(Texto) 2. Estudio a la epístola de Jacobo – Introducción II – Sus destinatarios y la diáspora.

RESUMEN DE LO VISTO ANTERIORMENTE.

En el capítulo anterior hicimos una introducción a esta epístola considerando algunos asuntos históricos relacionados al autor y a la carta misma. Respecto a la epístola, tratamos el asunto de su relación con el canon bíblico y algunas controversias que giraron alrededor de ésta, desde los primeros siglos e incluso hasta el tiempo de la Reforma, con Lutero, que no la consideraba muestra del carácter del Evangelio. No obstante, otros reformadores, como Melanchton, sí reconocían su inspiración y apreciaban su contenido.

Es muy importante que siempre tengamos presente que en la redacción y canonicidad de la Biblia ha operado el Omnipotente y Omnisciente Dios en la historia de los hombres; pues como mencionamos anteriormente, a pesar de todas las discusiones que se hicieron, la epístola de Jacobo ha sido reconocida como inspirada y canónica. Es de notar que, aunque Lutero la consideraba una “epístola de paja”, Lutero partió, pero la epístola no; incluso, la vemos vigente en la misma versión luterana de la Biblia de hoy.  El Señor la ha dado, pero también la ha preservado. Así es el Señor,  Él envía, equipa, preserva y cada cosa que acontece es por Su voluntad. Es el Altísimo y Soberano Dios Eterno.

Otra de las cosas que dijimos, es que el autor es Jacobo, el hermano del Señor. No primo, sino hermano, aunque estrictamente hablando, medio hermano, al tener biológicamente sólo la misma madre; pues el que engendró a Jacobo fue José, mientras que el que engendró al Señor Jesús en María, fue Dios, así “el Logos se hizo carne, y tabernaculizó entre nosotros” (Juan 1:14b, BTX III). No obstante, el Logos[1] siempre fue[2], Él es y estaba de cara a Dios el Padre desde la eternidad, desde siempre (Jn. 1:1; 8:58; 14:10-11; Flp. 2:5-11; 1Jn. 5:20; Ap. 1:18); pero fue engendrado en el tiempo, y espacio, y materia, mediante la intervención Omnipotente de Dios, quién por el Espíritu Santo vino sobre  María y con Su poder la cubrió con Su sombra (Lc. 1:35), añadiendo así a la Persona del Hijo Eterno, humanidad; sumando, no restando, porque no se hizo de menos, sino que se hizo de más. Añadió a Su Persona, aparte de poseer desde siempre esencia y naturaleza divina, añadió esencia y naturaleza humana. Dios-Hombre. Esto es un grandioso misterio. Dios mediante, más adelante tocaremos un poco más esto.

Entonces, fue Jacobo, el hermano del Señor, el autor humano de esta epístola, aunque entendemos que el Autor Intelectual es Dios. Jacobo es el instrumento que Dios usó, pues como escribió el hermano Martyn Lloyd-Jones acerca de los autores humanos de la Biblia, Jacobo fue uno de los caballos al que Espíritu Santo cabalgó y llevó por donde Él quiso[3]. Así que la gloria no es del caballo, sino del Espectacular Jinete que tuvo.

También hablamos del martirio de Jacobo, el hermano del Señor, al que además llamaban el Justo. En el año 62 d.C., murió en manos de los judíos. Y vimos que en su constancia de ruego y súplicas a Dios por el perdón de pecados de su pueblo, es que se postergaba el juicio a la nación por haber matado al Autor de la Vida (Hch. 3:15). Pero una vez muerto Jacobo inmediatamente vinieron los juicios. Nunca olvidemos que la misericordia posterga los juicios, pero jamás los anula.

Jacobo, es conocido por nosotros también como Santiago, ya explicamos la vez pasada de dónde proviene el nombre “Santiago”, no es que apareciera en los originales, sino que es un nombre que nació por la tradición católico-romana de agregarle el apócope de santo (san) a los nombres de los autores de la Biblia, de los apóstoles del Cordero y también del resto de los apóstoles y profetas mencionados en las Escrituras. Entonces se leía san-Iacob que por un tema fonético, terminó siendo Santiago. Todo esto, a manera de resumen.

LOS DESTINATARIOS.

Hoy, Dios mediante, nos corresponde seguir avanzando en nuestra lectura de estudio. Hoy leeremos el versículo 1, del capítulo 1. Leeremos el versículo completo.

Entonces, Jacobo 1:1, o Santiago 1:1 si lo prefiere. Dice así:

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (RV 1960).

Jacobo,° un siervo de Dios y del Señor Jesús el Mesías, a las doce tribus° que están en la dispersión: ¡Salud!” (BTX III).

He leído en dos traducciones de las Escrituras el pasaje. La primera parte, la del nombre, ya la tratamos la semana pasada. Ya sabemos que este Jacobo es el hermano del Señor, que era considerado una columna en la iglesia de Jerusalén y también fue anciano de allí. Entonces ahora, nos corresponde seguir con el versículo, pues encontramos una referencia personal acerca de Jacobo y acerca de los destinatarios, a quiénes estaba dirigida esta epístola.

Vamos a partir considerando a los destinatarios, ya que en la referencia personal que hace Jacobo contiene algunas cosas importantísimas de la fe cristiana, las cuales, prefiero tratar después de esto.

Bueno, dice Jacobo que su carta está dirigida “a las doce tribus que están en la dispersión”. Dispersión es la traducción de la palabra griega διασπορᾷ (diasporá), que también es una palabra transliterada al español como diáspora.  Recordemos que Jacobo no era griego, sino hebreo, así que para entender qué significa diáspora, necesitamos considerar algunas cosas ocurridas al pueblo hebreo, que, como sabemos, se dividió entre el reino del norte, que se llamaba reino de Israel, y el reino del sur, que se conocía como reino de Judá. Esta división territorial y política terminaría siendo una división religiosa que, al considerarla, podemos entender mejor el contexto de Juan capítulo 4, dónde se relata la conversación del Señor Jesús y la mujer samaritana. Les explico brevemente esto, como digresión, para que lo tengan como antecedente.

SOBRE EL CONTEXTO HISTÓRICO Y RELIGIOSO DE JUAN 4.

El reino del norte, correspondiente a Israel, tenía por capital a Samaria; mientras que el reino del sur, tenía por capital a Jerusalén. Como les decía, esta división no sólo fue política-territorial, sino también religiosa. La mujer samaritana, después de parecerle que el Señor Jesús era un profeta, le planteó un tema religioso que, si no entendemos el contexto histórico, nos parece un brusco cambio de tema. Después que el Señor le mostró que había tenido cinco esposos y que ahora tenía un hombre en su vida con el que no estaba casada, a ella le pareció que si él sabía esto sin conocerla entonces debía ser un profeta, así que con esto en mente y aprovechando la ocasión, entró en un tema que separaba radicalmente a los samaritanos de los judíos, era un tema religioso, para ellos fundamental, así que le dijo:

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.” (Jn 4:20, RV 1960).

Esta declaración parece irrelevante para nosotros, pero para ella no lo era, tenía que ver con adorar a Dios y con el perdón de sus pecados; y, de alguna manera, le causaba conflicto lo que sus padres le enseñaban en contraste con lo que decían los judíos. ¿De dónde vino esta discordia? Bueno, resulta que en la división religiosa que hubo, los samaritanos establecieron un nuevo lugar de adoración llamado Gerizim. Esta división político-religiosa fue tal, que hay comentaristas que indican que los samaritanos hicieron modificaciones e inserciones a su llamado Pentateuco Samaritano con el fin de establecer su propio monte para adorar. Una de las modificaciones -se dice-, ocurre en Deuteronomio 27:4 donde cambiaron el nombre del monte señalado por Dios para levantar su altar[4]. Una traducción textual desde la Biblia Hebraica Stuttgartensia tradujo así:

Será pues que cuando hayáis cruzado el Jordán, erigirás en el monte Ebal estas piedras que yo os mando hoy, y las revocaréis con cal” (BTX III)[5].

En el Pentateuco Samaritano, en vez de decir “Ebal”, dice “Gerizim”. Algo así:

“[…] erigirás en el monte Gerizim estas piedras que yo os mando hoy […]”[6].

En cuanto a las inserciones al respecto, el hermano Josh McDowell nos señala que después de Éxodo 20:17 el Pentateuco Samaritano inserta el mandamiento de edificar el templo en el monte Gerizim en vez de Jerusalén[7].

Como pueden ver, este tipo de manipulaciones fueron utilizadas por los samaritanos para justificar el no subir a Jerusalén para adorar, fue un cambio minúsculo al texto, pero para los samaritanos se volvió importante, tanto así, que acusando la enseñanza de sus antepasados, la mujer samaritana sostenía que se debía adorar “en el monte Gerizim” (NTV).

En este pasaje de Juan 4, la Biblia Textual tiene una nota al pie de la página que dice: “Es decir, el monte Gerizim” y añade el pasaje de 1 Reyes 12:25-33. Este pasaje es muy interesante, pues nos muestra cómo las divisiones entre los reinos del norte (Israel) y del sur (Judá) ocasionaron que en el norte se diera origen a herejías que nacieron de la soberbia, codicia y rebeldía del rey Jeroboam, pues para evitar que las personas de Israel fueran a adorar a Jerusalén (en el sur), levantó ídolos al pueblo para evitar que existiera el peligro de que se volvieran a la casa de David, el reino del sur. ¿Se dan cuenta? Ellos sabían que Dios habitaba de forma especial en un lugar, y que debían subir a ese lugar a adorar, pero también, a buscar el perdón de sus pecados. Personalmente creo, que la conciencia de esa mujer no tenía paz respecto a lo enseñado por sus antepasados y, de alguna manera, ella buscaba paz, la cual, no es sin justicia.

Bueno, eso como digresión explicativa acerca de lo dicho por la mujer samaritana.

LA DIÁSPORA.

Ahora bien, volviendo al tema de Jacobo o Santiago, la diáspora hebrea, o judía, o israelita -como se le conoce- consiste en el exilio de los ciudadanos de Israel, de ambos reinos (norte y sur), quienes fueron esparcidos por todo el mundo. La palabra “diáspora” en español mantiene el significado griego:

“1. f. Dispersión de los judíos exiliados de su país.
2. f. Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen.”[8].

Cabe señalar que este exilio ocurrió varias veces, de alguna manera fue progresivo. La primera vez que vemos esto en la historia bíblica, es el sufrido en manos del imperio de Babilonia, al mando del rey Nabucodonosor. Este exilio vino por juicio de Dios y fue anticipado por Jeremías.

En Jeremías 9:13-16, dice así:

13 Dijo Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella; 14 antes se fueron tras la imaginación de su corazón, y en pos de los baales, según les enseñaron sus padres. 15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo les daré a comer ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel. 16 Y los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que los acabe.” (RV 1960).

Fue así que comenzaron a ser esparcidos por todo el mundo, conocido y desconocido para ellos. Hermanos, los israelitas, judíos o hebreos -como quieran llamarlos- fueron dispersados por todo el mundo, incluso, el mundo desconocido para ellos en aquel entonces. Y esta profecía dicha por el Señor se cumplió literalmente. Lo que se les dijo, fue que serían esparcidos “entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron”. La profecía se cumplió con el pasar de los años, y fue de tal manera, que incluso tuvieron que migrar a otros continentes, como América. Esta fue una profecía trascendente, que iba más allá del tiempo del imperio babilónico, porque obviamente esto no se cumplió de una vez en el tiempo de Babilonia, sino que fue cumpliéndose a través de los años, en diferentes siglos y edades. Esto se les anunció previo a Babilonia, pero el cumplimiento de esto fue progresivo, a través de los siglos.

Para los primeros receptores de esta profecía, pensar en un continente fuera del conocido era “ciencia ficción”. El mundo conocido por ellos, era “todo el mundo” para ellos; no obstante, Dios se refería a más que eso. ¿Quién de ellos pensaría que sus generaciones en la dispersión llegarían hasta América? Nadie, ni siquiera sabían que existía América. Hermanos, hasta América llegaron los hebreos conocidos como sefardíes o sefarditas. Para los que no saben, la diáspora sefardí comenzó con los judíos que fueron expulsados de España en 1492 por orden de los Reyes Católicos. El mismo año en que Cristóbal Colón descubrió América, año de tétradas lunares rojo sangre, durante ese mismo periodo, todos los judíos que no quisieron convertirse al catolicismo y bautizarse, fueron expulsados de las tierras españolas, llegando a diferentes partes del mundo, entre las cuales, con el pasar de los años, se incluye América. Incluso, hay investigadores que aseguran que Cristóbal Colón fue un “marrano”, es decir, un judío que decía haberse convertido al catolicismo con el fin de salvaguardar su vida y la de su familia. Estas personas han asegurado que la verdadera intención de Colón era buscar tierras seguras para los judíos, tras la expulsión de España[9]. Un libro interesante relacionado a esto, fue publicado por el Congreso Judío Mundial, titulado Criptojudíos en Hispanoamérica, donde se muestra lo que respetados historiadores argumentan, que no sólo Colón era judío, sino que los principales financistas y tripulantes del primer viaje también lo eran[10]. Incluso, hay muchas personas que tienen apellidos sefarditas y no lo saben, desconociendo que quizás sus antepasados provienen del exilio español de aquel entonces[11].

De esta manera, vemos cómo se ha cumplido la profecía del Señor, ocurrieron muchos exilios para esto, de diferentes lugares, todos por causa del pecado del pueblo. No obstante, Dios, que es fiel a Su Hijo, desde 1948, comenzó a reunir de todas las naciones al pueblo hebreo, haciéndolos volver a sus tierras (Ez. 11:17; 37:21; Zac. 10:10) con el fin de cumplir otras profecías relacionadas al retorno de este pueblo a sus tierras (Is. 43:5-6; Jer. 31:7-10).

Entonces mis hermanos, la dispersión o diáspora a la cual se refiere Jacobo, corresponde al exilio por el mundo del pueblo hebreo. Cuando los identifica como “las doce tribus”, se está refiriendo a todos los israelitas o judíos, sin distinción, a todos los que están por el mundo, dispersos, exiliados, a todos. No obstante, considerando que algunos podrían desestimar su contenido y decir: “Somos gentiles, no judíos, así que no es una carta dirigida a nosotros”, déjenme decirles que la carta de Jacobo está dirigida a los que él consideraba “iglesia” (5:14), lo cual entendemos se relaciona a todos aquellos que han sido justificados y regenerados por la fe que han puesto en el Señor Jesús (Mt. 16:13-19). Jacobo oraba por los judíos no cristianos, locales y dispersos, pero no olvidemos que él era uno de los ancianos en la iglesia de Jerusalén (Hch. 21:18; Ga. 2:9), así que, como anciano y pastor, su preocupación eran los hermanos, miembros de la iglesia que, para él y su contexto en el que servía, eran primeramente judíos, los cristianos judíos dispersos. Jacobo no está discriminando a los cristianos gentiles, sino que está dirigiéndose a los cristianos de su contexto; sin embargo, esto no quiere decir que los cristianos gentiles no tuvieran algo que aprender de lo que Jacobo escribía a este grupo de hermanos en Cristo, pues en ese caso, se tendría que decir que las cartas de Pablo escritas a iglesias del Señor Jesucristo, de contexto no judíos (o gentil), no contenían lecciones para las iglesias del mismo Señor Jesucristo, de contexto judío; y esto sería una falacia.

Por lo tanto, sean judíos o gentiles los destinatarios de una carta, el Origen único de la carga de estos textos es el Espíritu Santo que condujo a estos hombres a escribir cada línea como Palabra de Dios, con el fin de edificar a una única Iglesia Universal, compuesta por personas que según la biología humana y contexto histórico, fueron judíos y/o gentiles, miembros de un mismo Cuerpo (Ga. 3:27-29; Ef. 3:1-7), coparticipes de una misma gracia (Flp. 1:7), piedras vivas de un mismo templo (Ef. 2:20-22; 1P. 2:4-5), miembros de una misma familia de Dios (Ef. 2:11-22), creyentes y participes de un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo, con un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por  todos y en todos nosotros (Ef. 4:1-6). Así que no debemos descartar la epístola pensando que no es para nosotros, los que no somos judíos según la carne, porque es para todos los nacidos de nuevo, es para el verdadero Israel de Dios, para todos los que se encuentran por el mundo, esparcidos y han creído en el Hijo de Dios.

Mis hermanos, piensen ustedes en lo siguiente. Nosotros también somos forasteros, también estamos en una diáspora espiritual, porque estamos en este mundo, pero no somos de él, no le pertenecemos (Jn. 15:19; 17:14). Nuestra patria es celestial y esperamos del cielo que venga nuestro Rey con Su reino, nuestro Señor, para recogernos (1Ts. 4:16-18). Porque le pertenecemos. Así que, si bien Jacobo puede haber estado pensando en los cristianos judíos (según la carne), el Espíritu Santo miró más allá del contexto histórico inmediato de Jacobo, porque es Dios Trascendente, Omnisciente y Omnipresente. Porque sabemos y creemos que es una carta escrita por Jacobo, pero sus pensamientos fueron encaminados por el Espíritu Santo; pues, Dios ve más allá que los hombres y nos advierte que las cosas se repiten entre los hombres (Ec. 1:9-10). Así que conozcamos lo que se dijo a los primeros cristianos, veamos lo que vivieron y aprendamos; conozcamos al Señor en las experiencias de ellos, para saber cómo conducirnos con Él, mientras somos peregrinos.

Así es que, hermanos, esta epístola es para todos los dispersos, forasteros en el mundo. Como dice un cántico del hermano Marcos Vidal acerca de nosotros, los cristianos, dice que somos “forasteros con nostalgia del hogar”[12]. Eso es lo que somos. Extraños en este mundo, que aguardamos el día de la redención de nuestro cuerpo (Ro. 8:23), para ser llevados a Cristo, a Quién pertenecemos. ¡Qué glorioso!

SALUD.

Para finalizar, hermanos, consideremos que a todos nosotros en Cristo, Jacobo nos dice: “Salud”.

Acerca del saludo permítanme citar al hermano Evis L. Carballosa, pues dice algo muy edificante:

“En el texto original aparece la palabra chaírein, que es el presente infinitivo en la voz activa del verbo chairó, cuyo significado es <<regocijarse>>, <<estar contento>>. La función del presente infinitivo es la de una acción continua que no guarda relación con el tiempo. Es como si Santiago dijese: <<os deseo gozo continuo y sin límite>>. Aunque dicha forma de saludar no es la que aparece comúnmente en el Nuevo Testamento, sí era la manera general de hacerlo entre los griegos. Santiago, por lo tanto, usa la manera convencional de saludar en su tiempo.” (Carballosa, 2014, p. 84).

Es verdad lo que el hermano señala, no es común encontrar este saludo en el Nuevo Testamento, un judío utilizando un saludo griego, gentil. La otra vez que aparece es en Hechos 15:23, en la carta que los apóstoles enviaron a las iglesias gentiles. Esto permite deducir, que quizás, tal carta, fuera también escrita por Jacobo, el hermano del Señor. El apóstol nos desea un gozo continuo e ilimitado, sin fin. El gozo que se necesita para las pruebas, para las aflicciones, un gozo que proviene del Señor. Un gozo continuo e ilimitado, que no está sujeto a lo que vivimos, sino a la fe. Pero bueno, de esto hablaremos más adelante.

Continuaremos luego tratando el asunto de la referencia personal realizada por Jacobo, pero por ahora pararemos aquí. Espero hayan sido edificados.

Gracia y paz del Señor sea con todos ustedes. Amén.

 


[1] Transliteración desde el griego, versiones como RV1960 lo traducen “Verbo” y otras “Palabra”.

[2] Es de considerar que el Señor “es”, no que “existe”. Existir significa que en un tiempo y espacio determinado, comenzó a ser, apareció; pero Dios siempre ha sido, siempre ha estado, no limitado al tiempo ni al espacio, por lo tanto, sin incurrir en herejía (como dice el hno. F. Lacueva en su “Diccionario Teológico Ilustrado”) podemos decir “Dios no existe, Dios es”. Por eso decimos y a propósito que “siempre fue, Él es y estaba”.

[3] Lloyd-Jones, M. (2000). Dios el Padre, Dios el Hijo. Moral de Calatrava (Ciudad Real): Peregrino, p. 35.

[4] Hendriksen, W. (1992). El Evangelio Según San Juan. Grand Rapids, MI: Libros Desafio.

[5] Los mismo traduce: La Biblia de las Américas (LBLA), Dios Habla Hoy (DHH) con Apócrifos, Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Nueva Biblia Viva (NBV), Nueva Traducción Viviente (NTV), Nueva Versión Internacional (NVI), Palabra de Dios para Todos (PDT), La Palabra (España) (BLP), La Palabra (Hispanoamérica) (BLPH), Reina Valera Actualizada (RVA-2015), Reina Valera Contemporánea (RVC), Reina-Valera 1960 (RVR1960), Reina Valera Revisada (RVR1977)

Reina-Valera 1995 (RVR1995), Reina-Valera Antigua (RVA), Traducción en lenguaje actual (TLA), Biblia Textual IV (BTXIV).

[6] Paráfrasis del autor.

[7] McDowell, J. (2004). Nueva Evidencia Que Demanda Un Veredicto. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, p. 110.

[8] RAE (2020). diáspora | Diccionario de la lengua española. Revisado el 29 abril del 2020, en https://dle.rae.es/di%C3%A1spora

[9] ARTÍCULO: ¿Fue Cristóbal Colón un judío en secreto? (2020). Revisado el 29 de abril del 2020, en https://cnnespanol.cnn.com/2012/05/19/opinion-fue-cristobal-colon-un-judio-en-secreto/

[10] Liamgot, A. (1970). Criptojudíos En Hispanoamérica. Buenos Aires: BIBLIOTECA POPULAR JUDÍA, pp. 3-6.

[11] Listado de apellidos sefardíes para la nacionalidad española. (2020). Revisado el 29 de abril del 2020, en https://www.parainmigrantes.info/listado-de-apellidos-sefardies-para-la-nacionalidad-espanola-958/

[12] Vidal, M. (1997). Mi Regalo [CD]. Nuva Music Inc.