es que el hombre lo descubrió, sino que fue Dios quien lo manifestó a los hombres (1Co. 4:7).

20 Porque las cosas invisibles de Él…”

Con “Él”, se refiere a Dios.

“… su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, entendiéndose por medio de las cosas hechas, de modo que son inexcusables.”[22]

La Biblia Reina Valera 1960, nos dice:

19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”

REVELACIÓN GENERAL (O NATURAL).

Dios mostró Su presencia y omnipotencia como Creador mediante la creación.  A este  tipo de revelación se le conoce como ‹‹Revelación General›› o ‹‹Natural››. Dios dando a conocer Su presencia invisible, que Él es Dios Todopoderoso, a través de las cosas creadas. Dios dando a conocer que todo procede de un Ser que no está sujeto ni al tiempo, ni al espacio, ni a la materia. Es Dios el que a través de la naturaleza da –de Sí mismo– un conocimiento general, para que el hombre pueda atender el peso de su conciencia que le dice: “hay Dios”; y también, pueda el hombre entenderle de forma general en alguno de los atributos evidentes en las cosas creadas.

A través de la revelación general o natural, hay personas que llegan a comprender –por medio de las evidencias científicas– que hay un Creador y Su trascendencia. Hay un libro del hermano Lee Strobel que se titula El caso del Creador[23]. Allí podrás ver testimonios de científicos que llegan a entender que es imposible que la vida haya surgido producto de un accidente, producto de una explosión sin propósito. ¿Se imagina que estando en su casa, de repente, se escuche una explosión en su cocina y cuando va a ver encuentra un asno de 300 kilos? Un burro parado allí después de oír una explosión, de 160 centímetros y 300 kilos de peso. Cualquier persona querría averiguar qué fue lo que ocurrió, qué fue ese sonido, qué fue lo que ocasionó que un animal de semejantes características apareciera en la cocina. Porque todos sabemos que una explosión no crea cosas, sino que las destruye; así que es absolutamente extraño que después de oír una ruidosa explosión encontremos un sin número de cosas que no existían y en un perfecto orden. Una explosión no provoca orden, una explosión provoca caos; una explosión no provoca que aparezca un ser humano, una explosión no provoca que aparezca un planeta, una explosión no provoca que aparezca el sol y todas estas cosas en su perfecto orden, y menos en calibraciones perfectamente ajustadas que permiten que la vida permanezca. Una simple explosión no provoca eso. Una explosión provoca caos, desastres, desorden, muerte, entre otras cosas.

En el libro de Strobel se nos muestra que hay un argumento dentro de la filosofía al que se le llama ‹‹Argumento cosmológico Kalam›› (Strobel, 2005, p. 118), que enseña en tres premisas que lo que comenzó a existir tiene una causa. El principal expositor de este argumento en la actualidad es el Dr. William Lane Craig, aunque es una recopilación de pensamientos filosóficos y científicos que llegan hasta Aristóteles. El argumento se conforma de tres premisas que forman un silogismo:

Premisa #1: ‹‹Todo aquello que comienza a existir requiere una causa. ››

Premisa #2: ‹‹El universo comenzó a existir. ››

Conclusión: ‹‹El universo requiere una causa. ››

Este silogismo parte de la base cosmológica más aceptada entre el mundo científico: que todo partió de la nada y con una gran explosión. Los mismos científicos –sean ateos o creacionistas– aceptan por las evidencias de la física la teoría del Big Bang. A muchos cristianos esto le asusta, pero hay algo a favor del cristianismo y del creacionismo en esta teoría, ¿saben qué es? Que todo comenzó a partir de la nada y de un momento a otro. Todo comenzó a existir y el universo se comenzó a expandir después de una gran explosión[24]. Desde allí comenzó a correr el tiempo y apareció el espacio, la materia, la energía y todo cuanto esto implica. Todo esto los científicos se lo atribuyen a una gran explosión, aceptan que todo comenzó de la nada después de que esto ocurrió. Ante esto, el argumento cosmológico Kalam nos hace pensar que si todo comenzó a existir de la nada, se requiere una causa trascendente que provocó incluso la gran explosión, es decir que, la causa, no está sujeta al tiempo, ni al espacio, ni a la materia, ni a la energía; por lo que es válido preguntarnos, ¿qué o quién provocó aquella gran explosión que dio origen a todo esto sin necesitar de estos para existir o ser? Luego de que se presenta la lógica de todo esto, se plantean sólo dos opciones que podrían postularse y que no están sujetas a las limitaciones de la materia creada. Es decir, que las opciones que postulan no deben estar limitadas a las propiedades del tiempo, ni del espacio, ni de la materia[25]. Una de las opciones son los objetos abstractos (números, conjuntos y relaciones matemáticas); mientras que la otra opción, es una Mente.

Considerando esas dos opciones se llega a la conclusión que los números no provocan vida, las matemáticas no provocan vida (aunque pueden explicar cosas de la vida); pero sí conocemos la capacidad causal[26] de la mente. Entonces, muchos científicos y filósofos a través de esto llegan a la conciencia de la presencia invisible de un quién, no llegan a un qué ni a un cómo, llegan a intuir la presencia de un Ser Trascendente. Stephen C. Meyer (PhD) señala lo siguiente:

“El hecho de que casi todos los científicos ahora crean que la energía, materia, espacio y tiempo tuvieron un principio es profundamente antimaterialista. Uno no puede invocar ni el tiempo, ni el espacio, ni la materia, ni la energía, ni las leyes de la naturaleza para explicar el origen del universo. La relatividad general apunta a la necesidad de una causa que trasciende todos estos dominios. Y el teísmo afirma la existencia de dicha entidad… llamémosle, Dios.” (Strobel, 2005, p. 94).

Mis hermanos, nadie nos ofrece una respuesta más plausible que el teísmo, que nos responde ‹‹fue Dios››. Es más, estas personas nos advierten que necesitamos más fe para creer en la teoría de la evolución que para creer en Dios. Les recomiendo esa lectura, hermanos, también se preparó un documental en video del caso del Creador, de Lee Strobel[27].

Entonces, a través de la creación, de las evidencias que hay, de la estética, del ajuste fino del universo, de los silogismos que se pueden armar (cómo el argumento cosmológico Kalam), se puede llegar a la conclusión de la presencia de Dios. Porque Dios dejó huellas en la creación con el fin de darse a conocer de una forma general a Sus criaturas, de señalar a Su presencia, para darnos testimonio a través de la naturaleza que hay un Creador Omnipotente y Eterno, llevándonos así a pensar en una relación personal con Él. Dios quiso otorgar dicha revelación al hombre, como dijo Pablo por el Espíritu:

“porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó” (Ro. 1:19, RV 1960).

Fue Dios quien dejó una revelación general allí para el hombre. Una revelación dispuesta para todos aquellos que hicieran caso de su conciencia, la cual les señala a una moral que se debe tener en presencia de quien nos creó.

REVELACIÓN ESPECIAL.

Ahora bien, no solo existe una revelación general que señala a la presencia del Dios Eterno y Creador, sino que además quiere que lo conozcamos y entendamos con cierto detalle.

Hay una corriente filosófica que se llama deísmo. No es igual deísmo y teísmo. Los deístas aceptan que hay Dios, pero creen que luego de crearnos y echar a correr el tiempo, nos dejó solos y a nuestra suerte. Por otro lado, el teísmo, nos muestra que si bien Dios nos creó, no solamente nos creó, sino que sigue al cuidado nuestro. Ahora, la pregunta que debemos hacernos respecto a esto es la siguiente, ¿la Biblia es deísta o teísta? La respuesta es: teísta. Usted lo ve en el pasaje que tomamos como epígrafe, pues vemos a Dios diciendo a Moisés que como “YHVH no me di a conocer a ellos” (Ex. 6:2, BTX III). Dios estaba diciendo que así como se le apareció a Moisés, se le apareció a otras tres personas antes para darse a conocer, y no se le dio a conocer a estas personas con el nombre de YHVH, sino que se le dio a conocer con un título, un título divino que en la versión NVI dice “Dios Todopoderoso”, en la versión Reina Valera de 1960 dice “Dios Omnipotente”, y que en la Biblia Textual, transliterado desde el hebreo[28], dice  “El-Shadday”. Dios se les apareció y les habló, a Moisés le dio Su Nombre personal y con Abraham se relacionó como amigo, esto nos muestra que la Biblia es, de alguna manera, teísta.

Ahora bien, la importancia que tiene el que Dios le revelara al hombre Su Nombre o algún título, es que cuando hace esto es para mostrar cómo Él es y con qué podemos contar. Esto significa que Dios estuvo interesado que lo conocieran y que contaran con Él, pero además, que esas revelaciones y apariciones quedaran registradas para conocimiento de todos los seres humanos. Dentro de la Teología, esto se llama Revelación Especial. Dios ha querido darnos una explicación de Sí mismo.

Debemos saber que cuando Dios daba Su Nombre o un título acerca de Sí mismo, era para que lo conocieran y también para que contaran con Él, para que le invocaran como tal. No solamente se ha querido mostrar como el Dios del cielo, no solo como el Dios que pudo hacer todas las cosas, sino también quiere que entendamos que es Dios cercano, que quiere tener una relación personal con nosotros, que tiene una personalidad, un Nombre personal, una forma de comportarse, de conducirse, una moral y una voluntad. Y a través de Su Nombre, títulos y hechos, se va dando a conocer a nosotros de forma especial.

El deísmo nos dice que Dios nos creó y nos abandonó; el teísmo nos dice que Dios nos creó y que sigue teniendo cuidado de nosotros.  La Biblia dice más que esto, nos dice que Dios nos dio Su Nombre y –al darnos Su Nombre– puso a disposición Su Persona misma, para que nosotros lo pudiéramos llamar. El Nombre es una cosa, el título es otra. El Nombre es la Persona misma; el título, es lo que puede hacer la Persona. Y Dios no sólo nos muestra títulos, sino que nos da Su Nombre.

Es diferente tratar a una persona por su título que por su nombre, eso es algo lejano, es contar con algo que él tiene o hace, y no necesariamente será una relación personal. Usted va al doctor, él lo atiende y usted por formalidad sabe su apellido, pero no sabe nada personal de él; no obstante, sí contó con lo que él hace, con lo que él sabe, medicina. Pero diferente es cuando usted conoce a la persona, se relaciona con la persona, sabe cómo piensa la persona, sabe lo que siente la persona. Esa es la diferencia entre tener un título de Dios y tener Su Nombre. Una cosa es saber lo que Él puede hacer y contar con eso; pero otra cosa es conocer y entender Su personalidad e intimidad. Cuando Dios da Su Nombre YHVH, es para que entendiera el hombre que Él no sólo está interesado en poner a disposición Su omnipotencia, mostrándonos un título, sino que además, quiere una relación personal y ofrece una relación personal con Él. Por eso da Su Nombre. Es por esto, hermanos, que es muy honorable cuando Dios dice:

“Abraham mi amigo” (Is. 41:8, RV 1960).

Pues no es que Abraham haya dicho “yo soy amigo de Dios”, no es ni siquiera que un profeta haya dicho “Abraham amigo de Dios”; sino que Dios mismo lo recuerda así, Dios se refiere a él de esa manera y, es Dios el que dice “Abraham mi amigo”. Aquí usted ve lo glorioso de esta revelación especial y de la relación personal con Dios. Él no solamente está interesado en que usted sepa que Dios existe por medio de lo que hizo, sino que desee conocerlo en persona. ¿Dios existe? Sí, Dios existe, Dios es; pero no solamente eso, sino que debemos entender que Dios tiene un Nombre, que es Persona(s), que quiere ser cercano y que ha querido revelarse de una manera especial. Y cuando decimos que Dios ha querido revelarse de una manera especial, esto es para todos. Miren lo que dice acerca de la revelación especial el libro Sílabo de Bibliología[29], del hermano Gino Iafrancesco:

“La revelación especial es Dios revelándose a Sí mismo mediante la palabra. La naturaleza declara la necesidad de un Ser creador, pero no puede explicar los atributos de aquel Ser. Hay, entonces, la necesidad de que aquel Ser se revele a Sí mismo a aquellos creados y sustentados por Su poder […]

Dios revelándose a Sí mismo al hombre en palabras es el más pleno sentido de la revelación. «Una revelación divina es el desvelamiento por parte de Dios de la verdad acerca de Sí mismo en cierta manera y grado a la inteligencia y al corazón del hombre. El hombre puede conocer a Dios sólo en tanto que Él así se revele o desvele a Sí mismo al hombre». La revelación especial es Dios revelando verdad que el hombre no hubiera podido llegar a conocer por sí mismo.” (Iafrancesco, 1992, p. 327).

Junto con esto, podemos decir además que Dios se revelaba según la necesidad del hombre. Porque Dios quiere darse a conocer y es por eso que es importante este primer punto que estamos tratando. Dios ha querido revelarse y, la Biblia, es la revelación especial y textual de Dios.

¿Saben lo que se tiene dentro del Corán? Dentro del Corán tenemos registros apócrifos y más menciones de María y Jesús que del mismo Mahoma. En el libro de Mormón, tenemos un libro que no resiste ninguna prueba bibliográfica que respalde su relato, pues nada de lo que ellos registran es respaldado por la arqueología e historia. El libro de Mormón no pasa ningún examen[30], no es más que el fanatismo y –quizás– delirio mental de una persona intentando escribir sus propias ideas. Una persona intentando formar su propia religión. Pero la Biblia es el deseo de Dios de darse a conocer y explicarse al hombre de una manera especial. Es Dios queriendo revelar al hombre lo que Él es como Persona(s) y no solamente como Creador; no solamente como el Dios que provocó todas las cosas, sino para tener una relación personal con Él y entenderle. Como lo que pasó en el Edén. Allí Dios creó a Adán, y Dios se relacionó con Adán y Eva. Fue Dios el que aparecía en el huerto, era Dios el que se presentaba en el huerto, fue Dios el que buscó a Adán cuando este cayó, y fue Dios el que lo llamó, diciendo: “¿Dónde estás tú?” (Gn. 3:9, RV 1960). Fue Dios el que tomó esa decisión. La Biblia tiene esa particularidad, pues corresponde al deseo de Dios de darse a conocer al hombre de forma especial; y no solamente de forma especial, sino según la capacidad del hombre. Piense usted en lo siguiente, ¿cómo lo infinito puede ser contenido en lo finito? Si Dios nos hubiese hablado como Dios solamente, ¿saben lo que hubiera ocurrido?  Lo que ocurrió en Éxodo. Dios se aparece y se posa sobre el monte Sinaí. Todos lo ven como una nube de fuego y cuando habla suena como truenos ensordecedores. Un ruido como de trompeta, retumban los oídos. Entonces el pueblo entra en pánico, temen por su vida, ¿saben lo que dijo el pueblo al ver y oír todo esto?

‹‹¡Moisés, Moisés, que no hable Dios con nosotros porque pereceremos, si no que tú habla con nosotros!›› (paraf. Ex. 20:19).

Al oír esto, Dios fue empático y aceptó hablar por medio de Moisés al pueblo, y por medio de otros santos hombres de Dios. Así que no sólo habló en lenguaje humano a un pueblo, sino que nos dio los Textos que registran Sus revelaciones, porque sabía que si nos hablaba como Dios íbamos a morir. El pueblo no quería oír a Dios directamente ya que Su voz les dio pánico, así que el Señor respondió positivamente a esa petición y les habló por medios humanos. Es como si Dios aceptara diciendo: “Está bien, me limitaré al idioma de Moisés, a la gramática de Moisés, incluso a sus dichos, a sus figuras literarias, a sus formas de expresión, me limitare a su alfabeto, me limitaré a sus números, me limitaré a su retórica, me limitare a su historia”. Dios se limitó a todo eso para darse a conocer al hombre de una forma especial y textual. ¡Gloria al Señor! ¡Gracias Señor!

Dios ocupó todo lo que quiso de Moisés y de los que escribieron, los condujo por dónde Él quiso. Y si bien vemos la gramática de Moisés, su idioma, sus metáforas, y otras cosas léxicas; por sobre todo esto, vemos la mano de Dios, vemos Su Mente. Es por eso que la Biblia tiene el sello de uno de los atributos de Dios –aunque se ven muchos atributos de Dios– Su insondabilidad. ¿Saben ustedes que significa insondable? Hay una diferencia entre inescrutable e insondable. Inescrutable significa que no podemos saber nada, no podemos conocer nada, cero. Insondable significa que podemos conocer, podemos entender, podemos averiguar, pero jamás llegaremos al fondo. Siempre vamos a estar profundizando. La Biblia tiene esa cualidad, que entre más tú profundices en ella siempre habrá más en qué profundizar, ¿saben por qué? Porque viene y proviene de Dios, el Insondable, quien quiso limitarse de esa manera a los hombres y revelarse de forma especial. Fue Dios el que tomó esa decisión, es por eso que encontramos mandatos al profeta y/o apóstol en el Antiguo Testamento –y aun en el Nuevo– donde se les dice:

“escribe estas cosas para memoria de ellos…”  (p. ej. Ex. 17:14; Jr. 30:2; Ap. 1:19, RV 1960).

¿Se da cuenta? No es Moisés al que se le ocurre escribir, es orden de Dios. Dios le mandó diciendo “escribe estas cosas”. Además, Dios lo condujo en qué material utilizar, lo guio en qué cita hacer, pues usted va a ver en la Biblia citas de otros libros, como el libro de Jaser (Jos. 10:13; 2S. 1:18), como el libro de Enoc (Jud. 5:14), pero es Dios que decide esto, porque es una revelación especial y oficial de Dios.

Hermanos, la Biblia transforma a las personas porque es Dios el que –utilizando la Biblia– ilumina el intelecto y el corazón de los hombres. Es Dios el que está interesado en que personas simples –como el pescador Simón– y algunos que a sí mismo se consideraron brutas o torpes –como dice Agur–, lo conozcan. Miren, esto dijo Agur de sí mismo:

“Ciertamente soy el más torpe de los hombres,

y no tengo inteligencia humana” (Pr. 30:2, LBLA).

Imagínense, Agur dice eso de sí mismo, sin embargo tiene una de las revelaciones más magníficas en el Antiguo Testamento, pues él llegó a entender que hay un Hijo Eterno. ¿Lo sabían? La persona que dijo que tenía poca inteligencia, nos escribió:

“¿Quién subió a los cielos, y descendió?

¿Quién encerró los vientos en sus puños?

¿Quién ató las aguas en un paño?

¿Quién afirmó todos los términos de la tierra?

¿Cuál es su Nombre, y el nombre de su Hijo, si sabes?” (Pr. 30:4, BTX III).

¿Por qué entendió esto? Porque Dios tomó la decisión de revelarse de forma especial al hombre. Así que hermano, hermana, cuando usted está leyendo las Escrituras y le ha “saltado” algo de ellas, es decir, cuando algo en ellas ha iluminado su espíritu y dado comprensión a su alma, a su corazón, no es porque usted sea el más inteligente, no es que usted sea el más brillante, sino que Dios tomó la decisión de “aparecerse” a usted, un frágil hombre, una frágil mujer. Porque es Dios el que hace que de las tinieblas resplandezca la luz (2Co. 4:6), y que aquello que usted lee, el Espíritu Santo lo tome y le permita entenderlo de una forma personal y especial, ocurriendo en muchas de esas veces lo que se conoce como eiségesis. La eiségesis consiste en que esa lectura realizada, Él la trae para nuestro interior y nos habla en lo íntimo y personal[31].

Hermanos, la Biblia es un libro tan maravilloso, con tan perfecta armonía, que aun teniendo diferentes autores, de diferentes clases sociales, con diferentes educaciones, en distinto lugar y tiempo, todos lograron convenir en algo sin pleno acuerdo: anunciar al que había de venir (Ro. 1:1-4, 5:14; Lc. 7:19-20). Allí vemos la mano de Dios que decidió intervenir así. Por lo tanto, debemos entender que la Biblia no es creación humana, sino que es la revelación especial y textual de Dios, mostrándonos según nuestra humillación (Ez. 43:10-11) y capacidad de soportar (Jn. 16:12), lo que Él es y Quién es Él.

Así que hay que dar gracias por eso hermanos, hay que dar gracias al Señor porque a Él le plació revelarse.

¿EXISTE REVELACIÓN ACTUALMENTE?

Ahora, respecto a la revelación que Dios ha dado acerca de Sí mismo y a la acción misma de revelar y su vigencia hoy en día, veremos algo importante. Lo que vamos a considerar ahora es necesario tenerlo presente, ya que seguramente usted leyendo cierta literatura se va a encontrar con hermanos que dicen que para este tiempo ya no hay revelación. Bueno, ellos dicen que en este tiempo no hay revelación porque para ellos esta concluyó con la Biblia, con el canon bíblico. En parte eso es verdad, no obstante, no me parece que sea absoluta.

Sí, para hablar de los Textos podemos decir que la revelación canónica y doctrinal concluyó, nadie puede decir que tiene un nuevo libro, que el Señor se lo reveló y que, por lo tanto, hay que incluirlo en el canon como parte de la revelación especial y oficial de Dios. No, el canon se cerró, está perfecto y completo, eso lo vamos a ver en el capítulo cuatro; sin embargo, tenemos otro tipo de revelación que está acompañada de la iluminación, y Efesios, capítulo 1, versículos 15 al 18, nos la presenta así:

15 Por esto yo también…”

Aquí está hablando Pablo.

“… habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y del amor para con todos los santos”.

Estoy leyendo la Biblia Textual, 3ª Edición.

16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo mención en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesús el Mesías, el Padre de la gloria, os dé espíritu…”

Miren lo que dice, que Dios nos dé, no que nosotros obtengamos algo por capacidades humanas personales, sino que Dios nos dé.

“… os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento pleno de Él;”.

¡Me gusta como lo dice la Textual! Así mismo lo dice el griego:

“en el conocimiento pleno de Él”.

Ahora miren lo que continúa diciendo:

18 iluminados…”

En la versión Reina Valera de 1960 dice “alumbrando”, pero la versión Textual[32] y el Interlineal griego-español[33], dicen así:

18 iluminados los ojos del corazón…”

No dice solamente “entendimiento”, dice καρδίας (gr. kardía), que literalmente sería “corazón”.

18 iluminados los ojos del corazón para saber cuál es la esperanza de su llamamiento y cuál la riqueza de la gloria de su herencia con los santos”.

Hermanos, cuando hablamos de esa revelación e iluminación que Dios nos da, no estamos hablando de que va a haber otro libro en el canon; no, sino que esta actividad del Espíritu Santo hay que entenderla en dos partes. La primera, está relacionada a la palabra “revelación” que en el Antiguo Testamento deriva de la palabra hebrea יִּתְגַּ֖ל (galá), que significa descubrir, quitar la tapa, desnudar. Y la segunda, corresponde a la palabra “iluminados”, que en el texto griego del Nuevo Testamento aparece como πεφωτισμένους (pefotisménus), que está relacionado al acto de emitir rayos de luz. Revelación e iluminación. Quitar la tapa y alumbrar. Y cuando nosotros hablamos de este proceso que ocurre en la vida del creyente (que hace el Espíritu Santo), no es solamente que Dios nos descubra, nos quite la tapa, sino que también Dios nos ilumine y alumbre. Permítanme ilustrar esto con una experiencia del hermano R. A. López. Él contaba que estuvo trabajando en la mina El Teniente[34]. Un día mientras caminaba en cierto lugar se le ocurrió apagar el foco de su casco. El hermano contaba que, al hacerlo, no se veía la mano pegada a su nariz. Cero visión. El hermano no veía nada. Entonces le pregunté qué hubiera pasado si en ese momento que apagó la luz, junto a él se descubría la tapa de un cofre con un tesoro, ¿acaso lo hubiera podido ver? El hermano me respondió que no, que no lo hubiera podido ver, pues había oscuridad absoluta. Con esto usted se da cuenta de algo, que el proceso de revelación que hace el Espíritu Santo en la vida del creyente, y sobre lo cual Pablo oraba a Dios, consiste primero en que Dios “quita la tapa del tesoro” y lo deja a disposición de cualquiera; pero no solamente eso, sino que después “nos da luz”, es decir, Dios ilumina los ojos de nuestro corazón para que podamos ver ese tesoro, ¿se comprende? No basta sólo con quitar la tapa, sino que necesitamos además luz. Así que debemos saber que podemos pedir esto al Señor y debemos hacerlo inteligentemente, porque a veces queremos revelación e iluminación para saber más que otros, para ser los más espirituales, y eso es una petición errónea, un fin erróneo. Dios no nos va a responder, por eso Santiago[35] dice:

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Stg. 4:3, RV 1960).

Lo que dice es una gran verdad, pues cuando nosotros pedimos para nuestros propios deleites, Dios nos escucha pero no nos atiende. No obstante, Pablo ruega al Padre de la gloria, que les dé a los hermanos espíritu de sabiduría y de revelación, ¿para qué? Para tener un conocimiento pleno de Él[36]. Es un conocimiento cada vez más completo acerca de Dios. El Señor quiere que usted lo conozca. Si usted quiere iluminación, si usted quiere revelación, debe ser para conocerlo y entenderlo a Él. Miren lo que dice Jeremías, capítulo 9, versículo 23 y 24. Leo nuevamente la BTX III:

23 Así dice YHVH: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas. 24 Sino alábese en esto el que se haya de alabar…”

¿En qué?

“… en entenderme y conocerme, que Yo soy YHVH, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas quiero, dice YHVH.”

Así que hermanos, Dios quiere darse a conocer, Dios quiere que usted lo entienda, Dios quiere que usted lo conozca, por eso, debemos pedir que el Señor nos permita ver, que nos revele e ilumine nuestro corazón, para conocerle de mejor manera.

DISPONIBLE PARA TODOS.

Para ya finalizar esta sesión, quisiera decirles que Dios quiere darse a conocer de forma especial a todos los que le busquen, sin distinción de sexo, edad y educación. Todo el que lo busque lo encontrará. Así que cada uno de nosotros apele a un pasaje que dice así:

33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová…”

¿Por qué?

“… porque todos me conocerán, desde… “

¿Desde quién? ¡Aleluya, hermanos! No piense que esto es sólo para los hermanos que predican la Palabra, no piense que esto es para algunos hermanos “superdotados” que estudiaron Teología; no, hermanos, miren lo que dice:

“… desde el más pequeño de ellos hasta el más grande… “

¿Y quién lo dice?

“… dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jr. 31:33-34, RV 1960).

¿Se dan cuenta? Lo ha dicho Dios, lo ha dicho Yahveh. Dios ha prometido esto para Su Nuevo Pacto, con el fin de que todos lo podamos conocer. Así que, considerando esto usted debe acercarse a las Escrituras, con un corazón modesto, sencillo, humillado. Sabiendo que Él quiere que usted lo conozca. Recuerden que los ministerios de la Palabra, los hermanos que compartimos la Palabra, no somos la Biblia ni tenemos la exclusividad respecto a lo que Dios quiere ir dando a conocer respecto de Su Persona. La Biblia tiene autoridad por sí sola, cualquier hermano con un corazón sencillo que quiera conocer y entender al Señor, recibirá de Él iluminación y revelación; sólo basta que usted vaya con un corazón correcto, adecuado y lo busque con insistencia. Confiado en que Dios ha querido dar de Sí mismo una revelación especial y textual a través de las Santas Escrituras.

Amén, mis hermanos. Gracia y paz del Señor[37].

 


 

[1] Transcripción realizada por el hermano Israel Mesina Mosqueda.

[2] Esposa de uno de los ancianos en la iglesia local en Talagante, Pablo Calderón.

[3] Conocida como NVI.

[4] Biblia Textual, 3ª Edición.

[5]Tetra” = cuatro; “grammaton” de “gramma”=  letras.

[6] Entiéndase que el autor está dando un ejemplo de las marcas diacríticas o letras maestras añadidas al nombre como recordatorio.

[7] Cabe señalar que la letra “J” pasó por muchas adaptaciones lingüísticas, y por lo tanto, la primera transliteración no fue “Jehová”, sino “Yehovah”, debido a que la “J” no era considerada una letra. También, por fonética, cambiaron la primera letra “a”, por “e”. Pero respecto a la “J”, es a contar del siglo XIX que esta letra obtiene su actual fonema.

[8] Sólo de consonantes.

[9] Lacueva, F. 1983. Cristo el Revelador del Padre. (00:03:30). Revisado el 13 de junio del 2020. Véase:  https://www.youtube.com/watch?v=GvzxtK55qLc

[10] Nótese que en el Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español: Pentateuco, tomo I, traducción literal al castellano del texto hebreo del Códice de Leningrado, por Ricardo Cerni, dice “Yahweh”.

[11] Algo realizado por versiones como la Biblia Textual (3ª y 4ª Edición).

[12] Lacueva, F. 2006. Nuevo Testamento interlineal griego-español. Viladecavalls: CLIE.

[13] Nota hno. I. E. Mesina: “San Jerónimo”, autor de la Vulgata Latina en el 382 d.C. (aprox.), también se explica en el comentario § 135 de la Biblia Textual, IV Edición.

[14] Iafrancesco, G. 1996. Prolegómenos (pp. 71-72). Bogotá: Cristiania.

[15] McDowell, J. & Sterret, D. 2013. ¿Es la Biblia veraz? Miami: Patmos.

[16] Correspondiente al capítulo 4 de este libro.

[17] 39 Libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

[18] Luego llamado Abraham.

[19] Lacueva, F. 2008. Diccionario teológico ilustrado (p. 159). Ciencia. Barcelona: CLIE.

[20] Nótese el cambio en el nombre.

[21] 3ª Edición.

[22] Nota hno. I. E. Mesina: La Biblia Textual 4ª  Edición, tiene una variación respecto a la 3ª Edición, en el verso 20 reemplaza la palabra “visibles” por “perceptibles”.

[23] Strobel, L. 2005. El Caso Del Creador. Miami: Vida.

[24] “Big Bang” en inglés.

[25] ‹‹Materia es todo y solo lo que actúa por una de las cuatro fuerzas que conocemos: gravitatoria, electromagnética, nuclear débil y nuclear fuerte›› (Dr. Manuel Carreira).

[26] Razón y motivo de algo.

[27] Revisado el 8 de febrero del 2021. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=4QijETid0ho

[28] Cerni, R. 1990. Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español. Barcelona: CLIE.

[29] Iafrancesco, G. 1992. Silabo de Bibliología I. Bogotá: Cristianía ediciones.

[30] Revisado el 20 de junio 2020. Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=JKHYAgNyhnA

[31] Cabe señalar que la eiségesis que hablamos es aquella que, de alguna manera, el Espíritu Santo nos permite experimentar personalmente a cada uno. Por medio de un pasaje nos habla en lo personal, nos ilumina sobre nuestra vida o decisiones. Esto tiene que ver con experiencias personales, las cuales, podrían variar, por lo que no debemos hacerlas doctrinas. Además de esto, advertimos que muchos hermanos rechazan esto viéndolo como un peligro; pues a diferencia de la exégesis, dónde se busca obtener el verdadero significado de un pasaje (lo que realmente quiso decir su autor), la eiségesis, es algo que cada uno de nosotros entiende en lo personal, algo que el Espíritu usó, acomodándolo para mí, para darme a entender o iluminarme sobre alguna cosa. Ojo, esto es falible por nuestra humana fragilidad, no lo es por el Espíritu; más bien, somos nosotros que podemos comprender mal. Por eso, siempre es bueno confirmar cosas con los hermanos y buscar consejo entre ellos, porque entre ellos está el Señor (Mt. 18:13).

[32] 3ª Edición.

[33] Lacueva, F. 2006. Nuevo Testamento interlineal griego-español. Viladecavalls: Editorial CLIE.

[34] El Teniente es el yacimiento de cobre subterráneo más grande del planeta. Está ubicado en la comuna de Machalí, Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, a 50 kilómetros de la ciudad de Rancagua. Comenzó a ser explotado en 1905, y ya cuenta con más de 3.000 kilómetros de galerías subterráneas.

[35] Jacobo, el hermano del Señor.

[36] Iafrancesco, G. 1995. Epignosis. Bogotá: Cristiania.

[37] Comentarios, reflexiones y oraciones posteriores no fueron incluidas.