5. Lectura de estudio profecía de Malaquías – Sacerdotes desubicados (Texto).

RECAPITULANDO.

Mis hermanos, debemos dar gracias al Señor por esta profecía que estamos leyendo y estudiando, porque aunque es una reprensión de Dios y a nosotros nos frustran los regaños, debemos entender que Dios nos muestra Su cuidado paternal cuando nos reprende. El cuidado de Dios por quienes somos Sus hijos, es demostrado también mediante las represiones de Dios. A nosotros nos gusta que Dios nos muestre Su cuidado mediante bendiciones y regalos, pero debemos aprender que, aparte de bendiciones y regalos, Dios nos muestra Su amparo y paternidad mediante las reprensiones y disciplina que nos otorga. Como Hebreos 12:5-8 nos lo dice:

5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; 6  Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8  Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.” (RV 1960).

¿Se dan cuenta, mis hermanos?  Considerando  esto, ¿para quién es esta profecía reprensiva? Para los hijos, para aquellos que, siendo redimidos, entendieron que son hijos y sacerdotes para Dios en Cristo. Acerca de esto, les decía la vez pasada que todos los que hemos vuelto a nacer en Cristo, somos hijos, y que aparte de esto, el Señor Jesús nos ha hecho sacerdotes para Dios. Por lo que leímos, entendimos que siendo hijos también se nos hizo sacerdotes. El Señor nos hizo sacerdotes. Seas varón o mujer, viejo o joven, si eres hijo por el nuevo nacimiento, entonces eres sacerdote de Dios.

Ahora bien, si somos hijos, no podemos hacer nada para quitarnos el sacerdocio, ni hacer nada para tomarlo, simplemente lo somos porque es algo que ha hecho el Señor Jesús. Así que, entre nosotros no puede haber un Sumo Sacerdote más que Cristo, el resto, somos co-sacerdotes (por decirlo de algún modo). Somos lo que Él nos ha hecho.

Mis hermanos, al ser sacerdotes tenemos responsabilidades con Dios. Esto debemos saberlo muy bien. Tenemos responsabilidades con el Altísimo, con Elohim, con Adonay, con Dios Todopoderoso; tenemos la responsabilidad de adorar, de glorificar, de alabar y de servir. Para esto se nos redimió. Sin embargo, si hubiera alguien de los nacidos de nuevo que no quisiera ser sacerdote, siendo hijo, debe saber que jamás podrá renunciar a esto, pues es lo que el Hijo nos hizo; por lo tanto, no queriendo ser sacerdote, no se renuncia al sacerdocio, sino que se convierte uno mismo en un sacerdote negligente que rechaza la relación especial y sacerdotal con Dios, nuestro Padre. No puedes quitarte lo que eres y lo que el Señor te ha hecho. No se puede renunciar, solo puedes ser negligente; pero si decides amarlo y servirle, puedes ser un sacerdote conforme a Su corazón, y Él, para esto, te ayudará.

Respecto a todo esto, les dije en alguna oportunidad a unos hermanos, que esto que el Señor nos permite considerar, es parte del alimento sólido. No es leche para bebés, es alimento para quiénes el Señor llama al camino de la madurez; pues Dios no quiere que seamos siempre niños, sino que quiere que avancemos, que crezcamos. Ya es tiempo de oír estas cosas.

EL ANUNCIO DE UN NUEVO SACERDOCIO.

Dicho lo anterior, vamos a abrir nuestras Biblias en Malaquías 1, y leeremos desde el versículo 11 al 14. Dice así:

11  Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos. 12  Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís que su alimento es despreciable. 13 Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová. 14  Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.” (RV 1960).

La vez pasada ya estuvimos considerando los versículos 11 y 12. Hoy los vamos a retomar, para considerar otras cosas y ponernos en contexto con los versículos 13 y 14.

El versículo 11 nos señala cosas importantes. Dios, en la reprensión que realiza al sacerdocio, les indica que Él es Dios adorado y reverenciado entre las naciones. Desde Oriente a Occidente Su Nombre es grande entre todas las naciones. Esto se puede entender de dos maneras. Hay algunas traducciones, como la que estamos usando, que dicen en tiempo presente “es grande mi nombre entre las naciones[1], mientras que hay otras traducciones, como La Biblia de las Américas, que traducen en tiempo futuro “mi nombre será grande entre las naciones[2]. Acerca de lo primero, Dios se había dado a conocer  mediante los hechos portentosos realizados mediante Israel. Por tanto, es probable que al decir “es grande mi nombre entre las naciones«, en tiempo presente, se refiera a la fama obtenida entre las naciones conocidas por Israel de Oriente a Occidente. Dicho de otro modo: “el mundo conocido por ellos”.

En cuanto a lo segundo, es probable que fuera una profecía de Dios. El libro es una profecía, por lo que es lógico que Dios estuviera anunciando lo grandioso y conocido que sería Su Nombre entre todas las naciones del mundo. No sólo el mundo conocido por los israelitas, sino todo el mundo conocido por Dios. De ser esto así, sería una profecía relacionada al Nuevo Pacto.

Mis hermanos, personalmente creo que se refiere a lo segundo. La razón por la que creo esto, es debido a que Dios señala que entre las naciones de Oriente a Occidente se le ofrecería a Su Nombre “incienso y ofrenda limpia”, lo cual es trabajo del sacerdocio. Por lo que aquellos de todas las naciones que le ofrecerían adoración, serían hechos sacerdotes. ¿Y acaso no es lo que nos ha hecho Cristo? Recuerden lo que vimos, el Señor Jesús nos hizo sacerdotes para Dios. Esto, para los sacerdotes que recibían esta profecía se encontraba en el futuro, pero para nosotros es un hecho consumado en Cristo, por eso dice “nos hizo un reino sacerdotal» (BTX III).  De alguna manera, Dios les estaba señalando un sacerdocio nuevo, de un Nuevo Pacto. Les sería quitado y se haría uno nuevo, donde el gran Sumo Sacerdote es Eterno y según el orden de Melquisedec (véase el libro a los Hebreos). ¿Se dan cuenta? Este sacerdocio es nuevo y es permanente.

Así que, mis hermanos, vemos como el rechazo de los sacerdotes israelitas dio lugar a la entrada de una nueva alianza, donde Dios en Su Hijo encarnado, tendría un gran Sumo Sacerdote, Eterno, Santo y Justo; de la medida de Dios, pues es Dios-Hombre. Y en Él nos hizo sacerdotes, los cuales encienden el incienso que se profetizaba, al orar a nuestro buen Dios y Padre mediante Cristo; y, con nuestro frecuente recordar al Señor Jesús como Cordero de Dios y el fruto de labios que confiesan Su Nombre, ofrecemos las ofrendas limpias o dignas que le pertenecen a Dios, y que también se anunciaron. ¿Lo ven, mis hermanos?

DIOS NO TIENE NECESIDADES NI NECESITA FAVORES.

Lo que Dios les estaba mostrando a los sacerdotes israelitas era que a Él no le hacían ningún favor ejerciendo el sacerdocio. Ellos despreciaban a Dios, pero continuaban en el culto, seguían haciéndolo. Por obligación, por tradición, cómo fuera que lo hiciera, lo hacían con un corazón malo. Lo hacían como si Dios no tuviera a otros para esto. Entonces el Señor les dejó claro lo que era y haría. Él es Grandioso y Digno de alabanza, y no necesita adoración y un culto para ser Dios, porque lo es por Sí mismo; y aquellos que lo adoramos, lo hacemos porque llegamos a conocerle y entenderle, y nos damos cuenta que es justo darle alabanza, que se lo merece; que es justo presentarle ofrendas, se lo merece. Y entendemos que es un honor  para nosotros dárselas, no es un favor que le hacemos, sino una honra que se nos otorga.

Mis hermanos, esto es importante de comprender. Dios no necesita de nuestras alabanzas y oraciones para sentirse o ser Dios. Él simplemente lo es. No tiene necesidad de nada para convertirse en Dios, lo es solamente. Es más, es tan perfecto que no requiere de nada, está completo. Alguien perfecto es alguien completo. Dios es el único completo, de nada tiene necesidad; por lo tanto, Dios no necesita favores, no nos necesita a nosotros para ser feliz, Dios es completamente feliz en Su Hijo. No necesita alabanzas, no necesita adoración, no necesita nada. Mis hermanos, Dios no necesitaba el culto de los sacerdotes, ni las ofrendas, ni el incienso. Ellos le presentaban a Dios estas cosas como si Dios tuviese la necesidad de ellas. Para entender cómo servían, permítanme una ilustración.

He visto personas que piden préstamos a conocidos o amigos, los cuales, siendo de la misma clase social de ellos y teniendo las mismas necesidades, en un acto de amistad o buena voluntad, les prestan. La mayoría de las veces se pide un monto y se dice que en “tal fecha» se pagará. Casi nunca ocurre, por lo que cuando llega la fecha se cambia el acuerdo a “pagar en cuotas». El amigo que prestó busca recuperar su dinero, pues no le sobra y lo necesita; el otro, probablemente ya lo gastó y como no arriesga cárcel ni embargos, se relaja. El deudor pagó las primeras tres cuotas, de 10, pero desde la cuarta comenzó con problemas. Lamentablemente, el que le prestó tiene sus mismas necesidades y cuenta con el pago acordado, así que va a cobrar la cuota 4. El monto de las cuotas fue pactado en montos de $100.000, pero el supuesto “amigo” le dice que no tiene para pagar la cuota 4, y que sólo tiene $30.000. Así que le dice: “¿Lo tomas o lo dejas?”, como si le estuviera haciendo un favor. Si el que prestó el dinero tiene necesidades que suplir, ¿qué creen ustedes que hará? Se las recibirá. Mis hermanos, así estaban procediendo los sacerdotes israelitas. No tenían lo perfecto así que Dios tenía que conformarse con lo que le dieran, como si fuera Alguien con necesidades. ¿Se dan cuenta, mis hermanos?

Pero se equivocaron, Dios no tiene necesidades y Dios les había otorgado el honor de servirle para que sus vidas tuvieran sentido. Pero ellos lo menospreciaban. ¡Oh, mis hermanos! Esta es una gran lección que debemos aprender, no le hacemos un favor a Dios, ni Él tiene necesidades; por lo tanto, no pensemos que nos necesita, ni que se debe conformar con lo que tengo, sino que más bien, sepamos nosotros del honor que se nos otorga, de la oportunidad grandiosa de ejercer aquello para lo cual fuimos redimidos.

Es triste ver hermanos que están en las reuniones obligados, y que mediante el lenguaje corporal y sus rostros, nos dicen: “Y agradezca que vine». Como si les hicieran un favor a Dios y a los hermanos. Pero, ¿qué nos creemos? Aquello (discúlpenme la palabra) es una estupidez. Hace poco vi un video del presidente francés Emmanuel Macron, que saludaba a su gente. De pronto un joven lo saludó y lo llamó por un sobrenombre («Manu»). El presidente se detuvo y le dijo: “Disculpa, no puedes hacer eso. Llámame ‘señor presidente’. Estás en una ceremonia oficial y debes comportarte. Puedes hacerte el tonto pero hoy hay que cantar La Marsellesa y el Canto de los Partisanos así que me llamas presidente o señor”. Este presidente ubicó a ese “confianzudo” joven. Mis hermanos, de una forma similar vemos a Dios ubicando a estos sacerdotes. ¿Se da cuenta?

Dios les decía que Su Nombre era o sería grande entre las naciones de todo el mundo, quienes le presentarían voluntariamente aquello que ellos hacían incorrectamente. Pues lo que otros harían de corazón e inteligentemente, sabiendo el honor que se les concedía, ellos lo despreciaban y ejercían un sacerdocio caído. Así llegamos al verso 12 y 13 que nos dicen:

“12  Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís que su alimento es despreciable.  13  Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová.”(RV 1960).

EL FASTIDIO.

La palabra “profanado» en el hebreo es מְחַלְּלִ֣ים  (kjalál), y en este contexto significa que los sacerdotes degradaron, deshonraron, contaminaron, humillaron y ensuciaron el Nombre del Señor sobre la tierra. ¿Y cómo lo hicieron? Hablando necedades. Dijeron que la mesa del Señor era “inmunda», y que Su alimento era despreciable. Para nosotros, esto es semejante a los que les da lo mismo la comunión con Dios, y que desprecian lo que Dios ha establecido para nosotros. De alguna manera, tiene que ver con el rechazo hacia la Palabra de Dios, hacia lo que Dios ordena, llegando a considerar un fastidio todo lo que Dios nos ordena y comunica.

El verso 13 dice:

Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová.” (RV 1960).

Este pasaje confirma lo que antes dijimos respecto a que servían a Dios como si Él tuviera necesidades o como si le hicieran un favor. Pero, aparte de esto, Dios los descubre respecto a que decían que esto era un fastidio. La Nueva Versión Jerusalén traduce esta parte así:

y me despreciáis añadiendo: ¡Qué lata!

La Biblia Textual[3] dice:

y exclamáis: ¡Cuán tedioso es esto!

La idea aquí muestra el aburrimiento, cansancio y hastío que estas personas tenían por Dios. ¡Qué triste cuadro! Ellos se sentían hastiados, para ellos todo esto era una lata. Dios era una lata y tedioso para ellos. ¿Saben por qué ocurrió esto? Por egocéntricos, por hedonistas, cosas que ya vimos anteriormente. Se olvidaron de quiénes eran ellos y Quién es Dios. No tenían idea el para qué fueron llamados, y servían como bien les parecía. Mis hermanos, nosotros no estamos libres de caer en este estado. ¿Cuántas veces no ha sido para nosotros una lata reunirnos? ¿Cuántas veces no nos ha ocurrido que sentimos que escuchar la Palabra es un fastidio? Nosotros no estamos libres de esto. El Señor descubre los pensamientos e intenciones de los sacerdotes, les muestra lo que Él estaba viendo en ellos; y esto que les estaba pasando, es algo que también puede ocurrirnos y nos ocurre. Mis hermanos, si para nosotros todo esto se ha vuelto fastidioso, debemos volvernos al Señor, lo estamos despreciando, menoscabando. Debemos volvernos a Él. Porque de lo contrario, si no somos sacerdotes conforme al corazón de Dios, estamos siendo sacerdotes conforme al deseo de la carne y de los demonios.

SACERDOTES CONFORME AL DESEO DE DEMONIOS.

Saben, los primeros en rebelarse y tratar a Dios como un fastidio, fueron los ángeles que se volvieron demonios; y a veces, el fastidio que sentimos y los malos pensamientos, vienen de ataques espirituales de seres caídos contra los que batallamos. Por lo tanto, cuando nos rebelamos contra Dios, cuando servirle nos es un fastidio y una lata, es probable que estemos dándole en el gusto a alguna criatura espiritual que nos ensució la cabeza. Que el Señor nos permita darnos cuenta de esto.

Mis hermanos, miren lo que Efesios 2:1-3 nos dice:

1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (RV 1960).

Antes andábamos de esclavos del pecado, de la carne y del “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. Sin embargo, aunque hoy ya no somos esclavos de estos, gracias a Cristo, si bajamos la guardia nos pueden engañar y ensuciar encima. Es por eso que hay hermanos en Cristo que habiendo sido salvados, al bajar la guardia, se extravían en pos de doctrinas egoístas. Dejaron que las aves que volaban sobre su cabeza, anidaran en ellas. Que el Señor nos ayude y nos muestre claramente cuando andamos pensando en el fastidio y la lata de algunas cosas; y podamos, por el Espíritu en nosotros, tomar la decisión de decirnos: “No, no es un fastidio; es un honor”.

DANDO LO QUE SE MERECE Y NO LAS SOBRAS.

Finalmente, el Señor nos muestra una maldición. Y el verso 14 nos dice:

14  Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.” (RV 1960).

Los hombres y los sacerdotes pensaban que podían engañar a Dios. Entonces el Señor les muestra la maldición que persigue a aquellos que quieren engañar a Dios, para traer de la escasez de sus corazones y no conforme a la dignidad del Señor. Esta maldición, este castigo, fue el que cayó sobre Ananías y Safira. Ellos trajeron ofrenda a Dios e intentaron engañar, mentir al Espíritu Santo. ¿Y qué ocurrió? Cayeron muertos. Por lo tanto, mis hermanos, aprendamos de aquí una gran lección. No debemos intentar engañar, ni mentir al Espíritu Santo de Dios. No debemos venir con sobras, con engaños que provienen de la estrechez de nuestros corazones. Lo que debemos dar, es lo que consideramos que Dios se merece, lo cual proviene del conocimiento que vamos teniendo de Él. Si lo alabas, si ofrendas, si oras, debe ser porque sabes lo que haces, y lo haces con razón. Dios advierte a los sacerdotes de esta maldición, la cual, vemos también en Hechos capítulo 5. ¿Cuál era el objetivo de Dios con esto? Que le temieran, no porque Él se complazca en el miedo de los hombres, o le guste gobernar a través del miedo; sino porque cuando los hombres tienen temor de Dios, es porque le están conociendo y se conducen con prudencia en Su Presencia, pues saben delante de Quién están.

Por lo tanto, mis hermanos, este es un llamado a ubicarnos y saber delante de Quién estamos. Temamos a Dios, no es de jugar ni de engañar, es de tomarse en serio. Hacer esto y andar así es de sabios. Como Proverbios 9:10 dice:

El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.” (RV 1960).

Vamos a parar aquí. Oremos.

 


 

[1] Otras versiones: La Biblia Textual III, Dios Habla Hoy, Nueva Versión Jerusalén, Nueva Versión Internacional.

[2] Otras versiones: Biblia Septuaginta al Español.

[3] III Edición.