1. Lectura de estudio profecía de Malaquías – Introducción I (Texto) .

Nos hemos propuesto, rogando de Dios Su ayuda, el poder emprender una lectura de estudio panorámico del libro de Malaquías. A modo de introducción y con el fin de aprovechar bien nuestro tiempo, vamos a leer de inmediato el capítulo 1, versículo 1 de este libro que se encuentra en el Antiguo Testamento.

 

Leeré en la versión Reina-Valera de 1960, que dice así:

“1 Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías.        

SOBRE SU AUTOR.

Para comenzar diremos que el versículo 1 nos indica tres cosas importantes e introductorias de este texto:

1) Su género literario.

2) Los destinatarios.

3) El autor humano.

Sobre estos tres puntos se nos dice que el documento es una “Profecía” (aquí tenemos su género literario) dirigida a “Israel” (quien corresponde a su destinatario) por mano de un tal “Malaquías” (su autor humano) que fue conducido por el Espíritu Santo a escribir este texto santo.

Cabe señalar que no se tiene claro si “Malaquías” es un nombre o un título,  pues la palabra hebrea que aparece aquí (Malakí, מַלְאָכִֽי) significa “Mi mensajero” o “Mi ángel”[1], y de acuerdo a la revisión que realicé en una concordancia exhaustiva[2] no aparece en otro lugar de la Biblia esta palabra[3]. Personalmente creo que es un título que se aplicó a un hombre de Dios anónimo y que en las traducciones se tomó como sustantivo propio, naciendo el nombre “Malaquías”. La razón por la que creo esto es el hecho de que aún en las citas que se realizan de éste en el Nuevo Testamento nunca se menciona al autor por el supuesto nombre “Malaquías”; es más, en las citas que se realizan solo se dice “está escrito”. Por ejemplo, en Mateo 11:10 dice:

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.” (RV 1960).

Esa cita es de Malaquías 3:1 y no se menciona al autor, sólo dice “está escrito”.

También en Marcos 1:2-3 ocurre que se cita dicho pasaje para destacar lo que dice Isaías 40:3 sobre el Señor Jesús, y en cuanto a la cita de Malaquías allí, tampoco se menciona al autor[4]. Lo mismo ocurre en Lucas 7:27, que también cita la Escritura de Malaquías y al igual que Mateo sólo dice “está escrito”, pero no se menciona al instrumento humano. Y Pablo, por el Espíritu, en Romanos 9:13 citando Malaquías 1:2 hace lo mismo, diciendo “está escrito”.

Con todo esto, me atrevo a decir que el autor del texto que la Reina-Valera llama “Malaquías”, para los apóstoles era aparentemente anónimo. Aquel libro era una profecía que Dios dio a Su mensajero de aquel entonces y del que no se menciona el nombre[5]. Por ende, creo que más que un nombre era un título, Dios hablaría por Su malakí, por “Su mensajero” al pueblo de Israel. Sin embargo, esto no es doctrina fundamental, sólo antecedentes introductorios a tener presente.

SU CANONICIDAD Y FECHA DE COMPOSICIÓN.

Ahora, que “Malaquías” no sea un nombre ni sepamos la identidad del autor humano, o instrumento humano, no es razón para dudar de la canonicidad de esta profecía; pues sus credenciales canónicas son reconocidas en la propia Biblia, en palabras inspiradas a sus autores neotestamentarios quienes lo citan frecuentemente como parte de las Escrituras de Dios (Mt. 11:10, 14; Mr. 1:2; Lc. 7:27; Ro. 9:13). Al decir “como está escrito” están reconociendo el documento como parte del canon bíblico hebreo que para el tiempo de los apóstoles ya estaba aprobado, cerrado y reconocido por el propio Señor Jesús[6], Dios-Hombre, la Palabra Personal y Encarnada de Dios.

Su composición (se cree) fue previa a los 400 años de silencio[7] que transcurrieron entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, alrededor del año 450-460 a.C., anterior o quizás durante la llegada de Nehemías a Jerusalén para reconstruir los muros de la ciudad, cuando el pueblo de Israel dejaba la cautividad de Babilonia.

SU GÉNERO LITERARIO, DESTINO Y ASUNTO.

Este texto es una profecía de Dios al pueblo de Israel[8], pero no era cualquier profecía, sino que era una profecía “en contra de Israel”. El carácter de este libro es serio, es reprensivo; las palabras que contiene son para un pueblo que se encontraba pecando contra Dios mismo y Su culto, después de haber salido de un cautiverio de muchos años en Babilonia. Todas las cosas que ellos hacían iban contra la voluntad de Dios, comunicadas y advertidas en Su Palabra. Todas las quejas y reprensiones de Dios a los sacerdotes y al pueblo, ya estaban registradas en las Santas Escrituras; por lo tanto, podemos ver que el problema de los sacerdotes y del pueblo fue que:

1) Los sacerdotes y/o el pueblo ignoraban la Palabra de Dios, fueron negligentes respecto a esta, o…

2) Los sacerdotes y/o el pueblo  conociendo la Palabra del Señor la menospreciaban, fueron rebeldes a ella.

Esto nos enseña algo importantísimo a nosotros los cristianos, que en Cristo somos hechos para Dios un reino sacerdotal (1P. 2:9-10; Ap. 1:6; 5:10). Mis hermanos, menospreciar la Palabra de Dios es menospreciar a Dios mismo; e ignorar la Palabra de Dios es ignorar quién y cómo es Dios, quien se revela en ella. ¿Se dan cuenta? Dios había rescatado a un pueblo insignificante para que fuera un pueblo especial para Él (Dt. 7:6-7), les mostró Su gloria y Su poder, además de que decidió morar en medio de ellos (Ex. 25:8). También los hizo una nación y con ellos hizo un pacto de protectorado, dándoles una ley santa en la cual se revelaba a Sí mismo y dónde les mostraba las condiciones de este pacto (Ex. 19-40). Adicionalmente, les entregó y confió Sus Textos, les dio profetas y señales prodigiosas (Véase Ex. 1-12; Ro. 3:1-2), y quiso ser su Rey, aunque ellos prefirieron ser gobernados por reyes humanos, lo que Dios aceptó en Su dignidad (1S. 8). Dios los llamó para Sí mismo, para Su gloria (Is. 43:7), para revelarse en ellos y caminar con ellos; y en los Textos les dejó las memorias de la historia que vivieron con Dios, las leyes que recibieron de Él, las ordenanzas del culto hacia el Señor, etcétera. Todas estas cosas quedaron impresas en Su Palabra, pero ellos menospreciaron esto y, haciéndolo, menospreciaron a Dios mismo. ¿Pueden ver la seriedad de este asunto?

El menosprecio y/o ignorancia respecto a la Palabra de Dios siempre trajo juicios al pueblo. En diferentes épocas de los hebreos ocurrió que estos abandonaron al Señor, se rebelaron contra Su Palabra y se fueron en pos de dioses falsos o de sí mismos. Cuando algunos se enteraron de sus pecados contra Dios y se arrepintieron, entonces recibieron de Dios misericordia; no obstante, muchas de esas veces los juicios ya estaban decretados para la nación. El menosprecio y/o ignorancia se deja ver en pasajes como 2 Reyes 22, donde se relata la historia del rey Josías, que ocurrió previo al cautiverio en Babilonia. Este rey tenía una buena intención, quería reparar las grietas de la casa de Dios, así que mandó a recoger las ofrendas necesarias para poner en las manos de aquellos que hacían la obra. Cuando llegaron a buscar las ofrendas donde el sumo sacerdote Hilcías, éste le entregó al escriba enviado por el rey -llamado Safán- el libro de la ley que había encontrado. El versículo 8a dice así:

Entonces dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová…” (RV 1960).

Por las palabras que dijo Hilcías nos damos cuenta que el libro de la ley de la casa de Dios era desconocido por el mismo sumo sacerdote. Él dijo: “he hallado”, como quien hace un descubrimiento de algo que no conocía o de algo que consideraba perdido; al parecer, aunque era el mismísimo sumo sacerdote de aquel entonces, este hombre ignoraba los Santos Textos de Dios. O sea que, sirviendo en la casa de Dios y teniendo el titulo religioso más importante en medio del pueblo, ignoraba las leyes de la casa y por ende, no conocía cómo era el Dios de Israel. ¡Qué lección debemos aprender aquí!

Mis hermanos, aquello que ocurrió, puede ocurrirnos también; podemos pensar que estamos sirviendo al Señor mientras que ignoramos Su Palabra y, por lo tanto, desconocemos Su voluntad, normas y Su forma de ser. Podemos tener buenas intenciones y -como el rey Josías- querer reparar las grietas de la casa de Dios; no obstante, cuando le llevaron al rey la ley y se la leyeron, éste rasgó sus vestidos debido a que la Palabra de Dios lo iluminó y le mostró que había pecado en gran manera contra Dios. El rey tenía buenas intenciones, pero Dios en Su soberanía le entregó en las manos Su ley, Su Palabra, dándole la oportunidad de arrepentimiento. De esta manera se nos permite entender que el servicio en la casa del Señor no es conforme a opiniones ni buenas intenciones humanas, sino de acuerdo a la Palabra de Dios. Por lo tanto, debemos grabarnos bien en nuestro corazón que debemos saber cómo conducirnos en la Presencia de Dios (1Ti. 3:15), y para saber cómo conducirnos, debemos saber cómo es el Dueño de casa, quien en Su Palabra y por el Espíritu se revela a Sí mismo.

Este cuadro pre-exilio babilónico registrado en 2 Reyes 22, es semejante a lo que estaban viviendo en tiempos de esta profecía de Malaquías, y nos permite entender la situación de los sacerdotes y del pueblo de Israel, quienes son los destinatarios de este libro, que es una profecía en contra, no a favor de ellos.

EN CONTRA.

Dios tenía en contra del pueblo algunas cosas y cuando Dios tiene cosas en contra del pueblo es para que este se arrepienta, cambie de curso y se vuelva a Él. Los sacerdotes y/o el pueblo abandonaron cosas que debían afirmar; además, comenzaron a hacer cosas que atentaban contra la justicia y santidad de Dios. Y también se comenzaron a tolerar cosas que Dios aborrecía.

Las quejas de Dios contra el sacerdocio y el pueblo de Israel eran semejantes a las cosas en contra que el Señor tenía con las iglesias de Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Sardis y Laodicea, registradas en Apocalipsis 2 y 3. Y cuando Dios tiene algo en contra y lo comunica, es para dar la posibilidad de arrepentimiento, para perdonar, para salvar; porque Dios es misericordioso e infinitamente bondadoso, y quiere que todos procedan al arrepentimiento (2P. 3:9); sin embargo, si no se volvían a Él verían Sus justos juicios. En Su misericordia y bondad les mostró un camino para el perdón, pero si no lo tomaban se manifestaría Su justicia. Por lo tanto, al entender esto hacemos bien en pedirle al Señor que nos hable al corazón, y si en algo nos quiere reprender por Su Palabra, que el Espíritu nos revele e ilumine a nuestro corazón todas las cosas que Él estime necesarias para nosotros. Sepamos pues que nos enfrentamos a una profecía reprensiva[9], una profecía previa a la aparición del Mesías Salvador en tierra de Israel.

Mis amados hermanos, vamos a realizar una pausa para reflexionar en estas cosas, luego continuaremos con la segunda parte de esta introducción.

 


 

[1] Véase nota de Biblia Textual, III Edición.

[2] Strong, J. (2003). Nueva Concordancia Strong Exhaustiva. Nashville, TN: Grupo Nelson.

[3] Aunque algunas traducciones como la Biblia Textual (III) y la Biblia de las Américas, traducen el nombre hebreo Malkiyah como Malaquías (Jer. 38:6; Neh. 11:12); pero en el hebreo Malkiyah no es lo mismo que Malakí (véase Biblia Israelita Nazarena).

[4] Considere, además, que en el pasaje de Marcos 1:2-3 se está usando una figura de dicción llamada gnome, la cual corresponde a una cita que se hace de un libro. Junto con esto, y para evitar pensamientos erróneos sobre la confiabilidad, infalibilidad e inerrancia de las Escrituras, debemos considerar lo que el hermano Bullinger dijo respecto a esta porción de Marcos: “Los profetas citados son Mal. 3:1 e Is. 40:3, pero se menciona sólo a Isaías, porque su libro encabezaba el rollo de los profetas”. Bullinger, E.W., Lacueva, F. (1990). Diccionario de figuras de dicción usadas en la Biblia. Barcelona, España: Clie.

[5] Como lo que ocurre con el libro de Hebreos en el Nuevo Testamento.

[6] Puedes solicitar material sobre este tema escribiendo a: contacto@equipamientocristano.cl

[7] Se llama así, al periodo previo a Juan el Bautista y Cristo donde no hubieron profetas en Israel.

[8] Este es su género literario.

[9] Que reprende o denota reprensión. (RAE)