I. LA VERDAD DEL EVANGELIO – INTRODUCCIÓN (Texto).

Amados hermanos, la gracia y la paz del Señor sea con todos ustedes. Vamos a estar orando unos segundos.

Amado Padre,  en el nombre del Señor Jesús, le damos gracias por esta nueva oportunidad de abrir las Escrituras. Abra nuestro entendimiento e ilumínenos, por favor. En el nombre del Señor Jesús. Amén. 

Los hermanos que participamos del ministerio de la Palabra, acordamos que esta semana santa estaríamos compartiendo con las iglesias convocadas al retiro (que por cierto hemos tenido que cancelar) algunas bases fundamentales de lo que es el Evangelio; pues hemos visto cómo han surgido algunas enseñanzas erradas, muchas de ellas heréticas y otras de confusión o engaño, respecto al Evangelio que encontramos en las Escrituras.

Los errores y herejías.

Cabe señalar y a modo de introducción, que los errores doctrinales, los engaños y las herejías, son muy antiguos, incluso más que el hombre. Con “hombre”, me refiero al ser humano sobre la tierra, desde Adán. En Ezequiel 28 e Isaías 14, todo entendemos y se ha entendido a lo largo de la historia cristiana, que aquellos pasajes son menciones respecto al diablo. Aunque literalmente son profecías dichas al rey de Tiro y al rey de Babilonia, entendemos que en medio de estas profecías el Espíritu Santo recordó lo ocurrido en el cielo, pues el pensamiento que gobernaba la mente de estos hombres era el mismo que gobernó a una criatura angelical que dio origen al pecado y a la muerte. Permítanme explicar esto.

En el caso de Ezequiel 28 e Isaías 14, la soberbia de ambos reyes los hizo sostener el pensamiento de que eran dioses. Esto es algo muy común entre los soberbios, el divinizarse. La relación entre ambos reyes mencionados en los pasajes referidos de las Escrituras, es que ambos reyes creían ser dios y se igualaban al único Dios Altísimo. Esta soberbia y codicia, hace que el Espíritu Santo recuerde claramente el origen de esta soberbia y codicia, y se refiere a un tal “Lucero, hijo de la mañana” (Is. 14:12) y a un “querubín grande, protector” (Ez. 28:14). Es decir que, al ver la soberbia y codicia de estos reyes, Dios recordó la soberbia y codicia de quien se convirtiera en Satanás, el adversario de Dios, el contrario a Dios. Esta situación relacionada a los reyes de Tiro y Babilonia, hizo que Dios nos mostrara el origen de aquella soberbia y maldad. Es como cuando una madre ve una mala actitud en un hijo y le dice: “me recordaste tanto a tu padre, él hacía lo mismo”.

Es muy importante entender la forma que tiene el Señor para enseñarnos. Mateo capítulo 16 registra que el mismo Señor Jesús, Dios manifestado en carne, hizo esto. Luego de que Simón Pedro recibiera la grandiosa revelación desde Dios el Padre, acerca de que ese Jesús de Nazaret era el Cristo, el Hijo de Dios, protagonizó un hecho bastante particular. Resulta que el Señor Jesús comenzó a anunciarles que Él iba a padecer mucho en manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, tanto así que moriría, pero al tercer día resucitaría (Mt. 16:21). Simón Pedro, al parecer, sólo escuchó lo de padecer mucho y de morir, entonces lo apartó a un lado, y comenzó a reconvenirle (dice la Reina-Valera 1960), corregirlo (dice la Nueva Traducción Viviente) y reprenderlo (dice la Dios Habla Hoy), todas palabras relacionadas (Mt. 16:22). Pedro quiso persuadir al Señor de que no ocurriera eso, de que tuviera compasión de si mismo. La Reina-Valera 1960, traduce las palabras de Pedro así:

Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mt. 16:22).

Al oír las palabras de Simón Pedro, el Señor Jesús se volvió a él, lo miró de frente, y le dijo:

¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:23, RV 1960).

¿Se da cuenta la respuesta del Señor ante las correcciones que intentaba hacerle Simón Pedro? Lo llamó “Satanás”. Algunos interpretan esto como que el diablo poseyó a Simón y le habló; otros interpretan como que Satanás susurró al oído de Simón Pedro y le habló; pero saben, lo que creo es que Simón le habló de su propio corazón, de sus entrañas. Sostengo que fueron sus propias ideas, sus propios sentimientos los que lo movieron, el afecto que tenía por ese hombre que llamó “Cristo” e “Hijo de Dios”. Sin embargo, el Señor le mostró que aquello que él le dijo y la forma en que se lo dijo, aquello que él quería, eso de mirar por uno mismo, era algo que se originó en Satanás. Si se me permite parafrasear, creo que el Señor le dijo: “Hablaste y negociaste como Satanás, ¡apártate de mí! Porque has pensado igual que él, olvidando que el hombre fue llamado a vivir para Dios, no para sí mismo”. ¿Me explico, hermanos? El Señor recordó en las palabras de Simón, en su forma de conducirse, al  mismísimo Satanás. No es que Simón fuera Satanás, sino que recordó en sus palabras y en su forma de actuar, a Satanás. Dicho esto, es que creo absolutamente válido el sostener que Ezequiel 28 e Isaías 14, no sólo nos hablan de profecías a los reyes de Tiro y Babilonia, pues algunos sostienen que estas profecías están dirigidas exclusivamente a esos reyes y, por lo tanto, no hay que interpretarlo ni ver ninguna mención acerca de Satanás; pero personalmente, mis hermanos, creo que si bien son profecías para esos reyes, Dios también recordó los acontecimientos que ocurrieron en el pasado, más allá del comienzo de la historia humana, con un querubín llamado Lucero. Y la razón por la que creo esto, es porque esos reyes le recordaron a Dios el origen de aquella soberbia, de aquella necedad, de aquella codicia de decir, soy dios.

Esta criatura es el causante del principio del error, del engaño y de la herejía, productos de su soberbia, codicia y sectarismo. La palabra herejía, desde el texto bíblico, se relaciona a “secta”, “división”, “partidismo”. Esto nos permite entender que una herejía, en lo práctico, nos separa de la verdad, de la verdad de la fe apostólica, para llevarnos a otro, u otra verdad, no que hubiese otra (como nos dice Pablo del Evangelio), pues la verdad bíblica del Evangelio es única, es Cristo; nosotros no somos relativistas ni postmodernistas que aseguran que hay muchas verdades de una “realidad” y todas son respetables, pero no hay verdades absolutas. No, mis hermanos, nosotros creemos que hay una sola verdad absoluta registrada y revelada en la Palabra de Dios, e identificamos y denunciamos que el principio práctico de la herejía es intentar separarnos de aquella verdad revelada, la fe apostólica recibida en las Santas Escrituras, para llevarnos a una secta, a un partidismo. Ahora, como se ha dicho por allí, un hereje no es aquel que ha caído en una herejía, sino que es aquel que, advertido de la herejía, la abraza.

Si ustedes se dan cuenta, el origen del error, del engaño, del sectarismo, es Satanás. Ahora, vamos notar algunas cosas acerca del por qué nacen las herejías. Si usted lee Ezequiel 28 e Isaías 14, verá que hay cosas en común en ambos reyes que tienen en común con Satanás. Una de ellas es la soberbia. La Real Academia Española[1], entre sus definiciones de soberbia, dice:

“1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.
2. f. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás”.

Permítanme parafrasear esto: Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de uno mismo, con menosprecio de los demás.

La soberbia de Satanás llegó a tal punto que quiso ser igual o superior a Dios, envanecido, mirándose a sí mismo, con un apetito y altivez que lo llevaba a considerarse como superior. Hay una descripción gráfica para representar el significado de la soberbia, y es a alguien inflando el pecho, alguien de pecho inflado. Para los que conocemos la revista cómica llamada Condorito, tenemos allí un personaje llamado Pepe Cortisona, el aspecto de ese personaje es un hombre de pecho inflado[2]. Imagínese a alguien de pecho inflado mirando a otra persona de pies a cabeza, creyéndose mejor y más distinguido que aquella persona. En Ezequiel 28:3, vemos esa actitud. La Reina-Valera 1960, traduce el pasaje así:

“he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto.

Al leerlo así, nos pareciese un reconocimiento de parte de Dios; sin embargo, el verso 2, nos dice que esto era algo que el rey de Tiro decía y pensaba de sí mismo. El texto dice: “Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste”, miren, “y dijiste”; o sea, no era un reconocimiento de Dios, era la opinión soberbia, inflada de este rey respecto a sí mismo. Es por esto que la Nueva Traducción Viviente lo traduce así:

Te crees más sabio que Daniel y piensas que ningún secreto está oculto de ti.

Esta traducción permite entender mejor que era un parecer del soberbio y no un reconocimiento de Dios. En Isaías 14:14, vemos otra actitud soberbia, allí dice:

sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.” (RV 1960).

No hay nada más soberbio que esto. Esa es la imagen misma de la soberbia. Una persona que se cree superior, en estos casos, se creen dioses. Ese deseo y apetito de ser preferido en lugar de otros, es soberbia.

Otra cosa es la codicia, que junto con la soberbia que hincha el pecho, enciende el deseo ardiente de querer algo que no te pertenece. En ambos casos vemos a esos hombres codiciando la posición y condición exclusiva, que sólo tiene Dios. Querían ser dios, deseaban ese lugar, tal cual Satanás.

Y finalmente, aparte de la soberbia y la codicia, tenemos al error y el engaño, que se ve en la estupidez de pensar ser dios y en las contrataciones que se realizan para llevar a otros a pensar que uno es un ser superior.

Tenemos estas tres cosas que dan origen a las herejías, la soberbia, la codicia y el engaño. Si una persona ha abrazado la soberbia, no escuchará a nadie, pues piensa que nadie puede ser más inteligente y sabio que él, es más, piensa que la pseudo-revelación que tiene es única y nadie más la ha tenido. Ojo con esto, no es algo que está prendido del corazón de algunos, sino que es algo que todos, cualquiera de nosotros puede abrazar, pues el pecado mora en nuestros miembros (Ro. 7), desde donde las concupiscencias batallan con nuestra alma (1P. 2:11). La diferencia es que algunos la abrazan, pues se ciegan por la codicia y escuchan el engaño, es decir, escuchan las falsas esperanzas.

Mis hermanos, también la herejía puede aparecer de otras maneras, sin embargo, es característico encontrar estas tres cosas: soberbia, codicia y engaño. Por ejemplo, vemos en Génesis capítulo 3 la caída del hombre, que parte por el engaño a Eva. La serpiente le habló con engaños y le dio falsas esperanzas, el resultado fue que la mujer vio codiciable el árbol del conocimiento del bien y del mal, y finalmente, Satanás les presentó un pensamiento errado sobre Dios junto a la soberbia de ser como Él. Si se dan cuenta, vemos la soberbia, la codicia y el engaño; aquellos tres, siempre están presentes.

El punto que quiero destacar es que el origen de la herejía es Satanás y sus secuaces, estos actúan sobre los hijos de este mundo, los hijos de desobediencia (Ef. 2:2); sin embargo, no debemos pensar que los nacidos de nuevo estamos libres de caer en el engaño, es más, en Marcos 13:22 se nos dice que “se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos”, y en 2 Corintios 11:3, Pablo les escribió a los hermanos que temía “que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”. Si se dan cuenta, habiendo nacido de nuevo, no estamos libres de ser engañados. Incluso hay una persona que se registra en las Escrituras, colaborador de Pablo, que se apartó. Pablo lo menciona en tres de sus cartas, hasta que finaliza diciendo algo muy triste. Permítanme mostrarles la secuencia en orden cronológico, para que se noten que era alguien que estuvo muchos años con Pablo, por lo menos ocho años, miren:

Colosenses 4:14, escrita entre el año 61 y 63 d.C., dice:

Os saluda Lucas el médico amado, y Demas.” (RV 1960).

Filemón 1:23-24, escrita en el mismo periodo que Colosenses, nos dice:

23 Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, 24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.” (RV 1960).

Y finalmente, 2 Timoteo 4:9-11, escrita en el año 67 d.C., antes de morir Pablo escribió:

9 Procura venir pronto a verme, 10 porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. 11 Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio.” (RV 1960).

Qué triste debe hacer sido escribir eso para Pablo, “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo”. ¿Se dan cuenta, hermanos? Hubo un colaborador de Pablo, llamado Demas, que era contado con sus fieles compañeros, pero que al final de los días de Pablo lo desamparó y se fue amando al mundo. Esto nos demuestra que no debemos pensar que estamos firmes, pues podemos caer (1Co. 10:12); por lo que tenemos que estar apercibidos  de esto y estar armados.

Ahora bien, entendemos que con armados nos referimos a las Escrituras. Si usted lee Efesios capítulo 6, del 10 en adelante, donde se nos llama a armarnos y vestirnos de toda la armadura de Dios, se dará cuenta que todas las cosas mencionadas tienen relación a las Escrituras. En el verso 14 se habla de la verdad y de la justicia, el versículo 15 nos habla del evangelio de paz, luego el 16 nos habla de la fe, y el 17 nos habla de la salvación y la palabra de Dios. Todas estas cosas están relacionadas al contenido de las Escrituras, las cuales son inspiradas por Dios “y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Ti. 3:16-17, RV 1960).

Mis hermanos, como antes mencioné, cualquiera de nosotros puede caer en algún error, pero si juzgamos la soberbia y la codicia, y en la comunión con los demás ministerios de la Palabra, nuestros hermanos, podemos identificar el error y el engaño, podremos aceptar la corrección y ser corregidos. Pero si abrazamos el error y con soberbia rechazamos la corrección y vamos en pos de la codicia de tener “seguidores”, entonces nos hacemos herejes.

Ahora bien,  debemos tener cuidado de volvernos “cazadores de errores” para andar culpando o persiguiendo a los hermanos, para esto, será bueno recordemos algunas cosas que hemos visto en la escuela de la obra, para poder mirar en dónde tenemos que vigilar y tener un buen criterio al momento de discernir.

En la escuela de la obra, hemos aprendido juntos que tenemos doctrinas fundamentales y doctrinas generales. Las doctrinas generales no son doctrinas sin importancia ni tampoco irrelevantes, sino que tienen que ver con detalles y con formas, que obedecen a un fondo fundamental. Por otro lado, las doctrinas fundamentales tienen relación a las enseñanzas de la fe que son esenciales, sin las cuales, no hay Evangelio, no hay fe, no hay salvación y, por tanto, podríamos haber creído en vano (1Co. 15:2). Nuestra comunión verdadera ha de ser y estar fundamentada en esas doctrinas fundamentales.

Nosotros hicimos un índice de 10 doctrinas a las que identificamos como fundamentales; éstas las que tomamos como “materias” o “asignaturas” de nuestra escuela de la obra o reuniones de equipamiento[3], son 10 doctrinas, de las que hemos tomado cuatro como supremas.  Perdonen que use la palabra suprema, es para resaltar la importancia esencial y prioritaria, de preeminencia, que tienen estas doctrinas. Si me permiten, las mencionaré rápidamente:

  1. La doctrina sobre las Escrituras.
  2. La doctrina sobre Dios.
  3. La doctrina sobre Jesucristo.
  4. La doctrina sobre el Espíritu Santo.

Estas cuatro doctrinas hemos considerado fundamentales, primordiales, dentro del itinerario de 10 doctrinas fundamentales. Y la importancia de estas es (como ya dije) suprema; y una está relacionada íntimamente con otra. Por ejemplo, las Escrituras son la revelación especial y oficial de Dios. A través de esta enseñanza, sobre la doctrina de las Escrituras, entendemos la confiabilidad de las Escrituras, su veracidad y el contenido de la fe. Entendemos que las Escrituras son la fuente principal y oficial para que podamos tratar la doctrina de Dios, la de Jesucristo y la del Espíritu Santo. Tenemos aquí las promesas y profecías respecto al Evangelio que trata del Hijo de Dios (el Antiguo Testamento. Ro. 1:2; Heb. 1:1); y además, tenemos el cumplimiento de estas profecías en la historia humana, en el relato y doctrinas del que fue declarado Hijo de Dios públicamente por la resurrección de entre los muertos, el Señor Jesús  (el Nuevo Testamento. Ro. 1:3-4); que a su vez, nos ha dado como Garantía y Sello de propiedad, al Santo Espíritu (el Exegeta y la Unción que nos enseña las Escrituras).

Sobre estas cuatro doctrinas fundamentales debemos supervisar y vigilar, como guardianes a los que se han encomendado tesoros. No solamente los ministerios de la Palabra, sino también los padres de familia, las madres, los hijos; todos somos llamados a ser guardianes de los tesoros que se nos han dado en las Escrituras. Si ustedes ven las intervenciones del diablo en las Escrituras respecto al intentar tentar y/o engañar, verá tres cosas:

  1. Tergiversa la Palabra de Dios.
  2. Miente sobre Dios.
  3. Pone al hombre en el lugar que no le corresponde.

Sólo en los puntos 1 y 2 vemos que se intenta atacar directamente a las cuatro doctrinas fundamentales que hemos catalogado de supremas. En el punto A, tenemos el ataque a la Palabra de Dios, y en el punto B tenemos las mentiras que dice sobre Dios, y aquí incluimos al Padre, y al Hijo (que es el Señor Jesucristo), y al Espíritu Santo. Y el punto 3, tiene que ver con llevar al hombre al humanismo, al antropocentrismo, al egocentrismo, lo cual hemos visto en otras oportunidades.

Mis hermanos, nuestra carga como hermanos que participamos del ministerio de la Palabra, no es centrar nuestra atención en los errores y engaños, sino mostrar la verdad bíblica respecto a estos temas fundamentales, para que ustedes luego, en sus propias casas, con las Escrituras y el Espíritu que ha de llevarlos a toda verdad y justicia, puedan discernir las mentiras del maligno. Procuraremos, por lo tanto, en las siguientes sesiones, exponer las verdades fundamentales que son parte del depósito de la fe cristiana esencial y principal.

La gracia y la paz del Señor sean con todos ustedes.

 


[1] RAE, 2020. Soberbia | Diccionario De La Lengua Española. [online] «Diccionario de la lengua española» – Edición del Tricentenario. Available at: <https://dle.rae.es/soberbia> [Accessed 10 April 2020].

[2] Es el antagonista clásico de Condorito, siempre buscando conquistar a Yayita. Arribista, ambicioso, individualista y fanfarrón, posa de galán con buena situación económica. Se tiene una gran autoestima y trata de vestir elegante y sacar pecho de paloma.

[3] López, R. A. & Orellana, J. C. (2019). Sobre las Santas Escrituras y su lectura (panorámica de bibliología). Santiago: Autoral.