2. Lectura de estudio profecía de Malaquías – Introducción II (Texto).

Vamos a continuar con la segunda parte de nuestra introducción. Y estaremos considerando los versículos 2 al 4 de Malaquías 1, que nos dicen:

2 Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, 3 y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. 4 Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre. 5 Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.” (RV 1960).

Ya dijimos que esta es una profecía de Dios contra Israel, una profecía que reprochaba el caminar de los sacerdotes y del pueblo. Es importante tener en cuenta esto, pues el carácter de cada una de las palabras es la de un regaño.

Considerando lo anterior, vemos que Dios parte reprochándole a Israel el menosprecio para con Su amor. El verso 2 comienza con retórica, Dios hace una declaración, realiza preguntas y responde Él mismo. Dios afirma que Él ha amado a Israel pero que ellos han respondido con sarcasmo, diciendo: “¿En qué nos amaste?”.

Mis hermanos, si Dios tiene algo en contra no hay lugar para pensar que nos esté calumniando. Dios tiene dos atributos extraordinarios que nos demuestran que es imposible que esto sea así.

DIOS NO NOS CALUMNIA.

Primero, la Biblia nos revela que Dios es Omnisciente, es decir que Dios todo lo sabe, entiende, conoce y comprende[1]. Nada queda fuera de Su conocimiento y entendimiento. Sus capacidades intelectuales y de sabiduría son infinitas, imagínese que el número de nuestros cabellos lo conoce, y no sólo esto, sino que cada uno de estos está enumerado (Lc. 12:7), es decir que sabe cuál es el uno, el dos, el 1000, etcétera. Cosas como esta sirven para ayudarnos a entender o dimensionar lo que esto significa, pues hay cosas de Dios que son inefables[2] y la Biblia para hacernos entender ocupa figuras, metáforas, etcétera.

Segundo, también las Escrituras nos revelan que Dios es Omnipresente[3], es decir que Dios puede estar en todo lugar y al mismo tiempo; y no solo esto, sino que no dejará de estar. Dios es Omnipresente debido a que es infinitamente inmenso y lo llena todo (Jer. 23:24), por lo tanto, no es solo que Dios esté presente, sino que nosotros estamos “presentes” en Dios, y nos movemos en Él, y en Él somos, cómo dice Pablo en Hechos 17:28a.

Finalmente, Dios que es Santo y Justo, no miente (Tit. 1:2). Es más, Él es la Verdad Personificada (Jn. 14:6) que aborrece y castiga la mentira (Pr. 6:16-19).

Así que, considerando que Dios es Omnisciente, Omnipresente y Verdadero queda excluida toda posibilidad de calumnia de parte de Dios. Si Dios tiene cosas en nuestra contra, mis hermanos, no nos está calumniando. Si el Espíritu y la Palabra están tocando nuestro corazón y nos están incomodando, no es por si acaso, debemos prestar atención. Significa que Dios es Testigo y sabe, que hay cosas en nuestra conciencia que debemos resolver (1Jn. 3:20-21).

EL EGOCENTRISMO Y EL HEDONISMO.

Dios había amado al pueblo de Israel, pero ellos decían que no se les había demostrado amor.  Mis hermanos, el hombre es un ser caído y egocéntrico, y en su egoísmo se volvió hedonista.

El hedonismo, como doctrina,  es la ética que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato. Es decir que se juzga como bueno para mí lo que me da placer, lo que me da satisfacción personal e inmediata según mis estándares. Dios había amado al pueblo, pero el pueblo preguntaba: “¿cuándo?”, “¿dónde?”, “¿cómo?”. Ellos veían sufrimiento, esclavitud y cautiverio; la razón de ver esto, es que el pueblo había caído de la posición teocentrista a una cosmovisión humanista. Se habían olvidado de Quien los llamó y para qué. Ellos se vieron a sí mismo como el centro, pretendían que Dios girase alrededor de ellos.

Mis hermanos, este es un problema muy frecuente en el pueblo de Dios, se cae en el antropocentrismo y se piensa a sí mismo como el centro del universo. Se vive como si Dios girara alrededor del hombre; se vive como si Dios fuera por el hombre, del hombre y para el hombre. Como si el hombre fuera el dios del Dios Altísimo. Entonces si se está sufriendo algo, padeciendo algo que no está de acuerdo a nuestro hedonismo pensamos que Dios está ausente, pues cómo es posible que no esté preocupado de nuestro “bienestar”, de nuestra “felicidad”,  de nuestra “alegría”; claro está que todas estas cosas tiene un apellido, “bienestar hedonista”, “felicidad hedonista” y “alegría hedonista”. Si no me está haciendo feliz o sentir placer (según mis estándares) entonces pregunto, ¿de qué manera me ha estado amando Dios? Esto es debido a que el amor lo hemos relacionado a lo sensorial, al placer, a la felicidad, pero todo esto girando a nuestro alrededor. Como cuando un niño recibe de su padre una palmada debido a que insistía en poner su mano sobre la estufa, aunque se le advertía que no debía hacerlo. El niño no puede entender el amor de su padre, ¿cómo es posible que aquello que le dolió brevemente sea una demostración de amor de su padre que no quiere que sufra? Eso es parte del hedonismo, esa es la ceguera del hedonismo. De igual manera, el pueblo de Israel se volvió al hedonismo, perdió el rumbo por el cuál había sido escogido, se olvidó de lo que Dios dijo por boca de Isaías:

todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” (Is. 43:7, RV 1960).

Si se dan cuenta en esto no hay nada de antropocentrismo. Dios no nos hizo para que fuésemos felices, ni para que viviéramos en búsqueda de la felicidad, sino que Dios nos hizo para Su gloria. Y si entendemos esto y vivimos para esto, entonces seremos felices, como el resultado de entender nuestra existencia. Fuimos hechos para caminar según Dios y no según nosotros mismos; fuimos hechos para Dios, no para nosotros mismos.

Mis hermanos, si ustedes ven el comportamiento de Adán antes de la caída[4], se darán cuenta que este no tenía conciencia de sus necesidades, ni tenía intereses personales, ni miedos. Antes de la caída el hombre tenía los ojos puestos en Dios, vivía para Dios, tenía que labrar y guardar lo que Dios le había encomendado (Gn. 2:15). Su preocupación y su ocupación era Dios, Su voluntad, el conocerle, caminar con Él. Podía estar desnudo en Su presencia y no tenía vergüenza, ni miedo, ni veía la necesidad de vestirse (Gn. 2:25). Dios se ocupaba de las necesidades del hombre y su bienestar, no era el hombre que estaba pendiente de esto. El hombre sólo estaba ocupado en las cosas de Dios, en Dios mismo. Nunca fue el hombre el que trajo a Dios sus solicitudes o necesidades, sino que Dios estaba al tanto de estas mientras el hombre se ocupaba de Él. Dios dijo, por ejemplo:

No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Gn. 2:18).

¿Quién dijo esto? Dios. Él pensó en este bien para el hombre, no fue el hombre el que lo pensó. Dios le dio las cosas necesarias, el hombre no tenía conciencia de sus necesidades, ¿saben por qué? Porque sus ojos estaban cerrados para sí mismo y abiertos para Dios. Dios era su centro, su vida, su respirar, su ocupación, sus pensamientos, emociones y deseos. Dios era todo para el hombre. Dios era suficiente para el hombre. Pero lamentablemente el hombre abrió los ojos para sí mismo y comenzó a vivir para sí mismo, para su deleite, para su placer, para su propio beneficio. El hombre quiso conocer “el bien y el mal” para él, es decir, lo bueno y lo malo según estándares propios y caídos, hedonistas. No quiso que fuera Dios el que decidiera qué era bueno o malo para el hombre. Los que pueden entender en parte este pesar en el corazón de Dios, son aquellos que ven a sus hijos tomando caminos equivocados aun cuando ellos los han advertido de los resultados. Es triste esto para un padre y para una madre. Pero el hombre, al igual que un hijo joven y rebelde quiso dejar su hogar preparado por Dios pensando que fuera de este y alejado de la comunión con Dios podría encontrar algo que fuera bueno para sí mismo, según su hedonismo. No obstante, el hombre perdió lo esencial, sacó a Dios de su vida y perdió lo esencial, lo suficiente, Al Suficiente.

PARA LA GLORIA DE DIOS, TEOCENTRISMO.

Desde ese momento no supo para qué existía, perdió la conciencia de su origen, se volvió ciego. Comenzó a buscar su felicidad y buscó el placer para darle sentido a su existencia; pero la razón de su existencia era el Ser Trascendental que lo creó, Dios. Dios creó al hombre para Su gloria, para que el hombre viviese para Él. Cómo maravillosamente dice un cántico del hermano Gino Iafrancesco:

“Cuando la luces se apagaban,

Y no había nadie para mí,

Cuando las puertas se cerraban y gemidos podía oír, mejor no vivir.

Una luz en mi camino apareció,

Una puerta en el cielo se me abrió,

Una voz que me dijo dulcemente:

<<Vive sólo para mí, ven a beber de mí. >>”[5]

Esta es la voluntad de Dios: “Vive sólo para mí”. Esto es lo que Dios le ofrece al hombre, esta es la razón por la cual existe el hombre, esta es la respuesta a la interrogante existencialista del hombre: “Vive sólo para mí”. Dios siendo el centro y la razón por la cual vivimos, y para lo cual vivimos, y por lo que queremos vivir y morir. Esto es teocentrismo y esta es la gloria de Dios: El hombre voluntariamente viviendo para Dios.

Entonces, si se tiene presente esto, vamos a querer conocer Su voluntad la cual está en Su Palabra.

LA GRACIA DE DIOS.

Ahora bien, los israelitas tenían una visión egocentrista y vivían según el paradigma de que ellos eran el centro del universo, una visión egocentrista y hedonistas que, al ver sus padecimientos, les llevaba a  preguntar pesadamente a Dios: “¿En qué nos has amado?”.

Esto preguntó el pueblo de Israel después de haber pasado años de instancias disciplinarias por causa de su pecado, “¿en qué nos has amado si vemos que hemos padecido tanto?”. Veían sus padecimientos, pero no su maldad; veían los azotes, pero no se daban cuenta de que era una justa disciplina. Es como el niño malcriado que después de comportarse grosera y rebeldemente, pregunta por qué sus padres lo han castigado. Entonces, ante esta pregunta Dios responde:

¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, 3 y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto.” (Mal. 1:2b-3, RV 1960).

El Señor responde mostrando la elección de Jacob en contraste de Esaú. Dios amó a Jacob y despreció a Esaú. Pero pongamos atención en esto: Dios menciona a Jacob no a Israel. Jacob fue el usurpador, el tramposo, alguien que moralmente no era mejor que Esaú, sino que era alguien ambicioso, dispuesto a cualquier cosa contar de lograr sus objetivos, incluso el engañar a su padre. Dios lo eligió cuando era Jacob, no Israel. La elección de Dios no fue porque Jacob fuera el mejor, no, para nada, es más, lo escogió antes de nacer (Gn. 25:23) y no por ser lo mejor, pues fue de lo peor; pero su elección fue debido a que Jacob quiso la primogenitura, mientras que Esaú la despreció.

De acuerdo al “Lexicón Teofilolingüístico” del hermano Arcadio Sierra Díaz, la primogenitura era algo muy importante delante de Dios, de los hombres y de la familia, mire:

“… antes de que se estableciera el sacerdocio aarónico, el primogénito de cada familia se valía de la prerrogativa sacerdotal y la primacía y autoridad en el hogar después de la muerte del padre.”[6]

Esaú no sólo menospreció la primacía y autoridad en el hogar y delante de los hombres, sino que por un plato de aquel guiso rojo que cocinaba Jacob, estuvo dispuesto a renunciar a la prerrogativa sacerdotal de relación con Dios y con la familia. El menosprecio de la primogenitura implicaba menospreciar una relación especial con Dios, en otras palabras, era despreciar a Dios mismo.

Esaú despreció a Dios, despreció el relacionarse con Él, servirle a Él. Pero Jacob quiso aquello, él quiso la primogenitura y estuvo dispuesto a obtenerla a cualquier costo, lo cual no es justificación de sus hechos, pues le significó años de disciplina del Señor, junto con el sufrimiento y enemistad con su hermano, llegando a temer, incluso, por su vida (Gn. 32:6-7).

Dios escogió y amó a Jacob cuando este aún no nacía y vemos que él al crecer no fue de lo mejor, no era mejor que Esaú; pero debido a que Esaú despreció a Dios al menospreciar la primogenitura, Dios lo desatendió y no lo miró como cercano. Este pasaje lo cita Pablo en Romanos 9:13, y en las notas de la Biblia Textual[7] dice que con “aborrecí” se refiere a desatender. La Biblia Israelita Nazarena[8] dice: “he aceptado a Yaaqov y he rechazado a Esaw”. No es que Dios lo odiara. Los hermanos Evis L. Carballosa, F. Lacueva y Roy W. Davey-Jenkins, concuerdan en que esto debe ser entendido de forma gradual, o sea, quiere decir que Dios amó menos a Esaú; y esto, fue debido a que Esaú no amó a Dios, pues en Su justicia, Dios le dio conforme a su decisión personal. Esaú despreció aquello que lo ponía en una posición sacerdotal delante de Dios para relacionarse con Él, entonces Dios lo rechazó conforme a su propia elección humana. Para Esaú, Dios era nada comparado con el hambre que tenía, entonces Dios escogió a Jacob por cuánto este quiso aquella posición. De alguna manera, Jacob decidió por aquello que Dios entregó a Esaú, el cual voluntariamente lo rechazó. Jacob escogió a Dios.

SOBRE LA PREDESTINACIÓN Y LA GRACIA.

Ahora, aquí hay que atender un asunto importante y lo haremos brevemente.

Estos pasajes son usados muchas veces para argumentar acerca de una predestinación aparentemente arbitraria de parte de Dios. Una elección que Dios supuestamente hace independiente de la voluntad humana, pues se dice que la gracia es irresistible[9]. Es un tipo de elección que se deduce especialmente del relato acerca de Esaú y Jacob.

Uno de los argumentos que se nos hace notar es la elección antes de nacer mencionada por Pablo en Romanos 9:11, además de ser escogidos  “antes de la fundación del mundo”, también mencionado por el apóstol en Efesios 1:4. Con esto se enseña que dicha elección obedece sólo a lo que Dios quiso y porque es Soberano; sin embargo, dicho argumento choca con la declaración que hace la Biblia respecto a  que Dios no hace acepción de personas (Dt. 10:17; 2Cr. 19:7; Hch. 10:34; Ro. 2:11; Ga. 2:10; Ef. 6:9; 1P. 1:17), lo cual nos lleva a recordar que no podemos interpretar algo contradiciendo otra cosa. No podemos interpretar una doctrina sin considerar lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo, de Su forma de conducirse. Cuando nos encontramos con este tipo de “paradojas” al interpretar, debemos comprender que el problema se haya en la exégesis que hacemos y no en las Escrituras que jamás se contradicen.

El énfasis que realizan los hermanos que sostienen esto, es que Dios es Soberano y en Su soberanía hace lo que quiere. Sin duda que Dios tiene todo el poder, autoridad y capacidad como Soberano para hacer lo que quiere (Job 31:28; Hch. 4:24; 1Ti. 6:15; Jud. 1:4; Ap. 1:5), pero Dios no sólo es Soberano, sino que además es Digno (2S. 22:4; 1Cr. 16:25; Sal. 8:3; 48:1: 96:4; Dn. 9:4; Ap. 4:11). Es decir que nada recibe que no se le considere Merecedor y se le otorgue voluntariamente (p. ej. Ex. 25:2). O sea, es merecedor de gloria, merecedor de alabanza, merecedor de temor, etcétera; y nosotros voluntariamente se la otorgamos. Dios no obtiene nada por la fuerza, aunque tiene la capacidad de hacerlo no lo hace (p. ej. Ap. 3:20), porque eso no es de Alguien que tiene dignidad infinita. Dios obtiene las cosas como todo un caballero y espera a que voluntariamente se le dé un “sí” de respuesta. Así fue que el Dios Soberano, en Su dignidad, dispuso la primogenitura para Esaú, quien la despreció voluntariamente; a diferencia de Jacob que la quiso, la consideró. Entonces Dios que aparte de ser Soberano y Digno, es Omnisciente, sabiendo de antemano el rechazo voluntario de Esaú y la aceptación voluntaria de Jacob, escogió desde el vientre de su madre a Jacob. ¿Se dan cuenta?

No es que Dios pensara: “Quiero que Esaú me rechace, así que lo haré desobediente y egoísta”, en ese caso, ¿dónde estaría el amor de Dios que no quiere que nadie perezca? (2P. 3:9), ¿y dónde estaría la justicia de Dios que no hace acepción de personas? Si fuera así, entonces Esaú podría culpar a Dios de injusto y tramposo, que predestinó arbitrariamente a Jacob para salvación y a él para vergüenza; pero no fue así, pues Dios escogió en Su anticipado conocimiento. Pedro utiliza la palabra  πρόγνωσιν (prógnosis) que la Reina-Valera 1960 traduce “presciencia” (1 P. 1:2), lo cual nos habla de “conocer antes”, lo que es parte de los atributos de Dios[10]. Lo que Dios hizo fue conociendo de antemano las elecciones futuras de esos hombres, y escogió al que vio que lo prefirió a Él. Es por esto que a muchos que no quisieron, que lo rechazaron, les dejó seguir con su camino, en la dureza de su propio corazón, por necios y testarudos, y así mostró en ellos otras cosas, tales como Su justicia, poder, severidad, etcétera.

Entonces, con ese anticipado conocimiento acerca de Jacob, siendo este un indigno y pecador igual que su hermano Esaú que, a diferencia de él, rechazó una relación especial con Dios, fue que Dios lo escogió por gracia. Es decir, lo escogió cuando no lo merecía. No lo escogió porque fuera mejor, ni porque fuera impecable, ni porque tuviera obras buenas, ni porque fuera justo en sí mismo, sino que lo escogió porque vio la voluntad en él, y lo que preferiría. Esa es la gracia de Dios. No era un hombre espiritual, ni tenía la fe de Abraham, pero tenía sólo una cosa: Voluntad. Es decir que quería. Nada más. Y por esa voluntad que, lamentablemente estaba incapacitada por su humanidad, fue que Dios lo ayudó, lo trató y luego le reveló Quién era Él y cuánto Jacob lo necesitaba.  Fue en esa revelación que Dios lo quebrantó. ¡Qué tremendo!

LAS ELECCIONES NUESTRAS Y NUESTROS DESCENDIENTES.

Pero Esaú por su rechazo y desprecio conocido por Dios anticipadamente, se condenó a sí mismo a la desgracia, pero también a sus descendientes. Es por eso que el texto continúa diciendo:

“… y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. 4 Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre. 5 Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.” (Mal. 1:3-5, RV 1960).

Esaú despreció a Dios y Dios lo abandonó a las consecuencias de su propia decisión. Entonces todas sus cosas fueron expuestas al desierto, a la pobreza, a la ruina, a la destrucción, a la impiedad y al servicio de Jacob, su hermano. ¿Por qué? Por causa de la justicia de Dios, pues en Su bondad la primogenitura se le otorgó a Esaú primeramente, pero éste la rechazó; entonces Dios mostró Su justicia y lo desatendió a él. Esta es la recompensa justa y también el resultado de aquellos que viven sin Dios.

En estos pasajes podemos ver que aquella elección realizada por Esaú, repercutió y tuvo consecuencias en sus descendientes y en el pueblo que luego vino, y que se volvió un pueblo sin Dios. ¿Se da cuenta lo que espera a una descendencia y pueblo sin Dios? ¿Se da cuenta lo que espera a una generación que rechaza voluntariamente a su Creador producto de lo que le enseñaron sus padres? Desolación, abandono, pobreza, ruinas, resistencia de parte de Dios, impiedad; y esto, trasciende los pueblos.

Mis hermanos, todas estas cosas esperan a las naciones que se alejan de su Dios, la moralidad se ve por el suelo. Chile, por ejemplo, comenzó a secularizarse y desde el gobierno ultra laico que ejerció la sra. Bachelet, aumentó los casos de VIH en un 96%[11]. Ella quería un gobierno más laico del que ya era desde hace muchos años. Hermanos, a esto se le unió el desinterés de los padres en las casas, pues yo he visto madres en las calles diciéndoles a sus pequeños hijos que el cristianismo son cuentos y tonterías. Esto repercutirá en una tragedia a largo plazo, pues los resultados no los vio inmediatamente Esaú, sino que lo vio Edom, que es el nombre del pueblo que le sucede. Queridos hermanos, el abandonar al Señor, el dejarlo, el menospreciar la relación con Él, puede resultar en el mal de nuestros hijos y nuestros sucesores; no porque Dios los castigue a ellos por decisiones nuestras, sino que nuestras decisiones les enseñarán a ellos a no venir al Creador, a menospreciarlo, pecando contra Él. Nuestras decisiones les enseñarán la soberbia y rebeldía ante el Dios Soberano, en vez de enseñarles a temer y conducirse con cuidado en Su presencia.

Para cerrar, permítanme hacer una referencia histórica interesante. Hace 100 años uno de los países con más cristianos era Inglaterra, casi el 100% de la población se declaraba creyente, un cristiano comprometido. Hoy, menos del 10% se declara cristiano comprometido, la población ha sido secularizada, postmodernizada, y junto con esto, ha ocurrido que el Islam ha ido provocando estragos en medio de ellos. Las naciones son y serán juzgadas por dejar a su Creador (Jer. 25:31; Jl. 3; Mt. 25:31-32).

Dios había amado a Israel, los amó cuando eran Jacob, cuando eran nada, cuando no eran pueblo; Dios allí los amó y los escogió en Su gracia por aquella voluntad que tuvo Jacob, que luego fue Israel. Con todo esto, ellos decían: “¿En qué nos haz amado?”. Que el Señor hable a nuestro corazón.

Vamos a parar aquí. Que el Señor nos permita meditar en Su Palabra. Amén.

Gracia y paz del Señor Jesús sea con todos ustedes.

 


 

[1] Véase pasajes tales como: 1 Reyes 8:39; 1 Crónicas 28:9; Salmos 44:21; 139:1-4; 147:4, 5;  Isaías 40:28; 46:9-10; Mateo 10:30; Juan 2:25;  Hechos 1:24; 1 Juan 3:20; Hebreos 4:13; Apocalipsis 2:23; etc.

[2] Que no puede ser explicado en palabras.

[3] Véase pasajes tales como: Reyes 8:27; Job 34:21; Salmos 139:5-10; Proverbios 15:3; Jeremías 23:23-24; Mateo 6:6; 18:20; Juan 1:48;  Hechos 17:28a; etc.

[4] Génesis 1 y 2.

[5] Iafrancesco, G. Vive solo para Mí. Revisado en https://www.youtube.com/watch?v=MeTDcqFo_wM

[6] Sierra Díaz, A. (2003). Lexicón Teofilolingüístico (p. 262). Bogotá, D.C.: Publicaciones Cristianas.

[7] III Edición.

[8] Edición 2011.

[9] Este es uno de los puntos del hipercalvinismo.

[10] Sobre el tema puede consultar:
Iafrancesco, G. (2008). Elección en Cristo según Presciencia. Bogotá, D.C.: Edición Autoral.

[11] Advierten que casos de sida han aumentado en Chile un 96 por ciento desde el 2010. (2018). Revisado el 5 Junio del 2020, desde: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/04/09/advierten-que-casos-de-sida-han-aumentado-en-chile-un-96-por-ciento-desde-el-2010/